Mostrando entradas con la etiqueta Grez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Grez. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de septiembre de 2020

LOS OLVIDADOS PUENTES MEDIEVALES

LOS OLVIDADOS PUENTES MEDIEVALES

Por Simeón Hidalgo Valencia (19 de septiembre de 2020)

 

Fue hace unos días ya, el 10 del presente mes de septiembre, jueves, cuando lo descubrimos. 

Lo he señalado en rojo en el calendario personal, pues ese día batí todos los récords personales desde el fatídico 27 de octubre de 2007 en que volví a nacer. Anduve durante más de cinco horas por la ruta circular que con mi amigo Pedro, la Txari y el Apur, fui a explorar con salida y llegada en Murillo de Lónguida pasando por Larrángoz y Grez. 

Mi amigo Pedro, que es un buen andarín y ahora es uno de los que marca los recorridos para el grupo Aitonak, se brindó a llevar el GPS y documentar la ruta. En principio entraba también el pueblo de Turrillas, pero por despiste mío resultó que la que seguimos fue más suave y llevadera en todos los sentidos, por lo que los resultados fueron satisfactorios. 

Pero no se trata en este artículo de hacer la descripción de la ruta. Cuando estén todos los elementos que la harán posible, el principal la restauración del puente colgante de Larrángoz, ya se dará a conocer. Ahora no es aconsejable transitar por él. 

El objetivo es dar a conocer otro puente mucho más antiguo y perdurable que el colgante. En la actualidad, como está fuera del camino antiguo que la concentración parcelaria deshizo, ha quedado al margen y al no usarse ha sido invadido por la maraña de vegetación y ha quedado oculto a la vista del caminante. Fue mi amigo Pedro quien, al salir ya de Grez, valle de Urraúl Bajo, lo descubrió y me lo indicó. 

Puente medieval de Grez.


Sólo si se baja al cauce seco del Barranco Turrillas se puede apreciar su magnífico porte. Es, como el resto de los puentes que recojo, de un solo ojo. El arco es apuntado u ojival por lo que parece en principio ser el más reciente de los que recojo.
 

Otros puentes medievales más antiguos que el de Grez, si nos atenemos a su arquitectura, son el “Puente Primero” en tierras de Ardanaz de Izagaondoa y el puente de Idocin en el valle de Ibargoiti. Ambos están escondidos y refugiados en la maraña de vegetación a la espera de que alguien los redescubra, los valore como se merecen y los saque a la luz del presente como testigos de épocas antiguas en las que estas infraestructuras solucionaban la vida de los caminantes. 

El "Puente Primero" de Ardanaz de Izagaondoa.

El “Puente de Idocin”. Valle de Ibargoiti.

Así se hizo con el “Puente Negro” de Urroz-Villa, que en auzolan se limpió de la vegetación que lo comía y gracias a ello se pudo contemplar en la visita guiada que la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa organizó a la villa el 17 de octubre de 2015. 






Estos hitos del patrimonio merecen que sean tratados con mimo y sensibilidad por los habitantes de cada uno de los pueblos donde están y ponerlos, como mejor se pueda, en el circuito cultural a través de visitas guiadas, rutas de senderismo, exposición de maquetas, estudios de tipo arquitectónico, económico, artístico, etnográfico, etc. para mantenerlos vivos en el momento presente. 

La limpieza de estas pequeñas obras arquitectónicas es un primer paso que lleva consigo el adecuado mantenimiento para que no vuelvan a ser cubiertas por la vegetación, hasta tanto se decida actuar a través de una adecuada restauración que evite deterioros progresivos que den con sus sillares en el cauce del río o del torrente.



También hay ejemplos a seguir en este terreno como es el “Puente Viejo” de Murillo de Lónguida sobre la regata de Zarikieta -medieval para unos, de origen romano para otros y para mí emparentado con el de Grez, pues ambos son de arco apuntado- por poner un ejemplo que bien podría entrar en la futura ruta de senderismo.


