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lunes, 17 de abril de 2017

IZAGAONDOA - LA IGLESIA DE SANTA EULALIA DE LIZARRAGA - I

IZAGAONDOA – LA IGLESIA DE SANTA EULALIA DE LIZARRAGA - I

Por Simeón Hidalgo Valencia (17 de abril de 2017)

Comienzo una serie de artículos que se refieren a la iglesia de Lizarraga destinados a dar a conocer la charla que impartí el día 1 de abril en dicho lugar, invitado por los organizadores del evento Lizarraga-2017, pues en este año se cumplen los 275 años de la bendición de la actual iglesia de Santa Eulalia, levantada con los sillares de la ermita de La Visitación de Nuestra Señora y la medieval iglesia de Santa Eulalia.


INTRODUCCIÓN:

Cuando se me propuso dar una charla sobre el patrimonio de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa, dentro de las actividades del proyecto MECNA LIZARRAGA - 2017 impulsado por la parroquia, pensé que era de justa correspondencia hacia nuestro párroco, D. Ignacio, el prestarme para colaborar, dado que siempre he tenido las puertas abiertas, por su parte, para poder desarrollar las visitas guiadas que desde la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa se han programado en el tiempo que lleva como párroco, sea en Urroz, sea en otras parroquias del valle. 

Quizás el título que pensé para la misma suene un poco raro al hablar sobre “El patrimonio espiritual”, pues habrá quien me diga que lo espiritual no tiene presencia física real y palpable y que pertenece al ámbito interno de cada persona y por lo mismo más hubiera de titularse esta charla “El patrimonio material o artístico de la iglesia de Lizarraga de Izagaondoa”, pero soy de los que opina que toda manifestación artística, es reflejo de las ideas y creencias de su autor o de la persona comitente que hace el encargo, reflejo de cada época concreta de la Historia, y por ello elegí este título para la charla de hoy, con la que pretendo, entre comillas, catequizar a mis oyentes y descubrirles lo que personalmente leo en las distintas partes de la iglesia de Lizarraga, intentando no quedarme en lo externo ni en el puro arte, sino profundizando en lo que la realidad externa esconde, que en definitiva es, para mí,  la fe, el sentimiento religioso, la moral y la ética, convertido sea, en el libro de piedra como es la portada de la iglesia, sea en imágenes, tallas o pinturas de personas santas, en su interior.

De hecho, esta labor la he venido haciendo en varias ocasiones, ya fuera en  los dos Recorridos románicos por la comarca de Izaga realizados, uno el 23 octubre de 2010 y otro el 15 de marzo de 2014, en que se visitó y comentó la portada de la iglesia de Lizarraga, entre otros hitos.

También en los veranos de 2015 y 2016 he tratado de leer, para los que han querido acudir, lo que en la portada de esta iglesia se narra, siempre, como decía antes, no limitándome a la mera descripción externa como se hace en las guías turísticas o en el Catálogo Monumental de Navarra, pues al fin y al cabo sería quedarnos en el exterior, en lo que denominamos arte y olvidarnos del interior y de que esas manifestaciones artísticas son reflejo de una fe. Lo que vemos son símbolos que al  leerlos e interpretarlos nos revelarán el auténtico significado espiritual, su mensaje.

Como anécdota personal he de contarles algunas reacciones que más de un vecino de los lugares en que he hecho de guía para explicarles su patrimonio, me ha comentado: “¡Hay que ver! Toda la vida viéndolo y ahora me entero de qué se quiere decir con estas tallas”. Otros se extrañan de que acuda a su pueblo gente de fuera y suelen decir: “¡Para lo que hay que ver! ¡Aquí no hay nada de interés!” y otros, más intrigados, comentan: “¡Pues será importante lo que tenemos cuando vienen de fuera a visitarlo!” Y la verdad es que hay cosas en los pueblos muy interesantes y de mucho valor artístico que a veces se valoran más por los de fuera que por los de dentro.

Espero que hoy, lo que voy a explicar, le sirva a alguna de las personas presentes y que los mensajes que el patrimonio espiritual de la iglesia de Lizarraga de Izagaondoa contiene, les anime a valorarlo, conservarlo y transmitirlo a las jóvenes generaciones. Con ello me daré por satisfecho.

