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miércoles, 20 de septiembre de 2017

LA HIGUERA, EL ROBLE Y MI DECISIÓN

LA HIGUERA, EL ROBLE Y MI DECISIÓN


Por Simeón Hidalgo Valencia (20 de septiembre de 2017)



La sencilla y preciosa portada medieval de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa transmite aún hoy día su mensaje a quien quiera y sepa leerlo. La estudié allá por el año 2010-11 y expliqué mi propia lectura por primera vez con ocasión de la Jornada Románica por Izagaondoa celebrada en octubre del 2011.

Aunque el trabajo realizado lo di a conocer a través de mi blog y más tarde fue uno de los artículos del libro “Las claves de Izagaondoa”, ahora me voy a centrar en reflexionar de nuevo sobre los capiteles del lado izquierdo de la portada, según la miramos, pues en las tallas de sus tres capiteles protogóticos veo compendiada magníficamente la doctrina que la iglesia católica transmitía a los fieles del siglo XIII y que hoy sigue teniendo vigencia también desde el punto de vista de la ética para las personas actuales, sean cristianas o no, pues en definitiva se nos habla, por medio del simbolismo, de la propia libertad que cada persona posee para tomar un camino u otro en su propia vida.

Titulo esta reflexión “La higuera, el roble y mi decisión”, porque el simbolismo de estos dos árboles se convierte en referencia ética para mí, como persona. La higuera y el roble hacen aquí de elementos paradigmáticos que nos llevan a los orígenes de lo que se ha dado en llamar el Antiguo y el Nuevo Testamento.


LA HIGUERA:

Si observamos al detalle y sin prisas el primer capitel, el exterior, llegará un momento en que identificaremos tanto la hoja del árbol como los frutos del mismo perfectamente labrados por el maestro de Lizarraga de Izagaondoa, anónimo sí, pero de tan alto nivel profesional que parece bordar en la misma piedra.
Las hojas y los frutos, sean brevas o higos, nos hablan de la higuera.



¿Y por qué se talla la higuera en este capitel?

Porque quien encargó esta portada para la primitiva iglesia de Lizarraga se propuso plasmar aquí los primeros momentos de la humanidad, cuando veía el Jardín del Edén o Paraíso Terrenal como una referencia palpable que a manera de cuento se recoge en los inicios del Génesis para poder comprender mejor y explicar de alguna forma la situación dolorosa de la condición humana en lucha constante por su propia existencia.

La Biblia inicia con el libro del Génesis, donde se narra los orígenes del mundo y de la humanidad. Hay dos relatos de la creación. El que aquí nos interesa es el segundo. Se puede leer en Génesis 2,4-26. En este último versículo se nos dice que “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.”

A continuación en todo el capítulo 3º se habla de la serpiente, de la prohibición de comer del “fruto del árbol que está en medio del jardín”. “No comáis de él. Ni lo toquéis, so pena de muerte.” De la visión de la serpiente sobre el tema: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.” [1] Etc.,…

Pero, ¿cuál era el árbol situado en medio del jardín?

Nadie lo sabe. Generalmente se habla de su fruto: la manzana, por lo que el árbol sería el manzano, pero en Lizarraga no aparece el manzano, sino la higuera con sus frutos.

¿Por qué?

Porque en esto del mito original del Paraíso perdido a través de la decisión humana de hacer caso a “la serpiente”, la fruta no es lo importante por lo que no se especifica y en Lizarraga de Izagaondoa aparece una de las versiones frutales correspondientes al árbol del centro del jardín primigenio. La higuera.

¿En qué se basa esta talla?

Quien esto manda hacer conocía muy bien las tradiciones antiguas que en el siglo X se plasman en los libros miniados realizados en los escritorios de los monasterios, focos de cultura y de transmisión de saberes. Y es en esos códices donde encuentro la posible base de lo que aparecerá no ya pintado, sino esculpido en Lizarraga unos trescientos años después.

El monje Vigila copia en el scriptorium del monasterio de Albenda de Iragua, La Rioja, entre los años 974 al 976, la Crónica Albendense y terminado el libro su contenido se recoge en gran parte en el monasterio de San Millán de la Cogolla de Suso  conocido por el nombre de Códice Emilianense que se inicia en el 976 y se acaba en el 992.[2] Pues bien, en ambos códices aparece ilustrada la caída de Adán y Eva en el Paraíso Terrenal y el árbol que se representa es una higuera.[3] Pasarán más de 300 años y este mismo árbol se talla en Lizarraga para indicarnos simbólicamente el definido como “Pecado original”.

