jueves, 9 de septiembre de 2021

EUNATE. EL CAPITEL DE LA RESURRECCIÓN.

 

EUNATE. EL CAPITEL DE LA RESURRECCIÓN.

 Por Simeón Hidalgo Valencia (09 de septiembre de 2021)

  

Aprovechando que en los dos últimos sábados no he tenido que atender a ninguna visita guiada ni en Artaiz ni en el Petrus Museum, he dedicado una parte de estos días a poder renovar mi colección de “hombres verdes” y como los que tenía de Eunate no me satisfacían del todo, me he acercado en esta época veraniega en que se abre al público con la seguridad de poder hacer las fotografías con tiempo y paciencia.


Puse unas fotos realizadas el día 28 de agosto en Facebook y en la correspondiente a la que aparece Cristo con los brazos en cruz un comentario de Eugenio Alarza me informaba de que “Este capitel, que en muchos lugares viene descrito como “Crucifixión”, es en realidad, según algún estudio que he leído, la Ascensión de Cristo”. Yo le contesté indicándole el enlace que hay en internet sobre la cuestión cuyo autor es Ángel Almazán, por si alguien estuviera interesado en el tema.

Es el siguiente:

http://miradaesoterica.blogspot.com/2012/05/santa-maria-de-eunate-ascension-y.html?m=1

Como digo, el día 4 de septiembre, también estuve, pues cuando observé más al detalle el capitel en cuestión tuve dudas sobre la interpretación de la “Ascensión”, pues los personajes que se citan en el artículo no me encajaban con lo que yo veía y por ello decidí volver a echar la tarde de nuevo frente a los enigmas de Eunate centrándome en la observación detallada correspondiente a este capitel situado a la derecha del arco de entrada al “claustro” por el que se accede a la entrada principal del lado norte, normalmente cerrada. Si saliésemos de la iglesia por esta puerta principal normalmente cerrada, el capitel nos quedaría a nuestra izquierda.


Por su situación en el conjunto del primitivo claustro pienso que éste es el principal motivo escultórico de todos los que hay en el exterior y por dos motivos básicos:

El primero ya está comentado. Ocupa el principal lugar de tránsito, tanto para quien entra como para quien sale del edificio, el que nos lleva a la portada norte. Esto es así porque quien la promovió quiso que esta entrada fuera la mejor trabajada donde se volcó el mejor arte del maestro cantero que la esculpió, frente a la puerta que actualmente más se usa que es la del oeste y que apenas presenta decoración. 

El segundo porque en este capitel se representa a Jesús, sea crucificado, pero sin cruz, sea ascendiendo a los cielos. Jesús es el principal personaje de entre todos los esculpidos en Eunate.


Centrémonos, pues, en este importante capitel a la vez que principal del claustro de Eunate.

Este capitel está labrado por sus cuatro caras. En todas ellas se representan personas. En total son 15, repartidas de la manera siguiente: En la cara norte 4 personas. En la sur 3. En la cara del este 4 personas. En la del oeste 4 personas.

 ¿Quiénes son las personas representadas?

1º: No hay ninguna duda de que el personaje central de todo el capitel sea Jesús. Parece que no está crucificado, aunque la primera impresión sea esa. Es claro que falta el soporte de la cruz, lo cual es interesante, pues es un detalle importante que hay que tener en cuenta en esta primera fase de la identificación de lo que vemos, para la propia interpretación posterior que se haga de la escena. Por ello hay que pensar que está flotando en el aire. Está vestido con túnica que le llega hasta las rodillas y se le representa por encima de dos personajes que están por debajo de sus brazos extendidos cuyos antebrazos están más elevados. Sus manos abiertas nos muestran las palmas y los dedos pulgares apuntan hacia arriba. Aunque el deterioro de la imagen es muy grande, como en el resto del capitel y no podemos apreciar rasgos distintivos de su rostro, si nos fijamos con atención hasta se puede vislumbrar algún resto del halo de luz que rodea su cabeza. ¿Estamos, como dice Ángel Almazán, ante la escena de la Ascensión de Jesús a los cielos?

