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sábado, 3 de octubre de 2020

LERGA. 10 AÑOS DESPUÉS

 

LERGA. 10 AÑOS DESPUÉS 

Por Simeón Hidalgo Valencia (03 de octubre de 2020)

 


Estuve por primera vez en la villa de Lerga con ocasión de mi trabajo de investigación sobre las marcas de cantería. No recuerdo el año, pero sería allá por 1999, época en que recorría Navarra visitando los edificios iniciados en tiempos de lo que hoy denominamos “estilo románico”, tratando de identificar, recoger, contabilizar, fotografiar y calcar las huellas que los canteros medievales grabaron en los sillares de algunos de estos edificios. En esta primera ocasión me centré en observar los de la iglesia de San Martín y mi sorpresa fue que no encontré ninguna marca de cantería, por ello no aparece en la publicación titulada “Canteros románicos por los caminos de Navarra”, que vio la luz diez años después, en el 2009. 

Otra visita fue en 2010, cuando asistí, con “Los Amigos del Románico”, a un recorrido que, iniciado en Lerga, nos llevó a conocer las ruinas de la iglesia de Santa Elena en Abaiz, las iglesias de Gallipienzo y por la tarde las de Aibar. 

Y ahora he vuelto a Lerga, pasados otros diez años, el 30 de septiembre de 2020, cuatro días después de presentar en la misma ermita de San Zoilo el libro “Las marcas de cantería en San Zoilo de Cáseda”. He vuelto porque uno de los asistentes interesados en el tema me comentó que en una casa de Lerga había una ballesta grabada y como al día siguiente recibí del informante un correo que decía: “Aquí te envío la ballesta que te comenté ayer. Está en la entrada de una casa en Lerga”, aproveché este buen día del veranillo de San Miguel para ir a recogerla. 

Daban las cinco en el carrillón del reloj cuando llegué y de inmediato comencé a fotografiar detalles de la villa comenzando por su plaza, lugar en que aparqué. Me dirigí hacia la iglesia donde me llamó la atención el antiguo cementerio con abundantes fosas numeradas y con las inscripciones de los nombres de las personas que allí reposan a las mismas puertas de la iglesia. Me hizo recordar al suelo del claustro de la iglesia del lugar de Erraztu, en el Baztán, todo él con enterramientos cubiertos con losas con los nombres de los difuntos, o el de la misma catedral de Santa María de Pamplona, aunque aquí sólo aparecen los números de las tumbas. 


En la plaza donde está la iglesia también está la Casa Consistorial, custodiados ambos edificios por un silencioso perro atado con una cadena a una palmera, obra en madera del artista Ángel Illera, conocido como “Angelillo”. 

Rodeando la iglesia doy a una calle que desciende, cuyas dos últimas casas tienen frondosas parras, aunque la cosecha de este año no es muy buena. 


Como la foto de la ballesta que me envió mi informante Josemari Iriarte está grabada en un soporte del dintel de una puerta me voy fijando en todas ellas y por suerte en la última casa, que lleva el número 5, la localizo. Mientras la calcaba sale el señor de la casa y le comento lo que hago y muy amablemente responde y me informa también de otra que él ha visto en una casa en ruinas, “pero apenas se puede ver porque la pared estaba cubierta por la hiedra. La sequé, pero hay mucha rama que tapa la pared.” Yo le comento que un tal Josemari Iriarte me informó de esta ballesta.

- ¿Quiere estar con él?

- ¿Ah, pero vive aquí?

- Sí, sí, ahí arriba. Creo que está en casa. Ya le voy a llamar. 

Sigo calcando la marca de la ballesta y oigo a lo lejos:

- ¡Josemari!

- ¿Qué hay?

- Ahí, un señor que quiere saludarte.

- ¿Un señor?

- Sí, que está dibujando la ballesta de la casa.

- ¡Ah, sí, será Simeón, que presentó el otro día su libro en San Zoilo! 

Cuando baja nos saludamos y entablamos amigable conversación, hasta el punto de que se ofrece a enseñarme su pueblo y junto a él y al dueño de la casa de la ballesta, conocida como la de Martín Andrés, que se llama Carlos Zabaleta, vamos a ver si encontramos la de la casa en ruinas, pero es imposible. Los restos de hiedra tapan los muros. 


