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viernes, 15 de noviembre de 2024

LA RUTA DE PETRUS SE AMPLÍA – VI: SANTA MARÍA DE BAIONA. PONTEVEDRA.

 

LA RUTA DE PETRUS SE AMPLÍA – VI:

SANTA MARÍA DE BAIONA. PONTEVEDRA. 

Por Simeón Hidalgo Valencia (14 de noviembre de 2024)[1]

 


Han pasado 12 años desde que el 10 de abril de 2012 se inició la restauración de la solitaria y ruinosa iglesia de San Martín de Guerguitiáin y un poco más desde la aparición del estudio que titulé “LA RUTA DEL MAESTRO PETRUS DE GUERGUITIÁIN”, donde se recogían hasta doce posibles lugares en los que la impronta del maestro Petrus de Guerguitiáin o de su escuela, está presente.

Desde Guerguitiáin a Vesolla y Sengáriz, Aibar y Eusa, así como en Najurieta y Garaioa, amén de Alzórriz y Artaiz o en lugares recónditos de Lugo, ya en Galicia, sea en la iglesia de Santa María de Belante o en San Miguel de Paradela encontré hace años las características del estilo del maestro Petrus o de la escuela de la que él fue su máximo valedor, pues se atrevió a reivindicar su obra en la de San Martín de Guerguitiáin grabando en el capitel último del lado sur “Petrus me fecit”. 

En la presentación del libro citado decía entonces, y se ha hecho realidad, que “una constante observación y estudio de nuestro románico popular dará como resultado la ampliación de los lugares donde el estilo de Petrus esté presente”. Hay que añadir a los citados anteriormente los lugares navarros de Badostáin y Zolina, al igual que el recientemente descubierto gracias a mi amigo Félix da Costa, estudioso como yo de las marcas de cantería, en la localidad de Baiona, en concreto en la iglesia de Santa María, ya en la provincia de Pontevedra.  

Fachada oeste de Sta. María de Baiona. (Pontevedra). 

Esta iglesia de Baiona no tiene ninguna inscripción-firma grabada de maestro que expresamente emplee el “me fecit” … pero sí sabemos el año en que parece se acabó de construir, pues en la parte baja de la zona suroeste, nada más doblar la esquina derecha de la fachada principal, lugar de encaje de la fachada oeste con la del sur, hay una inscripción que nos informa del año del Señor de MCCCXVI (que corresponde al 1278 de la era hispánica).

Félix da Costa señalando la inscripción. 


Santa María de Baiona es una iglesia de planta basilical de tres naves con sus ábsides respectivos rectangulares. En origen su planta se compone de seis tramos más la cabecera o ábside. La puerta principal se abre al oeste y tiene las características de las iglesias o monasterios cistercienses. Parece que se empieza a construir en época de transición entre lo que denominamos románico y gótico. Esta iglesia estuvo vinculada al monasterio de Oia y fue Colegiata desde 1482 hasta 1840. Actualmente es iglesia parroquial y está catalogada como “Bien de Interés Cultural de la zona antigua de Baiona con la categoría de Conjunto Histórico”.
 

Si nos atenemos al año de 1278 y lo consideramos como el año en que se terminó de construir la fase medieval de Santa María de Baiona se nos crea un pequeño problema con relación a la pervivencia de la “escuela Petrus” hasta finales del siglo XIII en esta parte de Galicia. En Navarra todo indica que el maestro Petrus y su escuela trabaja por los lugares señalados en los finales del XII y la treintena inicial del XIII, que abarcaría fundamentalmente el reinado de Sancho VII, el Fuerte (1194-1234), como se puede deducir de la presencia en la iglesia de San Esteban de Zolina, donde el capitel esculpido en la cara de la torre que mira al este nos informa de la presencia de la insignia y sello de Sancho VII, que se conoce como el “arrano beltza”.

Sello utilizado por Sancho VII, el Fuerte, rey de Navarra (1194-1234). 