Y para terminar expresar mi deseo de que los responsables de los municipios donde están estos puentes olvidados y los vecinos sean los primeros en tomar cartas en el asunto y orgullosos de contar con estas joyas medievales no las dejen de lado y hagan algo para darles nueva vida, pues son patrimonio heredado que a su vez se ha de transmitir a las nuevas generaciones.

martes, 28 de julio de 2020

EL PUENTE COLGANTE DE LARRÁNGOZ. VALLE DE LÓNGUIDA


EL PUENTE COLGANTE DE LARRÁNGOZ.
VALLE DE LÓNGUIDA

Por Simeón Hidalgo Valencia (28 de julio de 2020)

El Puente Colgante de Larrángoz sobre el río Irati es una de esas estructuras civiles creadas por la ingeniería para poder cruzar de una orilla a otra sin tener que penetrar en el río. No hace falta decir que con el paso del tiempo y la despoblación del lugar de Larrángoz esta obra, como otras similares, han perdido su razón de ser y, o han desaparecido o fenecen por falta de un mínimo mantenimiento que hace que transitar sobre él sea una aventura peligrosa.

Cuando me acerco hasta Larrángoz y cruzo este puente compruebo con pena que cada vez está peor. Su firme de tablas sería digno de una nueva aventura de Indiana Jones que bien pudiera titularse “Indiana Jons y el misterio del caballero descabezado”, pues cruzar este puente tibetano es obligado para poder llegar a ver la iglesia en cuya portada está esculpido el misterioso caballero descabezado que sin voz no puede revelarnos los secretos que esconde este abandonado lugar oculto en la progresiva selva.

Cada vez que me acerco me pregunto si no habría una solución para este puente y este lugar del Valle de Lónguida, zona navarra que sufre los males del envejecimiento poblacional, de la despoblación y abandono de muchos de sus pueblos.

Quizás sea cuestión de sensibilizarnos ante el patrimonio y de valorar y poner en el circuito cultural también estos despojos de tiempos pasados y darles una segunda oportunidad, quizás habría que decir, darnos una nueva oportunidad a los que todavía creemos en la posibilidad de vida en estos pueblos. Quizás lo que nos están pidiendo es una reconversión para que estas ruinas, estos despojos culturales y patrimoniales contribuyan de nuevo al desarrollo del valle y de la comarca.

¿Por qué digo esto?
Porque al menos tanto el puente, como la iglesia, el palacio de Larrángoz y alguna casa más, siguen en pie, por ahora. Ya veremos por cuánto tiempo en el caso de la iglesia. Y como dice el dicho: “Mientras hay vida hay esperanza”. Otros, como el gran Puente Colgante, existió hasta que el progreso del Pantano de Itoiz acabó con él.

¿Por qué digo esto?
Porque otros ya han hecho lo que comento y lo han reconvertido en aventura, recreo y diversión en contacto con la Naturaleza y han hecho de su puente colgante, puesto al día, el centro de atención de una Ruta Natural de Senderismo que parte desde Aribe. Puente, también sobre el cauce del río Irati, más pequeño que el de Larrángoz, al que ahora se le saca fruto y el mismo Aribe es uno de sus beneficiarios.
Hice esta ruta el día 19 de julio y pude comprobar cómo actúa de polo de atracción de las gentes, ansiosas de disfrutar de la Naturaleza en familia con sus mascotas y todo.

Y para que no quede todo en buenas consideraciones, aquí aporto una sugerencia de vida tanto para el puente como para Larrángoz, así como para los Valles de Lónguida, Izagaondoa y Urraúl Bajo a través de sus poblaciones de Murillo de Lónguida, Turrillas y Grez.

Es una posible RUTA DE SENDERISMO que ahora presento, consciente de que habrá que pulir y perfilar en sus detalles, pero que puede aportar un buen día de paseo a los amantes de la Naturaleza, del Turismo Cultural, de nuestros pueblos y de la Comarca de Izaga. Una ruta que yo aporto y que en parte ya la hemos realizado desde la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, a la que se la ofrezco como actividad de su nuevo proyecto MECNA: “IZAGAONDOA VIVE-IZAGAONDOA BIZIRIK”.

