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domingo, 9 de julio de 2023

BUSCANDO LA SOMBRA UN DÍA DE SAN FERMÍN

 

BUSCANDO LA SOMBRA UN DÍA DE SAN FERMÍN

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (08 de julio de 2023)

 



El bullicio mezclado con tormentas en estos inicios sanfermineros y el gentío que inunda la ciudad me llevan a buscar la paz en zona silenciosa y sosegada y de par de mañana preparo la mochila y salgo, en este día que se augura caluroso, en busca de la paz, de la tranquilidad y de la sombra.



Tenía en mente el recuerdo de la ruta circular que recorrí con mi amigo Pedro el 10 de septiembre de 2020 que, con salida en Murillo de Lónguida, nos llevaría a Larrángoz, Turrillas, Grez y Artajo para acabar de nuevo en Murillo. Ruta que en gran parte tiene como eje el río Irati con el emocionante Puente Colgante o el escondido Puente Medieval de Grez sobre el Barranco de Turrillas del que escribí el 19 de septiembre bajo el título de “Los olvidados puentes medievales”.[1] 



Por ello, me dije, me voy a dar una vuelta por el Sendero de los Perros de Artajo que, paralelo al río, me llevará a disfrutar del rumor de sus aguas y del frescor de su arbolado una vez pasado el primer tramo y así lo hice bien pertrechado de unos filetes empanados, de una tortilla de patata, fruta, agua y pan. Un bonito y relajante paseo disfrutado por la mañana.
 

Ya de vuelta para casa el destino me llevó hasta Urroz-Villa y tomé una buena y refrescante cerveza -sin alcohol, claro, que había que conducir- y a la sombra de los plataneros de su plaza descansé un rato. No había prisa y todo el tiempo del mundo era para mí.

¿Y por qué no echar una cabezada en algún lugar aislado? Y me vi volviendo sobre mis pasos para descansar en la zona de los merenderos de Urroz que hay antes de llegar a Villaveta.




¿Y por qué no llegarme hasta el Valle de Arce en este inicio del verano para ver la zona de baño que han realizado con las aguas del pantano de Itoiz? 



Y hacia allí me dirigí y tanto me gustó, pues han habilitado también un espacio para los perritos, que me quedé una buena parte de la tarde disfrutando con el agua y con los juegos de la Txari y el Apur, ansiosos de ir al agua y hacer carreras para ver quién de los dos cogía el palo que se les lanzaba. Una y otra vez, sin parar, sin cansarse. Menos mal que el sonido del claxon de la camioneta del heladero ambulante dio tiempo muerto para hacerle una visita y disfrutar de un buen helado de mango y coco.


Bonito lugar este que sin duda supondrá con el tiempo un auge para el valle como polo de atracción de la gente amante de la naturaleza y del disfrute sostenido de sus recursos, en una zona presidida por la iglesia románica de Santa María de Arce donde en más de una ocasión he realizado visitas guiadas a grupos de amantes del arte románico, así como del antiguo palacio medieval que pedía a gritos que alguien se acordara de él y no lo dejaran caer en el olvido y que en la actualidad se rehabilita con la mirada puesta en la comunidad. Vi por fuera cómo estaba quedando y la verdad que me gustó. ¡A ver si en poco tiempo puedo pasarme a comer y a ver a más de un peregrino descansar en su albergue!


¿Y por qué no, ya que estaba en la ruta, llegarme hasta Orreaga/Roncesvalles y disfrutar de la fresca brisa de los Pirineos? Y allí subí hasta el Puerto de Ibañeta que era invadido por un ejército de niebla mientras que en la Colegiata lucía aún el sol.


Turistas, peregrinos, visitantes de todo pueblo y lugar que como yo se habían tomado un respiro en un día de los sanfermines.

Sentado en una terraza frente a un refresco de limón me sentí muy bien… y así pasé el día 8 de julio de 2023.