Pero, quizás, este pequeño problema o desfase temporal sobre la “escuela de Petrus” se pueda resolver si tenemos en cuenta el momento en que se trabaja en Navarra y la información que se aporta en el libro de Félix da Costa[2] sobre la iglesia de Santa María de Baiona, pues recoge “datos históricos aportados por Antonio Taboada Taboas, gran estudioso y que presentó en el Congreso de Glyptología del año 1986” de los que deduce que “los capiteles 4º y 5º parecen más antiguos, por lo que se supone que pertenecen a una iglesia anterior”. También en el capítulo de las conclusiones en su apartado sexto dice que “por las marcas no podemos saber si las columnas 4ª y 5ª, norte y sur, pertenecen a una antigua iglesia, como ya apuntaba D. Hipólito de Sá”. [3] Esta numeración la hace empezando a contar desde la entrada principal situada al oeste. Personalmente prefiero numerar los elementos arquitectónicos de la nave comenzando desde la cabecera, por lo que a estos capiteles y pilares les corresponderían los números 1 y 2. Veo que es más lógica esta manera de numerar porque está más en consonancia con lo que conocemos de manera general al hablar de las fases de construcción de estas iglesias o monasterios medievales. Se comenzaba a construir por el ábside situado al este, que sería la zona más antigua y a continuación se irían perfilando los tramos de la nave hasta llegar a la fachada oeste, que en el caso de Santa María de Baiona es el lugar donde aparece el año de la posible terminación de la obra medieval.

¿Cuántos años transcurrieron desde que comenzó a levantarse Santa María de Baiona hasta que se concluyó en 1278? ¿Y cuántos años más habría que asignar a estos supuestos capiteles de los pilares 1º y 2º tanto del norte como del sur al ser, según los estudios citados, posibles elementos de una iglesia anterior?

En la conclusión que ocupa el sexto lugar el autor de la obra citada afirma que “por las marcas no podemos saber si las columnas 4ª y 5ª (2ª y 1ª contando desde el ábside) norte y sur, pertenecen a una antigua iglesia, como ya apuntaba D. Hipólito de Sá”[4], aunque estudiando la estructura de estos pilares se ve a simple vista que es distinta al resto, así como la decoración. Hay un detalle que se repite en el pilar 1º del lado norte, en “la 2ª columna izquierda de la arquivolta de la puerta principal” que está en muy mal estado por la erosión sufrida, y en “el canecillo nº 37 del muro exterior norte”. Este detalle escultórico representa “un águila devorando a un conejo o liebre”. Al comparar la talla de este último con la del pilar 1º norte se inclina a considerar que la talla del capitel del pilar 1º norte como anterior al representado en el canecillo nº 37. Lo veremos al describir los detalles esculpidos del primer pilar norte.

También en la conclusión que ocupa el séptimo lugar aprecia una notable diferencia entre los leones que se representan en los capiteles de las columnas 4ª y 3ª norte, mirando desde el ábside, y el del capitel del pilar 1º norte al que considera “de una talla muy sencilla y arcaizante que los descritos anteriormente”.[5] 

Si mantenemos esta teoría sobre la posible pertenencia de los capiteles correspondientes a los pilares más cercanos al ábside a otro edificio más antiguo podríamos admitir también la aproximación temporal de las huellas del estilo Petrus recogidas tanto en Navarra como en Baiona. Estilo que se muestra igualmente en la zona más antigua de Santa María como son el ábside central y su absidiolo sur, pues la decoración conservada en los capiteles de sus vanos orientales está en consonancia con la escuela de Petrus. Así se aprecia en sendos capiteles exteriores de la ventana superior del ábside central que aparece actualmente cegada y en los correspondientes a las tres que se abren más abajo.


De la misma manera se trabaja en la ventana este del ábside lateral del sur, donde tanto por su interior como en el exterior los zarcillos de la vid se hacen presentes.

¿Los maestros mazoneros que trabajaron en esta fase inicial de Santa María tuvieron en cuenta la decoración de los capiteles correspondientes a una iglesia anterior que serían colocados en su momento sobre los cuatro pilares más cercanos a la cabecera y se inspiraron en ella buscando mayor armonía entre las piezas?