Si los respectivos Ayuntamientos la tienen en cuenta y se unen para potenciar estas joyas populares quizás nuestros pueblos tengan más vida.

1º. El punto de salida y de llegada será la población de Murillo de Lónguida, Después de visitar el caserío del lugar y contemplar algunas de las portadas de sus casas llegaremos hasta lo alto, donde está la iglesia. Desde ahí bajaremos por el camino rural hacia el río Irati y al llegar a él seguiremos su curso hasta llegar al Puente Colgante.

2º. Cruzaremos el puente con precaución, sintiendo la emoción de su bamboleo y contemplando las aguas fluir a nuestros pies. Con imaginación nos podemos sentir como protagonistas de película de aventuras.
Al llegar a la otra orilla seguiremos el camino hacia la derecha bordeando el río hasta llegar a encontrarnos con la falda de la Sierra de Gongolaz  y tomaremos el camino que sube hasta el pueblo de Larrángoz. Un hermoso roble nos dará la bienvenida junto al tapial que defiende a la abandonada iglesia de San Bartolomé.
El pueblo está deshabitado y los edificios que se mantienen en pie están en este momento en proceso de ruina, pero a tiempo aún de salvarlos para el turismo. Iglesia, Palacio y Caserón. La portada de la iglesia es lo mejor, artísticamente hablando del lugar con su caballero y águila cazadora. Portada que forma grupo con las cercanas iglesias de Redín y Lizoain y con el grupo escultórico de la ventana de la iglesia de Zuazu.

3º. Seguimos el camino hacia la cumbre por el camino que nos llevará a la otra vertiente del monte desde donde divisaremos el Valle de Izagaondoa. Orientaremos nuestros pasos hacia Turrillas donde podemos descansar y tomar un aperitivo junto a su fuente románica y visitar después su iglesia y en ella su original pila bautismal.

4º. Desde Turrillas tomaremos el camino que nos llevará a Grez y llegando a esta población visitaremos su caserío y recordaremos al Señor de Grez y visitaremos la iglesia restaurada hace pocos años con muestras de pinturas renacentista que están por restaurar.
Podemos descansar un rato en el merendero y después proseguir la ruta por sendero del monte hasta llegar de nuevo a Larrángoz y desde aquí desandar el camino hacia el Puente, revivir las emocionas al cruzar el río y volver a Murillo de Lónguida.

Esto sería a groso modo el recorrido, que como digo habrá que definir más al detalle, marcar la ruta, abrir partes del recorrido al público, pues hay zonas que se han cerrado, hacer la ruta marcando desniveles, esfuerzos, dificultad, tiempos, etc. Ruta que puede ser perfectamente para ciclistas y caminantes.

Lo que importa es que demos vida a lo que nuestros pueblos tienen de interés y hagamos algo entre todos, con la unión de los distintos ayuntamientos y el Puente Colgante de Larrángoz, convenientemente restaurado, puede aglutinar una ruta muy interesante en la que a lo largo de su recorrido disfrutaremos de la Naturaleza, de la Historia y del Arte, haciendo realidad lo que denominamos Turismo Cultural.



  Murillo de Lónguida.

Portada de la iglesia de Larrángoz.

Fuente románica de Turrillas.




lunes, 19 de septiembre de 2016

IZAGAONDOA EN EL CAMINO DE SANTIAGO

IZAGAONDOA EN EL CAMINO DE SANTIAGO


Por Simeón Hidalgo Valencia (19 de Septiembre de 2016)


Por más que pasen los años,
por más que duerman los siglos,
nuestros pueblos desolados
guardan huellas del camino.


…y ahí están las huellas del paso de los peregrinos por Izagaondoa, camino de Santiago de Compostela. Sólo hay que excavar con mente abierta para desenterrar los restos fosilizados de esta ruta milenaria a su paso por el alargado y hermoso valle custodiado por castillos y ermitas en los altos. Leguin, Irulegui, Izaga.