[1] https://elblogdesimeonhidalgo.blogspot.com/2020/09/los-olvidados-puentes-medievales.html

miércoles, 18 de enero de 2023

DE MARCA DE CANTERO A LOGOTIPO COMERCIAL – II

 

DE MARCA DE CANTERO A LOGOTIPO COMERCIAL – II

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (18 de enero de 2023)

 

Escribí un artículo en este blog con el mismo título allá por el 10 de octubre de 2021. En él comprobaba cómo, después de más de 900 años, la misma marca de cantería que recogí en su día en el monasterio de Fitero se repetía en el logotipo pintado en una furgoneta de una empresa de pintura. [1]

Pues bien, casualidades de la vida, ayer, 17 de enero de 2023, volví a encontrarme con otro caso similar. Una furgoneta lucía en su logotipo comercial el grafismo de una de las marcas de cantero que se repite con frecuencia en las construcciones medievales y que a su vez es uno de los signos del alfabeto rúnico. En concreto se trata de la runa ING.



La primera vez que la recogí en mi investigación sobre las marcas de cantería fue en la iglesia de Santa María Jus del Castillo, en Estella, tanto por el interior como por el exterior del edificio. Recuerdo que cuando entré por primera vez en esta iglesia se realizaban estudios arqueológicos. La planta se había levantado y los enterramientos se encontraban a la vista. La marca en cuestión estaba situada en el lado noroccidental por debajo de la cota cero del suelo.

Después se me fue haciendo familiar pues aparecía también por más lugares a medida que ampliaba el campo de estudio. Así, por citar algunos, la tengo catalogada en Estella en la iglesia de San Pedro de la Rúa, en el claustro de la Colegiata de Roncesvalles, en el monasterio de La Oliva, en la iglesia de Santa María la Real de Olite, así como en el Palacio Real de la misma ciudad, al igual que en el castillo de Tiebas.




Y como hice entonces, también ahora doy un salto en el tiempo y desde la época medieval me presento en el siglo XXI y veo que estos signos antiguos siguen presentes y forman parte de los modernos logotipos empresariales. En este caso de la empresa de interiorismo “Cosas de Casa” a la que también aprovecho y le hago un poco de publicidad.



lunes, 19 de septiembre de 2016

IZAGAONDOA EN EL CAMINO DE SANTIAGO

IZAGAONDOA EN EL CAMINO DE SANTIAGO


Por Simeón Hidalgo Valencia (19 de Septiembre de 2016)


Por más que pasen los años,
por más que duerman los siglos,
nuestros pueblos desolados
guardan huellas del camino.


…y ahí están las huellas del paso de los peregrinos por Izagaondoa, camino de Santiago de Compostela. Sólo hay que excavar con mente abierta para desenterrar los restos fosilizados de esta ruta milenaria a su paso por el alargado y hermoso valle custodiado por castillos y ermitas en los altos. Leguin, Irulegui, Izaga.

Los ojos vigilantes  de los hombres de guerra defienden de los peligros materiales y los no menos importantes de Sancti Cirici y Sancti Michaeli Archangeli desde el monte Hiiga vigilan, traspasan e iluminan el alma de los peregrinos medievales para que sus pasos no tropiecen en su propio mal.[1]

San Quirico y San Miguel en Izaga. Enfrente, más cercano a los problemas materiales del valle,  la torre circular de Leguin y en el poche de Lakidain, el castillo de Irulegui. Todos, desde sus puestos, se mantienen en vela protegiendo las riadas de penitentes a Santiago. Corre el año de 1097.

Estamos en 2016 y han pasado ya 919 años. Las cosas han cambiado y pocos son los que se atreven a salirse de las rutas oficiales que descienden desde Orreaga-Roncesvalles o llegan hasta Sangüesa desde Somport y se encuentran en Puente la Reina-Gares desde donde el camino se hace uno. Pocos son, digo, los que penetran en este valle alargado, de pueblos fantasmas unos, envejecidos y casi despoblados otros y los más afortunados encerrados en su propia endogamia. ¿Por qué molestar la paz y la tranquilidad de sus pocos habitantes? ¿Por qué no dejarlos irse poco a poco hasta que el territorio quede desierto?

Antes, cuando la vida era en precario y había que defenderla con uñas y dientes, el peregrino tenía que buscar los caminos y las rutas más seguras huyendo de la muerte, del peligro de ser asaltado por bandoleros, de ser atacado por bestias salvajes, de perderse o helarse de frío por subir puertos de montaña y muy pocos se aventuraban a peregrinar en solitario y se organizaban en grupos para afrontar, aún así, los avatares inciertos de su penitencia.