Detalles del interior del vano de medio punto del ábside sur. 

Detalles del exterior del vano de medio punto del ábside sur. 

Continuará con: “Los cuatro pilares más cercanos a la cabecera”. Pilar 1º Norte.



[1] Después de visitar la iglesia de Santa María de Baiona – Pontevedra en septiembre del 2023 redacté el trabajo titulado: “La Ruta de Petrus se amplía – VI – Santa María de Baiona – Pontevedra” y prácticamente lo terminé en diciembre del mismo año. Circunstancias de la vida me han impedido rematar la investigación y espero que con la última entrega de la serie que hoy comienzo a publicar quede terminado.

[2] FELÍX DA COSTA PARDO; “Marcas, símbolos y signos en el interior de la iglesia de Santa María de Baiona Pontevedra, Instituto de Estudios Vigueses, 2022.

[3] Obra citada: Págs.: 19 y 199. 

[4] Obra citada: págs.: 199 - 200.

[5] Obra citada: págs.: 200 – 202.


miércoles, 11 de octubre de 2023

DE ÁNGELES, TROMPETAS, LUZ, MUERTE Y VIDA.

 

DE ÁNGELES, TROMPETAS, LUZ, MUERTE Y VIDA.

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (11-10-2023) 

 

Lo que voy a contar lo descubrí el día 24 de septiembre de 2023, día en que llegué a la capital gallega de Ourense, prácticamente en tiempos del equinoccio de otoño.

Después de medio día de viaje en autobús fletado por el Club de Jubilados de Aibar era ya entrada la tarde cuando salí por mi cuenta a dar una vuelta por la parte antigua.

Me topé, sin plan preestablecido, con la catedral. Está dedicada a San Martín de Tours, santo, después de Santiago, el más popular a lo largo del Camino.

Como telón de fondo de una plaza rebosante de gente dominguera tomando y charlando en las terrazas descubrí, iluminada en parte por el sol vespertino, la fachada oeste.

Allí, subiendo una gran escalinata, se abre su portada principal, pero estaba cerrada, por lo que pensé que no tendría ocasión de poder visitar por dentro la joya medieval que esas cuatro puertas del exterior ocultaban, reflejo del maravilloso Pórtico de la Gloria, que ya en varias ocasiones, como turista y como peregrino, pude admirar en Santiago de Compostela. 


Pero rodeé el edificio y vi la puerta norte abierta. Contemplé ligeramente su hechura y decoración y entré. Suelo dejar los exteriores para lo último.

Las sombras cubrían el ala norte del crucero y hube de esperar a que la vista se adaptara a la oscuridad y los oídos al rumor del silencio reinante y mi propio cuerpo se ubicara en el espacio y mis cortos pasos calcularan las distancias… y pisé la nave norte.

Rompiendo las tinieblas un rayo de luz recorría la nave norte penetrando desde el occidente y como la luz tiene su propio lenguaje capturé la imagen y esperé por si iluminaba algún detalle en concreto.

Así fue.


En unos momentos el rayo luminoso recorrió la tumba donde reposan los restos de Don Juan de Deza, arcediano de Búbal, canónigo, abad de Villaza, que falleció el 27 de febrero de 1506.[1]



Sepultura de Don Juan de Deza.
 

Después de esto me dirigí hacia el nártex de la catedral para tratar de contemplar su pórtico, pero unas cintas me impedían el paso. Se me acerca un joven que iba a rezar a la Virgen que en ese lugar se encuentra y me pregunta:

- ¿Ha visto ya el Pórtico del Paraíso?

- Eso quería hacer, pero como hay unas cintas que cortan el paso…

- No se preocupe, aunque estén la gente pasa. No le van a decir nada.