Hagamos, pues, un viaje al pasado hasta llegar al siglo XIII y desde allí regresemos hasta nuestros días descubriendo cómo los hombres y mujeres que aquí vivieron plasmaron sus creencias cristianas, en cada momento.


 ¿QUÉ SABEMOS DE LA PRIMITIVA IGLESIA MEDIEVAL?

1º. Del edificio de la primitiva iglesia medieval poco sabemos, salvo por el testimonio que aportan en Pamplona el día 6 de marzo de 1741 “D. Juan Manuel de Yttoiz, vicario y primiciero de la Parroquial del lugar de Lizarraga y del Primiciero secular” (que era Juan Miguel de Olaverri). “Dicen que dicha Iglesia  se alla fuera de todo el cuerpo de dicho lugar en una eminencia próxima al montte y distante dos tiros de escopeta por lo que no pueden administrarse con puntualidad los Santos Sacramentos y en tiempos de lluvias  se llena dicha Iglesia de agua hasta las gradas del Presbiterio y se sube a dicha Iglesia, con mucha incomodidad por lo elevado del sitio pues en  tiempo de invierno se experimentan muchas caydas y dejan de asistir algunos a oir misa especialmente la gente anciana…”[1] 

2º. También sabemos que a la iglesia medieval corresponde la portada de la actual  iglesia y por sus características arquitectónicas deducimos que debió construirse bien entrado el siglo XIII, como lo demuestra también la talla de la Virgen con el Niño (llamada actualmente del Rosario) y su medieval pila bautismal.

3º. Más tarde, a lo largo del S. XVI, se construyó la sacristía a partir de 1586; se tallaron y montaron los retablos más antiguos y en 1692 se da el mandato de realizar el Crucificado. Según el Libro de Fábrica en la visita del 27 de febrero de 1701, estas últimas piezas forman parte del inventario: “Primero tres altares con sus retablos pintados, dorados y estofados y el altar mayor de la Abocación de Santa Eulalia= Y el otro de Santa Cathalina y el otro de San Antón= Una efigie de Santo Cristo de bulto entero para la adoración…” A éstas como a otras imágenes así como a la Pila Bautismal, se las cita el 1 de agosto de 1742 en el decreto donde se da el permiso para transportarlas a la actual iglesia.

4º. Además conocemos que en la iglesia medieval, (aunque ya existía el cementerio al aire libre realizado por Pedro de Ayanz, maestro cantero, con fecha de 1696,  que costó 631 ducados y 3 reales, en el atrio) seguían existiendo enterramientos. Este detalle me hace suponer que como en otras iglesias de la época, el suelo original sería de tierra, más cuando el 18 de noviembre de 1720 al liquidar las cuentas del año 1701 de Juanes de Landibar, dueño de la Casa de Mercatariazena se “le hace cargo de quatro ducados por una sepultura que ha adquirido dentro de la Iglesia con título que le a dado su Ilustrísima”, pero 108 años antes, “Don Pedro de Garralda, vicario de Cenborain y natural de Lizarraga pide al obispo un derecho de sepultura en su iglesia natal, en lugar distinto del que está asignado para enterrar a los clérigos…”[2]

5º. Por un mandato de la visita del año 1720 sabemos que la iglesia antigua contaba con una torre, pues se manda que “se componga la torre del campanario y se haga fundir una campana nueva por hallarse quebrada la que ay.”

6º. Sabemos, por último, que en la antigua iglesia, como se deduce por el primer mandato de la visita de 1720, se predicaba “en bascuence”, lengua materna de los feligreses, para que mejor comprendieran la doctrina.