Los ojos vigilantes  de los hombres de guerra defienden de los peligros materiales y los no menos importantes de Sancti Cirici y Sancti Michaeli Archangeli desde el monte Hiiga vigilan, traspasan e iluminan el alma de los peregrinos medievales para que sus pasos no tropiecen en su propio mal.[1]

San Quirico y San Miguel en Izaga. Enfrente, más cercano a los problemas materiales del valle,  la torre circular de Leguin y en el poche de Lakidain, el castillo de Irulegui. Todos, desde sus puestos, se mantienen en vela protegiendo las riadas de penitentes a Santiago. Corre el año de 1097.

Estamos en 2016 y han pasado ya 919 años. Las cosas han cambiado y pocos son los que se atreven a salirse de las rutas oficiales que descienden desde Orreaga-Roncesvalles o llegan hasta Sangüesa desde Somport y se encuentran en Puente la Reina-Gares desde donde el camino se hace uno. Pocos son, digo, los que penetran en este valle alargado, de pueblos fantasmas unos, envejecidos y casi despoblados otros y los más afortunados encerrados en su propia endogamia. ¿Por qué molestar la paz y la tranquilidad de sus pocos habitantes? ¿Por qué no dejarlos irse poco a poco hasta que el territorio quede desierto?

Antes, cuando la vida era en precario y había que defenderla con uñas y dientes, el peregrino tenía que buscar los caminos y las rutas más seguras huyendo de la muerte, del peligro de ser asaltado por bandoleros, de ser atacado por bestias salvajes, de perderse o helarse de frío por subir puertos de montaña y muy pocos se aventuraban a peregrinar en solitario y se organizaban en grupos para afrontar, aún así, los avatares inciertos de su penitencia.

Entonces, sí, los caminos de este valle de Izagaondoa eran andados porque desde Orreaga-Roncesvalles para evitarse el puerto de Erro camino de Zubiri, había quien prefería los senderos que bordeaban el río Urrobi y después el Irati y seguían sus cursos hasta llegar a la villa de Aoiz, pasando por el señorío de Arce. Desde Aoiz se dirigían atravesando Ekay, Villaveta y el señorío de Zuasti, al paso o poche de Zuza y entraban en Izagaondoa y aquí tenían dos opciones. Una seguir hacia Pamplona. La segunda caminar hacia la Villa de Monreal.

Quien optaba por la primera podía seguir hasta Artaiz, y de aquí dirigirse hacia Lizarraga, o también podía ir a Urroz de Izagaondoa, que era villa renombrada y buscar acomodo, comida y reposo. Después marcharía hacia Idoate. La meta era la misma, cruzar el poche de Lakidain, defendido por el castillo de Irulegui y pasar al valle de Aranguren y seguir por Labiano o por Badostain hasta Pamplona, la capital del reino.

Quien elegía seguir hacia Monreal, desde Artaiz se dirigía a Najurieta y de aquí a Zorokiain y podía descansar protegido en la noble y leal villa de Monreal a la sombra de su fortaleza real. Después seguiría camino de Puente la Reina pasando por Tiebas.

Y es en Lizarraga donde hay uno de esos fósiles de los que hablaba al comienzo que se convierte en prueba explícita de que lo que digo no es mera suposición, pues el maestro tallador anónimo que esculpió los magníficos capiteles de su antigua iglesia medieval dejó escrito en piedra que por aquí pasaban los peregrinos, camino de Pamplona, después de atravesar en todo o en parte el valle de Izagaondoa. Es tal su maestría que nos hace sentir como auténticos peregrinos a quien contemplamos también ahora la escena y la sabemos leer, con el bordón en la mano derecha para apoyo y defensa y caminando bajo el sol con decisión afrontando los vericuetos de nuestra propia vida.

Los peregrinos que venían desde Somport se dirigían a Sangüesa. Camino de Lumbier a través de Liédena optarían por seguir la ruta natural para evitarse los peligros del Puerto de Loiti, en la sierra de Izko, y encaminaban sus pasos hacia el Valle de Izagaondoa que en esta época era ruta altamente transitada y estratégicamente defendida. Con la idea puesta en Monreal llegarían a Induráin, lugar donde los sanjuanistas tenían sede. Luego, por Guerguitián, Celigueta, Sangáriz y Lecaun llegaban a Monreal.