Recorremos todas las calles de Lerga y voy recogiendo grabados, escudos y claves con la cámara en muchas casas de linaje hidalgo y calco alguno de estos grabados como el situado en la jamba derecha de la puerta de Casa Jenara, diseño nuevo para mí. Todo se lo conoce Josemari al detalle y frente a uno de ellos me comenta: 



-Ese escudo dice abajo que pertenece a un tal Urniza.

Inmediatamente me viene a la memoria el lugar de Turrillas, en el valle de Izagaondoa y le comento:

- ¡Qué casualidad!, pues en Turrillas también hay un palacete con escudo donde pone Urniza. A ver si son iguales.

Y claro que lo son. Ahí están las mismas 13 cruces de San Andrés… y así en nuestra conversación entroncamos también con una relación de parentesco entre gente de Lerga y de Turrillas, pues su señora resulta que es sobrina de Baldo y de Teresa, de Casa Hualde.





De lo que más me gustó del recorrido fue cuando mi cicerone me enseñó parte de su trabajo de cantería, pues resulta que Josemari tiene buena mano, como buen artista, también para la talla de la piedra. Los cuatro elementos se plasman en la finca de una vecina. El aire, el agua, el fuego y la tierra, marcan cuatro de los puntos de la finca representando sucesivamente un molino de viento, la luna, el sol y el planeta Tierra. 

Nos acercamos a la parte baja del pueblo donde también hay casas que muestran en sus restos de ventanas geminadas el antiguo abolengo de sus moradores y en una de ellas veo que en las ménsulas que sostienen el dintel hay sendos grabados. 


- ¡Otra Ballesta!
, digo con admiración, pues no me esperaba este regalo. Está a la derecha de la puerta según miramos, es más grande que la de Casa Martín Andrés.

A la izquierda se ha grabado, con profundo trazo, una flor hexapétala. Saco la foto correspondiente y mientras pienso que ya se termina la visita me dice Josemari:

- ¿Te apetece ver cómo ha quedado la iglesia de Abáiz?

Ante tal invitación no me puedo resistir y sin dudarlo acepto la invitación.

-Si no hay problema por tu parte sí me interesa, sí. 


Josemari se frece a llevarme hasta el antiguo señorío en su coche, que está aparcado delante de la casa que en mis primeros pasos por la villa me llamó la atención por lucir la clave de su puerta el monograma de Jesús y algo más a su derecha. Esta es su casa y estando en ella conozco que también es aficionado a la talla de la madera y el escudo de su apellido Iriarte que luce en el zaguán da buena prueba de ello. También me aclara y descifra ese algo a la derecha del monograma de Jesús que no controlaba.

-Hay una llave- me dice. 

Además, resulta que hoy es el cumpleaños de mi guía y su señora ha hecho rosquillas y me invita a probarlas. Deliciosas.

-Feliz cumpleaños, Josemari. 

Camino de Abáiz se pasa por un pequeño museo al aire libre donde las esculturas realizadas por “Angelillo”, aprovechando los árboles secos, son una bonita atracción para chicos y grandes que no hay que perderse. 


La hermosa tarde va declinando tranquila y a lo lejos, en lo alto, asoma la iglesia de Abaiz. Al llegar compruebo que el trabajo realizado para consolidar la ruina y evitar el derrumbe total ha sido intenso y ha dado sus frutos.  


Josemari me explica, con detalle, y aprecio que también con cariño, la historia del antiguo señorío mientras
entramos y recorremos las estancias de este remozado esqueleto arquitectónico, en el que algunos de sus sillares se asemejan a los vistos en la recién consolidada igualmente ruina de Elizaberria de Ibargoiti por lo que en esa zona nos podríamos remontar al siglo XI.

Digo que con cariño porque como me revela más adelante: “mi madre vivió aquí”.

El cariño por Abaiz es notorio y gentes que le conocen lo ponen de manifiesto. Así me lo han contado conocidos comunes cuando les digo:

-Tuve la suerte de que me hizo de guía…”

- ¿Quién, Josemari? Es que se desvive y cuida desinteresadamente Abaiz y lo enseña y explica a quienes lo visitan. 

Como miembro destacado de la “Asociación Amigos de Abaiz” pone en práctica sus conocimientos y realiza trabajos de albañilería, cantería y de lo que haga falta para mejorar día a día la zona. 