LA NUEVA IGLESIA DEL SIGLO XVIII 


El 6 de marzo de 1741, Don  Juan Manuel de Yttoyz,  vicario y primiciero, junto al primiciero secular, presentan a través de su representante  el procurador Don Miguel de Huarte, la solicitud de la construcción de una nueva iglesia en Lizarraga. El ilustrísimo señor obispo de Pamplona, Don Francisco de Añoa y Busto encarga a su Vicario General, el licenciado Don Antonio Fernández de Bizcaya el estudio y decisión sobre tal solicitud que los peticionarios justifican de la manera siguiente: “…dicen que dicha dicha Iglesia se alla fuera  de todo el cuerpo de dicho lugar en una eminencia próxima al montte y distante dos tiros de escopeta por lo que no pueden administrarse con puntualidad los Santos Sacramentos y en tiempos de lluvias se llena dicha Iglesia de agua hasta las gradas del Presbiterio y se sube a dicha Iglesia, con mucha incomodidad por lo elevado del sitio pues los tiempos de invierno se experimentan muchas caydas y dejan de asistir algunos a oir misa especialmente la gente anciana y en el cuerpo de dicho lugar hay una ermita con la advocación  de la Visitación de Nuestra Señora, y por ser paraje cómodo se desea edificar y construir en ella la Parroquia, pues con la piedra que hay en una y otra hay suficiente y aun sobra…”

El documento que recoge todo el trámite de esta petición del 6 de marzo de 1741 está contenido al final del libro de Fábrica de la Iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga. Ante esta solicitud el Vicario General del obispado encarga a Don Juan  Miguel Goyeneta que era el “maestro y vedor de obras eclesiásticas” que “partiese al lugar de Lizarraga, y en vista de la Basílica e Iglesia que se expresan en dicha Petición, y demás que tuviere por conveniente sacase trazas y condiciones, y hiciese su Declaración Jurada en razón a lo referido…”

Realizado el encargo, el maestro y encargado de las obras eclesiásticas presenta las siguientes trazas o planos de la nueva iglesia y redacta las 14 condiciones técnicas para levantar la nueva iglesia.

El 11 de marzo de 1741 ya tiene Don Antonio Fernández de Bizcaya, el Vicario General, la extensa Declaración Jurada que realiza el maestro y vedor de obras eclesiásticas Don Juan  Miguel Goyeneta y con esa fecha “concedemos licencia al Vicario y Primiciero secular del lugar de Lizarraga, Valle de Unciti,…pueda hacer ejecutar la nueva iglesia que pretenden… valiéndose para ello del maestro o maestros, de su mayor estimación…”

Para poder celebrar el culto mientras se construye la iglesia se dice en la primera condición  que “se haya de dejar en ser el crucero de dicha Iglesia para ermita y para que puedan celebrar los oficios divinos mientras se fabrique la nueva iglesia…” y antes de la firma de aprobación se recuerda “que así hecha dicha fábrica quede el sitio de la dicha Iglesia antigua en lugar de la referida basílica y con la misma advocación de la Visitación de Nuestra Señora celebrándose en ella los oficios y santos sacramentos como antes interin se ejecuta la nueva fábrica.”

Con todos los permisos en regla se elige al maestro cantero Juan Ángel Echeverría y ante notario se hace el contrato. Se añaden otras 12 condiciones que obligan al maestro cantero y que éste las acepta, firmándose el contrato por ambas partes el día 13 de octubre de 1741.

Cabe destacar entre las nuevas condiciones:

El precio: 8.683,5 Reales.

La que dice que “hay que enladrillar todo el cuerpo de la iglesia”, por la posible contradicción que existe con el tema de las sepulturas en  el Decreto de traslado del mobiliario sacro así como de los restos de los difuntos que estaban enterrados en la iglesia medieval. Si se enladrilló el suelo de la iglesia nueva ¿hubo que volver a levantar el suelo para los enterramientos? ¿Hay restos humanos dentro de la iglesia actual?

La que se refiere al aprovechamiento de las bóvedas de la sacristía antigua cuyo contrato data de 1586, para realizar el coro de la iglesia nueva. Reza así: “…mirando a la conveniencia y susistencia de la Iglesia, han convenido que dicho Echeverría haya de hacer dicho coro con las bóvedas que se hallan en la sacristía de la Iglesia que se pretende trasladar…”

También se modifica el arco que cae debajo de la torre. “Aunque por las condiciones consta deberse hacer con ladrillo en rosca… deberá hacer con piedra…”

Se fija también el inicio y fin de la obra. Para el 10 de diciembre de 1741 las obras han debido de comenzar “… y la conclusión de toda la obra haya de ser para el día siete de julio de mil setecientos cuarenta y dos…” Fin de  la obra 7 de julio de 1742. Se construirá en 7 meses, de tal manera que la Comisión para bendecir la nueva Iglesia Parroquial del lugar de Lizarraga se firma el 1 de agosto de 1742.

