jueves, 23 de julio de 2026

CASTILLO DE LEGUÍN. EN LA MEMORIA Y EN LA HISTORIA.

 

CASTILLO DE LEGUÍN. EN LA MEMORIA Y EN LA HISTORIA.

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (23 de julio de 2026)

 


Hoy es 23 de julio y en tal día como hoy, pero del año 924, el mayor ejército de la época, las huestes del emir Abderramán III, en su Campaña contra Pamplona, cruzaron el Valle de Izagaondoa y arrasaron todo a su paso.

Hoy se cumplen los 1102 años de esos hechos en los que el Castillo de Leguín, fortaleza importante en la defensa del reino que vigilaba el camino real de Pamplona a Sangüesa fue destruido por primera vez. Las crónicas árabes lo citan también por primera vez.

Cuando hace dos años se conmemoraron los 11 siglos de esta cita, ningún organismo oficial parece que se acordó del hecho y solamente los lugareños, los que están en contacto diario con su pequeña historia, se acordaron y subieron a conquistar de nuevo este lugar que un día fue estratégico, aunque hoy sea una ruina. Ruina, hay que decirlo, fomentada por la falta de interés de quien debería defender estos patrimonios arrasados pero que, como testigos de la Historia, siguen reclamando se les tenga en cuenta.

No sé qué pasa con el Castillo de Leguín que sigue ahí esperando su turno para que la Institución Príncipe de Viana se decida a hacer algo por sacarlo del olvido al que se le ha sometido y recuperar su memoria, pues forma parte de la Historia de los orígenes del Reino de Pamplona. Sería un buen detalle que haría visible la tan de moda preocupación por el desarrollo de nuestros pueblos.

Yo, en su día, lo recordé y escribí sobre el Castillo de Leguín y no lo olvidé y menos lo desprecié, minimizando su papel dentro del patrimonio navarro como otros hicieron.

Hoy 23 de julio lo vuelvo a recordar al cumplirse, al menos, sus 1102 años. Sus restos siguen ahí interpelándonos.

En su recuerdo añado el Capítulo 12 del libro “Castillo de Leguín. (924-2024) En la Memoria y en la Historia”.

 

“¡Sí! ¡Era el tiempo de la parca, el día del juicio final, el momento de la venganza suprema!

Este era el pensamiento que día y noche maquinaba el emir Abderramán en su cabeza y se propuso llevarlo a rajatabla no sólo hacia el infiel rey de Pamplona, sino también hacia los reyezuelos musulmanes que, bajo apariencia de sumisión, lo que más les interesaba era vivir siendo independientes del poder cordobés. Por eso no emprendería el camino directo hacia la frontera del norte, sino que primero impuso su autoridad entre sus supuestos seguidores para que, de una vez por todas, tanto los creyentes de Alá como los infieles cristianos conocieran su ira y su poder.

Y con esta idea y un inicial poderoso ejército partió de Córdoba el 9 de abril del 924 y empleó más de dos meses confirmando su autoridad a medida que avanzaba y engrosando aún más las huestes de su ejército con las fuerzas de combate de los musulmanes de Baza, Lorca, Murcia, Játiva, Valencia, Alpuente, Daroca, Calatayud y“Al Nasir, continuando su marcha a la cabeza de los guerreros tan numerosos como granos de arena, penetró en Tudela, plaza fronteriza, y los Tuchibíes y otros se presentaron ante él; se le juntaron los gobernadores de la frontera que llevaban tropas numerosas y perfectamente equipadas…”

Más de 50.000 soldados había reclutado durante esta primera fase entre caballeros, arqueros o infantes, amén de un numeroso ejército de civiles, hombres, mujeres, niños y niñas que atendían las necesidades de los combatientes. Con ellos saldría decidido desde Tudela hasta el corazón de la guarida del pérfido Sancho, llevando en sus ojos el fuego destructor, en su pecho el odio y en su fuerte brazo la cimitarra alzada dispuesta a segar cabezas coronadas.

“… y entró en territorio cristiano el sábado 4 rabí II (10 julio) con la firme intención y el decidido proyecto de vengar a Alá y su religión de los miserables e impuros infieles”.

El rey Sancho convocó a los señores y a la vista de los informes de sus espías, que le describían las fuerzas del ejército musulmán realmente tan numeroso como los granos de arena y las estrellas del firmamento, dio la orden de que a medida que se atisbara en lontananza la polvareda levantada en su avance y vieran oscurecerse el horizonte, todos los habitantes, desde los niños hasta los ancianos recogieran su ganado y la cosecha que pudieran transportar y abandonaran sus aldeas. Que se escondieran y refugiaran en lugares recónditos, fuese en la espesura de los bosques, en cuevas inaccesibles o en las cimas de las altas montañas donde estuvieran siempre en situación de ventaja si tuvieran que luchar con sus propios medios contra sus invasores.

Igualmente decidieron la forma de lucha que presentarían a sus enemigos al que tendrían constantemente vigilado en sus movimientos aprovechando los lugares angostos, desfiladeros y vados de los ríos para caer por sorpresa sobre la retaguardia o sobre su avanzadilla, evitando el campo abierto y al grueso de sus fuerzas. Hostigarlos a base de la guerra de guerrillas y emboscadas causándoles en poco tiempo el mayor número de bajas.

Sabía de la crueldad que el emir, su sobrino político, empleaba y por ello decidió que mejor arrasara las aldeas, las fortalezas, los campos y las cosechas que la vida de sus gentes.

Desde la distancia prudencial que la guerra requería controlaría cada movimiento que hiciese y actuaría en consecuencia enviando las tropas adecuadas a cada situación. Allá por donde pasara, Abderramán se encontraría con las puertas abiertas, con las casas vacías, las fortalezas rendidas y esta estrategia, pensaba el rey Sancho, enfurecería más y más al emir cordobés y sería más fácil que su falta de templanza le hiciese cometer más de un error estratégico.

Así se encontró al primero de los castillos al que se dirigió: “El primer sitio en que acampó dentro ya de su territorio fue el Castillo de Cárcar (Qlgra), que Sancho había evacuado; lo hizo desmantelar y quemó todo lo que en él había”.

Peor suerte tuvo un grupo de aldeanos de Peralta, lugar al que se dirigió después de Cárcar, pues a pesar de haberse refugiado en las cuevas del acantilado, el emir mandó a sus expertos escaladores y dieron con ellos y sin piedad los aniquilaron. No hubo piedad para nadie.