La lámina representa en el centro a la higuera. La serpiente enroscada en ella lleva en su boca un higo o una breva y se lo da a Eva que extiende su brazo y lo coge. Adán y Eva se tapan con hojas de higuera. “Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.”

La lámina especifica claramente con las palabras “LIGNVN FICI” que se trata de árbol del higo: la Higuera.

Rodeando a manera de marco  la imagen, el copista escribe comenzando desde la parte superior izquierda y siguiendo el sentido de las agujas del reloj el siguiente texto:”+ Allí entre los árboles del Paraíso Eva había tendido la mano hacia el fruto tomándolo de la boca de la serpiente. Rápidamente se la había llevado a Adán. Después juntaron hojas de higuera y se hicieron perizoniums ( delantales, taparrabos, paños de pureza…)”.[4]

La higuera, ese árbol tan familiar en muchas de las casas de nuestros pueblos, resulta, según esta tradición, ser el árbol del conocimiento del bien y del mal. Árbol representado en este capitel de la iglesia de Santa Eulalia en Lizarraga de Izagaondoa con todo su simbolismo primigenio del mal que acecha a la humanidad.



EL ROBLE:

Lizarraga de Izagaondoa hace gala de poseer un hermoso robledal que bien cuidado y limpio se asemejaría también a un pequeño Jardín del Edén. Edén que con su silencio atrae a más de un caminante a visitarlo y gozar desde su frondoso follaje de unos momentos de paz y sosiego.



Entre todos los robles el que aquí se muestra es el más antiguo y destaca sobre los demás, mucho más jóvenes. En el “Decreto Foral 87/2009. De 1 de diciembre por el que se declaran Monumento Natural determinados árboles singulares y se establece su régimen de protección”, se le cataloga de la manera siguiente:

“M.N.35
Nombre del Mnumentos Natural:
Roble de Lizarraga.
Localización: Lizarraga de Izagaondoa.
Número de ejemplares: 1
Coordenadas X e Y: 622.893 /
 4.735.976.” [5]

Hay una tradición que remonta su existencia ya a los tiempos de la familia de San Francisco Javier, allá por los siglos XV – XVI, pero unos doscientos años antes el roble aparece esculpido junto al anterior de la higuera en la portada de la antigua iglesia medieval.

Si echamos una mirada sobre el simbolismo y la importancia del roble a lo largo de la historia de las civilizaciones podremos atisbar y comprender su presencia entre las tallas de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga pues se la ha tenido desde antiguo como el árbol de la sabiduría y del conocimiento. Se le ha considerado como el árbol sagrado por antonomasia, así como el árbol que da la vida bajo el cual se toman las decisiones y se establecen las nuevas leyes.

El cristianismo, que hunde sus raíces en culturas anteriores también lo tiene en consideración y al tallarlo con frecuencia en las portadas de sus iglesias, como se ve con frecuencia en iglesias de Navarra a partir del siglo XIII, lo asimila a la Nueva Ley que bajo sus ramas se proclama a través de la palabra de Jesús.

Así pues, la Higuera representa la caída, el pecado y la Ley Antigua, mientras que el Roble representa la liberación, el fuego divino que purifica, la palabra profética de la Ley Nueva que anuncia la vida, el árbol de la cruz que regenera a la humanidad. El árbol de la vida junto al árbol de la muerte.


MI DECISIÓN:

Y así, después del resumen de la Historia Sagrada por medio de las imágenes de dos árboles antagónicos, el tercer capitel me pone personalmente ante mi propia decisión. Alumbra ante mis ojos las dos realidades anteriores y me muestra a dónde me conduce el tomar un camino u otro. Mi propia libertad me llevará a tomar la decisión que me puede esclavizar o me puede liberar. Aquí interviene mi ética personal. Nadie puede decidir por mí. Soy yo el único protagonista y el único responsable de lo que en mi vida pase. Yo me lo he buscado y no vale ninguna de las excusas con que me quiera engañar a mí mismo. Soy libre. Soy responsable de mis actos.