“el Licenciado Don Pedro Antonio Fernández Bizcaia, Vicario General del obispado de Pamplona por el Ilustrísimo Señor Don Francisco Añoa y Busto obispo del y electo Arzobispo de Zaragoza…” decreta que comisiona y faculta al Vicario de la iglesia de Lizarraga “para que vea, y reconozca la nueva Iglesia Parrochial, que en virtud de nuestra Eminenzia se ha hecho en el dicho Lugar, y hallándola perfectamente acabada, y decente la bendiga en la forma dispuesta por el Ritual Romano, y traslade a ella el Santíssimo, Imágenes de los santos, y Altares que se hallaren en la antigua Iglesia, y la Pila Bautismal [ ] y que se execute con las ceremonias, y solemnidades correspondiente. Y para que assi hecho se pueda libre y lícitamente celebrar en la referida nueva Iglesia  el Santo Sacrificio de la Missa por qualesquiera Sacerdotes, Seculares, ô Regulares Aprobados. Y asimismo damos facultad al dicho Vicario para que en la nueva Iglesias señale à sus feligreses sepulturas arreglándose á los sitios, y orden, que tenían en la antigua, y assi hecho con acuerdo, y madurez, y sin que haya perjuicio de Terceros comparezcan los interesados a solicitar por la Secretaría de Camara los  despachos correspondientes para usar de las sepulturas que les sañalare, y trasladar a ellas los huesos de sus antepasados”.

Una vez recibida esta Comisión se procedería a lo ordenado, trasladando los retablos, las imágenes de la Virgen, la pila bautismal y demás enseres litúrgicos y es de suponer que una vez todo montado en su nuevo lugar se bendijera la iglesia y en solemne procesión se trasladara el Santísimo y tuviera lugar fiesta en el pueblo. No tenemos la fecha exacta de la bendición, pero al ritmo que fue esta construcción posiblemente sería a lo largo del mes de agosto. Ya no había que sufrir las inclemencias de subir con mal tiempo a una iglesia fría, inundada por el agua y transitar por peor camino. No habría excusa para no asistir a las ceremonias religiosas pues la iglesia estaba en el centro del pueblo.

Este viaje lo harían para ir a rezar a la ermita de la Visitación de Nuestra Señora que se convirtió en el edificio más antiguo, dado que correspondía al presbiterio de la antigua iglesia. ¿Qué queda de esta parte de la iglesia medieval del siglo XIII? A la vista, nada.

También, forzoso era, cuando morían, pues en esa zona estaba el cementerio. En la visita del 28 de noviembre de 1791 al rendir cuentas de los años 1788 al de 1791 se dice que “También se da en data, veinte y quatro reales quince maravedíes que pagó a Xavier de San Miguel, Carpintero, por un ataúd ô caja para conducir los difuntos a la Iglesia”  y de ésta hasta el cementerio aledaño a la antigua iglesia. Ataúd que se guardaba a la espera del siguiente fallecimiento.

“Memoria de la obra de la nueba Iglesia del lugar de Lizarraga”

Primeramente importa toda la cantidad sin las mejoras que se le ha de pagar â Echeverría………………………………………………………………………..8683rs 18mrs
Las mejoras importan por entero……………………………………………..0384rs 00 “
Los cimientos importan en mejoras…………………………………………..0279rs 00 “
El coro importa………………………………………………………………….0005rs 00 “
Por todo lo demás de mejoras importe………………………………………0040rs 00 “


LA PORTADA DE LA IGLESIA MEDIEVAL

De la portada medieval de la iglesia de Santa Eulalia escribí hace tiempo con ocasión del primer recorrido románico del Valle de Izagaondoa[3], publicado posteriormente en el libro “Las claves de Izagaondoa”.