“De ahí pasó al lugar llamado Peralta (Bitra Alta) en cuyos alrededores se encontraban castillos fuertemente situados; los cristianos los evacuaron, pero dejando en la llanura todos sus bienes y víveres, que no tuvieron tiempo de llevarse. Algunos de ellos se refugiaron con sus mujeres e hijos en tres cuevas situadas al extremo de una cortadura dominando el valle; pero nuestros soldados no cesaron en sus ataques, y bien elevándose hasta allí, bien bajando hacia ellos, acabaron, gracias, gracias a Alá, por dominarlos; mataron a los hombres, redujeron a los niños a la esclavitud y se apoderaron de lo que dejaron los vencidos, encontrando allí el primer botín con que Alá le gratificó en el curso de la campaña. Los castillos de esta región fueron destruidos y no se dejó una piedra en pie”.

Este era el destino de quien cayera bajo las garras musulmanas. La muerte y en el mejor de los casos la esclavitud. Mujeres y niños que iban engrosando el botín de guerra junto a las riquezas materiales que los vascones dejaban en la aldea por no poder acarrearlos. Detrás de las tropas musulmanas sólo quedaba muerte y destrucción, piedras humilladas de altivas fortalezas, cosechas y viviendas quemadas y un olor fétido a carne humana en descomposición bajo bandadas de buitres carroñeros. Pero dado que el emir Abderramán no tomaba posesión de la zona destruida y ni ponía guarnición militar en los castillos, que se limitaba a destruirlos, pasada la tormenta volvía la calma y la vida renacía con los supervivientes que empezaban de nuevo a reedificar las casas de su aldea.

Desde Peralta se dirige el ejército invasor a Falces y de aquí a Tafalla y Carcastillo decidido a penetrar en la misma cuna del nacimiento del impío rey Sancho Garcés I, una vez superado, siempre vigilante y en orden de batalla el desfiladero de Al-Markwir “…llevando sus tropas por lugares donde jamás habían penetrado, incendió los castillos y arruinó las viviendas hasta que llegó a la aldea de Bashkwnsa (Bakwnsa), de donde el cristiano era originario y donde fueron destruidas todas las casas y todo lo que se encontró fue incendiado”.

Pero no todo eran victorias del emir porque también tuvo no pocas bajas en su recorrido veraniego por las tierras vasconas hasta llegar a Pamplona, aunque las crónicas árabes las minimizan y contrarrestan estos fracasos con exageradas victorias. Así se aprecia en el relato de la jornada del 21 de julio.

“Entonces Sancho reunió a sus correligionarios y mandó pedir socorro a todos los países cristianos de donde podía esperarlo, si bien él se encontraba a la cabeza de fuerzas con las que contaba hacer frente a los musulmanes. Como en la noche del martes al miércoles 15 rabí II (21 julio), un grupo de caballeros vigilaba desde las montañas que dominaban nuestras tropas, al-Nasir hizo tomar las medidas de combate, apretar las filas y organizar una activa vigilancia. Llegada la mañana, se puso en camino y siguió siempre adelante, poniendo su confianza en Alá y contando con su apoyo. Se encontró así en medio de altas montañas y picos aislados, donde los enemigos de Alá esperaban encontrar una ocasión favorable para caer, bien sobre un ala, o en la retaguardia de los nuestros. El ejército estaba metido en estos estrechos lugares, cerca del río Hega (Hyga), cuando los caballeros enemigos descendiendo de las alturas iniciaron una escaramuza sin importancia. El Emir hizo desmontar su gran tienda, tomó sus disposiciones de combate y los musulmanes se lanzaron como leones sobre sus enemigos, pasaron el río para llegar hasta ellos y les cargaron con rabia hasta que fueron desalojados y puestos en fuga; después a golpes de sable y de lanza les obligaron a ganar un lugar escarpado en una montaña aislada. Pero los musulmanes les asaltaron y habiéndoles Alá allanado las dificultades de acceso, mataron gran número de enemigos, cuyos cadáveres cubrieron el suelo. La caballería saqueó la llanura sin descanso y recogió botín, ganado y toda clase de riquezas. El ejército se retiró sano y salvo, no habiendo perdido más que a Yakub ibn Abu Jalid Tuberí y un pequeño número de hombres del cortejo del príncipe que encontraron el martirio y para los que Alá había decretado la felicidad celeste. Se reunió gran número de cabezas de cristianos que la dificultad de los caminos y la gran distancia impidieron enviar a Córdoba”.

 

El camino real que unía Sangüesa con Pamplona, la aldea natal de rey Sancho la primera, y la gran ciudad, centro de su reino la segunda, transcurría camino de Lumbier y seguía por Urraúl recorriendo después la llanura interior de Izagaondoa, entre la sierra de Gongolaz y la Peña Izaga y tornaba después hacia el Poche de Lakidáin divisando desde su altura la rica comarca de Pamplona.

En estos días de julio de 924 lo recorrían afanados labradores que iban y venían a realizar sus faenas en el campo, dispuestos a recoger la cosecha del cereal. También pasaban, con el paso ligero, algunos penitentes peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela buscando en este trayecto la protección de los hombres del rey, que no cesaban de llegar para situarse en lugares estratégicos preparando las emboscadas al ejército musulmán.

 Eran días de duro trabajo, la misma tarea hora tras hora, los mismos movimientos desde el amanecer hasta la puesta del sol, descansando únicamente a la hora sexta cuando el sol llegaba a su cenit y se agradecía una buena sombra para echar la siesta después de alimentarse con las viandas que las mujeres o los niños habían llevado hasta el campo.

Se trabajaba de prisa intentando poder salvar cuanta más cosecha mejor, pues las noticias que llegaban desde Sangüesa por boca de los mensajeros que se dirigían hasta Pamplona no eran buenas. Los moros habían salido de Tudela y habían penetrado en territorio cristiano y el mismo emir de Córdoba venía al frente de un numeroso ejército que a su paso sembraba de muerte los caminos y arrasaba aldeas, fortalezas y todo lo que se le interpusiera. Quien no moría degollado era tomado como esclavo. Todo el mundo debía prepararse, pues la ruta que el ejército musulmán había tomado era precisamente el Camino Real.

La paz en el valle se terminó de repente al ver a los mensajeros del rey Sancho galopar como el viento camino de Pamplona avisando a voz en grito, sin detenerse, del terror que se les acercaba. Se había visto al enemigo en dirección a Lumbier y en una jornada o dos la tierra de Izagaondoa temblaría al paso del numeroso ejército musulmán. Había que apurar el trabajo pues lo que no se llevaran consigo o lo ocultaran en lugar seguro sería botín de guerra del emir. Había que asegurarse el pan hasta la cosecha siguiente.

Las noticias que dejaban al trote los mensajeros eran cada vez más inquietantes. “El Emir llegó después a la etapa de Lumbier (Labira)”. Lumbier había sido arrasada, su castillo derruido, sus casas, las cosechas del cereal y hasta sus viñedos ardían oscureciendo el sol por el horizonte. Su próximo objetivo, Izagaondoa.