¿Cómo se me comunica todo esto?
Mediante la figura mitológica del ser con cabeza humana de melena al viento, cuerpo de ave y cola de serpiente que enrosca desde los pies hasta el cuello de la persona que ocupa el centro del capitel. Esta persona ha sido atrapada por el mal, sigue en la ley antigua de tal manera que ella misma se va transformando físicamente en el mismo ser que le tiene dominado. Los dedos de sus pies y de sus manos se transforman y se convierten en garras de animal.

¿Podrá liberarse?
La parte derecha de este capitel da la respuesta a través de la imagen de la cabeza humana que se aprecia por encima del ave rapaz. Identifiquémosla como un águila o halcón y tendremos la respuesta liberalizadora, al igual que podemos verla por  en las cercanas iglesias de San Martín de Artáiz y de Santa María de Besolla. La aceptación libre de su presencia nos introduce en la esfera de lo divino y nos ayuda a caminar, en nuestro tiempo humano, por la senda de lo bueno, bello y verdadero.


¿QUÉ MENSAJES NOS COMUNICAN ESTOS CAPITELES?

A manera de resumen expongo lo que yo leo en ellos.

1º. En un principio el ser humano gozó de la felicidad del paraíso, pero al comer del árbol del conocimiento, representado en la higuera, descubrió además su propia debilidad.

2º. Otro árbol, el roble, símbolo de vida, representa la salvación traída por Jesús, donde encontrará su fuerza.

3º. Ante el dilema de muerte o vida, el cristiano opta por la vida, liberándose del monstruo que le atrapa y como el halcón mitológico resucita cada día a la vida.






[1] Los textos bíblicos que se citan en el artículo siguen la versión de la Biblia de Jerusalén.
[2] Consultar en Internet: Códice o Código Albendense o Vigilano y Códice Emilianense.
[3] Imagen recogida en Internet.
[4] Traducción ofrecida por Margarita Marcos González en la página de Facebook “Románicos en movimiento”.
[5] http://www.lexnavarra.navarra.es/detalle.asp?r=29923

viernes, 2 de junio de 2017

LA IGLESIA DE SANTA EULALIA DE LIZARRAGA DE IZAGAONDOA-III LOS RETABLOS DEL SIGLO XVI

 LA IGLESIA DE SANTA EULALIA DE LIZARRAGA DE IZAGAONDOA - III

LOS RETABLOS DEL SIGLO XVI

Por Simeón Hidalgo Valencia (02 de junio de 2017)


En este tercer artículo sobre la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa expongo lo relativo a los retablos del siglo XVI que fue el punto 6º de la charla que impartí en abril, dentro de las actividades del proyecto mecna Lizarraga-2017.
  
Los retablos de finales del siglo XVI nos pueden dar una idea de la transformación que sufrió la iglesia medieval en ese momento, según las normativas del concilio de Trento (1545-1563) pues contaría ya con sacristía, púlpito, coro, torre y posiblemente con dos capilla laterales que albergarían los retablos dedicados a San Antón y a Santa Catalina. No sabemos si el ábside de la iglesia era circular o recto. Personalmente me inclino por esta segunda opción, a juzgar por las iglesias cercanas de Idoate e Iriso que corresponden a la misma época y lo tienen recto. En el ábside se colocó el retablo mayor dedicado a la santa titular Santa Eulalia de Mérida.
Hoy día los tres aparecen, con acierto, colocados en la cabecera de la actual iglesia. Por su estilo pudiera haberse tallado hacia la segunda mitad del siglo XVI, pues se aprecian detalles del renacimiento plateresco y de la influencia romanista tendentes a imitar las formas de los grandes artistas italianos de renacimiento romano, tales como Miguel Angel y Rafael caracterizándose, dentro del manierismo, por su monumentalidad y potentes anatomías.
El retablo es la expresión artística de un momento determinado en el que se exponen tallados o pintados, sean pasajes de la vida de Jesús o del santo titular de la iglesia cuya vida serviría de ejemplo a los feligreses. Las personas proclamadas santas por la Iglesia son modelos que los fieles del lugar tienen para vivir mejor su fe en Jesús. Son modelos que nos conducen a Dios, como veremos al observar la propia disposición de sus escenas.