Entonces, sí, los caminos de este valle de Izagaondoa eran andados porque desde Orreaga-Roncesvalles para evitarse el puerto de Erro camino de Zubiri, había quien prefería los senderos que bordeaban el río Urrobi y después el Irati y seguían sus cursos hasta llegar a la villa de Aoiz, pasando por el señorío de Arce. Desde Aoiz se dirigían atravesando Ekay, Villaveta y el señorío de Zuasti, al paso o poche de Zuza y entraban en Izagaondoa y aquí tenían dos opciones. Una seguir hacia Pamplona. La segunda caminar hacia la Villa de Monreal.

Quien optaba por la primera podía seguir hasta Artaiz, y de aquí dirigirse hacia Lizarraga, o también podía ir a Urroz de Izagaondoa, que era villa renombrada y buscar acomodo, comida y reposo. Después marcharía hacia Idoate. La meta era la misma, cruzar el poche de Lakidain, defendido por el castillo de Irulegui y pasar al valle de Aranguren y seguir por Labiano o por Badostain hasta Pamplona, la capital del reino.

Quien elegía seguir hacia Monreal, desde Artaiz se dirigía a Najurieta y de aquí a Zorokiain y podía descansar protegido en la noble y leal villa de Monreal a la sombra de su fortaleza real. Después seguiría camino de Puente la Reina pasando por Tiebas.

Y es en Lizarraga donde hay uno de esos fósiles de los que hablaba al comienzo que se convierte en prueba explícita de que lo que digo no es mera suposición, pues el maestro tallador anónimo que esculpió los magníficos capiteles de su antigua iglesia medieval dejó escrito en piedra que por aquí pasaban los peregrinos, camino de Pamplona, después de atravesar en todo o en parte el valle de Izagaondoa. Es tal su maestría que nos hace sentir como auténticos peregrinos a quien contemplamos también ahora la escena y la sabemos leer, con el bordón en la mano derecha para apoyo y defensa y caminando bajo el sol con decisión afrontando los vericuetos de nuestra propia vida.

Los peregrinos que venían desde Somport se dirigían a Sangüesa. Camino de Lumbier a través de Liédena optarían por seguir la ruta natural para evitarse los peligros del Puerto de Loiti, en la sierra de Izko, y encaminaban sus pasos hacia el Valle de Izagaondoa que en esta época era ruta altamente transitada y estratégicamente defendida. Con la idea puesta en Monreal llegarían a Induráin, lugar donde los sanjuanistas tenían sede. Luego, por Guerguitián, Celigueta, Sangáriz y Lecaun llegaban a Monreal.

Si uno de sus objetivos era conocer la ciudad por antonomasia del Reino, atravesaban el Valle de Izagaondoa hasta llegar a Artáiz y desde aquí, cruzando el portillo de Lakidáin, seguían hasta Pamplona por el camino ya indicado.

Pues bien, en este otro recorrido tenemos unos cuantos fósiles que nos hablan de tiempos mejores de peregrinaje para el valle de Izagaondoa, cuando era valle abierto al paso de las gentes y camino real de Pamplona a Sangüesa que pisaron reyes y obispos, gentes de paz y gentes de guerra, seglares y clérigos, comerciantes y ganaderos, agricultores y artesanos, mendicantes y bandoleros, que de todo había en la viña del Señor.

Otro testimonio fehaciente del esplendor de antaño. La encomienda sanjuanista de Indurain, donde los peregrinos eran atendidos antes de emprender su nueva jornada. La encomienda de Donamaría, de la Señora María, la madre de Jesús. Hoy se conserva su iglesia y las dependencias aledañas. La morada de los pocos hermanos y del hospital se han transformados en viviendas de fin de semana, pero a vista de pájaro se adivina el recinto protegido.

Junto a la encomienda y por las calles del lugar artistas anónimos han colocado detalles de cuando esto era paso de peregrinos a Santiago que, bien atravesaban el valle de este a oeste, como ha de ser el recorrido, o seguían camino de Monreal por la ladera de la montaña para evitarse el Puerto de Loiti.

La primera población a la que llegaban desde Indurain era Guerguitiain, donde un maestro cantero rompió la norma medieval del anonimato y se dio a conocer en el centro de uno de los capiteles de la iglesia de San Martín de Tours, santo del camino por antonomasia, cuya devoción en la comarca es otra  muestra palpable del camino. Este cantero firmó a finales del XII o comienzos del XIII. Petrus me fecit escribió y parece que él mismo fue peregrino, pues su estilo sigue por Besolla y Sangariz hasta llegar a Monreal, una de cuyas parroquias estaba dedicada a San Martín.