2º: Parece que existe unanimidad en señalar que los representados en las caras norte, este y oeste son los 12 apóstoles con la licencia iconográfica habitual de contar entre los 12 también al apóstol Matías elegido para reemplazar a Judas Iscariote o en su lugar a Pablo, el apóstol de los gentiles, pero como no se llega a distinguir ninguno de los atributos propios de cada uno de los apósteles, salvo que varios portan lo que parecen ser sendos libros, es imposible precisar más. Los cuatro mejor conservados corresponden a la cara oeste del capitel, aunque ninguno de los 15 personajes tallados haya conservado su rostro.


3º: Y llegamos a los personajes que me hicieron reflexionar al ver este capitel. Son los dos que están flanqueando la imagen de Jesús. Aunque sus rostros no nos digan nada, pues como el resto están muy erosionados, sí veo algún detalle que nos puede ayudar a identificarlos. Ya he comentado que son las figuras más pequeñas que están situadas bajo los brazos de Jesús. También llego a distinguir que no parecen mirar hacia el centro, sino que giran e inclinan la cabeza. Están como hacia atrás. Muy claro se ve en el situado a la derecha de Jesús. Según miramos nosotros sería el de la izquierda. Fijémonos con atención en él. Yo, al menos veo que lleva una lanza y un escudo tipo normando y sus pies apuntan hacia nuestra izquierda. ¿Pudieran ser estos dos personajes la imagen de sendos soldados? En este caso ¿se podría ver aquí la escena del hecho más importante en el cristianismo como es la Resurrección de Jesús sin el cual pierde todo sentido la fe cristiana como dice el apóstol Pablo?

Donde algunos ven La Crucifixión o La Ascensión yo veo la Resurrección. Así, este primero y principal capitel del claustro de Eunate podría denominarse el Capitel de la Resurrección de Jesús.


Ángel Almazán argumenta su tesis sobre su visión como capitel de La Ascensión basándose en la función de la propia iglesia de Eunate (Onate)
“cual fue la de servir de sede a la Cofradía de las Ánimas de Onate”. Y lo que él comenta veo yo que sirve igualmente si consideramos el capitel como La Resurrección de Jesús, pues este hecho de su vida se convierte en el Evangelio, en la Buena Noticia que hay que transmitir, por encima de la misma Ascensión de Jesús a los Cielos. Los apóstoles reciben del mismo Jesús resucitado la misión de anunciarlo por todo el mundo, como recogen los evangelistas Mateo y Marcos.

“Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.[1]

“Por último, estando a la mesa los once discípulos, se les apareció y les echó en cara su incredulidad y su dureza de cabeza, por no haber creído a quienes le habían visto resucitado. Y les dijo: Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”.[2]

Si nos fijamos en los orígenes de este edificio religioso hay que mencionar los estudios de José María Jimeno Jurío, pues vincula el mismo con la Cofradía de la Virgen de Onat, teniendo como fuente documental “la copia conservada en el Archivo Diocesano de Pamplona, integrada en un proceso extenso, registrado bajo la signatura Car. 1.006, n 11. Las medievales ocupan los folios 67-75, y las del siglo XVI del 75 al 79” [3]. En otro de sus estudios[4], comenta al comienzo del citado, “creí necesario y previo desmontar algunas teorías surgidas durante el siglo XX en torno a la basílica, sede y centro de la que fue cofradía propietaria del inmueble y de las tierras contiguas. Intenté explicar que el templo de Onate ni en sus orígenes ni en su evolución tuvo relación alguna con la Orden del Temple, y que los Templarios nada tuvieron que ver con la elección del lugar por sus extraordinarias condiciones telúricas, ni con la construcción del templo, ni con la hipotética “linterna de los muertos”. Que como hospital o sepulcro de peregrinos jacobeos no desempeñó un papel más destacado que cualquier otra basílica, ermita o capilla edificada al borde de la ruta santiaguista”.

Según las Ordenanzas de esta cofradía se deja muy claro en el prólogo que se constituye la cofradía “a honor y serbizio de la Virgen Santa María de Unat, et a honor de las animas de los Cofrades finados, y por mantener regla et ordenanza comun de los Cofrades vibos que a presente son et serán en los tiempos por venir”. Es, por tanto, un templo relacionado directamente con la muerte, pues en este lugar se llevaban a cabo las exequias de cada cofrade que moría, se colocaban velas a su alrededor y terminada la misa se le enterraba en su claustro-cementerio y a lo largo del año en el templo se celebraban los rezos establecidos en las Ordenanzas por las almas de los cofrades difuntos, según el credo católico en la esperanza de la resurrección.