En la antigua era hay un empedrado-brújula señalando los puntos cardinales. Lo ha hecho él, y también el muro de piedra para contener la ladera y el menhir que indica el nombre del lugar y las escaleras, y…
 



El sol se pone y de regreso le comento lo bien que me lo he pasado esta tarde y le doy las gracias por su compañía. Gracias a Josemari he conocido Lerga y Abaiz “por dentro”. Llegué después de diez años de mi anterior visita para hacer la foto y el calco de una ballesta, pero regreso con dos, un montón de fotos de las casas señoriales de Lerga con detalles muy interesantes y, sobre todo ello, me llevo la certificación de que la gente de Lerga es muy maja, simpática, generosa y acogedora, pues reciben al visitante con las manos y sobre todo con el corazón abierto y puedo decir que en Lerga, al menos, tengo ya un amigo. Se llama Josemari Ir
iarte.



martes, 28 de julio de 2020

EL PUENTE COLGANTE DE LARRÁNGOZ. VALLE DE LÓNGUIDA


EL PUENTE COLGANTE DE LARRÁNGOZ.
VALLE DE LÓNGUIDA

Por Simeón Hidalgo Valencia (28 de julio de 2020)

El Puente Colgante de Larrángoz sobre el río Irati es una de esas estructuras civiles creadas por la ingeniería para poder cruzar de una orilla a otra sin tener que penetrar en el río. No hace falta decir que con el paso del tiempo y la despoblación del lugar de Larrángoz esta obra, como otras similares, han perdido su razón de ser y, o han desaparecido o fenecen por falta de un mínimo mantenimiento que hace que transitar sobre él sea una aventura peligrosa.

Cuando me acerco hasta Larrángoz y cruzo este puente compruebo con pena que cada vez está peor. Su firme de tablas sería digno de una nueva aventura de Indiana Jones que bien pudiera titularse “Indiana Jons y el misterio del caballero descabezado”, pues cruzar este puente tibetano es obligado para poder llegar a ver la iglesia en cuya portada está esculpido el misterioso caballero descabezado que sin voz no puede revelarnos los secretos que esconde este abandonado lugar oculto en la progresiva selva.

Cada vez que me acerco me pregunto si no habría una solución para este puente y este lugar del Valle de Lónguida, zona navarra que sufre los males del envejecimiento poblacional, de la despoblación y abandono de muchos de sus pueblos.

Quizás sea cuestión de sensibilizarnos ante el patrimonio y de valorar y poner en el circuito cultural también estos despojos de tiempos pasados y darles una segunda oportunidad, quizás habría que decir, darnos una nueva oportunidad a los que todavía creemos en la posibilidad de vida en estos pueblos. Quizás lo que nos están pidiendo es una reconversión para que estas ruinas, estos despojos culturales y patrimoniales contribuyan de nuevo al desarrollo del valle y de la comarca.

¿Por qué digo esto?
Porque al menos tanto el puente, como la iglesia, el palacio de Larrángoz y alguna casa más, siguen en pie, por ahora. Ya veremos por cuánto tiempo en el caso de la iglesia. Y como dice el dicho: “Mientras hay vida hay esperanza”. Otros, como el gran Puente Colgante, existió hasta que el progreso del Pantano de Itoiz acabó con él.

¿Por qué digo esto?
Porque otros ya han hecho lo que comento y lo han reconvertido en aventura, recreo y diversión en contacto con la Naturaleza y han hecho de su puente colgante, puesto al día, el centro de atención de una Ruta Natural de Senderismo que parte desde Aribe. Puente, también sobre el cauce del río Irati, más pequeño que el de Larrángoz, al que ahora se le saca fruto y el mismo Aribe es uno de sus beneficiarios.
Hice esta ruta el día 19 de julio y pude comprobar cómo actúa de polo de atracción de las gentes, ansiosas de disfrutar de la Naturaleza en familia con sus mascotas y todo.

Y para que no quede todo en buenas consideraciones, aquí aporto una sugerencia de vida tanto para el puente como para Larrángoz, así como para los Valles de Lónguida, Izagaondoa y Urraúl Bajo a través de sus poblaciones de Murillo de Lónguida, Turrillas y Grez.

Es una posible RUTA DE SENDERISMO que ahora presento, consciente de que habrá que pulir y perfilar en sus detalles, pero que puede aportar un buen día de paseo a los amantes de la Naturaleza, del Turismo Cultural, de nuestros pueblos y de la Comarca de Izaga. Una ruta que yo aporto y que en parte ya la hemos realizado desde la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, a la que se la ofrezco como actividad de su nuevo proyecto MECNA: “IZAGAONDOA VIVE-IZAGAONDOA BIZIRIK”.