…continuará.
           





[1] Archivo Diocesano de Pamplona: LIBRO DE CUENTAS DE LIZARRAGA, Caja 1861-5
[2] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Treviño. C/234- nº 30  69 folios.

jueves, 25 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - IV

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - IV


Por Simeón Hidalgo Valencia (25-06-2015)


Momentos mágicos, sin duda, los expuestos en las entregas anteriores dedicadas a la iglesia de San Martín de Guerguitiáin, en lo referente a su alineación con relación al sol.

En este último voy a tratar de ser más “objetivo” y “racional”, si es que en algo lo podemos ser los humanos dado que desde mi punto de vista tanto la objetividad como la racionalidad son conceptos relativos, así que a quien Dios se las dé Santa Bárbara se las bendiga.

Quienes me conocen un poco saben que doy más valor e importancia a lo que se oculta a la física mirada y trato de ir más allá de lo aparente y externo y preguntarme por lo que en cada realidad externa se esconde.  Quizás sea porque hace años me encontré con esa otra realidad, la más importante, que no es visible a simple vista pero que está ahí esperando a que la descubramos y que me hizo vivir desde entonces  mirando hacia el interior.

Pero como el exterior está ahí con sus leyes físicas y de todo tipo, según la disciplina de que se trate, voy a procurar atenerme a ellas, aunque habrá más de un lector que lo pueda hacer mejor que yo.

¿Qué he logrado saber sobre la iglesia de Guerguitiáin en estos momentos en que se cierran y se abren las puertas solsticiales?



1º Sé que el maestro Petrus, el que dejó su firma en el capitel último del lado sur, fue sin duda uno de los que trabajó en este lugar. Parece ser que fue quizás el maestro constructor principal porque se permitió transgredir la norma del anonimato imperante en su época y escribió “Petrus me fecit” e hizo de esta firma el centro del propio capitel.


2º Sé que el maestro Petrus fue un gran observador de la Naturaleza y de los diferentes entornos en que se movió, como refleja constantemente en los capiteles que talla y a raíz de la experiencia solitaria que pasé en Guerguitiáin en la noche del 20 al 21 de Junio, he llegado a la conclusión que a la vez era gran observador de los astros y que como a mí y a tantos millones de personas, como ha salido reflejado en todos los medios mundiales, le llamó la atención hace más de 800 años la conjunción de los planetas Venus y Júpiter con la Luna y así lo reflejó en uno de los capiteles de la portada, quizás el que contiene a su vez más carga teológica si se sabe leer el interior del mismo, aunque aparentemente no haya ningún símbolo religioso cristiano.


3º Sé que conocía el movimiento de los astros y que también fuera posible que conociera la oscilación de la Tierra a lo largo del año, pero aunque siguiera la norma imperante del Geocentrismo, para el caso obtuvo el mismo resultado a la hora de replantear la iglesia en el momento del Solsticio de Verano y como ha comentado mi amigo en este mundo de la nube informática, Rafael Fuster, supo conjugar la pura Astronomía con la Arquitectura. Los resultados están a la vista ahora que se han quitado los impedimentos que en un momento lo ocultaron.
  


  
4º Sé los puntos de referencia que tuvo para realizar su obra. Puntos que yo he situado por mi propia observación sobre el terreno y sé que uniéndolos con el tercero que es la propia iglesia, el ángulo formado es prácticamente el correspondiente a la oscilación de la Tierra en su Movimiento de Precesión.


...  

La verdad que me siento estos días muy contento con lo que he descubierto de san Martín de Guerguitiáin y de haber sido el primero en admirar este prodigio luminoso después de muchos años oculto.