Los cofrades, todos hombres, al morir eran llevados a hombros por sus compañeros. Entrarían por la puerta norte, como hacen en la actualidad los modernos cofrades en las romerías anuales.  Para entrar al templo debían pasar con el difunto bajo el arco central del claustro teniendo a su derecha el capitel que analizamos y que he denominado Capitel de la Resurrección, dando así pleno sentido a la muerte física. El mensaje que se quiso comunicar con este capitel puede ser el siguiente: “Aunque hayas muerto vivirás”, que es el que se comunica en la resurrección de Lázaro:
“Le dice Jesús: “Tu hermano resucitará”. “Ya sé, le respondió Marta, que resucitará el último día, en la resurrección”. Jesús le respondió: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”[5]

Con esta esperanza en la resurrección, el cofrade difunto era enterrado en este claustro-cementerio a la espera de dar el paso definitivo a la Vida. Velaban su descanso símbolos de vida, todos ellos esculpidos en los capiteles. El principal el Capitel de la Resurrección. Pero en el mismo arco y el siguiente, a la izquierda según entramos, se representa a uno de los símbolos más empleados en la iconografía románica como es el león, que como en otros muchos lugares, recuérdese la catedral de Jaca o la iglesia de San Martín de Artáiz, sentenciará de manera definitiva en el último día. Además, otros dos de los capiteles florecen y nos presentan también la vida, 


pero es un tercer símbolo lo que llama más la atención y que se repite en este claustro-cementerio al menos en cuatro capiteles, amén de los presentes en el interior de la iglesia. Representan distintos tipos de caras monstruosas de cuyas bocas surgen tallos vegetales que se convierten en hojas y flores. Aparentemente puede causar una impresión negativa al ver los rostros y más de uno los cataloga como diablos, pero a la vez surge la pregunta. ¿Cómo de un ser tan horrible y deforme puede surgir algo tan bello y sensible?

Estamos ante la presencia del símbolo. Hablamos de los cofrades enterrados, con sus propios defectos y debilidades que, como a todos los humanos, les conducen a la monstruosidad moral si no ponen remedio a su situación. Pero aquí está lo aparente. Como siempre digo, hagamos el esfuerzo de penetrar el exterior del símbolo y descubramos el mensaje interno, porque “no es lo que entra en la boca lo que hace impuro al hombre, sino lo que sale de la boca, eso es lo que hace impuro al hombre… ¿No comprendéis que todo lo que entra en la boca pasa al vientre y luego va al excusado?[6]

Lo importante, pues, es lo que en nuestro interior florece y se manifiesta hacia el exterior con la belleza de los buenos resultados.  Estos seres están haciendo se propio esfuerzo de transformación. Están pasando de la muerte a la VIDA, con mayúsculas y son metáforas de los cofrades que, abajo enterrados, como el grano de trigo después de morir da el buen fruto a través de sus obras. Todo nos habla del resurgir de la nueva vida, de la transformación, de la resurrección. Estas figuras fueron muy empleadas en los siglos XI- XII- XIII sobre todo y colocadas en zonas importantes de los edificios religiosos, pues, aunque después de Trento fueron prohibidas por considerarlas paganas, hasta la Baja Edad Media, XIV – XV, se admitían y colocaban en claves de bóvedas y arcos, portadas o en capiteles, como es el caso de Eunate. Estos “hombres-verdes” u “hombres primavera” son el símbolo del renacer y de la esperanza positiva de que todo tiene remedio. En este caso, hasta la misma muerte, porque Jesús ha resucitado.

Este podría ser el mensaje que se comunica en el Claustro-Cementerio de Eunate porque es lo que da sentido a la propia vida terrenal. Ya lo dijo el apóstol Pablo en la primera carta a los Corintios en su capítulo 15 al hablar de la resurrección de los muertos. “Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; estáis todavía en vuestros pecados… Si los muertos no resucitan comamos y bebamos, que mañana moriremos…”.[7] 

 


 

Capitel de Santa María de Zamartze. Navarra.

[1] Mateo, 28, 18-20.

[2] Marcos. 16,14-15.

[4] JOSÉ MARÍA JIMÉNEZ JURÍO, “Eunate y sus enigmas”. file:///C:/Users/User/Downloads/Dialnet-EunateYSusEnigmas-16028.pdf

 [5] Juan, 11,23-26.