Era el mes de julio del año 924, día 23 y en todas las aldeas de Izagaondoa reinaba la quietud y el silencio.  Ni los gallos cantaron al amanecer.  Sus gentes habían seguido la consigna del rey García y de los señores. –“Que el musulmán no encuentre más que vacío a su paso”. Así pues, la noche anterior salieron con todo lo que pudieron de sus casas y se ocultaron en los bosques unos o subieron a lo alto de la Higa de Izaga otros, buscando la protección de los soldados vascones que desde la cima vigilaban ocultos, o se alejaron hasta los valles cercanos, pero lejos del camino real.

En la oscuridad el cielo resplandecía rojizo a causa de los incendios provocados por la avanzadilla enemiga mientras cientos de antorchas se dispersaban en todas las direcciones de la llanura, menos hacia Lumbier, pues desde allí venía el mal. Familias enteras con sus pocos enseres, sus provisiones y sus animales de granja buscaban seguir vivos al amanecer.

Era el 23 de julio y el día amaneció soleado hace casi mil cien años hoy, y como en el 23 de julio de 2009, decía el abuelo desde la experiencia de lo mal que lo pasó, todos en el valle, señores y campesinos, temieron por sus vidas y guardaron silencio y vigilaron desde sus escondites el paso de este destructor ejército. ¿Qué quedaría en pie?, se preguntaban inquietos.

Ocultos a lo largo de la crestería de la Higa de Izaga cientos de ojos vigilaban al ejército musulmán que avanzaba por el paso entre las extremidades de la sierra de Tabar y la de Gongolaz entrando en el valle de Izagaondoa. Lo recorrerían hacia el oeste en dirección a Pamplona.

Era el mes de julio, era el mes de la siega y en los campos no había ni un segador, ni una carreta transportando las gavillas de trigo. El valle parecía muerto.

Los soldados del emir buscaban hacerse con un buen botín, pero poco encontraron por lo que a su paso daban fuego a todo lo que ardía, campos, casas, árboles frutales y bosques.

“¡Que mueran de hambruna y frío en el próximo invierno!”. Las tropas del rey Sancho se limitaron a vigilar. No tendieron escaramuzas. Había que conservar las fuerzas para las siguientes jornadas. Al fin y al cabo, la gente del valle estaba a salvo y ninguno osó desobedecer el mandato del rey.

 

En la etapa número 13 de la campaña del 924 el emir se dirigió “luego a la de Leguín (Lgïn); las tropas arrasaban todo a su paso, destruían las cosechas, arruinaban las aldeas y castillos”.

Y el castillo situado en la cumbre de Leguín era el faro que vigilaba toda la llanura y en él puso su penetrante y turbia mirada el emir cordobés y lo sentenció, como a todas las torres de vigía y castillos que había encontrado a su paso, a ser desmantelado piedra a piedra. 

Por todas las laderas del monte subían los soldados musulmanes encargados de estas operaciones de desmantelar las fortalezas cristianas y a su paso toda la vida desaparecía. Talaron el arbolado, mataron animales que salían de sus guaridas, envenenaron los manantiales de agua y arrasaron el poblado que habían levantado los vascones a la sombra de la alta torre circular del castillo. Tampoco aquí encontraron resistencia. Las puertas estaban abiertas dándoles la bienvenida.

De alguna manera esta era la victoria del rey Sancho sobre Abderramán, pues lo que destruía se volvería a levantar una vez pasara la tormenta. Las gentes volverían a su tierra y piedra a piedra levantarían las aldeas, el castillo y renacería la vida, los campos abonados por el fuego darían la próxima primavera nuevas espigas y el mes de julio, como todos los años, los campos se llenarían de trabajadores recogiendo la nueva cosecha.

Terminada la demolición del castillo los soldados se unieron a las tropas que en su avanzada hacia el poche de Laquidáin saqueaban todo a su paso. Desde la cumbre de Izaga las tropas cristianas vigilaban y se aprestaron a llegar a Pamplona antes que su enemigo, mientras desde el valle las llamas subían hacia los altos avivadas por un fuerte viento que hizo recordar a más de uno la imagen de los fuegos del infierno.



Al ponerse el sol Izagaondoa estaba arrasada. Algunos vecinos, los más valientes bajaron al llano. En sus rostros se reflejaba el dolor por la desolación, pero a la vez la esperanza por el futuro y las ganas de vivir. Los niños que los acompañaban eran su motivación y aunque se habían quedado sin techo no les importó dormir al raso en una noche doblemente calurosa de finales del mes de julio. Era la noche del 23 y en la cima de Leguín la luna ya no iluminaba la torre circular del castillo.

Las tropas del emir derribaron también la torre de vigía de la cima de Irulegui y el mismo Abderramán subió en su caballo y vio desde su altura la llanada de la cuenca de Pamplona. Allí estaba la cuna del impío Sancho. Allí, se vengaría cien veces. “Allí, mañana, segaré a cuchillo, como a corderos, los cuellos de sus habitantes. Como la antigua Cartago, Pamplona y sus gentes desaparecerán mañana”.

 

El mañana llegó y fue un paseo del emir hacia Pamplona y enfureció porque “llegando así a Pamplona, que se encontraba abandonada y desierta. El príncipe en persona penetró allí y después de haber recorrido la población, dio orden de destruir todas las viviendas y la iglesia que allí había y que servía de templo a los infieles para realizar sus prácticas religiosas; no quedó piedra sobre piedra”.

Fue lo más que pudo hacer, pues ni una sola cabeza segó y como en todos los lugares por los que pasó sólo pudo incendiar cosechas, destruir murallas, derribar y quemar casas, iglesias y palacios. Ni tomó posesión de aldeas, fortalezas o ciudades. Pasó cual ráfaga de fuego destructor y se dirigió de nuevo hacia Tudela donde los muladíes Banu Casi fueron despojados de su poder y llevados a Córdoba como fuerzas de su ejército. En su lugar confió la defensa de Tudela a los tuchibíes de Zaragoza en la persona de Abn  Yahya Muhammad ibn Abd al Rahman ibn Abd al-Aziz y sus descendientes.

Aunque había habido bajas en el ejército de Sancho Garcés y mujeres y niños fueron hechos prisioneros y vendidos como esclavos, pasado el huracán las cosas volvieron a su ser…

 

El reino de Pamplona se fue expandiendo y consolidando durante doscientos años, hasta que el rey Sancho VI, el Sabio, pudo firmar sus disposiciones como el rey de Navarra.