Como de hecho hay dos o tres personas ya en ese espacio le doy las gracias por la información y paso por un lateral y lo que se me presenta a la vista es algo maravilloso. Toda una fachada tallada con un programa escultórico en piedra policromada con tal perfección clásica que atrapa los sentidos del espectador y lo traslada a la visión apocalíptica de San Juan al final de los tiempos. 



Zona central del Pértico de La Gloria de la catedral de Ourense.
 

Contemplo extasiado el conjunto y los detalles de los tres vanos de la portada. Allí está en el parteluz, cercano al peregrino caminante, sentado, el apóstol Santiago. Sobre él, de pie, la Virgen María con el Niño Jesús. Al mismo nivel las estatuas de los profetas del Antiguo Testamento y los apóstoles del Nuevo. En nivel superior por encima del parteluz se representa a Dios Padre con el Orbe en su mano izquierda mientras que con la derecha nos bendice. Siguen ángeles alados con las almas infantiles de los bienaventurados y en el tímpano central la imagen del joven Martín, aún catecúmeno, titular de la catedral, partiendo la capa que llevaba para darle la mitad al pobre aterido por el frío y sobre esta escena los veinticuatro ancianos tocando instrumentos musicales y alabando al que se sienta en el trono y al Cordero. 

En las arquivoltas de la portada lateral del sur tiene lugar el juicio final y a unos se los llevan los diablos y a otros los ángeles. Cada cual recibe su recompensa según sus propias obras.

Pero todas estas escenas se comprenden mejor una vez descubierto que en los cuatro rincones del nártex empieza la historia que en la portada se narra. Sí. Todo se inicia con la llamada a todos los muertos para que resuciten y acudan al Juicio Final. Los cuatro ángeles que se han colocado en los rincones tocan las trompetas convocando a juicio en el atardecer del último día.

En el atardecer del 24 de septiembre estoy contemplando esta hermosa portada llena de simbolismo y el sol al declinar el día nos muestra su lenguaje incidiendo de manera especial desde el oeste.

Así, en el preciso momento, ilumina la escena de San Martín de Tours, el santo titular de la Catedral de Ourense, situada en el eje del pórtico realzando su virtud.

Las buenas obras de Martín le hacen merecedor de estar en la gloria rodeado como el Padre por los Ancianos del Apocalipsis. 

Al sonido de las trompetas que resuenan por los cuatro puntos del universo resucita la carne y tiene lugar el juicio final. 



Según las obras realizadas por cada cual los ángeles elevarán hasta la gloria a las personas buenas o los diablos cargarán con las personas malas y serán bienaventurados o malvados por toda la eternidad, según las creencias de la iglesia cristiana católica y así se representa en muchas iglesias y catedrales.


Cuando recojo las imágenes de los cuatro ángeles convocantes que tocan las trompetas del fin del mundo resulta que me encuentro en una de las peanas que los sustentan un detalle que parece ser anterior al cristianismo pero que por su simbolismo se plasmó durante la baja Edad Media, aquí en concreto estamos en el siglo XIII, como uno de los símbolos de la nueva vida. La llamada a la resurrección de la carne es como la renovación y el florecimiento de la vida y de la Naturaleza que tiene lugar en cada primavera, año tras año. Al final de los tiempos representaría la resurrección definitiva simbolizada en ese florecer de la vida desde las mismas entrañas del cuerpo.

Este hallazgo me llena de alegría y da sentido a toda la portada del Pórtico de la Gloria. El hombre renacido, el hombre y la mujer nuevos que florecen y viven para siempre. Tanto es así que el mismo ángel trompetero luce en su vestimenta la nueva vegetación de la vida eterna.

Comunico este detalle al joven que me indicó que podía pasar a la zona del nártex y cuando le digo que “tenéis un hombre verde” se muestra extrañado. No conocía este interesante detalle, que por considerarlo “pagano” el concilio tridentino prohibió que se representara en los recintos sagrados, aunque afortunadamente no desaparecieron los que ya estaban desde siglos atrás. 