Ojala sirva lo que os he transmitido para que esta iglesia, a pesar de que actualmente está en un despoblado y la mayoría de sus casas se han derrumbado; a pesar de que hay vecinos de Izagaondoa, nadie es profeta en su propia tierra y eso mismo le pasa al maestro Petrus, que siguen pensando y defendiendo que mejor no se hubiera restaurado porque ahí quién va a ir, dicen; a pesar de que la propia Corporación, (gestora de este bien cultural que pertenece al Valle de Izagaondoa, por lo que la propiedad es de todos los vecinos, no lo olvidemos) poco se preocupa con los hechos de hacer un proyecto viable que devuelva a Guerguitiáin a la vida partiendo de la obra restaurada de la iglesia de San Martín; ojala digo, sea uno de los motores del desarrollo cultural, social y económico del Valle de Izagaondoa y de su comarca.

Personalmente creo que estoy contribuyendo a ello en lo que puedo, aunque no sea el único, claro, pero a cada cual lo suyo.


Personalmente lo que he escrito y transmitido en estas cuatro entregas sobre San Martín de Guerguitiáin lo he dado gratis, sin otro interés de que Guerguitiáin no se pierda y porque yo mismo, gratis lo he recibido como don de la Naturaleza.

miércoles, 24 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN- III

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - III


Por Simeón Hidalgo Valencia (24-06-2015)


GUERGUITIÁIN (21 de Junio de 2015 a partir de las 4,30 horas solares)

Qué pena que todas las personas que estuvieron celebrando el solsticio de verano ayer, día 20, no disfrutaran con lo que yo vi y sentí a lo largo de la noche y de los primeros momentos del día 21.

El trino de los pájaros saludando la alborada me despertó de mis sueños y me volvieron a la realidad. Tal era la belleza de esta amanecida, que no tiene ni punto de comparación con la que hice en el equinoccio de otoño el día 23 de Septiembre de 2014.

En Septiembre con el equinoccio apenas hubo unos instantes en que asomó el sol. Sin embargo lo de hoy ha sido para guardarlo en la retina y en lo más hondo de la conciencia y del misterio, porque lo que vi y experimenté nunca lo había visto ni experimentado.

¡Bien merecería convocar al personal para la amanecida del próximo 21 de Junio del próximo 2016, aunque si no se dan las condiciones atmosféricas de hoy, el embrujo de la amanecida no se verá. ¿O no son condiciones atmosféricas las que se requieren para poder verlo?


Pero bueno, lejos queda aún el próximo año y sabe Dios lo que este espacio de tiempo nos deparará. Por ello, siguiendo al sabio griego Horacio viviré el momento a tope porque la vida es breve y no sé cuándo vendrá la Parca Morta y corte el hilo de mi vida. ¡Y bien que viví el momento y saqué fruto del mismo!


Quizás porque estaba solo conmigo mismo, quizás porque le salí al encuentro sin poner condiciones, abierto a lo que sucediera en esa madrugada, quizás porque es verdad eso de que en el silencio se manifiesta el Ser Supremo como un susurro de luz, lo cierto es que escuché el silencio y se me manifestó el Ser Supremo que da la vida a esta Tierra y me encontré con su halo misterioso circular de dorada luz.

Había visto fotos del típico y tópico rayo de luz que entra por la ventana absidial e ilumina el recinto sagrado, incidiendo sea en el altar, sea en su trayectoria en algún capitel o punto determinado buscado intencionadamente tal efecto por el maestro constructor de turno, siguiendo la sabiduría y el conocimiento de los antiguos constructores de Egipto, pero he de admitir que yo no vi más rayo que el que surgió repentino con la aparición del rojo sol en el horizonte.

En la alborada la iglesia de San Martín de Guerguitiáin estaba aún prácticamente a oscuras y sólo el vano alargado de la ventana abocinada de medio punto de su ábside se preparaba para el momento decisivo del nacimiento del sol. La tenue claridad de la amanecida se filtraba tímidamente por él. 


Volví al exterior y me puse bajo la ventana absidial. Eran las 4,30 solares. A partir de esos momentos sentí no poder tener el don de la bilocación para poder seguir bajo la ventana mirando al horizonte y a la vez dentro de la iglesia para ver el efecto del primer momento de la salida del sol en el recinto. Así que tuve que ir y venir raudo y veloz y a fe mía que me detuve más tiempo absorto por lo que vi en el interior.

Desde bajo la ventana ví esto y así lo muestro en imágenes sin retocar.
  