Si uno de sus objetivos era conocer la ciudad por antonomasia del Reino, atravesaban el Valle de Izagaondoa hasta llegar a Artáiz y desde aquí, cruzando el portillo de Lakidáin, seguían hasta Pamplona por el camino ya indicado.

Pues bien, en este otro recorrido tenemos unos cuantos fósiles que nos hablan de tiempos mejores de peregrinaje para el valle de Izagaondoa, cuando era valle abierto al paso de las gentes y camino real de Pamplona a Sangüesa que pisaron reyes y obispos, gentes de paz y gentes de guerra, seglares y clérigos, comerciantes y ganaderos, agricultores y artesanos, mendicantes y bandoleros, que de todo había en la viña del Señor.

Otro testimonio fehaciente del esplendor de antaño. La encomienda sanjuanista de Indurain, donde los peregrinos eran atendidos antes de emprender su nueva jornada. La encomienda de Donamaría, de la Señora María, la madre de Jesús. Hoy se conserva su iglesia y las dependencias aledañas. La morada de los pocos hermanos y del hospital se han transformados en viviendas de fin de semana, pero a vista de pájaro se adivina el recinto protegido.

Junto a la encomienda y por las calles del lugar artistas anónimos han colocado detalles de cuando esto era paso de peregrinos a Santiago que, bien atravesaban el valle de este a oeste, como ha de ser el recorrido, o seguían camino de Monreal por la ladera de la montaña para evitarse el Puerto de Loiti.

La primera población a la que llegaban desde Indurain era Guerguitiain, donde un maestro cantero rompió la norma medieval del anonimato y se dio a conocer en el centro de uno de los capiteles de la iglesia de San Martín de Tours, santo del camino por antonomasia, cuya devoción en la comarca es otra  muestra palpable del camino. Este cantero firmó a finales del XII o comienzos del XIII. Petrus me fecit escribió y parece que él mismo fue peregrino, pues su estilo sigue por Besolla y Sangariz hasta llegar a Monreal, una de cuyas parroquias estaba dedicada a San Martín.

Pero regresemos hasta Guerguitiain para observar otro de estos fósiles prueba. Se trata de las basas de su portada. El maestro Petrus dejó una clave importante en el camino de las ocas y talló en las dos basas interiores sendas patas de oca custodiando el lugar. El Juego de la Oca, el Camino de Santiago. ¿Serán estas patas de oca únicas, señal de que San Martín de Guerguitiain era una etapa clave en el camino de Santiago a su paso por Izagaondoa, en tiempos pretéritos?

En este atravesar el valle de Izagaondoa de este a oeste para ir a Pamplona hay otro fósil muy interesante que pocos conocen porque con la concentración parcelaria y con la ejecución de la actual carretera quedó olvidado y dejó de cumplir con su misión, aunque los mayores del lugar lo han transitado de jóvenes. Es una pequeña joya que bien merece que se haga algo por ella desde las instituciones municipales o desde la Institución Príncipe de Viana. De lo contrario desaparecerá por el olvido.

Es el puente románico de Ardanaz, denominado el Puente Primero de un ojo de arco de medio punto, infraestructura medieval del Camino Real de Pamplona a Sangüesa. Uniendo orillas unía a los pueblos y personas y los peregrinos accedían hasta Ardanaz, donde su iglesia de San Martín de Tours recogía el testigo de la de San Martín de Beroiz y encaminaban los pasos hasta San Martín de Artaiz. Ardanaz mostraba lustrosas sus pinturas sobre el santo, el almanaque medieval con los doce meses del año pintados en uno de sus arcos fajones, la escena de la donación de la media capa al pobre siendo aún Martín catecúmeno y la visión que allá por el siglo XIV tenía la Iglesia sobre el cielo y el infierno, todo ello por el patrocinio del Señor de Grez en tiempos del Infante D. Luis de Beaumont, el conquistador del reino de Albania, cuyas armas aparecen también pintadas, habiendo sido descubiertas y sacadas a la luz este conjunto pictórico, único en Navarra, en el año 2002.