 

Y parece ser que nuestro personaje difunto, Don Juan de Deza, anterior al citado concilio, conocía y creía en este símbolo de vida y se procuró que la luz del atardecer de los equinoccios iluminara su descanso hasta tanto llegara el día de la resurrección y desde su puesto privilegiado como canónigo y arcediano eligió este lugar del muro norte para situar su sepultura. Así, cada año por dos veces, la luz le iluminaría y mantendría la esperanza hasta el final del mundo.

Quizás entonces renacerá a la eterna primavera y por sus buenas obras será digno de ser llevado por su ángel a la vida eterna en la Gloria.

Mientras, yo he contemplado este lenguaje de la luz el 24 de septiembre de 2023 y así os lo cuento.



 

 

sábado, 31 de agosto de 2019

ARTE DEL CAMINO NAVARRO. SAN MARTÍN Y LA PINTURA MURAL EN LA COMARCA DE IZAGA.


ARTE DEL CAMINO NAVARRO.
SAN MARTÍN Y LA PINTURA MURAL EN LA COMARCA DE IZAGA.

Por Simeón Hidalgo Valencia (31 de agosto de 2019)

Cuando se hace el Camino de Santiago al ritmo de hoy en día apenas da como para pararse a contemplar con cierto detalle las maravillas que nos legaron nuestros antepasados. Hoy las definimos como obras de arte y por ello, más de un peregrino ha apuntado en su diario: “volver con calma”. Eso en cada una de las jornadas transitadas por el Camino Francés, el más frecuentado, pero también hay recorridos, secundarios en la actualidad, que en otras épocas tuvieron su importancia y dejaron de ello muestras patentes, que hoy conviene revivir y darlas a conocer. Quizás así se contribuya a que de nuevo se vean peregrinos recorriendo sus pueblos, como deseaba para la Comarca de Izaga y en concreto para Izagaondoa (Lo que rodea a Izaga) hace unos años en estas mismas páginas.[1]

En este artículo quiero rescatar del olvido parte de este arte del camino y voy a hablar de una ruta cultural creada por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa hace años que lleva el nombre de “Ruta de San Martín y la Pintura Mural”, uniendo de esta manera al santo por antonomasia del camino, San Martín, con el arte medieval de los siglos XIII y XIV, plasmado en los muros de tres de sus iglesias con esta advocación: Ardanaz de Izagaonda, Artáiz y Ekai. La devoción a San Martín está claramente presente en la comarca, pues, además de las poblaciones anteriores, otras cuatro más lo tienen, o lo tuvieron, como titular: Izco, Monreal, Guerguitiáin y Beroiz y todas ellas están en ramales del Camino de Santiago.

*San Martín de Ardanaz

Corría el año 2002 y en la iglesia de Ardanaz se hacían obras de mantenimiento, cuando al picar los obreros el revoco de sus paredes se produjo un afortunado descubrimiento. Aparecieron restos de pintura anterior tanto en la pared norte como en la del sur y en el intradós de uno de los arcos fajones de la cubierta. Dado el aviso a la Institución Príncipe de Viana y efectuadas las catas correspondientes para ver el nivel de la importancia de las pinturas, resultó que eran de tal categoría y originalidad que nos remontaban al siglo XIV. Nadie en el valle tenía conocimientos de su existencia y verdaderamente fue una suerte el poderlas recuperar y darles la importancia cultural y cultual que tuvieron en su momento.

Hoy podemos contemplarlas, aunque no en su totalidad pues en parte se han perdido, y hacernos una idea de cómo se pensaba y plasmaba pictóricamente en la segunda mitad del siglo XIV el concepto de cielo, de infierno, de juicio final a la muerte de cada cual y, sobre todo, podemos disfrutar del mensuario medieval con las faenas rurales que se hacían a lo largo del año. Un testimonio etnográfico, este último, de primera categoría y más cuando en toda Navarra es el único calendario medieval pintado que se conserva in situ. Otro calendario, también medieval, pero tallado en la piedra, se puede ver en el claustro de la catedral de Pamplona.