[6] Mateo 15, 10-20

[7] Primera epístola a los Corintios, 15.


martes, 24 de agosto de 2021

EL PALACIO DE EQUISOAIN: MARTÍN DE GRECIETA ME FECIT

 

EL PALACIO DE EQUISOAIN:  MARTÍN DE GRECIETA ME FECIT 

Por Simeón Hidalgo Valencia (24 de agosto de 2021)

 

*24 DE AGOSTO DE 2019:

Uno de los lugares que quería conocer desde que volví a la Comarca de Izaga era Equisoain y más desde que me enteré de que habían restaurado su palacio. Así que en una de mis expediciones a Elizaberri un 24 de agosto de 2019, me dije que de esta no pasaba.  Ya que estaba por la zona de Ibargoiti me decidí a ver más de cerca ese palacio con tintes misteriosos y desde Monreal me interné por la senda que me llevaría hasta él, en las faldas de la Higa.

Cuál fue mi pesar que cuando ya lo tenía a la vista una cerrada verja y un claro letrero me decían que de ahí no pasaba, por lo que eché pie a tierra para al menos hacer con el teleobjetivo alguna toma en la distancia. Me quedaba con las ganas. Es propiedad privada. La solución dar media vuelta y esperar una nueva oportunidad, aunque al menos ya conocía la estructura arquitectónica del exterior del palacio, que seguía básicamente la encontrada en otros lugares de la zona. Una torre en su origen exenta y unos cuerpos añadidos destinados a residencia.


 

*8 DE AGOSTO DE 2021:

Esa oportunidad la tuvo por pura suerte, como ocurre muchas veces en la vida. El 8 de agosto de este año en curso acudieron tres personas a ver el Petrus Museum. Habíamos quedado a las seis de la tarde. Como uno de los visitantes conocía a la dueña del palacio nos propuso que después de la visita del museo nos podíamos acercar a visitar Equisoain y gestionó la visita con los actuales cuidadores del lugar. Sin dudarlo me apunté, a pesar de que llevaba todo el día en actividades culturales, pues por la mañana había realizado una visita guiada a San Martín de Artaiz y estaba un poco cansado, pues una oportunidad así no se me presentaría de nuevo. “Carpe diem”, me dije y a ver qué veo.

La joven pareja que cuida del palacio nos recibió con toda su amabilidad y nos lo enseñaron con todo detalle, informándonos de que, aunque hoy en día Equisoain está sólo, como perdido en la nada, en realidad era una pequeña aldea situada en el camino antiguo de paso entre Monreal y el valle de la Valdorba y, como en el Petrus Museum tenemos un capitel reproducido de la iglesia de Leoz, que está en el mencionado valle, me imaginé al maestro cantero transitando por estos parajes, allá por los finales del siglo XII y los inicios del XIII cuando ni existía torre ni dependencias palaciegas.

Del antiguo poblado prácticamente no queda nada. Su antigua iglesia está comida por la vegetación y desplomada en parte por la ladera del monte. El palacio pertenece al primer cuarto del siglo XV y es muestra de la arquitectura palaciega desarrollada en Navarra en época del rey Carlos III, el Noble. Parece primar más en esta construcción la función de residencia de descanso que la militar de vigilancia y defensa de la zona.

Recorriendo su interior me llamó la atención un par de detalles etnográficos en la torre primitiva exenta. El primero está en la clave de la puerta ojival que da acceso a la primera planta. Se trata de la talla de una arpía, mujer pájaro de la tradición clásica de connotaciones más negativas, en general, que positivas.



Este diseño representando a una arpía no lo había visto hasta el momento, por lo que se acentuó más mi curiosidad. He buscado en internet este modelo de arpía y he encontrado uno muy parecido.[1]

¿Por qué o para qué representaron precisamente una arpía en la clave de la entrada? ¿Quizás con carácter protector hacia los moradores? ¿Es un motivo apotropaico? 

El segundo está en el interior de la torre. Es una ménsula original de madera. Está tallada y representa la cabeza de un animal. Talla que me recuerdan las ménsulas también labradas de la iglesia de Iriso, o las realizadas en el coro de la iglesia de Turrillas -o en el de Petilla de Aragón o en el de Alzórriz-, cuyo estudio realicé cuando estaba expuesto en la catedral de Pamplona.[2] También son dignas de mención las ménsulas de la galería de Santa María de Uxue-Ujué.