1º. Partes de un retablo:
Técnicamente y para situarnos conviene conocer las divisiones o partes de un retablo, donde se visualizan pisos y calles, como si fuera una casa de varias alturas o una ciudad. El retablo mayor de Lizarraga se compone de Banco, Dos pisos y del Ático y tiene tres calles, siendo la principal la central, donde se colocarán los elementos más destacados del mismo. Sagrario, Expositor, Patrona titular, Calvario y Padre Eterno. 
El banco es la parte baja del retablo donde se sostiene todo el resto. En el centro se ha situado el Sagrario
Los pisos del retablo mayor de Lizarraga son:
Primer piso
                                           Segundo Piso
                                                El ático 
Las calles del retablo mayor de Lizarraga son:

                                        Calle lateral izquierda  
                  
                                                Calle central 
                      
                                         Calle lateral derecha            

Para ejecutar un retablo eran necesarios tres tipos de maestros o gremios.
En primer lugar el maestro escultor o pintor si las escenas se realizarían talladas en madera o pintadas sobre lienzo. En segundo lugar el maestro carpintero que ensamblaba cada una de las partes o cuerpos del retablo. En tercer lugar el maestro pintor, dorador y estofador que policromaba las tallas y dejaba el retablo terminado y daba vida a través del color a las escenas. A veces, entre que se montaba el retablo y se pintaba pasaban bastantes años debido a la economía de cada lugar, pues eran trabajos más bien costosos. Para hacernos una idea de lo que digo pongamos como ejemplo el lugar de Redín,  del Valle de Lizoain-Arriasgoiti. El retablo está montado, pero sólo aparece policromado el sagrario.

Retablo rococó del siglo XVIII de Redín, dedicado a San Andrés.

2º. Datos que conocemos sobre el retablo mayor que aparece en el inventario de 1701:

-Estaba esculpido y montado antes de 1599.
-La Licencia y el contrato de la pintura del retablo tiene lugar el año 1594.[1]
-El contrato para dorar y pintar el retablo se hizo con “Juan de Frías, pintor”. [2]
-En 1602 “El cesionario de Juan de Frías, pintor, reclama el pago de los 337 ducados, que la primicia le debe por la pintura y dorado del retablo.” [3]
-En 1606 Juan de Frías Salazar, pintor, “había hecho la pintura y dorado del sagrario, tasado por Juan de Landa en 3.815 reales.” [4]
-En 1615 pleito contra “Juan de Frías Salazar, pintor, vecino de Olite, el cual se comprometió a pintar y dorar el sagrario y retablo de Lizarraga y después de siete años, sólo ha hecho el sagrario a pesar de que se le acude con las rentas de la Iglesia.” [5]
-Como Juan de Frías no hace el resto del retablo mayor se contrata la obra con Miguel de Armendariz, quien la realiza, pero su hijo Juan Andrés de Armendariz, pintor de Pamplona, donatario de su padre entabla pleito en 1658 “contra los primicieros de Lizarraga cabe Urroz (Izaga) sobre el pago de la obra de pintura y dorado del retablo principal de la iglesia, que había hecho el difunto” Miguel de Armendariz. [6]

3º. Contenido del retablo mayor:

1º. El Banco: En la calle principal del banco se sitúa el sagrario. Ya conocemos algo de su historia. Fue la parte del retablo que Juan de Frías Salazar pintó y doró.

A los lados del sagrario pinta la figura de Juan Bautista, precursor de Jesús y la pintura de San Sebastián, mártir. San Juan Bautista en el lateral izquierdo, según miramos, porta una cruz con una filacteria donde se lee “ECCE AGNUS DEI” (Este es el Cordero de Dios) que aparece sobre un libro llevando el estandarte de la victoria sobre la muerte. Esta representación la podemos ver en una de las claves de San Miguel de Izaga, en la iglesia de Reta o en la pila bautismal de Turrillas, dentro del Valle de Izagaondoa. 
     
                             
                                        San Juan Evangelista                      
                                   
                                               San Sebastián.

El sagrario contiene el cuerpo de Jesús en su interior, que se da como alimento a los cristianos. En su puerta se le representa simbólicamente como el pelícano que según la creencia popular en caso de carestía del alimento se abre el pecho para alimentar con su sangre a los polluelos.

En las calles laterales hay que destacar en el banco las figuras de dos de los evangelistas. San Mateo y San Juan que están, como escribanos, apuntando el relato de la Buena Noticia, del Evangelio.

  
                                          San  Mateo.                                          

San Juan.

En el centro de las calles laterales dos alegorías que nos muestran por una parte la vida, representada en el cántaro de agua que porta una figura humana desnuda y  por otra la muerte simbolizada por la calavera que otra figura humana desnuda nos muestra.                    
                                           
                                                  La vida. 
                                         
                                                 La muerte.