Para entonces el Castillo de Leguín había sido reedificado y vuelto a ser el faro de vigía de Izagaondoa, en el que el mismo rey Sabio tuvo su refugio en momentos otra vez turbulentos bien avanzado ya el siglo XII”.

sábado, 18 de julio de 2026

“SAN MARTÍN DE ARTAIZ. LA VISITA”

 

“SAN MARTÍN DE ARTAIZ. LA VISITA”

 Por Simeón Hidalgo Valencia (18 de julio de 2026)



Después de 15 años colaborando en dar a conocer la iglesia románica de San Martín de Artaiz a través de las visitas guiadas organizadas por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, de meter muchas horas estudiando sus tallas e investigando su mensaje, me ha parecido conveniente realizar esta nueva publicación para que sirva de auto guía o auto visita a toda persona que quiera conocer más a fondo los mensajes de esta iglesia. 



San Martín de Artaiz es un hito de atracción cultural para los amantes del románico y por eso, en su momento, se creó en la antigua escuela unitaria del pueblo el denominado “Centro de Interpretación de la Escultura Románica”, con las buenas intenciones de que fuera realmente un lugar de reflexión, de investigación y de estudio que clarificaran los interrogantes inherentes a este edificio medieval, que facilitara la lectura de lo que este libro escrito en piedra nos trasmite.
 

Por ello, me impuse la tarea de estudiar con calma y a fondo todas y cada una de las tallas de esta iglesia dentro del todo, a veces en solitario silencio, otras compartiendo con los visitantes más interesados sus aportaciones y siempre incorporando los avances logrados en sucesivas visitas guiadas, abierto a las aportaciones de la Ciencia y en diálogo con los momentos claves del año, como son los solsticios y los equinoccios, en los que el lenguaje de la luz del sol certifica intuiciones previas. 

En esta nueva publicación sobre la iglesia de San Martín de Artaiz ofrezco a mis seguidores, “cual herencia” ya que me retiro de estos menesteres culturales, la síntesis a la que he llegado después de los dichos 15 años de estudio de este lugar románico por excelencia en la Comarca de Izaga. 

Cuestiones que se plantean:

-¿Qué conocemos de los orígenes de San Martín de Artaiz?

-Artaiz. Cruce de caminos.

-¿Quién impulsó la construcción de San Martín en Artaiz?

-¿En qué momento del año se hace el replanteo de San Martín de Artaiz?

-¿Cómo se hizo el replanteo?

-El documento de 1279 en el que se menciona a la iglesia de Artaiz.

-¿Cuáles son los seis elementos comunes del ábside y de la portada?



-¿Qué orden de lectura ofrezco para leer la portada?

1ª Etapa: Los canecillos y las Metopas. Del nacimiento a la muerte.

2ª Etapa: Los Leones protectores.

3ª Etapa: Los Capiteles de la portada. Desde la Ética.

4ª Etapa: Arquivoltas, Tímpano y Ménsulas.

-El interior de San Martín de Artaiz:

1º-El ábside.

2º-La nave.

3º-La Pila bautismal.

4º-Los Capiteles interiores. ¿Quién realizó estos capiteles?

5º-La Pintura mural.

Siglo XIII.

Siglo XVI.

6º-El retablo renacentista de Santa Catalina. Siglo XVI.

7º-Las Esculturas.

-Los 46 Canecillos conservados de San Martín de Artaiz.

-Los adornos en los aleros.

-Nueva investigación sobre San Martín de Artaiz:

Montañana, Artaiz, Pamplona y Moissac. ¿Un maestro tallista en común?

-Para comprender mejor el mensaje de San Martín de Artaiz:

Programa Teológico de San Martín de Artaiz.

 

Este libro le ayudará a descubrir y comprender, un poco más, los secretos de San Martín de Artaiz. 

 Como todos los anteriores es una autoedición. Su tamaño será de 179 x 24mm. Tiene 304 páginas. El interior será estucado mate y sus páginas de 115 gr. Llevará tapa dura con guardas impresas y para su encuadernación será cosido. Se hará una edición limitada de 100 ejemplares y cada ejemplar, cual botella de buen vino, irá numerado. 

Gracias a la ayuda económica que he recibido de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, que ha subvencionado su maquetación, se reservará a las personas interesadas al asequible precio de 20€, que es su coste redondeado en imprenta.

Si hubiera que enviarlo por correo se incrementarán con los gastos de envío contra reembolso. 

Desde este momento pueden hacer la reserva de su ejemplar llamando al 659 303994 o escribiendo a simeonhidalgo@gmail.com indicando su teléfono y dirección de correo postal si desea se le envíe por correo contra reembolso.

 Muy agradecido, de antemano, a todas las personas interesadas.

lunes, 1 de junio de 2026

GRAFITEROS EN SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN

 

GRAFITEROS EN SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN

Por Simeón Hidalgo Valencia (01 de junio de 2026)


Me llegan noticias de que la iglesia románica de San Martín de Guerguitiáin ha sido vandalizada y en su fachada sur, así como en la zona de la sacristía, algún grafitero ha perpetrado un atentado contra el patrimonio histórico y cultural. 

Me he acercado hasta el lugar para ver de primera mano el desaguisado y esto es lo que descubro: 

En mi interior se instala la congoja y la rabia de la impotencia y deseo a quien esto ha hecho, que pronto lo pongan a buen recaudo y le apliquen todo el peso de la ley que esté previsto para este tipo de atentados al Arte, a la Historia y al Patrimonio.

Nada más, ni nada menos. 

Personalmente me duele, ¡y mucho! este desaguisado, porque en su momento me impliqué de cuerpo y alma, junto a otras personas, físicas o jurídicas, para que este edificio románico de la Comarca de Izaga fuera restaurado, pues amenazaba ruina. 

Colaboré con mis escritos publicados en mi blog concienciando sobre la importancia de mantener vivo el patrimonio heredado, darle vida y hacer de él uno de los motores para el desarrollo de esta Comarca de Izaga (Izagaondoa) que sufre un progresivo proceso de despoblación. 

Colaboré desinteresadamente con mi investigación sobre el maestro que dejó su firma en Guerguitiáin, el “maestro Petrus”, al que apellidé, “de Guerguitiáin”, porque aquí se dio a conocer con su “Petrus me fecit+”, siendo uno de los pocos maestros que dejaron la prueba de su intervención en Navarra y seguí su estilo por la zona y descubrí, también con la colaboración de otros amantes y estudiosos del románico, su estilo en Vesolla, Sengáriz, Najurieta, Alzórriz, Leoz, Aibar, Zolina, Badostáin, Eusa, Garaioa, Monreal, Artaiz, y me desplacé hasta Galicia donde su escuela trabajó por Lugo en lugares como Santa María de Belante y San Miguel de Paradela, así como Santa María de Bayona en Pontevedra. 

Promoví la creación del “Petrus Museum” para dar a conocer entre las gentes al maestro Petrus de Guerguitiáin y publiqué para niños y mayores “El álbum de dibujo Petrus de Guerguitiáin” y los libros “El mensaje en piedra del maestro Petrus” y “La ruta del maestro Petrus de Guerguitiáin”. 