Si los respectivos Ayuntamientos la tienen en cuenta y se unen para potenciar estas joyas populares quizás nuestros pueblos tengan más vida.

1º. El punto de salida y de llegada será la población de Murillo de Lónguida, Después de visitar el caserío del lugar y contemplar algunas de las portadas de sus casas llegaremos hasta lo alto, donde está la iglesia. Desde ahí bajaremos por el camino rural hacia el río Irati y al llegar a él seguiremos su curso hasta llegar al Puente Colgante.

2º. Cruzaremos el puente con precaución, sintiendo la emoción de su bamboleo y contemplando las aguas fluir a nuestros pies. Con imaginación nos podemos sentir como protagonistas de película de aventuras.
Al llegar a la otra orilla seguiremos el camino hacia la derecha bordeando el río hasta llegar a encontrarnos con la falda de la Sierra de Gongolaz  y tomaremos el camino que sube hasta el pueblo de Larrángoz. Un hermoso roble nos dará la bienvenida junto al tapial que defiende a la abandonada iglesia de San Bartolomé.
El pueblo está deshabitado y los edificios que se mantienen en pie están en este momento en proceso de ruina, pero a tiempo aún de salvarlos para el turismo. Iglesia, Palacio y Caserón. La portada de la iglesia es lo mejor, artísticamente hablando del lugar con su caballero y águila cazadora. Portada que forma grupo con las cercanas iglesias de Redín y Lizoain y con el grupo escultórico de la ventana de la iglesia de Zuazu.

3º. Seguimos el camino hacia la cumbre por el camino que nos llevará a la otra vertiente del monte desde donde divisaremos el Valle de Izagaondoa. Orientaremos nuestros pasos hacia Turrillas donde podemos descansar y tomar un aperitivo junto a su fuente románica y visitar después su iglesia y en ella su original pila bautismal.

4º. Desde Turrillas tomaremos el camino que nos llevará a Grez y llegando a esta población visitaremos su caserío y recordaremos al Señor de Grez y visitaremos la iglesia restaurada hace pocos años con muestras de pinturas renacentista que están por restaurar.
Podemos descansar un rato en el merendero y después proseguir la ruta por sendero del monte hasta llegar de nuevo a Larrángoz y desde aquí desandar el camino hacia el Puente, revivir las emocionas al cruzar el río y volver a Murillo de Lónguida.

Esto sería a groso modo el recorrido, que como digo habrá que definir más al detalle, marcar la ruta, abrir partes del recorrido al público, pues hay zonas que se han cerrado, hacer la ruta marcando desniveles, esfuerzos, dificultad, tiempos, etc. Ruta que puede ser perfectamente para ciclistas y caminantes.

Lo que importa es que demos vida a lo que nuestros pueblos tienen de interés y hagamos algo entre todos, con la unión de los distintos ayuntamientos y el Puente Colgante de Larrángoz, convenientemente restaurado, puede aglutinar una ruta muy interesante en la que a lo largo de su recorrido disfrutaremos de la Naturaleza, de la Historia y del Arte, haciendo realidad lo que denominamos Turismo Cultural.



  Murillo de Lónguida.

Portada de la iglesia de Larrángoz.

Fuente románica de Turrillas.




domingo, 11 de marzo de 2018

LA FUENTE DE IDOATE - IZAGAONDOA - NAVARRA


LA FUENTE DE IDOATE – IZAGAONDOA – NAVARRA


Por Simeón Hidalgo Valencia (11 de marzo de 2018)


Una vez más hablo de la fuente medieval de Idoate, la única del valle de Izagaondoa que todavía sigue a la espera de que “a quien corresponda” se fije definitivamente en ella y tenga un poco de compasión y la rehabilite de una vez.

¿Qué por qué hablo de nuevo de esta fuente medieval?

Porque el pasado 8 de marzo, me acerqué hasta Idoate para buzonear una comunicación a los vecinos invitándoles a la reunión informativa del día 18 de este mes a las 12 horas en la Sala Socio-Cultural del ayuntamiento, pues desde la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa tenemos un proyecto de edición de un libro sobre las Casas de Izagaondoa-2018 y queremos contar con la colaboración de los mismos y, ya que estaba, por allí me acerqué a ver la fuente y su entorno.