Pero no acaban aquí los descubrimientos, pues en la zona baja del cielo, a la derecha, se representa a la familia del señor que patrocinó las pinturas. Son los únicos que no tienen el halo de santidad. Que, ¿quién fue este comitente? Pues por la presencia de uno de los escudos nobiliarios dibujados podemos pensar en el Señor de Grez, ya que están sus armas pintadas.

Hay todavía un descubrimiento más, que hace que estas pinturas tengan mayor categoría y relevancia, pues si el almanaque medieval es único en Navarra, también lo es el escudo de los Evreux o mejor dicho de uno de los personajes más particulares de la familia pues, según Mikel Zuza,[2] nos ayuda a poder catalogar temporalmente las pinturas de Ardanaz, además de identificar al Príncipe Don Luis de Beaumont (1341-1376), gobernador de Navarra en ausencia de su hermano el rey Carlos II, pues cabe “la posibilidad de que ese escudo sea el único recuerdo que ha llegado a la actualidad del conquistador de Albania, gobernador del reino y “fundador” por así decirlo de la parcialidad beamontesa, que habría de traicionar al rey de Navarra en 1512. Pero de eso él no tiene culpa alguna…”.

En el lado norte se representan una serie de escenas:
La “psicostasis” o el pesado del alma del difunto para ver si merece ser salvado o condenado. El alma del difunto es un niño desnudo colocado en uno de los platillos de la balanza que sostiene el arcángel San Miguel.
 Otra de las escenas habituales en esta época era la procesión de los condenados en cordada dirigidos por diablos a su morada, para cumplir su castigo eterno en los tormentos del infierno. 

En lo referente a las imágenes del almanaque medieval estas son las representaciones correspondientes a cada mes:

Enero: Dios Jano trifronte con sendas llaves en sus manos.
Febrero: Una aldeana, tocada a la usanza, se calienta junto al fuego mientras prepara la camida.
Marzo: Se ha perdido. Pudiera representar la poda de la vid.
Abril: Una doncella con sendas flores de lis en sus manos.
Mayo: El caballero sale de caza con su halcón.
Junio: Un aldeano siega con la guadaña las primeras hierbas.
Julio: Un segador cosecha el cereal con la hoz.
Agosto: Sobre el trillo arrastrado por la caballería se realiza la trilla en la era.
Septiembre: El tonelero prepara las cubas para el vino.
Octubre: El pastor recoge su ganado y lo estabula. Se harán los campos para la nueva sementera.
Noviembre: El matarife hace la matanza del cerdo.
Diciembre: Se celebra el fin del año y se recibe al nuevo con un banquete.



*San Martín de Artáiz

Era el año 1958 cuando las obras de restauración de la iglesia de San Martín de Artáiz sacaron a la luz, al retirar el retablo que las tapaba, los restos de unas pinturas renacentistas en la bóveda y de otras protogóticas en el frontal del ábside, que con el visto bueno del arzobispo D. Enrique Delgado y Gómez, se despegaron y se llevaron al Museo de Navarra. Restauradas las protogóticas del siglo XIII por el taller del Sr. Gudiol de Barcelona lucen actualmente en el citado museo.

Sesenta años después, en 2018, las pinturas volvieron a colocarse en el ábside, dado que la tecnología actual permitía su reproducción y el 11 de noviembre, fiesta de San Martín, se inauguraron. Con ello, la iglesia ha recuperado parte de su originalidad medieval. Las que se ven hoy en Artáiz no son las originales, que siguen estando en el Museo de Navarra.

La pintura protogótica está por debajo de la imposta ajedrezada y corresponde a los comienzos del siglo XIII[3]. La escena que se representa pone en imágenes el pasaje del Apocalipsis de San Juan 7,9-10, que dice:

“Después miré y había una muchedumbre inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y con palmas en las manos.
Y gritaban con fuerte voz: La salvación es de nuestro Dios, que está sentado en el trono, y del Cordero.”