En los extremos dos jóvenes titanes, atlantes, sostienen con su enorme fuerza todo el entramado del retablo y nos entroncan con la mitología clásica griega, siendo uno de los muchos detalles del renacimiento de estilo plateresco español que se muestran en este retablo.

El dios Atlas fue condenado por Zeus a cargar con la Tierra.


2º. El primer piso:
            
En la calle central del primer piso está el Expositorio. Es el lugar donde se coloca en alto la custodia con la Sagrada Hostia en algunas ceremonias litúrgicas para ser adorada. Hay que destacar dentro de esta liturgia el día del Jueves Santo.

A los lados, igual que en el sagrario, aparecen tallados el primero de los apóstoles, San Pedro y el último, San Pablo. Ambos con los atributos representativos. Las llaves del Reino y un libro abierto en San Pedro y la espada y un libro cerrado en San Pablo.

San Pedro
San Pablo

Sostienen el expositor sobre sus hombros otros cuatro pequeños atlantes. Mientras que cabezas de ángeles, como en el Arca de la Alianza, también la adoran.

En este ambiente eucarístico la tabla de la izquierda representa la institución de la Eucaristía en la Última Cena. Jesús, rodeado de sus doce apóstoles celebra la pascua judía con el cordero, el pan ácimo, sin levadura y el vino.
Jesús sostiene en su mano derecha el pan, que el escultor represente como una Hostia, y lo reparte diciendo “Tomad y comed  porque esto es mi cuerpo…”

La escena de la derecha representa una parte del Vía Crucis, del camino de la cruz hacia el calvario, donde Jesús fue crucificado. En una misma composición podemos intuir tres de las estaciones del mismo: la 5ª estación en la que el Cirineo  ayuda a Jesús a llevar la cruz, la que representa a La Verónica con el paño con el que ha limpiado el rostro de Jesús y la en el momento en que Jesús cae por segunda vez.

2º. El segundo piso:

Este piso está dedicado a exaltar las virtudes de la Santa titular de la parroquia. Santa Eulalia de Mérida o Emeritense. Se la representa en la calle central cual matrona romana portando un libro  con su mano izquierda mientras que con la derecha sostiene la palma del martirio por ser fiel a su fe en Jesús rebelándose desde sus cortos 12 años, era una niña, ante el decreto del emperador Diocleciano del año 304 que prohibía a los cristianos el culto a Jesús y mandaba adorar a su persona como dios y ofrecer a los dioses paganos las ofrendas del pan y quemar incienso en su honor.
En los laterales se talla a una mujer y un hombre desnudos portando cestos con frutas al estilo plateresco, símbolo del triunfo y su desnudez nos podría indicar el estado desapego de lo terreno para alcanzar la visión de Dios por medio del martirio.


En la escena de la izquierda se representa a la niña Eulalia, como mujer adulta, presentándose ante el gobernador Daciano para protestar por el decreto del emperador. Una niña de familia noble cristiana, pues su padre era el senador romano Liberio, se atreve a defender la libertad de culto en épocas de persecución  y ante la negativa a cumplir lo decretado, que supondría renegar de sus creencias cristianas, es torturada.

En esta escena tenemos un detalle que nos sirve para situar la época en que este retablo se talló. Por la documentación sabemos que el contrato para pintarlo y dorarlo se hico en el año 1594 por lo que años antes se haría el correspondiente a su talla. Podemos pensar que se talló en tiempos del reinado de Felipe II de España y IV de Navarra (1556-1598). ¿A qué detalle me refiero? Al joven situado en la mitad inferior izquierda de la escena, que aparece vestido, a diferencia del resto de personajes con la indumentaria de la moda masculina de esa época. Sombrero con pluma, jubón, calzón, calzas largas y bragueta.

En el retablo de Indiuráin también podemos observar detalles que no cuadran con la escena representada de la circuncisión de Jesús.
                                                      
                                                     Induráin.[7]

Siguiendo con el relato de la vida de Santa Eulalia, la escena de la derecha representa su martirio el día 10 de diciembre del 304.
La tortura es a base de golpes con varas de hierro y para producirle más dolor  colocan antorchas encendidas sobre las heridas. Al prender el fuego en su cabellera muere quemada y asfixiada por el humo.
Eulalia es un nombre griego que se compone de EU=Bien + LALOS=Hablar, lo que daría como significado “LA QUE HABLA BIEN”[8], como lo demostró con su corta edad de 12 años ante los poderosos.

