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viernes, 28 de marzo de 2025

SAN MIGUEL DE IZAGA. HISTORIA DE UNA RESTAURACIÓN (1975-1986)

 

SAN MIGUEL DE IZAGA. HISTORIA DE UNA RESTAURACIÓN (1975-1986)

 Por Simeón Hidalgo Valencia (28 de marzo de 2025) 



¡Qué, Mikel!

- ¿Por qué no te animas a hacer un libro con los papeles escritos que dejó tu padre sobre la ermita de San Miguel de Izaga?, preguntaba una y otra vez a Mikel Zuza, compañero de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa y buen escritor, además de bibliotecario. 

Y siempre me contestaba que a ver cuando encontraba tiempo para organizarlos, pero que sí.

 -Algo habrá que hacer porque dejó recopiladas sus memorias, sus cartas a la prensa, las fotos, …todo lo relativo a la restauración de la Ermita de San Miguel, que en aquellos tiempos amenazaba ruina. 

Y así, una y otra vez, transcurrieron unos cuantos años, hasta que un día, al principio del verano de 2024, me comentó que si pudiera encargarme yo. Como pensé que sería muy bueno para la memoria del patrimonio de Izagaondoa dejar por escrito la historia de esta restauración, al igual que se hizo en 2015 con los escritos de D. Juan Otano Liberal (Juanito), publicado con el título de “Izagaondoa. Cosas de Antaño”, me pasó el material perfectamente ordenado, tal como lo dejó recopilado su padre, D. Fermín Zuza Zunzarren, natural de Zuazu de Izagaondoa. 

Fue, precisamente, el 23 de julio de 2024, a la vuelta de la conmemoración en la cima de Leguín, -donde presenté mi última publicación titulada “Castillo de Leguín. En la Memoria y en la Historia (924-2024)”- del 1100 aniversario de la destrucción de su Castillo por las huestes de Abderramán III, en su campaña del 924 contra Pamplona, cuando me entregó este material. 

Desde entonces, con calma, he ido trabajando en este último libro, cuyo autor es D. Fermín Zuza Zunzarren y como digo en su epílogo: “Lecciones para el futuro”: 

“He tenido la suerte de leer y releer y empaparme durante una buena temporada de los escritos que dejó bien ordenados y localizados el Sr. Don Fermín Zuza. Sus “MEMORIAS” decía él, precisamente porque era consciente de que con los años la memoria flaquea y se vuelve olvidadiza.

Para mí, siempre llevará el Don por delante, pues desde el primer día en que lo conocí, precisamente en la Ermita de San Miguel de Izaga, el día de la romería del año 2010, me di cuenta de que estaba ante una persona profundamente enraizada a su tierra, a sus tradiciones, pero que, con tesón miró siempre hacia adelante para conseguir la restauración de la Ermita-Basílica de San Miguel.

Como persona “entusiasta” de la restauración de su ermita milenaria supo motivar a sus parientes, vecinos, compañeros de trabajo y a toda persona con responsabilidad, fuera funcionaria, técnica, política o directiva de distintos departamentos del Gobierno de Navarra, para lograr el objetivo propuesto.

Aunque no le gustaba destacar y siempre se consideraba uno más en este trabajo de equipo, la verdad es que leyendo con atención sus escritos se descubre que él fue el motor que movió y estuvo al tanto de cada uno de los pasos que se tuvieron que dar a lo largo de la década que transcurrió desde que comentó su idea a su primo Paulino, hasta que asistió a su reinauguración el 25 de mayo de 1986. Entre estos dos puntos, muchas idas y venidas, mucha paciencia, muchos temores, pero siempre con el objetivo claro: que la ermita de San Miguel de Izaga siguiese en pie por mil años más”. 



¿Quién se acuerda de estas imágenes de la Ermita-Basílica de San Miguel de Izaga?

Gracias a un grupo de “entusiastas de la Ermita” se logró que, ahora hace 50 años, se comenzaran a dar los primeros pasos para que este edificio religioso, que conglomera el sentir espiritual de los habitantes de la Comarca de Izaga en su devoción a San Miguel, llegara revitalizado hasta nuestros días. Así se lo manifestamos a los supervivientes de entonces en el acto de la conmemoración de los 25 años de la restauración de la Ermita-Basílica en el 2011, con ocasión de la inauguración de la Exposición Etnográfica de Izagaondoa.


De izquierda a derecha: José Mª Eslava, Paulino Zabalza, Fermín Zuza y Felipe Ituláin.

 Pero hasta que llegó la reinauguración de 1986 habían pasado 10 años. “Las cosas de palacio…despacio…”, pero lo lograron. Una lección para todos los que intentamos seguir sus pasos para que el patrimonio de Izagaondoa brille por mucho tiempo, generación tras generación. 