La reflexión que me hice es que bien merecería un plan de conjunto esta zona de Idoate, pues forma parte del patrimonio de Izagaondoa al igual que las fuentes o aljibes de Zuazu, Reta, Ardanaz, Turrillas e Induráin, sin olvidarnos de la fuente de Artáiz, paso obligado del recorrido de Idoate a Guerguitiáin.

Estos aljibes medievales citados están todos rehabilitados y se mantienen en perfecto estado. No así el de Idoate y en más de un artículo lo he hecho saber, pero parece que este rincón de Izagaondoa, punto de partida o meta de la actividad que de vez en cuando programa nuestra asociación titulada “La ruta del agua por Izagaondoa y comarca”, está gafada en el mejor de los casos.

De esta fuente escribí ya en el 2011 lo siguiente:
“La fuente de Idoate se ubica, como todas las demás, a las afueras de la población. En este momento es la que requiere una mayor actuación, pues se encuentra bastante deteriorada al exterior. Se adivina en el frontal de la fuente los restos de un pequeño pórtico, del que quedan algunos sillares como testigos. La entrada al aljibe está cegada y el único vano de entrada se limita a un pequeño ventanal taponado por una estructura metálica agujereada. Como el agua se aprovecha en la actualidad y se saca con motor, se ha colocado en el tapial frontal una caja metálica para guardar los mecanismos eléctricos. Al exterior se adivina entre la vegetación la estructura abovedada del aljibe.
La fuente alimenta también al antiguo abrevadero y al lavadero del pueblo, recuerdo pasado, que se encuentra rehabilitado.
Como podemos observar, una vez despejado el camino, el suelo está empedrado. Una pronta actuación puede recuperar este entorno como lugar de solaz y de paseo para las gentes del lugar.
Al exterior se adivina, como hemos visto ya en otros lugares, una fachada porticada con bóveda de medio punto. A la izquierda, como en Induráin o Zuazu, el banco de piedra cumplía las mismas funciones y a su lado la abertura del aljibe, que mide 50cm de anchura por 60cm de altura y 22cm de grosor. Esta entrada tiene su base con curvatura por donde rebosa el agua sobrante camino del  abrevadero y del lavadero. La plataforma de la derecha es más elevada y serviría para colocar el balde o el cántaro de agua que se iba a transportar hasta la casa sobre la cabeza. Se facilitaba así esta operación que requería mayor esfuerzo.
La fachada tiene 188cm de anchura total, de los que 111cm corresponden al arco. Su altura total, desde el nivel del suelo a la parte más elevada del extradós del arco es de 209cm.
A la espera de poder penetrar en el interior de esta fuente he podido fotografiar someramente su interior que es un pequeño recinto abovedado de forma rectangular de 95cm de ancho y unos 120cm de largo por más o menos unos 200cm de profundidad, a decir de los vecinos de toda la vida a los que pregunté. Pero esta fuente, por lo que me cuentan, tiene otro compartimento, pues hay una puerta inferior que da paso al mismo.
…Por los datos que he podido obtener la capacidad del primer recinto podría estar alrededor de los 2.280 litros de almacenamiento, amén del resto no visible en este momento.
La boca de la fuente está orientada al sureste.”

Han pasado ya unos años y por desgracia la última adecuación del camino no tuvo en cuenta la sugerencia de una actuación del conjunto y desde mi manera de ver fue, en parte, tirar el dinero.

Esperemos que este nuevo recordatorio llegue a “quien corresponda” y se haga un esfuerzo para poner a este rincón de Idoate tan visitable para los turistas rurales como los de Artáiz, Zuazu, Reta, Ardanaz, Turrillas e Induráin.

De la también medieval “Fuente del Moro” de Legin, de propiedad particular, no me olvido y bueno sería establecer negociaciones con sus propietarios para rescatarla de su hundimiento y abandono.





martes, 13 de junio de 2017

DE ROMERÍA A IZAGA-2017

DE ROMERÍA A IZAGA – 2017

Por Simeón Hidalgo Valencia (13 de junio de 2017)

Son casi las 8 horas del domingo 11 de junio de 2017, cuando desde el recogido silencio depositado en la tumba, se levanta hacia Izaga una oración por los que en otro tiempo en las casas de Urbicáin se preparaban, cual romeros, para cumplir con el rito de subir a pedir el amparo de San Miguel Arcángel.