Y así, de aldea en aldea, el peregrino llegaba hasta Artaiz y a partir del siglo XIII también pudo adorar al Cordero Pascual junto a los adoradores de toda tribu, raza, lengua y nación, pintado en el interior del ábside de su iglesia y extasiarse con las tallas de su portada recién construida y desde allí pasaba por Lizarraga y se veía reflejado en la talla del peregrino recorriendo los recovecos que la vida le presenta.

Hoy día me invade una alegría inmensa cuando veo peregrinos, hombres y mujeres, pedaleando por el valle de Izagaondoa rumbo a Santiago de Compostela. Son pocos, pero vienen. Menos aún pasan a pie y esto es un acontecimiento si además vienen con cabalgadura y cuando esto veo, sueño en que el camino revive,… pero son sueños de utópico.

Las gentes ya no tienen miedo al puerto de Loiti, ni al de Erro, ni a los bandoleros, ni a las fieras. Ya se ha cerrado la encomienda de Indurain y Guerguitiáin está desolado, como Besolla, Sangariz, Beroiz, Leguin… Ya no bajan desde Orreaga-Roncesvalles y el poche de Zuza se cierra por la falta de transeúntes y los habitantes del valle duermen tranquilos, envejeciendo lentamente y se van marchando en paz.  Ningún extraño invade su pueblo y a Izagaondoa sólo acuden los agricultores para trabajar sus campos y los ganaderos a cuidar de su ganado. De noche está desierto. La larga noche de la muerte. Solo, en lo alto, sigue vigilante San Miguel, tan aburrido que a este paso, si los propios nativos de Izagaondoa no despiertan -se ha dicho para sí-, levantará el vuelo, pues no tendrá a quien proteger y como un peregrino más cogerá su bordón y emprenderá el camino en busca de nuevos horizontes. 

El valle ha quedado desierto. 

Es el año 2050.




[1] ANGEL J. MARTÍN DUQUE, Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII), Año 1097, Documento 157, págs.: 225-226. “…et cum alia ecclesia Sancti Cirici que est in sumitate montis de Hiiga, et illa ecclesia que uocatur Sancti Michaelis Archangeli, que est in eodem monte, cum ómnibus sibi ubique pertinentibus;…” 

viernes, 19 de agosto de 2016

ARTÁIZ. LUGAR TORREADO

ARTÁIZ. LUGAR TORREADO.

Por Simeón Hidalgo Valencia (10 de Agosto de 2016)

Quien recorra con calma las ciudades, villas y lugares de Navarra, se topará por doquier con abundantes muestras de antiguas torres medievales formando parte de casas señoriales de cabo de armería unas, de restos de antiguos castillos y palacios otras, o erguidas solitarias como vigías oteando el horizonte.

Me vienen a la memoria ejemplos cercanos como los restos de la torre circular del antiguo castillo de Leguin.

 La cercana y abandonada de Mendinueta levantada sobre la roca viva.

La desconocida torre románica de Reta, lugar que llegó a tener en su caserío hasta, al menos, cinco torres.


Las restauradas torres de Celigueta, de Liberri, Ayanz o Yarnoz.





Las reconvertidas en casas rurales de Grez y de Lerruz…




 …o en moderno centro cultural como la de Olcoz, amén de otras muchas que en cada ciudad, villa o lugar levantaron sus pudientes señores, que sería imposible de enumerar.

Todas ellas formaron una intrincada red de vigilancia y de comunicaciones destinada a asegurar la defensa del reino de Navarra en su conjunto y, más al detalle, de las parcelas de poder de cada señorío.

Una de esas torres cercanas que tenía ganas de conocer por su interior y descubrir algunos de sus posibles secretos, era la Gran Torre de Artáiz, la Dorrezarra, la Torre Vieja o la Torre Antigua del lugar de Artáiz.