 


En cuanto a los cuerpos residenciales añadidos a la torre me gustaron algunos elementos arquitectónicos como puertas adinteladas y ojivales, ventanas geminadas de arcos de medio punto u ojivales, algunos adornos en dichas ventanas que siguen el estilo de los siglos XIV-XV, los distintos tipos de saeteras conocidas ya en edificios similares de la Comarca de Izaga, etc. 

Pero lo que más, lo que más me gustó de todo, fue esa piedra con epigrafía colocada como clave de un vano ojival del primer piso que da al patio interior.  A simple vista se nota que originalmente estuvo colocada en otro lugar y que ha sido reubicada en este vano y que su función arquitectónica no era convertirse en una clave de arco apuntado.

Cuando empecé a ver qué es lo que decía e intenté descifrar su texto lo primero con lo que me quedé es con un “ME FECIT” y con las dos últimas abreviaturas que dicen “DEO” y “EPO” -bajo guion- indicando que es abreviatura, que pusieron mi cerebro a trabajar al instante, pues si había un “me fecit” habría también un nombre. ¿Estaba ante un maestro cantero más que firma su obra? pensé y con estas referencias del “me hizo”, “Dios” y “Obispo” me puse a indagar este texto escrito en clara letra gótica con calma. ¿Quién sería el personaje relacionado con el “me fecit”?

… y leí. 



MARTYNDE

GRECYETA

MEFECITDEO

EPO

 “ME HIZO MARTÍN DE GRECIETA.

GRACIAS A DIOS Y AL OBISPO” 


 

Vano del primer piso donde aparece la inscripción.

¿Por qué ese nombre se me hacía familiar?

*AÑOS DE 1410 OLITE, 1421-1424 TAFALLA.

Dando respuesta a la pregunta anterior he de decir que en el estudio que realizo sobre “Las marcas de cantería del palacio de Olite” ya había encontrado al maestro Machín o Martín de Guerescieta o Grecieta trabajando en el palacio de Olite los días 19, 20, 22, 29 y 30 de agosto y los días 1, 2, 4, 5, 6, 10 y 22 de septiembre del año 1410. En estos días cobraba lo estipulado por jornada de trabajo para los maestros canteros, que era de 8 sueldos. En este año de 1410 aparece en los registros de comptos que diariamente se llevaban. Después no se le vuelve a ver hasta que en 1421 -casi 11 años después- se sabe de él que está trabajando intensamente en la construcción del Palacio de Tafalla citándosele a partir del 30 de septiembre de dicho año hasta el 27 de enero de 1424 en varios “reconocimientos” de cobro de cantidades estipuladas por su trabajo.

¿Qué hizo en ese tiempo de ínterin entre su trabajo en Olite y después en el de Tafalla? La respuesta se puede encontrar en el escrito que hoy figura en la clave indicada.  

 *DATOS SOBRE MACHIN DE GUERESCIETA O MARTÍN DE GRECIETA:

Los datos que tengo recogidos sobre este maestro cantero guipuzcoano después de consultar la documentación de Comptos son los que a continuación trascribo:

“En los Registros de Comptos correspondientes al año 1410 trabaja en el Palacio de Olite 12 días de verano en los meses de agosto y septiembre. En esta primera aparición cobra los 8 sueldos diarios estipulados para los maestros canteros que realicen toda la jornada.

Casi 11 años después su nombre vuelve a aparecer registrado en las obras del Palacio de Tafalla.

Es el 30 de septiembre de 1421 cuando Machín de Guerescieta, “mazonero, reconoce que ha recibido de Johan Périz de Tafalla, recibidor de Olite y clérigo de las obras del rey en Tafalla las siguientes cantidades…” siguen hasta diez partidas en las que se abonan los trabajos realizados. 

Las cantidades son las siguientes: 245 libras; 67 libras 10 sueldos; 97 libras 10 sueldos; 10 libras; 15 libras 12 sueldos; 6 libras; 34 libras 7 sueldos 6 dineros; 114 sueldos; 8 sueldos y 10 sueldos.