Pero regresemos hasta Guerguitiain para observar otro de estos fósiles prueba. Se trata de las basas de su portada. El maestro Petrus dejó una clave importante en el camino de las ocas y talló en las dos basas interiores sendas patas de oca custodiando el lugar. El Juego de la Oca, el Camino de Santiago. ¿Serán estas patas de oca únicas, señal de que San Martín de Guerguitiain era una etapa clave en el camino de Santiago a su paso por Izagaondoa, en tiempos pretéritos?

En este atravesar el valle de Izagaondoa de este a oeste para ir a Pamplona hay otro fósil muy interesante que pocos conocen porque con la concentración parcelaria y con la ejecución de la actual carretera quedó olvidado y dejó de cumplir con su misión, aunque los mayores del lugar lo han transitado de jóvenes. Es una pequeña joya que bien merece que se haga algo por ella desde las instituciones municipales o desde la Institución Príncipe de Viana. De lo contrario desaparecerá por el olvido.

Es el puente románico de Ardanaz, denominado el Puente Primero de un ojo de arco de medio punto, infraestructura medieval del Camino Real de Pamplona a Sangüesa. Uniendo orillas unía a los pueblos y personas y los peregrinos accedían hasta Ardanaz, donde su iglesia de San Martín de Tours recogía el testigo de la de San Martín de Beroiz y encaminaban los pasos hasta San Martín de Artaiz. Ardanaz mostraba lustrosas sus pinturas sobre el santo, el almanaque medieval con los doce meses del año pintados en uno de sus arcos fajones, la escena de la donación de la media capa al pobre siendo aún Martín catecúmeno y la visión que allá por el siglo XIV tenía la Iglesia sobre el cielo y el infierno, todo ello por el patrocinio del Señor de Grez en tiempos del Infante D. Luis de Beaumont, el conquistador del reino de Albania, cuyas armas aparecen también pintadas, habiendo sido descubiertas y sacadas a la luz este conjunto pictórico, único en Navarra, en el año 2002.

Y así, de aldea en aldea, el peregrino llegaba hasta Artaiz y a partir del siglo XIII también pudo adorar al Cordero Pascual junto a los adoradores de toda tribu, raza, lengua y nación, pintado en el interior del ábside de su iglesia y extasiarse con las tallas de su portada recién construida y desde allí pasaba por Lizarraga y se veía reflejado en la talla del peregrino recorriendo los recovecos que la vida le presenta.

Hoy día me invade una alegría inmensa cuando veo peregrinos, hombres y mujeres, pedaleando por el valle de Izagaondoa rumbo a Santiago de Compostela. Son pocos, pero vienen. Menos aún pasan a pie y esto es un acontecimiento si además vienen con cabalgadura y cuando esto veo, sueño en que el camino revive,… pero son sueños de utópico.

Las gentes ya no tienen miedo al puerto de Loiti, ni al de Erro, ni a los bandoleros, ni a las fieras. Ya se ha cerrado la encomienda de Indurain y Guerguitiáin está desolado, como Besolla, Sangariz, Beroiz, Leguin… Ya no bajan desde Orreaga-Roncesvalles y el poche de Zuza se cierra por la falta de transeúntes y los habitantes del valle duermen tranquilos, envejeciendo lentamente y se van marchando en paz.  Ningún extraño invade su pueblo y a Izagaondoa sólo acuden los agricultores para trabajar sus campos y los ganaderos a cuidar de su ganado. De noche está desierto. La larga noche de la muerte. Solo, en lo alto, sigue vigilante San Miguel, tan aburrido que a este paso, si los propios nativos de Izagaondoa no despiertan -se ha dicho para sí-, levantará el vuelo, pues no tendrá a quien proteger y como un peregrino más cogerá su bordón y emprenderá el camino en busca de nuevos horizontes. 

El valle ha quedado desierto. 

Es el año 2050.




[1] ANGEL J. MARTÍN DUQUE, Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII), Año 1097, Documento 157, págs.: 225-226. “…et cum alia ecclesia Sancti Cirici que est in sumitate montis de Hiiga, et illa ecclesia que uocatur Sancti Michaelis Archangeli, que est in eodem monte, cum ómnibus sibi ubique pertinentibus;…”