Realicé, como miembro de la “Asociación Grupo Valle de Izagaondoa”, visitas guiadas, a lo largo de 14 años, a la mayoría de los lugares mencionados, a gentes venidas de Navarra y de otras Comunidades Autónomas, así como de Francia. 

En este momento, junto con un par de vecinos de Reta, proyectamos el nuevo “Petrus Museum” al aire libre en dicha localidad. 

Así que creo que conozco un poco al maestro de Guerguitiáin, y no me ha importado colaborar libremente sin recibir peculio alguno, en la realización del cortometraje “Petrus. La historia de un capitel”, así como en la película “Petrus”, realizados por Haruru Filmak. 

Por ello, para los que hemos estado al pie del cañón para que San Martín de Guerguitiáin se rehabilitara, conociera y fuera polo de atracción del turismo por Izagaondoa, ver cómo la han dejado nos duele y personalmente reclamo que se investigue el hecho y, como he dicho, se aplique la ley.




viernes, 6 de febrero de 2026

JOSUNE IRIBARREN – EL ABC DE LA FIESTA.

 

JOSUNE IRIBARREN – EL ABC DE LA FIESTA.

Por Simeón Hidalgo Valencia (06 de febrero de 2026)

 


Josune Iribarren es mi amiga y una gran pintora de Pamplona que ayer, 5 de febrero, inauguró una nueva exposición que lleva por título:
 

EL ABC DE LA FIESTA

AMA, BAILA Y CORRE” 


En esta ocasión “rinde de nuevo homenaje a su ciudad. Pamplona” y ¡qué menos que dar a conocer su casa que plasmando con amor el bullicio de las fiestas de San Fermín!
 

Esta nueva muestra de su trabajo, realizado a lo largo de los cinco últimos años, está llena de vida y colorido que explosionan en danza y movimiento, en finísimos detalles que se escapan de los lienzos y abstracciones que atrapan al espectador en el remolino del recuerdo. 

En sus óleos y acuarelas hay música y danza. Armoniosas pinceladas que componen torbellinos rompedores de color. Movimiento callejero en cuadrilla, que sale de fiesta y goza de la vida. Locura inolvidable que sublima los sentidos. Es San Fermín. 

Josune es mi amiga y una gran pintora hecha a sí misma en constante creación. Siempre aprendiendo. Siempre sorprendiéndonos. Siempre transmitiendo lo mejor de su arte. Su labor pedagógica crea belleza. ¡Entremos en cada uno de sus cuadros y vivamos la fiesta!

 












jueves, 20 de noviembre de 2025

¡PELIGRO! ¡URGE INTERVENIR EN SAN MARTÍN DE ARTAIZ!

 

¡PELIGRO! ¡URGE INTERVENIR EN SAN MARTÍN DE ARTAIZ!

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (20 de noviembre de 2025) 

 

Hoy, 20 de noviembre de 2025, he recibido un reportaje fotográfico realizado por un vecino de Artaiz, sobre su preciosa y muy popular iglesia románica de San Martín de Artaiz junto a un pequeño mensaje de whatsApp que dice lo siguiente: “Buenos días. El viernes barrimos la iglesia. Después hicimos un recorrido por los testigos y como ves la mayoría están rotos. Las fotos son de Barberena”.

 


Cascotes desprendidos del techo de la iglesia.
 

En varias ocasiones he comunicado a través de mi blog que este magnífico ejemplo del románico rural, como es la iglesia de San Martín de Artaiz, no es tan sólido como aparenta a los ojos de los visitantes y turistas que en una hora o un poco más se admiran de las maravillas de su escultura medieval[1]. No perciben los detalles y estos detalles ponen en riesgo la solidez de sus muros, dado que las grietas en las bóvedas y muros perimetrales son evidentes desde hace muchos años, pero últimamente la estabilización del edificio es cuestionable, pues esos “testigos” que se pusieron en marzo de 2025 en su “mayoría están rotos”. 

Llevo realizando visitas guiadas a esta iglesia desde 2012, como miembro de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, y lo que entonces era hacerlas sin ningún temor, ahora, desde que escuché chasquidos sospechosos en su interior, no me fío y más desde hoy en que las fotografías hablan del peligro muy claramente. Las grietas siguen vivas. El peligro es evidente y ¡URGE INTERVENIR!

Como a mí, también se les ha enviado estas fotografías al Señor Párroco y a la Dirección de Servicio de Patrimonio Histórico, Dirección General de Cultura-Institución Príncipe de Viana. 

Yo no puedo hacer gran cosa mas que escribir estas líneas para quienes las lean, sepan que desde el pueblo de Artaiz se espera una respuesta efectiva de quien tiene en sus manos la posibilidad de que este patrimonio religioso y cultural, declarado desde 1983 Bien de Interés Cultural, respondan con rapidez y no demoren un nuevo proyecto de recuperación de su querida iglesia románica de San Martín.



martes, 4 de noviembre de 2025

LA TORRE DE ÉPOCA ROMÁNICA DE RETA

 

LA TORRE DE ÉPOCA ROMÁNICA DE RETA

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (03-11-2025 / 12-04-2012)

 

NOTA: Este artículo completa lo que escribí en 2012. Entonces el Palacio de Reta estaba habitado. Han pasado 13 años y el futuro de este Palacio de Cabo de Armería es incierto. Como hice entonces, ahora vuelvo a llamar la atención para que la Administración Local y el Gobierno de Navarra (Institución Príncipe de Viana) valore este románico civil en forma de Torre Medieval, origen del Palacio y del mismo lugar de Reta. 

Ya sabemos, pues está a la vista de todos, que Reta conserva al menos tres vestigios claros de época románica. Dos de ellos pertenecen al románico religioso y son los siguientes: uno, el último cuerpo de la actual iglesia que corresponde a la zona de la torre campanario que formaba parte de la antigua iglesia románica; otro, se encuentra enfrente de la actual entrada y es la hermosa pila bautismal. El tercer vestigio de ese estilo podría corresponder al románico civil y localizarse en la fuente-aljibe medieval. 

Pero siempre me ha llamado la atención el edificio que está aledaño a la iglesia. El denominado Palacio de Reta que en la nómina oficial del Reino se le cita como de “Cabo de Armería”. Aquí está, sin duda, el origen de este lugar antiguamente denominado Erreta, que parece ser un término vasco que traducido sería “quemado”, como indicando que en su momento se limpió el terreno de su vegetación y clareó por medio del fuego para levantar en este lugar un asentamiento que vigilara y custodiara los caminos junto al Castillo de Leguín, y más tarde con la Torre de vigía de Mendinueta y demás torres defensivas que se levantaron en las distintas poblaciones que surgieron a lo largo del Camino Real que atravesaba Izagaondoa hacia Sangüesa. 

