sábado, 31 de agosto de 2019

ARTE DEL CAMINO NAVARRO. SAN MARTÍN Y LA PINTURA MURAL EN LA COMARCA DE IZAGA.


ARTE DEL CAMINO NAVARRO.
SAN MARTÍN Y LA PINTURA MURAL EN LA COMARCA DE IZAGA.

Por Simeón Hidalgo Valencia (31 de agosto de 2019)

Cuando se hace el Camino de Santiago al ritmo de hoy en día apenas da como para pararse a contemplar con cierto detalle las maravillas que nos legaron nuestros antepasados. Hoy las definimos como obras de arte y por ello, más de un peregrino ha apuntado en su diario: “volver con calma”. Eso en cada una de las jornadas transitadas por el Camino Francés, el más frecuentado, pero también hay recorridos, secundarios en la actualidad, que en otras épocas tuvieron su importancia y dejaron de ello muestras patentes, que hoy conviene revivir y darlas a conocer. Quizás así se contribuya a que de nuevo se vean peregrinos recorriendo sus pueblos, como deseaba para la Comarca de Izaga y en concreto para Izagaondoa (Lo que rodea a Izaga) hace unos años en estas mismas páginas.[1]

En este artículo quiero rescatar del olvido parte de este arte del camino y voy a hablar de una ruta cultural creada por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa hace años que lleva el nombre de “Ruta de San Martín y la Pintura Mural”, uniendo de esta manera al santo por antonomasia del camino, San Martín, con el arte medieval de los siglos XIII y XIV, plasmado en los muros de tres de sus iglesias con esta advocación: Ardanaz de Izagaonda, Artáiz y Ekai. La devoción a San Martín está claramente presente en la comarca, pues, además de las poblaciones anteriores, otras cuatro más lo tienen, o lo tuvieron, como titular: Izco, Monreal, Guerguitiáin y Beroiz y todas ellas están en ramales del Camino de Santiago.

*San Martín de Ardanaz

Corría el año 2002 y en la iglesia de Ardanaz se hacían obras de mantenimiento, cuando al picar los obreros el revoco de sus paredes se produjo un afortunado descubrimiento. Aparecieron restos de pintura anterior tanto en la pared norte como en la del sur y en el intradós de uno de los arcos fajones de la cubierta. Dado el aviso a la Institución Príncipe de Viana y efectuadas las catas correspondientes para ver el nivel de la importancia de las pinturas, resultó que eran de tal categoría y originalidad que nos remontaban al siglo XIV. Nadie en el valle tenía conocimientos de su existencia y verdaderamente fue una suerte el poderlas recuperar y darles la importancia cultural y cultual que tuvieron en su momento.

Hoy podemos contemplarlas, aunque no en su totalidad pues en parte se han perdido, y hacernos una idea de cómo se pensaba y plasmaba pictóricamente en la segunda mitad del siglo XIV el concepto de cielo, de infierno, de juicio final a la muerte de cada cual y, sobre todo, podemos disfrutar del mensuario medieval con las faenas rurales que se hacían a lo largo del año. Un testimonio etnográfico, este último, de primera categoría y más cuando en toda Navarra es el único calendario medieval pintado que se conserva in situ. Otro calendario, también medieval, pero tallado en la piedra, se puede ver en el claustro de la catedral de Pamplona.

Pero no acaban aquí los descubrimientos, pues en la zona baja del cielo, a la derecha, se representa a la familia del señor que patrocinó las pinturas. Son los únicos que no tienen el halo de santidad. Que, ¿quién fue este comitente? Pues por la presencia de uno de los escudos nobiliarios dibujados podemos pensar en el Señor de Grez, ya que están sus armas pintadas.

Hay todavía un descubrimiento más, que hace que estas pinturas tengan mayor categoría y relevancia, pues si el almanaque medieval es único en Navarra, también lo es el escudo de los Evreux o mejor dicho de uno de los personajes más particulares de la familia pues, según Mikel Zuza,[2] nos ayuda a poder catalogar temporalmente las pinturas de Ardanaz, además de identificar al Príncipe Don Luis de Beaumont (1341-1376), gobernador de Navarra en ausencia de su hermano el rey Carlos II, pues cabe “la posibilidad de que ese escudo sea el único recuerdo que ha llegado a la actualidad del conquistador de Albania, gobernador del reino y “fundador” por así decirlo de la parcialidad beamontesa, que habría de traicionar al rey de Navarra en 1512. Pero de eso él no tiene culpa alguna…”.

En el lado norte se representan una serie de escenas:
La “psicostasis” o el pesado del alma del difunto para ver si merece ser salvado o condenado. El alma del difunto es un niño desnudo colocado en uno de los platillos de la balanza que sostiene el arcángel San Miguel.
 Otra de las escenas habituales en esta época era la procesión de los condenados en cordada dirigidos por diablos a su morada, para cumplir su castigo eterno en los tormentos del infierno. 