El centro de todas las miradas es el Cordero Pascual, símbolo de Jesús, muerto y resucitado y aunque todos dirigen su mirada al cordero, sólo a dos personajes se les pintan los ojos completos, pues la visión beatífica no necesita de ojos materiales.

De pie, la muchedumbre adora al Cordero. Ahí están, levitando, fieles bienaventurados de toda condición y raza. Entre ellos se ven a Santos, Reyes, Obispos, Monjes, … y algún judío y musulmán. Hay que hacer notar que, al menos en lo que hoy podemos contemplar, no está representada ninguna mujer.

Las expresiones de veneración se manifiestan también por medio del lenguaje de las manos. Una rica y colorida vestimenta, túnicas y capas, cubre a los bienaventurados. Se emplean los rojos, verdes y ocres para las superficies y el negro para las líneas del dibujo, al estilo de la pintura gótica lineal. El calzado está ricamente adornado.

Las aureolas de santidad, coronas y mitra se realizan con relieve de estuco realzando el colorido y definiendo a los personajes. En estas zonas se emplea el amarillo oro. Los personajes forman grupos. Cada grupo se cobija bajo arcos apuntados que descansan en finas columnas con basa, fuste y capitel. La ventana abocinada se adorna con motivos vegetales diversos. Una cenefa con flores de cuatro pétalos define la zona baja de las pinturas.

La pintura renacentista de la bóveda del ábside corresponde al siglo XVI y probablemente se realizó al terminar las obras que tuvieron por objeto la construcción de la capilla lateral del lado norte, la sacristía y la parte de las cubiertas del gótico tardío.
Sigue la moda de la época del “trampantojo”, haciendo ver al espectador, gracias a la técnica de la perspectiva, arquitecturas en tres dimensiones, cuando en realidad no es así.
Este tipo de pintura decorativa también está presente en Vesolla, recientemente restaurada, al igual que en Grez, a la espera de restauración.

  
*San Martín de Ekai

La tercera parada de esta ruta cultural la hacemos en Ekai, pues en su iglesia de San Martín se descubrió en los primeros años de la década de los setenta del siglo XX unas pinturas murales ocultas por el retablo y por revocos o enlucido en sus paredes norte y sur. Su descubridor fue D. José Esteban Uranga y quien realizó su estudio e informe Dª. Mª. Carmen Lacarra Ducay.[4]

Su catalogación temporal corresponde a la segunda mitad del siglo XIV y tienen de particularidad que, en la principal zona pintada, el presbiterio, se narran distintas escenas de la vida del santo.

Escenas de la vida de San Martín:

1ª: No se ha conservado. Sólo hay retazos. Posiblemente haría referencia a la escena más famosa de la vida de Martín, cuando alistado como soldado de Roma, en un día de frío invierno compartió la capa con la que se cubría con un pobre.

2ª: Jesús se aparece en sueños a Martín y le dice: “Martín, todavía catecúmeno, me has dado este vestido”.

3ª: Corta el árbol sagrado de los paganos. Esta escena refleja la contienda que existía entre los cristianos y los paganos. Éstos tenían un árbol como sagrado que para los cristianos era el árbol del diablo. Martín propone cortarlo y los paganos acceden, pero con tal de que Martín se ponga debajo, con la intención de que al caer lo matara. Martín también accede. Los paganos cortan el árbol, pero al caer cambia la trayectoria milagrosamente y aplasta a los paganos.

4ª: La cuarta escena refleja el momento en que Martín es elegido obispo y coronado como tal tras la aclamación del pueblo.

5ª:  En la siguiente escena Martín resucita a un catecúmeno o a un bandido. En los dos casos sería con la intención de salvarlo.

6ª: Hay una sexta escena, pero no hay datos suficientes para poderla catalogar.


También el nivel bajo del presbiterio está pintado. Una hilada de lo que parecen escudos separa las escenas de la vida de Martín de otra parte de dibujos geométricos con representación de águilas bicéfalas a nuestra derecha según miramos al presbiterio y a nuestra izquierda lo que parece ser la representación de centauros en lucha.