Corrí al interior de la iglesia para ver qué estaba pasando y llegué a tiempo en el que el sol se había levantado lo suficiente como para empezar a iluminar de oro la ventana, mientras el recinto salía de la oscuridad. Si no hubiera visto más que esta imagen me hubiera dado por satisfecho, pero…


… un vuelco me dio el corazón al instante siguiente en que la luz se me manifestó en su plenitud, como sol divino renacido que traspasa el alabastro sin romperlo ni mancharlo y me quedé estupefacto con tal visión. 


Silencio. Dios está aquí.



Boquiabierto me quedé como los dos personajes que el maestro Petrus esculpió en uno de los capiteles del fondo de la iglesia ante tal manifestación de gloria y poderío de la Naturaleza.

El círculo de la totalidad, el círculo del infinito, el círculo de la divinidad, el círculo protector ante todo mal estaba frente a mí y había penetrado y sacralizado el lugar. Sentí la llamada a renacer con la explosión de luz y de vida del solsticio de verano, momento en que el maestro Petrus de Guerguitiáin eligió para replantear esta iglesia para transmitir su mensaje de las creencias antiguas que rigen nuestras vidas desde el nacimiento de la humanidad, como lo dejó plasmado en la sencilla y popular portada donde las tradiciones antiguas están encriptadas bajo símbolos populares por él observados y colocados en el interior del marco formado por dos zarcillos de vid que se miran.

¡Qué grande fuiste, Maestro Petrus de Guerguitiáin! Bien mereces ser nombrado  y celebrado como HIJO PREDILECTO DE IZAGAONDOA.

Yo, al menos, así te considero.


Y otra cosa, MAESTRO,  hiciste muy bien en reivindicar tu obra, porque sólo tú has sido capaz de mostrarnos en su plenitud la luz divina.

(... continuará)



martes, 23 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - II

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - II


Por Simeón Hidalgo Valencia (23-06-2015)



*GUERGUITIÁIN (año del Señor de 1170)


Sólo el trino de los pájaros rompe el silencio. Cientos de voces anuncian la alborada del nuevo día, dispuestos a contemplar renacer una vez más al dios supremo de la Naturaleza y  levantar con ellos el vuelo. Hoy llegará al máximo su imperio sobre las tinieblas.

Su canto es más agudo que el de otros días, porque hoy han de despertar al maestro constructor, que es nuevo en el lugar. Ha llegado no se sabe desde donde, siguiendo el camino de las estrellas. Aquí se ha quedado por aceptar un encargo importante del señor de Guerguitiáin. Le ha encomendado construir una iglesia en piedra que sirva para la salvación de su alma, pero también para demostrar su poder frente a los señores de Besoia, Celigueta y Muguetazarra que rivalizan por construir la propia más grande y hermosa, según la moda del momento.

Durante el tiempo que lleva este ser extraño, lo han visto pasear por estos parajes solitarios, refugiados y medio escondidos a la sombra de la higa de Izaga donde cuatro chabolas conforman un pequeño señorío, cuyo amo quiere renovar su humilde oratorio de madera por una gran iglesia de sólidos sillares. El señor de Guerguitiáin desea sorprender a sus rivales con un gran recinto que sirva a la vez de sitio de oración y de refugio de sus gentes, de sus ganados, de sus víveres, de él mismo y de toda su familia, en tiempos de calamidades.

Lo han visto detenerse y contemplar todos los detalles del terreno, de los campos de trigo, de los majuelos, de los árboles del bosque y hasta escuchar atento el canto de algún que otro pajarillo y mirar las estrellas en las noches de luna nueva y por el día hacer garabatos con un palo sobre el terreno y borrarlos con las sandalias que calza y volver a hacer líneas y dibujos y borrarlos de nuevo, absorto en sus ideas y hasta le han observado trabajar encorvado martilleando la piedra y curiosos se han acercado a ver los motivos que tallaba.

Lo han visto los dos últimos días más activo al frente de sus ayudantes, a los que ha encomendado allanar una pequeña loma del terreno y observar más atento el horizonte al punto del amanecer. Parece que como ellos espera algo del sol.