En lo referente a las imágenes del almanaque medieval estas son las representaciones correspondientes a cada mes:

Enero: Dios Jano trifronte con sendas llaves en sus manos.
Febrero: Una aldeana, tocada a la usanza, se calienta junto al fuego mientras prepara la camida.
Marzo: Se ha perdido. Pudiera representar la poda de la vid.
Abril: Una doncella con sendas flores de lis en sus manos.
Mayo: El caballero sale de caza con su halcón.
Junio: Un aldeano siega con la guadaña las primeras hierbas.
Julio: Un segador cosecha el cereal con la hoz.
Agosto: Sobre el trillo arrastrado por la caballería se realiza la trilla en la era.
Septiembre: El tonelero prepara las cubas para el vino.
Octubre: El pastor recoge su ganado y lo estabula. Se harán los campos para la nueva sementera.
Noviembre: El matarife hace la matanza del cerdo.
Diciembre: Se celebra el fin del año y se recibe al nuevo con un banquete.



*San Martín de Artáiz

Era el año 1958 cuando las obras de restauración de la iglesia de San Martín de Artáiz sacaron a la luz, al retirar el retablo que las tapaba, los restos de unas pinturas renacentistas en la bóveda y de otras protogóticas en el frontal del ábside, que con el visto bueno del arzobispo D. Enrique Delgado y Gómez, se despegaron y se llevaron al Museo de Navarra. Restauradas las protogóticas del siglo XIII por el taller del Sr. Gudiol de Barcelona lucen actualmente en el citado museo.

Sesenta años después, en 2018, las pinturas volvieron a colocarse en el ábside, dado que la tecnología actual permitía su reproducción y el 11 de noviembre, fiesta de San Martín, se inauguraron. Con ello, la iglesia ha recuperado parte de su originalidad medieval. Las que se ven hoy en Artáiz no son las originales, que siguen estando en el Museo de Navarra.

La pintura protogótica está por debajo de la imposta ajedrezada y corresponde a los comienzos del siglo XIII[3]. La escena que se representa pone en imágenes el pasaje del Apocalipsis de San Juan 7,9-10, que dice:

“Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos.
Y gritaban con fuerte voz: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.”

El centro de todas las miradas es el Cordero Pascual, símbolo de Jesús, muerto y resucitado y aunque todos dirigen su mirada al cordero, sólo a dos personajes se les pintan los ojos completos, pues la visión beatífica no necesita de ojos materiales.

De pie, la muchedumbre adora al Cordero. Ahí están, levitando, fieles bienaventurados de toda condición y raza. Entre ellos se ven a Santos, Reyes, Obispos, Monjes, … y algún judío y musulmán. Hay que hacer notar que, al menos en lo que hoy podemos contemplar, no está representada ninguna mujer.

Las expresiones de veneración se manifiestan también por medio del lenguaje de las manos. Una rica y colorida vestimenta, túnicas y capas, cubre a los bienaventurados. Se emplean los rojos, verdes y ocres para las superficies y el negro para las líneas del dibujo, al estilo de la pintura gótica lineal. El calzado está ricamente adornado.

Las aureolas de santidad, coronas y mitra se realizan con relieve de estuco realzando el colorido y definiendo a los personajes. En estas zonas se emplea el amarillo oro. Los personajes forman grupos. Cada grupo se cobija bajo arcos apuntados que descansan en finas columnas con basa, fuste y capitel. La ventana abocinada se adorna con motivos vegetales diversos. Una cenefa con flores de cuatro pétalos define la zona baja de las pinturas.

La pintura renacentista de la bóveda del ábside corresponde al siglo XVI y probablemente se realizó al terminar las obras que tuvieron por objeto la construcción de la capilla lateral del lado norte, la sacristía y la parte de las cubiertas del gótico tardío.
Sigue la moda de la época del “trampantojo”, haciendo ver al espectador, gracias a la técnica de la perspectiva, arquitecturas en tres dimensiones, cuando en realidad no es así.
Este tipo de pintura decorativa también está presente en Vesolla, recientemente restaurada, al igual que en Grez, a la espera de restauración.

  
*San Martín de Ekai

La tercera parada de esta ruta cultural la hacemos en Ekai, pues en su iglesia de San Martín se descubrió en los primeros años de la década de los setenta del siglo XX unas pinturas murales ocultas por el retablo y por revocos o enlucido en sus paredes norte y sur. Su descubridor fue D. José Esteban Uranga y quien realizó su estudio e informe Dª. Mª. Carmen Lacarra Ducay.[4]

Su catalogación temporal corresponde a la segunda mitad del siglo XIV y tienen de particularidad que, en la principal zona pintada, el presbiterio, se narran distintas escenas de la vida del santo.

Escenas de la vida de San Martín:

1ª: No se ha conservado. Sólo hay retazos. Posiblemente haría referencia a la escena más famosa de la vida de Martín, cuando alistado como soldado de Roma, en un día de frío invierno compartió la capa con la que se cubría con un pobre.

2ª: Jesús se aparece en sueños a Martín y le dice: “Martín, todavía catecúmeno, me has dado este vestido”.