Santa Eulalia con la palma del martirio.


3º. El ático:


La calle central del ático lo ocupa la escena de la crucifixión de Jesús. En el monte Gólgota o de la calavera y sobre el paisaje del anacrónico urbanístico de Jerusalén resalta en el primer plano inferior la calavera, la muerte. En un segundo plano se alza Jesús crucificado ya difunto y a sus extremos la figura de María, la madre de Jesús, que mirando desde lo alto a las gentes que contemplamos la escena nos recuerda con su brazo izquierdo bajado y su dedo índice extendido señalando la calavera, que moriremos también, como se nos indicaba también en el Banco del retablo, pero al mirar hacia el apóstol Juan el movimiento de su cuerpo nos dirige a la contemplación devota y silenciosa de Jesús muerto en la cruz.
                                
                                     Santo Obispo ¿?   
                                
                                                  San Esteban

A ambos lados del calvario se representan a dos personajes santos. El de la derecha es San Esteban, uno de los siete diáconos que eligieron los apóstoles en la asamblea de los creyentes para realizar necesidades más de la vida diaria, como atender a las viudas en su asistencia cotidiana, mientras que los apóstoles se dedicaban a la oración y al evangelio. Fue el primer mártir. Por ello se le representa con un libro abierto, representando la palabra de Dios y sobre él unas piedras, pues fue, según la costumbre judía, lapidado como blasfemo. En la mano izquierda porta la palma del martirio como símbolo de la victoria de la fe.
El personaje de la izquierda es un obispo, aunque no lleva ningún símbolo que nos permita saber de quién se trata. ¿San Agustín? 
                                   
                                                  Adán. 
                                                 
                                                    Eva.

Ocupan los extremos del ático la referencia a los orígenes de la humanidad, según la Biblia. Adán y Eva en el Paraíso Terrenal. Cada cual bajo un árbol. Adán bajo el árbol de la Vida. Eva bajo el árbol del Conocimiento del Bien y del Mal, tentada por la serpiente. Como de un árbol vino la muerte, del árbol de la cruz vino la vida, en alusión al triunfo de Jesús sobre la muerte y su resurrección.


Remata el retablo el frontón por el que asoma el Padre Eterno, como emperador del mundo mirando hacia los fieles, bendiciendo y portando en su mano izquierda la corona de su rango.


4º. Los dos retablos laterales:



En el lateral derecho del presbiterio está el retablo de Santa Catalina de Alejandría, que forma parte del inventario citado de 1701. Contemporáneo del retablo mayor, estaría colocado en alguna capillita lateral realizada en el muro de la iglesia medieval, como el existente en la iglesia de San Martín de Artáiz fruto de las obras de remodelación de la iglesia medieval a consecuencias del concilio de Trento. 

Santa Catalina de Beróiz.

Lo mismo que el correspondiente a San Antón, que actualmente se sitúa a la izquierda del retablo mayor.

           
 San Antonio es uno de los santos más populares. (251-356) Egipto. Fundador de la vida eremita, vivió como asceta. Popularmente en nuestros pueblos se le considera el patrono de los animales y en su día, el 17 de enero, se les bendice. Se le representa con un cerdo a sus pies, pues en la Edad Media tenían la costumbre de dejar cerdos sueltos por las calles para que la gente los alimentara y luego se mataban y se repartía su carne entre los pobres. Es característica del hábito de los antonianos la TAU que llevan en el pecho, que es la última letra del abecedario hebreo y con esta marca se señala a los elegidos. 


Porta un libro abierto en el que la primera palabra es NOMEN

¿Seremos dignos de figurar en el libro?

                         Libro de San Antón: Nomen.

[1] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Garro. C/203- nº 25  48folios
[2] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Garro. C/162- nº 28  28folios.
[3] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Garro. C/176- nº 4  40folios.
[4] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Garro. C/203- nº 25  48folios.
[5] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Mazo. C/532- nº 2  41folios.
[6] Archivo Diocesano de Pamplona; Secr. Ollo. C/830- nº 1 52 folios.

[7] http://simeonhidalgo.over-blog.com/article-curiosidad-tecnica-en-el-retablo-de-indurain-64471202.html
[9] MIKEL ZUZA; Izaga en el corazón, Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, Editor Simeón Hidalgo Valencia; Pamplona 2016;págs.:. 90-106