*DOS DOCUMENTOS DEL SIGLO XII: 



Siguiendo la costumbre, en el origen del lugar, así como del palacio, en Reta se levantó una torre exenta abierta a los cuatro puntos cardinales. Torre esbelta de macizos y robustos sillares bien trabajados en su base. Todavía en el año de 1951 esta torre se levantaba altiva y de cuerpo entero. Hoy solamente los antiguos del lugar la recuerdan y para los visitantes y vecinos más jóvenes si no se les hace ver, pasa desapercibida. Sin embargo, ahí está, humillado, lo que fue el origen de Reta. 

Año 1102: 

No sabemos quién era el señor del lugar que la construyó, aunque hay alguna noticia documentada de este lugar que data del año del Señor de 1102, (Era M.C.XL.), que se refiere a una “Karta de cambio” entre “Sancha Vélez, viuda de Sancho Fortuñones de Petrola, que da al abad Raimundo y a Leire sus heredades de la villa de Reta, en el valle de Unciti, a cambio de la iglesia de San Sebastián de Busanda, dada al monasterio por el rey Sancho y por la cual seguirá entregando a Leire el diezmo correspondiente”.[1] 

“… ego dompna Sancia Ueiliz, quondam mulier senioris Sancii Fortunionis de Petrola… Dono nanque in commutatione omnem hereditatem meam quam habeo uel habere debeo in ualle de Unciti, in uilla que uocatur Arrueta et in omnibus terminis suis, sciliter palacium meum cum domibus suis, cum sua curte, con suo orreo, …” 

(“… yo doña Sancha Vélez, antigua esposa del señor Sancho Fortuñones … doy a cambio toda mi herencia que tengo o tendré en el valle de Unciti, en el pueblo llamado Arrueta y en todos sus límites, es decir mi palacio con sus casas, con su patio, con su hórreo, …”). 

El linaje de los Fortuniones o Fortuñones es un linaje documentado en Navarra ya desde el siglo X, en concreto en documento del 14 de febrero del 938.[2]  En el “Becerro Menor de Leire”, así como en la recopilación realizada por Ángel J. Martín Duque, se recogen donaciones realizadas por varios Fortuniones al monasterio de Leire, así como otros documentos de personajes reales y señores de la época donde aparecen nombrados como señor, tenente o dominator de un lugar determinado, o como testigos que estampa su signo en el documento en cuestión. 

Otro dato que indica la importancia de esta saga familiar es su cercanía a los reyes formando parte del “ex palatio regis”. Así Acenari (Aznar) Fortuñones desempeña el cargo de “betellarius” con el rey Sancho Mayor en 1015 y en 1042 aparece como “maiordomnus” del rey García de Nájera. Lope Fortuñones en 1047 tiene el puesto de “stabularius” con el rey García de Nájera. Vemos a García Fortuñones como “fertorarius” del rey Sancho de Peñalén y en 1071-72 como su “maiordomus”. Enneco Fortuñones desempeña en 1072 el cargo de “offertor” del rey Sancho de Peñalén y también en el mismo año hay otro Fortuñones, cuyo nombre no se recoge, que desempeña el cargo de “propinator regina Placentia”. 

Por este primer documento del año de 1102 podemos deducir que el lugar o villa de Reta ya existía en el siglo XI, momento en que la torre estaría ya cumpliendo con su función defensiva, al menos desde los últimos años de siglo. 

Año 1196: 

El segundo documento donde se recoge de nuevo el término “Erreta” (Reta) es el  del año de 1196 (Era Mª.CCª.XXXª.IIIIª)[3], cuando el caballero “Rodrigo de Argaiz, al marchar a tierras musulmanas, hace testamento y lega en ciertas condiciones al hospital de Roncesvalles sus bienes de Unzu, Navaz, Echague y Eizaga;  a su hijo Pedro Ruiz sus heredades de Zuazu, Sensoain, Ongoz, Irangoz y Erreta, las cuales pasarán a Roncesvalles durante trece años liquidando las deudas de aquél; y al monasterio de Leire su hijo Pedro de Martín y su sobrino Pedro Sanz, para que sean monjes, con su palacio de Argaiz, el de Irurozqui y su molino y sus collazos de Ongoz, dejando en todo caso a salvo los derechos de su mujer Toda López”. 

“Testamentum quod fecit don Rodrigo de Argaiz in exitu sarracenorum, hoc est. In primis mando ad hospitale de Roncesvalles totum quod habeo uel habere debeo in Unçu, et in Nauatz et in Echague et in Eitzaga, tali pacto quod due filie mee recipiantur a priore et a fratibus et sororibus in hospitale ad seruicium pauperum, tamen persoluendo debitum quod fecit super istas hereditates, uidelicet .D. mezmudinas et .C. alfossinos de bono auro et de peso, si migrauero in ista uice. …

Et adhuc mando eciam filio meo quem habeo en Erreta, nomine Petro Roiz, totum quod habeo in Zuaz et in Sansoain et in Ongoz et in Irangot et in Erreta. Et si forte iste filius meus migrauerit sine filiis, totum hoc remaneat ad hospitale de Roncesuales, pro anima mea et pro anima patris et matris mee alioorumque meorum parentum, tamen sine Ongoz. …” 

(Este es el testamento que hizo don Rodrigo de Argaiz al partir hacia los musulmanes. En primer lugar, envío al hospital de Roncesvalles todo lo que tengo o pueda tener en Unzu, y en Navatz y en Echague y en Eitzaga, con acuerdo que mis dos hijas sean recibidas por el prior y por los hermanos y hermanas en el hospital para servicio de los pobres, en pago de la deuda que él ha estimado sobre estas herencias, a saber 500 mazmodinas y 100 alfonsinos de buen oro y peso, si falleciera en esa empresa. …

Y mando además dar a mi hijo que tengo en Erreta, llamado Pedro Ruiz, todo lo que tengo en Zuazu y en Sansoain y en Ongoz y en Irangot y en Erreta. Y si por casualidad este hijo mío muere sin hijos, que todo esto quede en el hospital de Roncesvalles, por mi alma y por el alma de mi padre y de mi madre y de mis demás parientes, pero sin Ongoz.

 …)

 

*DE TORRE DE VIGÍA A RESIDENCIA PALACIEGA: 



Pero vayamos a los orígenes y avancemos hacia el pasado observando lo que hoy vemos, porque el núcleo de lo que hoy se conserva es, desde mi punto de vista, anterior a los tres elementos citados. Antes que la torre de la antigua iglesia, antes que la pila bautismal y antes que la fuente-aljibe, lo que era el núcleo de este conjunto de edificaciones es la torre. 