Tuve ocasión de cumplir este deseo a raíz de las obras de su cubierta, pues las fuertes nevadas del invierno del año de 2015 dieron con sus tejas por los suelos. Cuando se realizaban los últimos toques, los hermanos José Javier y Argimiro Aldaba Redín, de Casa Loperena, sus actuales dueños, me permitieron inspeccionarla, sacar algunas fotografías, hacer mediciones, realizar croquis sobre el terreno y en general admirarme por lo que vi en su interior, prometiéndoles que escribiría sobre esta torre y que les informaría del resultado para su conocimiento.

Ha pasado más de un año desde entonces y, ya que estaba en tarea, he modificado el objetivo inicial ampliándolo a todo el lugar de Artáiz. Por ello, en esta investigación analizaré, hasta donde pueda, también otras torres del lugar, cuyos dueños me abrieron sus puertas para conocerlas. 

Ahora, pues, estoy en condiciones de anunciar de que este trabajo verá la luz en el otoño próximo bajo el título: “Artáiz. Lugar torreado”.

Y no son una ni dos las torres que he localizado en Artáiz, sino como mínimo, seguras, nueve, aunque pudiera conservarse huellas de alguna más.

Son las siguientes:

01.- La Torre - Dorrezarra
02.- La torre antigua del Palacio Aldunate.
03.- La torre gótica del Palacio Aldunate.
04.- La torre de la casa Agorreta. (Desaparecida)
05.- La torre de casa Ustárroz.
06.- La torre de Casa Chancho. Txantxo. Esnozena.
07.- La torre de Casa Apezarrarena -  Garcivilla.
08.- La torre  de Casa Moreca (Desaparecida)
09.- ¿La torre de Casa Loperena?
10.- La torre de la iglesia de San Martín.

Fotografía aérea de Artáiz de 1929,  con la situación de las posibles  torres.

Viendo esta fotografía cabe pensar que Artáiz, en otros tiempos fuera un lugar, si no fortificado, sí bien defendido y vigilado por tantas torres, al igual que he sugerido en otro momento del lugar de Reta, pero mientras no se haga una labor de arqueología, la afirmación de un posible recinto amurallado se queda sólo en conjetura, aunque haya un par de características arquitectónicas que abogan a su favor:

En primer lugar la propia configuración de su caserío apiñado casi en círculo y levantado sobre una loma con sucesivos taludes que salvar, como se puede apreciar sobre el terreno.

En segundo lugar los restos de las antiguas torres que se conservan hoy en día, que antiguamente serían las cabezas visibles de las familias nobles que habitaban el lugar, lugar de señorío compartido de carácter civil y religioso, que en tiempos dominaban en la zona.


Esto es un anticipo de lo que se dará a conocer en su momento, quizás a manera de libro, según cómo ande la economía. Ya veremos.

Esta investigación no la he realizado solo, sino que como con otros trabajos, por ejemplo “El molino de Urbicáin” o “Las claves de Izagaondoa” y más de un artículo de mi blog, he contado con los conocimientos documentales de mi amigo y compañero de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, Xabier Itulain Irurita, experto en temas de la historia y devenir de las casas de la comarca de Izaga y sus moradores. Mi agradecimiento y reconocimiento personal.

Con este trabajo las gentes de Artáiz van a ver salir a la luz parte de su propia historia, de sus casas, de sus antepasados, desde los tiempos en que allá por el siglo XII se levantó por mente preclara y manos artísticas la hermosa iglesia románica de San Martín de Artáiz, pasando por los avatares de la Guerra de la Navarrería y la destrucción de su caserío, hasta su recuperación gracias al Amejoramiento General del Fuero a partir de 1330 y el resurgir urbanístico cuya principal marca la tenemos en la gran torre antigua del siglo XIV: la Dorrezarra, que capitanea otras serie de casas-torre de las familias hidalgas del lugar.

Bien merece conocerse y valorarse que Artáiz fue, en otros tiempos de mayor incertidumbre, un lugar torreado.

jueves, 7 de mayo de 2015

LA IGLESIA DE SAN SEBASTIÁN DE GREZ – NAVARRA

Por Simeón Hidalgo Valencia (07-05-2015)


Grez es un lugar del Valle de Urraúl Bajo en Navarra. 