Eran otros tiempos en que la vida pululaba por sus calles, aunque hoy se ha convertido en ruina y yace en el peligroso silencio y deterioro de sus casas abatidas progresivamente por los suelos. Sólo en la granja se nota actividad.


Pero hoy, 11 de junio de 2017, las calles apartaban sus escombros al paso de los romeros, que en goteo, las atravesaban entre murmullos de oraciones. Porque hoy  Urbicáin también ha sido punto de salida hacia Izaga y meta de llegada para depositar en sus ruinas una posible esperanza de que sus descendientes no lo dejen desaparecer del mapa. Hoy han sido dos los romeros que desde este despoblado casco han cumplido con el rito y reanudado, después de muchos años, la tradición penitencial.


Yo, que he sido testigo, lo valoro no sólo desde el punto de vista espiritual, sino como defensor del patrimonio, también desde ese punto de vista, pues su conservación es vital para la vida amenazada en varios lugares del valle de Izagaondoa y lo considero un pequeño, pero gran gesto, por recuperar desde la memoria de los descendientes de Urbicáin la vida para el lugar de sus antepasados y la emoción es algo inevitable.

Una pequeña cruz prestada, que no la original de Urbicáin, fue portada hasta Izaga haciendo el camino con la de Turrillas y la de Induráin y fue la décima de entre las que este año estaban presentes en la ceremonia de la bendición de los campos.

 Despedidos los romeros de Urbicáin me acerqué hasta Ardanaz con la curiosidad de ver quiénes y cuántos serían los penitentes entunicados portadores de la cruz hacia el monte, pues la edad y las enfermedades van haciendo mella en los que aún se atreven a realizar este esfuerzo y sí, allí estaban las cruces preparadas en el zaguán de algunas casas. Buen signo. Aunque ha habido refuerzos desde Gernika y mientras el cuerpo aguante toda ayuda es positiva a falta de que otros más jóvenes que se apunten y sigan con esta tradición, aunque ya sabemos que la vida cambia y tampoco hay que agarrarse al pasado porque sí. Nuevas formas surgirán, seguro. 




Como ya no puedo hacer esfuerzos de subir por caminos de montaña en Zuazu me planté haciendo dedo para subir a la ermita-basílica de San Miguel y fue Rafa de Ardanaz y sus amigos de Gernika quien me subieron y en la subida nos topamos con los romeros de Zuazu, Lizarraga, Reta, Artáiz y Urroz haciendo la parada obligada de oración mirando hacia el santuario de la Virgen de Uxue y desde Izaga la dulce paloma recibió agradecida sus oraciones. Especialmente hoy que se podía ver con bastante nitidez la atalaya navarra presidida por este santuario mariano.



Es el último repecho, que los romeros encaran con nuevos ánimos desde todos los puntos de ascenso y llegan y saludan a su protector en la cumbre y colocan las cruces blancas parroquiales junto al altar y llegan los penitentes desde Ardanaz y los de Iriso y los de Turrillas y los de Induráin y los de Urbicáin  y los cantos se suceden y en la misa se recuerda a los que ya no pueden subir físicamente porque nos han dejado, pero que en la mente de sus seres queridos y de los que los hemos conocido están presentes.


Todo el valle en las alturas. Saludos. Charlas amigables. Sana convivencia que, como pidió el párroco, ha de mantenerse en el día a día en el valle.
  
Y la bendición de los pueblos y sus gentes y de campos al norte, al sur, al este y al oeste y el descenso de unos a la rutina diaria en el valle, mientras otros nos quedamos para seguir la fiesta en la comida que los de Induráin preparan todos los años. Y a los postres el sonido de un acordeón nos invita a cantar en buena armonía y convivencia. Todo casi perfecto, pues siempre hay algún punto que mejorar para que la convivencia sea plena. Quien lo tenga que reflexionar…





Son las 18 horas y los últimos romeros se despiden de su arcángel protector, señor de la cumbre de Izaga y los cantos gozosos se repiten y se cierra la puerta y San Miguel (Amo y Criadico quedan al silencio de la cumbre) y los romeros de Urbicáin, junto con los de Induráin, descienden a sus pueblos. 



Hasta el año que viene, nos dicen. 

Agur.