Si observamos lo que queda de la torre, enmascarada por el conjunto de la actual edificación, veremos con nitidez, en su cara norte, cómo se perfila su silueta, pues el ala que se añadió a su fachada oeste como residencia palaciega, quizás también en época románica a juzgar por los sencillos y rectos contrafuertes de su fachada, aparece adosada a la torre, pero no forma cuerpo con ella. 

Al exterior esta fachada de la torre muestra varias saeteras a dos alturas que han sido cegadas desde el interior. Esta fachada muestra los sillares de piedra bien trabajados. No así la fachada contigua del lado Este que da a la calle principal que está revocada y pintada, pues en ella se abrió la puerta de acceso a la vivienda y al patio de armas del palacio.

Fachada Este del Palacio de Reta. 

Como se puede apreciar en la fotografía de T. López Sellés tomada en 1951 se conservaba intacta la antigua torre con sus tres alturas. La planta baja, la planta primera usada como vivienda con un balcón hacia el este que todavía hoy se mantiene y la planta segunda con sus ventanas saeteras como el resto de las plantas, que en reforma posterior fue demolida. Se rehízo a la vez la zona aledaña a la torre por su fachada este, que es hoy la que contemplamos. 

También formaban parte del conjunto de este palacio otras dependencias destinadas a los menesteres propios de tiempos pasados como graneros, cuadras, caballerizas, etc., pero entre todas sobresale la abadía, cuya parte más antigua parece que era continuación del ala este del palacio. La abadía era la residencia del abad o párroco de la parroquia de Reta dedicada en tiempos pasados a San Pedro y Santa Eulalia. Iglesia, con una muy alta probabilidad de pertenecer en su origen al Señor de Reta. 

Cuando en su día adquirí la Abadía y se comenzó a restaurar se encontró una puerta tapiada en la primera planta de la abadía que comunicaba con el palacio. También se conservaba en la planta baja de la abadía lo que fue en su momento el silo de los diezmos. Allí se guardaban los diezmos que los fieles pagaban a la iglesia. 

Desde el año 1991 la Abadía de Reta es vivienda particular anexa al palacio. 



Así pues, contemplando el catastro actual podemos ver la evolución del palacio de Reta, que resumiendo es la siguiente:

1º. La torre exenta en su origen de planta baja y dos alturas.

2º. El ala oeste con planta baja y una altura, que sería vivienda palaciega.

3º. El ala sur con su portalón que da acceso al patio central.

4º. La Abadía o casa parroquial.

5º. Otras dependencias que hoy son ruinas. 

 

*LAS ARMAS DEL PALACIO DE RETA:

 


En el “Libro de Armería del Reino de Navarra[4] aparece el escudo del Palacio de Reta, como linaje nobiliario reconocido que se describe “de gules luce una faja de oro”. 

 

*EN EL INTERIOR DE LA TORRE DE RETA (1 DE ABRIL DE 2012): 

Hace unos días tuve la ocasión, gracias a la amabilidad de mis amigas las Señoras Vicenta e Irene Murillo, actuales propietarias, de poder estudiar por dentro la parte inferior de la torre que, como en otras muchas casas del valle de Izagaondoa se fue adaptando a las necesidades de cada época de acuerdo con el uso que se daba a la tierra de labranza. Allí, en su momento, al frescor y recogimiento de la torre se instaló la bodega. El lagar para pisar la uva adosado a la fachada sur. La prensa junto a la fachada este. Fue el día 1 de abril, día de Domingo de Ramos, cuando antes de la misa pude hacer un reportaje fotográfico del interior de la antigua bodega y más antigua aún Torre de vigía y defensa. 

Entramos por el portalón que da acceso al patio, cuyo dintel y jambas muestran un detalle renacentista plasmado en unos bien trabajados sillares almohadillados, ejemplo de adaptación progresiva en cada momento al estilo constructivo y ejemplo a la vez de la importancia y categoría de los señores del Palacio de Reta.  

 

*DOS FASES CONSTRUCTIVAS:

El patio conserva su antiguo empedrado de cantos rodados, muy abundantes en esta zona, desde el llano hasta la cumbre de Izaga. Cruzamos una gran portalada adintelada que accede al ala oeste y nos dirigimos a la antigua torre, cuya puerta, desmontada en parte, quizás ahí se mostrara el escudo de armas primitivo, se abre en su fachada oeste. Al exterior de esta fachada se aprecian a ambos lados de la puerta dos finas aberturas de unos pocos centímetros de anchura, saeteras del mismo estilo que las que se ven en la fotografía de 1951 o en la actualidad asomándose al exterior de la fachada norte, que da al cementerio y a la iglesia. 

Época románica: 



El muro donde se abre el vano de la puerta tiene un grosor de unos 80cm. y dispone de un dispositivo construido en el momento en que se levantó la torre para poder atrancar la puerta e impedir el acceso al interior en caso de ataque enemigo. En una jamba este pequeño túnel en el que se introduciría la tranca de madera o metálica y en la otra un pequeño entrante o hembra de la misma forma, tallado en la piedra, donde penetraba el madero o pieza metálica que atrancaba la puerta. Una vez cerrado este acceso la torre quedaba sellada. Por medio de escalas levadizas llegaban a los dos pisos superiores.

Hay que tener en cuenta que esta torre se levantó en su origen exenta, por lo que sus cuatro muros daban a la calle. Tenía una sola entrada en la parte baja de la cara oeste. Una vez atrancada estaban protegidos mientras el enemigo no lograra derribar la puerta. 

Fachada Oeste:

 


Cuando penetro al interior me llevo una gran sorpresa pues lo que veo en el espacio cuadrado que forman sus muros me informa inmediatamente de que esta edificación corresponde a época románica. Es fácil comprenderlo al ser la primera construcción que se levantó en Reta, a pesar de las apariencias góticas de los dos arcos ojivales que dan a la vista. Ya se hablará de ellos. Lo que al exterior hemos visto como saeteras de muy poca luz, al interior se transforman en ventanales abocinados de medio punto de gran luz como se puede apreciar en las fotografías. Esto es lo antiguo. Esto es lo original. Esto es Románico Civil de Reta. Esto es importante desde el punto de vista constructivo. 

Las cuatro fachadas tienen sus ventanas saeteras del mismo estilo. Dos en el lado oeste, como hemos visto. Otras dos en el lado norte. Dos más se abren en el lado este, a lo que hoy es la calle de San Pedro y sólo una se aprecia en el lado sur, que es la más irregular en lo que se ve, pues la tapa la estructura del lagar. 

 


Se puede observar en las fotografías el gran tamaño de sus sillares, sobre todo en las hiladas inferiores, así como las recias dovelas que enmarcan los arcos de medio punto. 