Este libro: “San Miguel de Izaga. Historia de una restauración (1975-1986)” nos descubre todos los pasos dados, uno tras otro, de despacho en despacho, de conversaciones, de cartas a la prensa, de reuniones, de momentos de desánimo, pero manteniendo siempre el coraje de cumplir con el objetivo propuesto ante más de las cincuenta personas o instituciones en cuyas puertas hubo que llamar hasta conseguirlo. 

Con un nutrido reportaje de imágenes que visualizan año a año el estado de la Ermita, es una publicación que pide permiso para entrar en todas las casas de la Comarca de Izaga y más allá, pues a lo largo de sus casi 300 páginas cautivará al lector con hechos reales y le invitará a ascender y visitar, como un romero penitente más, hasta la morada de San Miguel, en la higa de Izaga. 

Si está interesado en adquirir algún ejemplar puede llamar al 659303994, pregunte por un servidor, que con gusto le atenderá y anotará su reserva. 

El precio de venta es de 20€. La tirada, como siempre, es limitada, por lo que conviene solicitarlo cuanto antes. Si vive en el Valle de Lónguida, Izagaondoa, Ibargoiti, Unciti, Monreal, Urroz-Villa, Urraúl Bajo, Lizoáin-Arriasgoiti, y si está interesado por temas del Patrimonio de Navarra, no se lo piense y solicítelo ya.

La Asociación Grupo Valle de Izagaondoa se lo agradece de antemano.
















sábado, 15 de enero de 2022

ROMERÍAS A IZAGA - ITZARAKO SAN MIGELEN ERROMERIAK

 

ROMERÍAS A IZAGA

ITZARAKO SAN MIGELEN ERROMERIAK

 Por Simeón Hidalgo Valencia (15 de enero de 2022)


 

Este es el título de la última publicación de la colección “Navarra”, de Fernando Hualde y de Joseba Urretavizcaya, que se presentó ayer en Urroz, 14 de enero de 2022, literariamente denominada desde hace unos meses “Villa del Libro”.

Como siempre que mi amigo Fernando presenta alguno de sus trabajos me gusta asistir y aunque los últimos me los he perdido a causa de la pandemia, a éste, me dije, no puedo faltar. Se trata de Izagaondoa y de un nexo común que une a las gentes de esta Comarca de Navarra que suben, peregrinos y penitentes, a lo alto de la cumbre de la Higa o Peña de Izaga, donde se levanta la hermosa y singular ermita-basílica de tres naves como morada de San Miguel, al que se le pide intercesión y consuelo para que sus vidas se vean libres de cualquier mal, y si éste llega lo puedan mejor superar.

Últimamente es un hecho que esta tradición de siglos parece estar en trance de desaparecer. La gente se va haciendo mayor y es ley de vida ir a menos físicamente, aunque la fuerza mental y la ilusión se mantengan. El cambio generacional y las nuevas maneras de vivir ponen el acento existencial en otras perspectivas donde la espiritualidad tradicional queda en gran medida relegada y poco a poco la manera de vivir en épocas pasadas se va difuminando hasta su desaparición. Esto lo vio Fernando desde hace años con mucha claridad y se propuso el arduo trabajo de hacer de notario de un estilo de vida, de pensamiento, de creencias, de acciones, de tradiciones y ocupaciones que los nuevos tiempos relegaban a su extinción y quiso dejar constancia de todo ello a través de un trabajo minucioso de hablar con los mayores de los pueblos y mantener viva la memoria de las gentes, recopilando sus recuerdos.


Hay que RECORDAR y, mientras podamos, también CONSERVAR y RENOVAR. Los dos primeros objetivos los logra Fernando, en parte, con publicaciones. Lo escrito, escrito queda y da fe al futuro a través del testimonio de los informantes y de las imágenes. Es una labor de mente pionera por la cual, como decía en otro artículo titulado
“Fernando Hualde. Navarra está en deuda con él”[1], hay que reconocérselo oficialmente.

Quizás lo más difícil sea el renovar, pues la poca juventud arraigada en estos valles del entorno de Izaga en su gran mayoría va por otro camino. Quizás esa pequeña minoría, pueda de alguna manera dar un toque nuevo a estas romerías. Si lo consigue las romerías a Izaga se mantendrán en su esencia, no tanto en su forma externa. Aunque no suban penitentes entunicados con la cruz a cuestas haciendo penitencia, sí puede ser un día de fiesta de hermandad, solidaridad y encuentro en lo alto del monte con el compromiso de buena vecindad y de colaboración en la tarea de mantener viva la Comarca de Izaga, trabajando unidas las gentes de los distintos Ayuntamientos, Villas y Pueblos.

Y si aún así las romerías desaparecen siempre se recordarán. Lo escrito, escrito queda y da fe de lo que en otro tiempo se hizo y quién sabe si alguien, algún día añorará algo de lo que los antepasados vivían y rescatará, gracias a los libros de Fernando, lo que en la primera parte del siglo XXI languidecía.

Por mi parte, ya digo que para la próxima romería, que espero sea este año, y si salgo bien de lo que me espera en breve, me apunto. Ojala pueda subir por mi propio pie. A San Miguel se lo prometo. 

