viernes, 24 de junio de 2016

ARTÁIZ - DE LUZ Y OSCURIDAD

ARTÁIZ - DE LUZ Y OSCURIDAD.

Por Simeón Hidalgo Valencia (24 de Junio de 2016)



La luz y la oscuridad se alternan a lo largo del año y oscilamos con ellas entre el solsticio de invierno y el solsticio de verano. Días cortos, oscuridad, vida latente retenida, esperando su explosión a partir del equinoccio de primavera. Días largos, luz por doquier en bellas alboradas y ocasos. Plenitud veraniega mientras  caminamos de nuevo al otoño de la vida. El eterno retorno antiguo que sigue rigiendo la vida de los mortales. Dualidad que llevamos cada ser en nuestros genes.

Luz es belleza, es bondad, es armonía, es vida, es positividad, es hermandad, es justicia, es solidaridad, es aceptación, es…

Oscuridad es fealdad, es maldad, es desorden, es muerte, es negatividad, es enemistad, es injusticia, es egoísmo, es rechazo, es…

Y de esta pasta estamos hechos los humanos.

¿Quién vencerá? ¿A qué duendecillo escucharemos?

Hago esta sencilla reflexión porque siempre me ha intrigado cómo los antiguos maestros canteros plasmaron esta realidad en sus trabajos medievales reflejando el sentir y el vivir de su época y transmitiendo a las venideras el pensamiento y las creencias antiguas con hermosas tallas llenas de expresividad, conscientes como eran de la convivencia de estas dos realidades en todas las facetas de la vida, tanto individual como pública.

En la iglesia de San Martín de Artáiz, Navarra, lo he podido comprobar recientemente al contemplar cómo la luz del solsticio de verano iluminaba progresivamente, aunque por breve tiempo, la tiniebla del lado norte, lado considerado como de la oscuridad y del mal en la simbología de estos edificios religiosos. El este simboliza el nacimiento y la vida, el oeste la muerte y el ocaso, el sur nos habla de la vida iluminada por el sol invicto.

Pues bien. En la hermosa iglesia románica de San Martín de Artáiz se puede contemplar esta dualidad. Al sur el hermoso, bello, joven y atemporal canecillo trifaz iluminado, según los momentos del día, durante todo el año con matices temporales que refuerzan, mire cómo y cuándo se lo mire, su belleza y su equilibrio. A mí me hace pensar en todo lo positivo que cada persona tenemos en potencia, con todos sus matices a lo largo de la vida de cada cual. En el pasado, en el presente y en el incierto futuro. Este dios antiguo de rasgos supe modernos traspasa el tiempo y el espacio desde que aquí se colocó a finales del siglo XII, posiblemente con la idea de cristianizarlo en forma de la Trinidad cristiana. Colocado en el cuarto canecillo de la fachada sur contando desde el hastial occidental, tiene su oponente también en el cuarto canecillo de la fachada norte.

Lo que en el norte se muestra es todo lo contario. Oscuridad, fealdad, rostro maltrecho, maldad en el rictus de sus labios de un ser cornudo al que la luz no llega salvo en época solsticial de verano. Pan o Fauno cornudo antiguo protector de los pastores y sus ganados, dios de la fertilidad y sexualidad masculina, relegado por el cristianismo a la figura malvada del diablo, como en el caso de Guerguitiáin. Quizás sea una oportunidad que el dios sol le brinda para que acepte la luz y vuelva a ser quien fue allá por los tiempos iniciales antes de caer en desgracia. Pero mucho me temo que se haya acostumbrado a su nuevo rol y seguirá en sus trece, recalcitrante e impenitente, rechazando la belleza y la bondad. Cada cual ha de estar en su papel y aconsejar a los humanos en un camino o en otro, pues la libertad de elección del propio sentido de la vida, aunque parezca que no, existe.

Quería yo descubrir cómo se comportaba la luz sobre este personaje maligno y hasta Artáiz me llegué de nuevo para seguir estudiando este edificio en época del solsticio de verano y a pesar del estorbo de la casa de la abadía al oeste y del arbolado que hay en el lado norte, pude hacerme una idea de la incidencia de la luz sobre esta zona, oscurecida el resto del año.

Llegué a las 4,50 horas solares de la tarde, cuando el sol daba sobre la pared occidental e iluminaba al músico que toca el arpa y al león de de la parte izquierda de la portada según miramos, así como a las cabezas maltratadas del alero a sendos lados del hastial oeste. Todo el resto de los personajes estaban apagados.

Sólo tuve que esperar unos minutos para que la luz incidiera progresivamente sobre los canecillos del lado norte, dado que esta iglesia está orientada perfectamente de este a oeste en tiempo equinoccial, por lo que ahora, en el solsticio de verano, el sol, en su amplia órbita, se oculta por el noroeste llegando en su ocaso a iluminar hasta los dos primeros canecillos de la parte norte del ábside antes de desaparecer en el horizonte.

A las 5,27 horas solares de la tarde un punto de luz tocó la cabeza de este maligno personaje suavemente, con cuidado para no ser repelido y fue ampliándose subiendo y bajando por su rostro con intención purificadora, por si por esta vez, cual nueva oportunidad, admitiera la gracia de la luz que regenerara su espíritu y su rostro deforme y maligno. Así estuvo hasta las 6,13horas solares, en que definitivamente la luz se vio rechazada por la impenitente actitud negativa de tan depravada criatura y ante el rechazo la luz siguió su camino iluminando el resto de los capiteles hasta que se ocultó a las 7,23 horas solares.




Tuve la suerte de contemplar este fenómeno que pocas personas habrán observado y sobre todo pude reflexionar en lo que la luz representa en los dos personajes situados en sendos cuartos canecillos del sur y del norte. Todo un mensaje calculado de la mano del comitente que mandó construir esta iglesia de San Martín de Artáiz, con conocimientos sobrados de Teología adquiridos posiblemente en París y plasmados magistralmente en piedra por manos expertas de un artista cantero anónimo.

Luz y oscuridad. Belleza y deformidad. Bondad y maldad,… actitudes duales que todas las personas llevamos en nuestro ser.

Oportunidad ofrecida y rechazada.

La vida misma.


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