Fachada Norte:

 


Tenemos que imaginarnos que las paredes interiores restantes en origen eran igual a la que ahora se muestra en la fachada norte. En ellas se verían perfectamente el mismo tipo de ventanales defensivos.  Medido en pasos el interior de la torre tiene por cada lado unos 6 pasos y medio, lo que hace una medida aproximada de 420cm, que se trasforman al sumar el grosor de los muros en casi 600cm, es decir 6m en el exterior, que es lo que mide la fachada norte. Estamos pues ante un prisma cuadrado de casi 6 x 6m en su exterior y unos 4,20 x 4,20m en el interior.

Fachada Este:

 


Enfrentada a la puerta está la fachada este. Aquí se colocó en su día la prensa de la uva y ahí están sus restos. También aquí se abrieron dos ventanas defensivas que como el resto están cegadas actualmente. Esto hace que la estancia permanezca en la casi oscuridad, pero si se abrieran estas ventanas se devolvería al menos parte de su luminosidad primitiva, pues sólo los lados Norte y Este permitirían el paso de la luz. 

Con las primeras luces de la amanecida esta estancia se iluminaría al entrar los primeros rayos del sol por las saeteras y se desparramaría al interior de la misma manera que se puede contemplar en iglesias románicas de la zona, como en San Martín de Artaiz y San Martín de Guerguitiáin, cuyas ventanas absidiales están liberadas.



Fachada Sur:

 


Adosado a la fachada Sur de la Torre se construyó el lagar para pisar la uva en tiempos en que en el valle se cultivaba la vid. Esto hizo que las ventanas abocinadas quedaran, como el resto de las otras fachadas además de tapiadas, ocultas por el lagar, dejando sólo a la vista las dovelas que forman un irregular arco de medio punto. 

Al exterior no se pueden apreciar las saeteras correspondientes, pues como se adosó también al lado Sur un ala residencial quedaron ocultas. De hecho, pegada a esta fachada se construyó la escalera de subida a la planta del palacio, pues se accede a la vivienda por la puerta que se abre en la fachada principal que da al Este.

 

Época gótica:

 


Como hemos dicho y visto, en dos de sus muros (Oeste y Este), esta estancia tiene sendos trasdosados con arcos ojivales que arrancan desde el suelo. También hemos comentado que esto no nos tiene que distraer de lo original de época más antigua. En su origen estos arcos no existían. 

Es más tarde, quizás cuando el señor de Reta emprende la reforma en gótico de su iglesia, a la que da una función defensiva, se acometen también reformas en la torre para adecuarla a los nuevos tiempos. Quizás el forjado de madera necesitaba un cambio. Como ya sabemos es fácil quitar, pero más difícil abrir muros y encajar nuevos solivos. Por ello parece que la solución fue más práctica y segura para no debilitar con las obras la estabilidad de la torre. Así pues, se levantan adosados, mas no pegados a las paredes antiguas, sendos arcos según el nuevo estilo arquitectónico, quizás bien entrado ya el siglo XIII. Se levanta sobre ellos el resto de la nueva pared y una vez terminado este trabajo se colocan los nuevos solivos apoyados directamente sobre estos nuevos soportes, como se ve en la actualidad. Aparentemente estos implementos góticos están pegados a los muros, pero no es así. Se nota claramente que hay unos dos o tres centímetros de separación por cuyo hueco se puede introducir parte de la mano. 

¿Qué función constructiva están realizando estos arcos? Sencillamente la de soportar el forjado del primer piso de la torre. Se pudieran quitar sin más y la estructura de la torre románica no sufriría lo más mínimo. Son el recurso más moderno de entonces para sostener el nuevo forjado.



Estructura de la torre de estilo románico. Arcos ojivales de estilo gótico.




*DE TORRE DEFENSIVA A PALACIO SEÑORIAL 2:

 


En esta nueva vista de la fachada Norte del Palacio de Reta podemos ver en primer término el exterior de la Torre donde se aprecian tres de sus saeteras.

A continuación la fachada norte del Palacio de Cabo de Armería, con sus tres contrafuertes exteriores, que atestiguan la antigüedad medieval también de esta parte adosada a la Torre exenta que dio origen al Palacio. También en la fachada que da al Patio aparecen los contrafuertes.

 


En el año 2025. Siglo XXI: 

En resumen: 

Creo que se puede afirmar a la vista de lo expuesto que en Reta, Valle de Izagaondoa, se conserva una de las construcciones más antiguas de esta zona. Es la Torre de Vigía que se levantó, posiblemente en el siglo XI, con intenciones defensivas.

Es la primera de las varias que después se construirán en Reta.

Origen de un linaje nobiliario, al Palacio de Reta se le conceden sus propias armas y con el tiempo llegará a tener asiento en las Cortes del Reino.

Sería interesante saber valorar estas joyas olvidadas de nuestra Historia, que poco a poco van saliendo a la luz.

Románico religioso en Izagaondoa, que nace en ocasiones al resguardo de un románico civil anterior propiciado por las construcciones fortificadas de los señores del lugar. Tal es el caso de la Torre que da origen al Palacio y a Reta misma.

Románico civil. Austero, parco, serio, resistente y fuerte. Hecho para la defensa y en tiempos de paz morada tranquila donde vivir.

 

Torre de origen románico. Fotografía de T. López Sellés (1951).


*EL FUTURO DE LA TORRE ROMÁNICA ORIGEN DEL PALACIO DE CABO DE ARMERÍA DE RETA. 

Estado actual del conjunto de construcciones que configuraron el Palacio de Reta.

(Fotografía del Registro de la Riqueza Territorial del Catastro de Navarra). 

 

Bueno y obligado es, para toda persona o institución que trabaja por recuperar el patrimonio heredado, no dejar pasar el tiempo y preguntarse por el futuro que le espera a esta edificación de alrededor de mil años de existencia, como es la Torre románica de Reta, origen del reconocido Palacio de Cabo de Armería. 

Bueno y obligado es retar a la Administración Local y al Gobierno de Navarra, a través de la Institución Príncipe de Viana, para que vuelvan los ojos hacia este patrimonio medieval de Reta, Valle de Izagaondoa y lo salven de la ruina. 

Bueno y obligado es que los hijos e hijas de Izagaondoa valoren la riqueza patrimonial que tienen y, unidos, salven la herencia recibida.

 

Románico civil en Reta. La Torre del Palacio de Cabo de Armería de Reta.



[1] ÁNGEL J. MARTÍN DUQUE, Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII), Diputación Foral de Navarra, (Institución Príncipe de Viana), Nº 197, pág.277-278, Pamplona, 1983

[3] ÁNGEL J. MARTÍN DUQUE, op. cit., Nº 358, pág. 462-464

[4] “Libro de Armería del Reino de Navarra”, Diputación Foral de Navarrar. Institución Príncipe de Viana, Introducción, estudio y notas de JUAN JOSÉ MARTINENA RUIZ del archivo Real y General de Navarra, Pamplona, 1982, Reproducción fotográfica 28-2.