Los trabajos que realiza van desde tallar perpiaños a 7 sueldo la unidad, antepechos, “menas” (almenas) y muros, hasta la construcción de la fresquera con su pequeña escalera de caracol, su muro perimetral, su suelo y los batientes de la puerta. Este reconocimiento está firmado por el notario Miguel Périz de Tafalla.[3] Tal volumen de trabajo realizado y de dinero recibido sugieren que su entrada a trabajar en las obras tafallesas se hubiera producido con meses de antelación y como profesional contratista.

Con fecha 1 de noviembre también recibe 30 libras “por hacer el gran caño por donde se pudiese vaciar el agua de la pesquera”.[4]

En el año 1423 aparecen dos reconocimientos. Uno fechado el 13 de mayo y el otro el 20 de noviembre. Cobra, respectivamente, 6 libras por realizar un arco en la gran escalera y 66 libras por obras realizadas.[5]

El 20 de noviembre, en el reconocimiento de Michel de Alquiza, se le nombra junto a Ochoa de Ernialde como uno de los que colabora levantando “la torre del pasaje”.[6]

También aparece en 1424 el 27 de enero reconociendo haber recibido 67 libras y 10 sueldos “por cinco arcos que levantó y mazonó en el gran jardín, junto a la torre del pasaje”.[7]

Esta es la última vez que aparece en los documentos Machín de Guerescieta reconociendo haber cobrado por obra realizada, pero a finales de 1424, en el mes de noviembre, aparece otro Guerescieta. Un tal Johan.

 ¿Quién es este Johan de Guerescieta?

Pues ni más ni menos que su padre, mazonero también, por lo que conocemos a una saga más de mazoneros en esta época de Carlos III.

¿Por qué aparece en escena el 26 y el 28 de noviembre de 1424? Aparece en escena porque su hijo Machín había fallecido y como se le debía dinero por las obras que había realizado, Johan, su padre, le representa y reconoce que recibe parte de la deuda el día 26. Se redacta el reconocimiento de esta manera: “Johan de Guerescieta, vecino de Alquiza, reconoce que ha recibido… 97 libras, 4 sueldos, y 4 dineros sobre lo que se debía a su hijo Machín de Guerescieta por cierta obra de mazonería que hizo en dicha villa”.[8]

También se le ve al padre de Martín como trabajador en el Palacio de Tafalla, pero solamente aparece cobrando su sueldo una vez. Da la impresión de que, al morir su hijo, es el padre el que se hace responsable del resto de la obra contratada y realiza una chimenea. Esto se recoge en el reconocimiento que hace el 28 de noviembre. “Johan de Guerescieta, vecino de Alquiza, reconoce que ha recibido… 190 libras y 15 sueldos, sobre lo que se le debía a su hijo, Machín de Guerescieta, el cual había tomado una parte de la obra que se había hecho en las cambras de los ‘retraytes´ junto a la torre del pasaje, más 45 libras, por una chimenea que el anterior dicho, Johan, mazonó después de la muerte de su hijo y que fue estimada dicha cantidad por Jean Lome”.[9]

Estos dos recibos vienen firmados por el ya citado notario y alcalde de Tafalla, Martín Lópiz Reláya".

 

*¿QUÉ HIZO MARTÍN DE GRECIETA DESPUÉS DEL VERANO DE 1410 Y SU APARICIÓN EN TAFALLA EN 1421?

Para dar respuesta a esta pregunta y llegar a comprender los entresijos de la Historia que nos llevan a descubrir al joven cantero Martín de Grecieta dejando grabado su testimonio de haber hecho algo en Equisoain “gracias a Dios y al Obispo” como pueden sugerir las dos últimas abreviaturas del escrito, recomiendo la lectura del excelente trabajo de Javier Martínez de Aguirre recogido en la revista Castillos de España” Números 175-176-177-178 Monográfico de Navarra. Diciembre 2014 – enero 2015 [10], que salvo en detalles me parece acertado.

Cabe destacar cómo Equisoain, que llegó a ser propiedad del Monasterio de Leire y lo era aún en los primeros años del siglo XV[11] “dejó de ser propietario de Equisoain, como consecuencia de una operación destinada a consolidar la posición señorial de don Lancelot, hijo ilegítimo del rey Carlos III”.