Y para que se recuerde el acto al que ayer asistí aquí dejo un testimonio gráfico con mi agradecimiento a Fernando por su dedicatoria. El cariño es mutuo.















martes, 13 de junio de 2017

DE ROMERÍA A IZAGA-2017

DE ROMERÍA A IZAGA – 2017

Por Simeón Hidalgo Valencia (13 de junio de 2017)

Son casi las 8 horas del domingo 11 de junio de 2017, cuando desde el recogido silencio depositado en la tumba, se levanta hacia Izaga una oración por los que en otro tiempo en las casas de Urbicáin se preparaban, cual romeros, para cumplir con el rito de subir a pedir el amparo de San Miguel Arcángel.

Eran otros tiempos en que la vida pululaba por sus calles, aunque hoy se ha convertido en ruina y yace en el peligroso silencio y deterioro de sus casas abatidas progresivamente por los suelos. Sólo en la granja se nota actividad.


Pero hoy, 11 de junio de 2017, las calles apartaban sus escombros al paso de los romeros, que en goteo, las atravesaban entre murmullos de oraciones. Porque hoy  Urbicáin también ha sido punto de salida hacia Izaga y meta de llegada para depositar en sus ruinas una posible esperanza de que sus descendientes no lo dejen desaparecer del mapa. Hoy han sido dos los romeros que desde este despoblado casco han cumplido con el rito y reanudado, después de muchos años, la tradición penitencial.


Yo, que he sido testigo, lo valoro no sólo desde el punto de vista espiritual, sino como defensor del patrimonio, también desde ese punto de vista, pues su conservación es vital para la vida amenazada en varios lugares del valle de Izagaondoa y lo considero un pequeño, pero gran gesto, por recuperar desde la memoria de los descendientes de Urbicáin la vida para el lugar de sus antepasados y la emoción es algo inevitable.

Una pequeña cruz prestada, que no la original de Urbicáin, fue portada hasta Izaga haciendo el camino con la de Turrillas y la de Induráin y fue la décima de entre las que este año estaban presentes en la ceremonia de la bendición de los campos.

 Despedidos los romeros de Urbicáin me acerqué hasta Ardanaz con la curiosidad de ver quiénes y cuántos serían los penitentes entunicados portadores de la cruz hacia el monte, pues la edad y las enfermedades van haciendo mella en los que aún se atreven a realizar este esfuerzo y sí, allí estaban las cruces preparadas en el zaguán de algunas casas. Buen signo. Aunque ha habido refuerzos desde Gernika y mientras el cuerpo aguante toda ayuda es positiva a falta de que otros más jóvenes que se apunten y sigan con esta tradición, aunque ya sabemos que la vida cambia y tampoco hay que agarrarse al pasado porque sí. Nuevas formas surgirán, seguro. 




Como ya no puedo hacer esfuerzos de subir por caminos de montaña en Zuazu me planté haciendo dedo para subir a la ermita-basílica de San Miguel y fue Rafa de Ardanaz y sus amigos de Gernika quien me subieron y en la subida nos topamos con los romeros de Zuazu, Lizarraga, Reta, Artáiz y Urroz haciendo la parada obligada de oración mirando hacia el santuario de la Virgen de Uxue y desde Izaga la dulce paloma recibió agradecida sus oraciones. Especialmente hoy que se podía ver con bastante nitidez la atalaya navarra presidida por este santuario mariano.



Es el último repecho, que los romeros encaran con nuevos ánimos desde todos los puntos de ascenso y llegan y saludan a su protector en la cumbre y colocan las cruces blancas parroquiales junto al altar y llegan los penitentes desde Ardanaz y los de Iriso y los de Turrillas y los de Induráin y los de Urbicáin  y los cantos se suceden y en la misa se recuerda a los que ya no pueden subir físicamente porque nos han dejado, pero que en la mente de sus seres queridos y de los que los hemos conocido están presentes.


Todo el valle en las alturas. Saludos. Charlas amigables. Sana convivencia que, como pidió el párroco, ha de mantenerse en el día a día en el valle.
  
Y la bendición de los pueblos y sus gentes y de campos al norte, al sur, al este y al oeste y el descenso de unos a la rutina diaria en el valle, mientras otros nos quedamos para seguir la fiesta en la comida que los de Induráin preparan todos los años. Y a los postres el sonido de un acordeón nos invita a cantar en buena armonía y convivencia. Todo casi perfecto, pues siempre hay algún punto que mejorar para que la convivencia sea plena. Quien lo tenga que reflexionar…





Son las 18 horas y los últimos romeros se despiden de su arcángel protector, señor de la cumbre de Izaga y los cantos gozosos se repiten y se cierra la puerta y San Miguel (Amo y Criadico quedan al silencio de la cumbre) y los romeros de Urbicáin, junto con los de Induráin, descienden a sus pueblos. 



Hasta el año que viene, nos dicen. 

Agur.