De víspera lo han visto preparar unas varas de avellano bien rectas y clavar una de ellas en el terreno aplanado. -¿Qué irá a hacer este hombre?- se preguntan unos a otros. Parece que su trabajo comenzará de par de mañana con el alba. Por eso han entonado sus cantos más fuertes que de costumbre.

El maestro cantero se ha despertado el primero con el canto de los pájaros y a empellones ha hecho que se levanten sus discípulos. -Es la hora-, les ha dicho como saludo y se ha puesto a trabajar.

Cada cual se ha dedicado raudo a la tarea encomendada y ensayada desde hace días, pues es necesario trabajar con precisión y rapidez pues el instante es el que es y el día propicio es el que amanece hoy.

Afortunadamente la noche ha sido despejada y el cielo nocturno ha lucido con millones de estrellas en esa Vía Láctea surgida del pecho de la diosa griega Hera.

No hay tiempo que perder. Los bártulos para esta tarea están todos preparados. En la vara de avellano ya colocada de víspera en el punto indicado por el maestro se inserta la pieza circular que servirá de referencia. Otra segunda vara, igual que la ya dispuesta porta el primer ayudante oficial para entregársela en su momento al maestro. El aprendiz más adelantado, de los dos que tiene a su costa el maestro, porta la cuerda de doce nudos, colocados a la distancia de un codo uno de otro. La cal, los azadones, los picos, las estacas, los cordeles,… todo lo necesario. No falta nada.


Así esperan la salida del sol. Con el primer rayo que surja desde el horizonte buscará el maestro el eje central de la iglesia que va a levantar. Junto a él, el fraile del lugar reza a Jesús, el nuevo sol invictus, para que todo salga perfecto. 

Se hace el silencio. Se contiene la respiración. Es el momento. Se adivina un alo de luz que se eleva sigiloso pasando del tono anaranjado al blanquecino y de éste al amarillo y un punto luminoso aparece por el horizonte y de repente, ante el asombro del señor de Guerguitiáin y de los lugareños que han acudido, se escucha un ¡oooooh! de admiración.


En un instante un solitario rayo de luz de oro sale despedido directo hacia la explanada preparada.

Rápidamente el maestro busca la luz y la sombra de la vara colocada de víspera y coloca la que le entrega su oficial haciendo coincidir en una sola línea el rayo de luz despedido desde el horizonte, la vara que está fija y que ya extiende su alargada sombra hacia él y sobre ella clava la segunda vara.  Los aprendices unen las dos varas con el cordel que han desenrollado y se aseguran de que quede bien tenso sobre el suelo.

Afortunadamente el amanecer ha sido despejado y han tenido un bello  y generoso sol que ha hecho posible trazar el eje de la iglesia. La primera, principal y básica tarea ha salido a la perfección. A partir de aquí con la cuerda de 12 nudos se buscarán las escuadras y se darán las medidas para la largura y anchura del rectángulo que formará la nave del recinto y con un cordel de la mitad de la anchura de la nave se hará la semicircunferencia que delimitará el ábside. Luego habrá que repetir toda la operación para hacer el grosor de los cierres perimetrales y marcar rincones y esquinas con estacas y echar cordeles paralelos que indiquen los grosores  y empezar a excavar los cimientos y hacer la mezcla de la masa con arena, cal y agua en las debidas proporciones… pero eso para el maestro constructor es pan comido. Lo importante y básico es que  el eje de la planta de su iglesia, suya porque él la va a construir, está ya bien marcado.

El monje del lugar da gracias a Dios y a San Rodolfo por haber ganado la batalla al mal tiempo y porque el sol ha salido por el horizonte esta mañana del 21 de Junio del año del Señor de 1170 y todos, el señor de Guerguitiáin, sus súbditos y el monje del lugar bautizan al recinto que a partir de aquí se levantará y lo dedican a San Martín de Tours, para que los proteja a ellos en su peregrinaje en esta vida y a los penitentes peregrinos que llegan hasta Guerguitiáin y siguen el camino de las estrellas hasta la tumba del apóstol Santiago en los confines del fin del mundo. 




(… continuará)