Don Lancelot nació en 1386 y murió el 8 de enero de 1420, con 34. Su padre Carlos III lo destinó a la carrera eclesiástica y por dos veces se le propuso para obispo de Pamplona. La primera en 1403 a los 17 años y la segunda en 1406, ya con 20. Al quedar la sede episcopal de Pamplona vacante con la muerte de Miguel de Zalba obispo entre 1401 y 1404, se sucedieron como Vicario General de la misma Martín de Eusa, Nicolás López de Roncesvalles y García de Aibar. Desde 1408, cuando tenía 22 años, ocupó el puesto de Vicario Don Lancelot de Navarra hasta su muerte. El mismo año de 1420 se eligió, por influencia real, a Sancho Sanchiz de Oteiza como obispo de Pamplona. Lancelot también ostentó el título de Patriarca de Alejandría.[12]

Como vemos la “operación destinada a consolidar la posición señorial de don Lancelot” fue llevada a cabo hasta donde se pudo, pues nunca llegó a ser obispo de Pamplona y el título de Patriarca de Alejandría no tenía más que valor simbólico social. Como hombre de guerra Lancelot prestó también sus servicios a su padre el rey y éste le recompensó generosamente. El lugar de Equisoain parece que formó parte de esa generosidad real y Lancelot se dispuso a hacer ostentación de su posición mandando construir en primer lugar una torre exenta a la que posteriormente se adosaron las dependencias residenciales.

El maestro cantero Martín de Grecieta entra en escena en Equisoain, como revela el escrito encontrado. Estoy con Javier Martínez de Aguirre en que todas las piezas del puzle encajan temporalmente entre estos dos jóvenes personajes, que sin duda se conocerían por el trabajo del cantero en el Palacio de Olite. En los casi 11 años que transcurren desde su trabajo en Olite hasta que aparece de nuevo en Tafalla en 1421 tuvo tiempo de levantar el Palacio de Lancelot del cual parece sentirse orgulloso y como otros maestros canteros antiguos de los siglos XII-XIII reivindica para sí la autoría de su obra cumbre hasta el momento y lo deja por escrito tallado en la piedra con la esperanza de que su memoria se recordara para siempre. Así ha sido. Une su firma a la corta lista de maestros medievales que en el reino de Navarra se dieron a conocer escribiendo su nombre y poniendo a continuación la expresión “me fecit”: FULCHERIVS, LEODEGARIVS, PETRUS, SANCIVS, ACTO, ALDEBERTVS, MARTINVS …[13]

Con la experiencia adquirida en Equisoain Martín acrecentó sus conocimientos para poder contratar sus trabajos en Tafalla dirigiendo a su cuadrilla con las garantías de ser un buen profesional, hasta que la inesperada muerte truncó su carrera a lo largo del año de 1424, muriendo más a menos con la misma edad que Lancelot.

 *¿QUÉ SABEMOS HASTA AHORA DE MARTÍN DE GRECIETA?

1º. Que es un joven maestro mazonero guipuzcoano, vecino de Alquiza, que hereda el oficio familiar de su padre, Johan.

2º. Que nació en la última década del siglo XIV. Murió en 1424.

3º. Que vino para trabajar en las obras del Palacio de Olite junto a otros compañeros de Alquiza, donde se le registra trabajando 12 días en el verano de 1410, cobrando por jornada 8 sueldos.

4º. Que dirigió las obras de construcción del Palacio de Equisoain.

5º. Que como otros maestros mazoneros medievales sintió la necesidad de darse a conocer y reivindicar su obra y labró en piedra su nombre y añadió el consabido “me fecit” agradeciendo a Dios y al “Obispo”, aunque Lancelot no lo fue, la oportunidad que se le ofreció de trabajar en Equisoain su obra cumbre que aún sigue en pie.

6º. Que vuelve a aparecer en la documentación de Comptos en el año 1421 en el que se le paga por trabajos realizados en la construcción del Palacio de Tafalla. Por el número de “reconocimientos” que realiza y por las cantidades monetarias recibidas parece que en estas obras tiene parte activa como contratista. Realiza su trabajo en Tafalla hasta su muerte en 1424.

7º. Aunque no hay datos sobre las causas de su fallecimiento no es descartable que mediera algún tipo de accidente laboral.

8º. Este luctuoso hecho pone en escena a su padre Johan, también mazonero de la piedra, que recibe en dos ocasiones, ya a finales de noviembre de 1424, sendas cantidades que se le debían a Martín y que remata la obra contratada por su hijo realizando una chimenea que parece estaba pendiente.