3ª: Corta el árbol sagrado de los paganos. Esta escena refleja la contienda que existía entre los cristianos y los paganos. Éstos tenían un árbol como sagrado que para los cristianos era el árbol del diablo. Martín propone cortarlo y los paganos acceden, pero con tal de que Martín se ponga debajo, con la intención de que al caer lo matara. Martín también accede. Los paganos cortan el árbol, pero al caer cambia la trayectoria milagrosamente y aplasta a los paganos.

4ª: La cuarta escena refleja el momento en que Martín es elegido obispo y coronado como tal tras la aclamación del pueblo.

5ª:  En la siguiente escena Martín resucita a un catecúmeno o a un bandido. En los dos casos sería con la intención de salvarlo.

6ª: Hay una sexta escena, pero no hay datos suficientes para poderla catalogar.


También el nivel bajo del presbiterio está pintado. Una hilada de lo que parecen escudos separa las escenas de la vida de Martín de otra parte de dibujos geométricos con representación de águilas bicéfalas a nuestra derecha según miramos al presbiterio y a nuestra izquierda lo que parece ser la representación de centauros en lucha.

En la pared norte se descubrió una gran pintura de San Cristóbal, que a manera de un tapiz cubría toda la pared de arriba abajo. San Cristóbal era el patrón ante la muerte súbita, digo era, porque con el concilio Vaticano II fue uno de los santos a los que se le retiró el honor de tal. Se le representa con la imagen tradicional de llevar al Niño Jesús en su hombro cruzando un río. El Niño Jesús aparece como emperador, sentado en el hombro izquierdo del santo. En su mano izquierda porta la bola del mundo y con la derecha bendice. Su carácter divino se plasma en la cruz que forma parte del halo que rodea su cabeza.

En la pared sur quedan restos de la escena en que los condenados son conducidos por los diablos al infierno ante la mirada vigilante del ángel Gabriel, si tenemos en cuenta la mención escrita que de él se hace en las pinturas de Ardanaz, donde se ha perdido su imagen. 

Además de estas grandes escenas comentadas, en Ekai hay al menos dos detalles más que se pueden identificar. Uno corresponde a la vida de San Blas de la que solamente queda la indicación “Aquí San Blas…” y tres rostros de soldados finamente dibujados y el segundo se trata de un resto de pintura que se encuentra en el extremo derecho del ábside según miramos al mismo. En un espacio muy reducido y casi difuminado se pueden ver a tres personajes en descomposición que salen al encuentro de otros caballeros que van paseando por el bosque, que formarían parte de la escena que reflejaba una leyenda muy difundida en el siglo XIV, época de muertes masivas por las epidemias que asolaron Europa:

“La leyenda de los vivos y los muertos”.

Cuenta la leyenda que tres ricos y jóvenes caballeros salieron a cabalgar por el campo y se internaron en un bosque, lugar misterioso y peligroso en aquellos tiempos, pues en su espesura podían sufrir ataques de bandidos y proscritos, salteadores de caminos en busca de riquezas de todo tipo. Estando en su espesura se encuentran con otros tres personajes, que, aunque muertos y en evidente estado de descomposición, les cortan el camino.
- ¿Quiénes sois? - preguntan los jóvenes y ricos caballeros.
Los tres muertos vivientes toman la palabra y les advierten desde su estado de ultratumba.
- Lo que sois, nosotros lo fuimos un día. Lo que somos, vosotros lo seréis pronto. Aprovechad la vida mientras hay tiempo, porque lo importante es lo que hagáis de positivo y provechoso para vuestra alma.

En Ekai esta leyenda no está completa, pues falta la parte correspondiente a los caballeros vivos, pero se puede completar con las pinturas recogidas en Uxue-Ujué, dado que allí también se pintó esta escena y afortunadamente se conserva la primera parte.[5]

Espero y deseo que esta ruta cultural y artística hoy presentada, sirva al lector para llegarse por estas tierras navarras de la Comarca de Izaga y disfrutar tanto como lo hago yo difundiéndola. Estamos en el Camino de Santiago y hemos caminado junto al santo del Camino, San Martín. Hemos vuelto con calma y ahora conocemos mejor la pintura mural de Ardanaz, Artáiz y Ekai. Quizás además de arte hayamos conocido también la manera de sentir de las gentes medievales y algún interrogante se haya formulado en nuestra mente para mejorar como personas. Al fin y al cabo, no es sólo arte lo que vemos. Eso es el exterior. En su interior está lo más importante.

Nota: Para saber más del arte gótico y en particular de la pintura mural gótica en Navarra se puede consultar el libro “El arte gótico en Navarra”[6]



[1] Izagaondoa en el Camino de Santiago; Estafeta Jacobea, noviembre 2016; págs. 37-39.
[3] María Carmen Lacarra Ducay; “Pintura mural gótica en Navarra y sus relaciones con las corrientes europeas. Siglos XIII y XV”; Cátedra del Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra.
En Internet: http://hdl.handle.net/10171/4276
[6] VARIOS; “El arte gótico en Navarra”; Gobierno de Navarra, Departamento de Cultura, Deporte y Juventud, 2015.

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