Siempre que me he acercado a visitarlo me he pasado por su destartalada iglesia de San Sebastián, que comida por la hiedra, dormía postrada en su lecho de muerte.




Siempre que me he acercado a visitarlo he comentado con alguno de sus vecinos que sería una pena que por el abandono, las goteras y demás silencios en que se encuentran varias de estas iglesias medievales de la comarca, ésta de Grez quedara en el olvido y se hundiera.

Esperando estaba su turno y mientras le llegaba, alguno llegó para llevarse su preciosa pila bautismal, que es de la misma escuela que las de Artáiz, Cemboráin, Alzórriz, Lérruz, Idoate, Zuazu, Reta o Zolina. Menos mal que les pararon a tiempo y pronto, junto a sus pinturas murales y resto de la edificación será objeto de restauración.

No tengo menos que alegrarme por la noticia que me llegó por distintos conductos, pues es una iglesita popular más de finales del siglo XII o comienzos del XIII que en la comarca se tiene en cuenta, después de las hermosas restauraciones de San Martín de Guerguitiáin y Santa María de Vesolla. Como ellas ha sido declarada Bien de Interés Inventariado y sin duda, si se sabe gestionar adecuadamente su puesta al día, servirá para revitalizar la zona y atraer al turismo cultural y rural.


Grez, además, ha visto recientemente remozado parte de su caserío, pues la antigua casa de la Bruna, y más antiguo aún palacio torreado de su Señor pues en la clave de la entrada a la casa luce su emblema, se ha rehabilitado y dado el uso de Casa Rural, que por lo que me cuentan va cumpliendo los objetivos marcados por sus promotores.

Con la iglesia restaurada, a la que se van a dedicar en una primera fase de consolidación del edificio alrededor de 240.000€, que ponemos todos los que pagamos nuestros impuestos en Navarra, los turistas tendrán un motivo más para visitar.

Supongo que habrá quien no esté de acuerdo con esta restauración, sea porque juzga más aprovechados estos euros si se destinaran a paliar a los afectados por la crisis económica, sea porque consideren más prioritarios invertirlos en otros edificios románicos más interesantes desde el punto de vista artístico, pero, como digo, personalmente me alegro de que se tenga en cuenta a estos enclaves rurales, algunos de los cuales claman al cielo a que les llegue la vez.

Aprovecho estas líneas para abogar y recomendar a la Institución Príncipe de Viana por la iglesia de Santa Colomba de Meoz. Ya ha habido derrumbes serios.

También hago una llamada a las Corporaciones Locales y a todos los vecinos que constituyen los ayuntamientos, así como a otros entes implicados  para que, una vez restauradas, se pongan estas joyas en el circuito turístico y cultural y se saque también rendimiento económico, no sólo espiritual, que potencie el lugar en que se encuentre y cree puestos de trabajo.

Conozco casos en los que se ha invertido dinero de todos y ha servido por ahora para que el edificio no se cayera, que no es poco, pero para  poco más, dado que no se ha hecho un plan público que lo abra al circuito cultural, ni tan siquiera las condiciones de uso del mismo.

Bienvenidas sean estas noticias y decisiones, aunque si luego no hay algo más que les insufle un espíritu de vida, se corre el peligro de que la vegetación se los coma de nuevo…
…y en ese algo más están implicados los entes públicos y particulares en mutua responsabilidad. Si después de la restauración no se va a hacer nada… ¿No tendrán razón los que abogan por dejar caer estos edificios siguiendo la ley natural? También la ruina es bella, aducen.

En lo que a mí me toca pienso que sería una pena abandonarlos a su suerte, pues nuestra Historia está en ellos, los hemos heredado como patrimonio de nuestros mayores y tenemos el deber de transmitirlos a las generaciones futuras.

¡Que la iglesia de San Sebastián de Grez tenga vida y que el toque de gloria de su campana, hoy muda, repique y convoque a sus habitantes por muchos siglos más!