 


“MARTYN DE GRECYETA ME FECIT DEO EPO”


Vano con la “clave” escrita.


Panorámica del Valle de Ibargoiti y Peña Izaga desde el Palacio de Equisoain.



[2] SIMEÓN HIDALGO VALENCIA, “El coro gótico de Turrillas (Valle de Izagaondoa)”, Pamplona, 2010. D.L. NA 236-2014.

[5] Idem, Año 1423, Caj. 108, nº21, XXXV y nº12, XXII.

[7] Idem, Año 1424, Caj. 109, nº5, LV.

[8] Idem, Año 1424, Caj. 108, nº12, XLI.

[9] Idem, Año 1424, Caj. 109, nº5, L.

[10] JAVIER MARTÍNEZ DE AGUIRRE, “Los grados de la magnificencia: el Palacio de Equisoain, don Lancelor y la arquitectura señorial Navarra en tiempos de Carlos III el Noble”, p. 91-104. Se puede leer también en Internet.

[11] LUIS JAVIER FORTÚN, “Leire, un señorío monástico en Navarra (siglos IX-XIX)”, Pamplona, 1993, pp.628, 676, 683, 696, 704, 749, 751, 758, 761, 762, 769.

[12] JOSÉ GOÑI GAZTAMBIDE, “Historia de los obispos de Pamplona. II, Siglos XIV-XV, Pamplona,1979, pp.407-467.

[13] SIMEÓN HIDALGO VALENCIA, “Las marcas de cantería en San Zoilo de Cáseda”, Ayuntamiento de Cáseda, 2020, pp.183-206.

miércoles, 18 de agosto de 2021

SAN MARTÍN DE ARTÁIZ: LA LUZ Y EL ALTAR.

 

SAN MARTÍN DE ARTÁIZ: LA LUZ Y EL ALTAR.

 Por Simeón Hidalgo Valencia (18 de agosto de 2021) 

 

El día 14 de agosto de 2021 la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa realizó una actividad en el interior de la iglesia de San Martín de Artáiz, cuyo título era “ARTÁIZ. DE MÚSICA Y PINTURA”.

Tenía dos partes. La primera consistía en dar a conocer las pinturas reproducidas en el año 2018 en el ábside e inauguradas el 11 de noviembre de ese año.

Pinturas, las más antiguas, correspondientes al siglo XIII y las de la cubierta del ábside que datan del XVI.

La segunda parte se titulaba “TROVADORES. Los poetas del amor y de la guerra. Siglos XII-XIII”. El ponente, intérprete y cantor era el luthier Emilio Arias. 

Mientras se preparaba el acto afinando tanto los instrumentos como la voz y el sonido, el sol se asomaba por la ventana occidental y penetrando en forma de rayo hacía su recorrido vespertino desde el muro norte, camino del altar y escalando el muro sur moriría en su ocaso. 

Eran las 18,25, hora oficial -las 4,25, solares de la tarde-, cuando saqué con el móvil esta fotografía.




M
ientras llegaba la hora del inicio de la actividad, prevista para las 19.00 horas, saqué alguna más. Con el protocolo Covid y eso de tomar los datos de las personas asistentes, ver la temperatura, indicar a cada cual su asiento y demás, se empezó hacia las 19,15 cuando el sol indicaba el eje de la iglesia desde el oeste e iluminaba la mesa del altar.


La anterior fotografía está sacada a las 19,11 -5,11 solares de la tarde-, y cuando la vi, recordé que en una ocasión alguien me dijo que él no había visto nunca que el sol iluminara la mesa del altar de San Martín de Artáiz y como yo sí lo había presenciado, aunque no sabía el año en que lo fotografié, he mirado en mis archivos y con paciencia lo he encontrado y 


¡Oh casualidad!, al ver la fecha de esa foto veo sorprendido que tal día como hoy y casi a la misma hora, pero del año 2019, estuve en el interior de San Martín de Artáiz en el momento en que el sol vespertino alumbraba y recorría con calma la mesa del altar, como podemos ver en la última fotografía adjunta que saqué a las 19,16 del 14 de agosto de 2019 -las 5,16 solares de la tarde-.

¡Una grata coincidencia!