En la pared norte se descubrió una gran pintura de San Cristóbal, que a manera de un tapiz cubría toda la pared de arriba abajo. San Cristóbal era el patrón ante la muerte súbita, digo era, porque con el concilio Vaticano II fue uno de los santos a los que se le retiró el honor de tal. Se le representa con la imagen tradicional de llevar al Niño Jesús en su hombro cruzando un río. El Niño Jesús aparece como emperador, sentado en el hombro izquierdo del santo. En su mano izquierda porta la bola del mundo y con la derecha bendice. Su carácter divino se plasma en la cruz que forma parte del halo que rodea su cabeza.

En la pared sur quedan restos de la escena en que los condenados son conducidos por los diablos al infierno ante la mirada vigilante del ángel Gabriel, si tenemos en cuenta la mención escrita que de él se hace en las pinturas de Ardanaz, donde se ha perdido su imagen. 

Además de estas grandes escenas comentadas, en Ekai hay al menos dos detalles más que se pueden identificar. Uno corresponde a la vida de San Blas de la que solamente queda la indicación “Aquí San Blas…” y tres rostros de soldados finamente dibujados y el segundo se trata de un resto de pintura que se encuentra en el extremo derecho del ábside según miramos al mismo. En un espacio muy reducido y casi difuminado se pueden ver a tres personajes en descomposición que salen al encuentro de otros caballeros que van paseando por el bosque, que formarían parte de la escena que reflejaba una leyenda muy difundida en el siglo XIV, época de muertes masivas por las epidemias que asolaron Europa:

“La leyenda de los vivos y los muertos”.

Cuenta la leyenda que tres ricos y jóvenes caballeros salieron a cabalgar por el campo y se internaron en un bosque, lugar misterioso y peligroso en aquellos tiempos, pues en su espesura podían sufrir ataques de bandidos y proscritos, salteadores de caminos en busca de riquezas de todo tipo. Estando en su espesura se encuentran con otros tres personajes, que, aunque muertos y en evidente estado de descomposición, les cortan el camino.
- ¿Quiénes sois? - preguntan los jóvenes y ricos caballeros.
Los tres muertos vivientes toman la palabra y les advierten desde su estado de ultratumba.
- Lo que sois, nosotros lo fuimos un día. Lo que somos, vosotros lo seréis pronto. Aprovechad la vida mientras hay tiempo, porque lo importante es lo que hagáis de positivo y provechoso para vuestra alma.

En Ekai esta leyenda no está completa, pues falta la parte correspondiente a los caballeros vivos, pero se puede completar con las pinturas recogidas en Uxue-Ujué, dado que allí también se pintó esta escena y afortunadamente se conserva la primera parte.[5]

Espero y deseo que esta ruta cultural y artística hoy presentada, sirva al lector para llegarse por estas tierras navarras de la Comarca de Izaga y disfrutar tanto como lo hago yo difundiéndola. Estamos en el Camino de Santiago y hemos caminado junto al santo del Camino, San Martín. Hemos vuelto con calma y ahora conocemos mejor la pintura mural de Ardanaz, Artáiz y Ekai. Quizás además de arte hayamos conocido también la manera de sentir de las gentes medievales y algún interrogante se haya formulado en nuestra mente para mejorar como personas. Al fin y al cabo, no es sólo arte lo que vemos. Eso es el exterior. En su interior está lo más importante.

Nota: Para saber más del arte gótico y en particular de la pintura mural gótica en Navarra se puede consultar el libro “El arte gótico en Navarra”[6]



[1] Izagaondoa en el Camino de Santiago; Estafeta Jacobea, noviembre 2016; págs. 37-39.
[3] María Carmen Lacarra Ducay; “Pintura mural gótica en Navarra y sus relaciones con las corrientes europeas. Siglos XIII y XV”; Cátedra del Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra.
En Internet: http://hdl.handle.net/10171/4276
[6] VARIOS; “El arte gótico en Navarra”; Gobierno de Navarra, Departamento de Cultura, Deporte y Juventud, 2015.