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sábado, 15 de enero de 2022

ROMERÍAS A IZAGA - ITZARAKO SAN MIGELEN ERROMERIAK

 

ROMERÍAS A IZAGA

ITZARAKO SAN MIGELEN ERROMERIAK

 Por Simeón Hidalgo Valencia (15 de enero de 2022)


 

Este es el título de la última publicación de la colección “Navarra”, de Fernando Hualde y de Joseba Urretavizcaya, que se presentó ayer en Urroz, 14 de enero de 2022, literariamente denominada desde hace unos meses “Villa del Libro”.

Como siempre que mi amigo Fernando presenta alguno de sus trabajos me gusta asistir y aunque los últimos me los he perdido a causa de la pandemia, a éste, me dije, no puedo faltar. Se trata de Izagaondoa y de un nexo común que une a las gentes de esta Comarca de Navarra que suben, peregrinos y penitentes, a lo alto de la cumbre de la Higa o Peña de Izaga, donde se levanta la hermosa y singular ermita-basílica de tres naves como morada de San Miguel, al que se le pide intercesión y consuelo para que sus vidas se vean libres de cualquier mal, y si éste llega lo puedan mejor superar.

Últimamente es un hecho que esta tradición de siglos parece estar en trance de desaparecer. La gente se va haciendo mayor y es ley de vida ir a menos físicamente, aunque la fuerza mental y la ilusión se mantengan. El cambio generacional y las nuevas maneras de vivir ponen el acento existencial en otras perspectivas donde la espiritualidad tradicional queda en gran medida relegada y poco a poco la manera de vivir en épocas pasadas se va difuminando hasta su desaparición. Esto lo vio Fernando desde hace años con mucha claridad y se propuso el arduo trabajo de hacer de notario de un estilo de vida, de pensamiento, de creencias, de acciones, de tradiciones y ocupaciones que los nuevos tiempos relegaban a su extinción y quiso dejar constancia de todo ello a través de un trabajo minucioso de hablar con los mayores de los pueblos y mantener viva la memoria de las gentes, recopilando sus recuerdos.


Hay que RECORDAR y, mientras podamos, también CONSERVAR y RENOVAR. Los dos primeros objetivos los logra Fernando, en parte, con publicaciones. Lo escrito, escrito queda y da fe al futuro a través del testimonio de los informantes y de las imágenes. Es una labor de mente pionera por la cual, como decía en otro artículo titulado
“Fernando Hualde. Navarra está en deuda con él”[1], hay que reconocérselo oficialmente.

Quizás lo más difícil sea el renovar, pues la poca juventud arraigada en estos valles del entorno de Izaga en su gran mayoría va por otro camino. Quizás esa pequeña minoría, pueda de alguna manera dar un toque nuevo a estas romerías. Si lo consigue las romerías a Izaga se mantendrán en su esencia, no tanto en su forma externa. Aunque no suban penitentes entunicados con la cruz a cuestas haciendo penitencia, sí puede ser un día de fiesta de hermandad, solidaridad y encuentro en lo alto del monte con el compromiso de buena vecindad y de colaboración en la tarea de mantener viva la Comarca de Izaga, trabajando unidas las gentes de los distintos Ayuntamientos, Villas y Pueblos.

Y si aún así las romerías desaparecen siempre se recordarán. Lo escrito, escrito queda y da fe de lo que en otro tiempo se hizo y quién sabe si alguien, algún día añorará algo de lo que los antepasados vivían y rescatará, gracias a los libros de Fernando, lo que en la primera parte del siglo XXI languidecía.

Por mi parte, ya digo que para la próxima romería, que espero sea este año, y si salgo bien de lo que me espera en breve, me apunto. Ojala pueda subir por mi propio pie. A San Miguel se lo prometo. 

Y para que se recuerde el acto al que ayer asistí aquí dejo un testimonio gráfico con mi agradecimiento a Fernando por su dedicatoria. El cariño es mutuo.















domingo, 10 de enero de 2016

IDOCIN - PASEO CON MI AMIGO JOSÉ LUIS

IDOCIN – PASEO CON MI AMIGO JOSÉ LUIS

Por Simeón Hidalgo (10 de Enero de 2016)



¡OH MONTE, OH FUENTE, OH RÍO![1]

Terminaba mis artículos de 2015 hablando de la visita que hice a Idocin para conocer el puente medieval. El guía fue José Luis. En su compañía pasé el día 29 de Diciembre y compartí mesa y paseo vespertino. El buen día invitaba a disfrutar del contacto con la Naturaleza y me animé a probarme a mí mismo y dar un paseo por uno de los parajes maravillosos de Idocin.

¡Rincones de nuestros pueblos que ensanchan el espíritu, que fortalecen el cuerpo, que curten el ánimo con inusitada belleza, con sonoros silencios, con cercanos horizontes que invitan a ser conquistados, con cumbres y llanos repletos de solitaria  y  fecunda vida! 

Sobre un manto alfombrado por el robledal, emprendemos el paso levemente empinado. El ritmo sosegado jadea, pero a pocos metros descansamos junto al reposo eterno del pequeño cementerio. 


Lo visitamos. El recuerdo a su ilustre hijo, Francisco Espoz Ilundáin (Espoz y Mina), está presente. Sus armas: Una laya y un sable. Bajo ellos su corazón descansa.  

Seguimos el sendero que nos lleva hasta la ermita bajo el techo de los robles fantasmales de mil desnudos brazos. 


Paramos a respirar y entre la vegetación se descubre La Cumbre y La Ermita. Cumbre de Izaga. Cumbre de un reino.[2] Ermita-basílica de San Miguel. Referencia espiritual de los valles circundantes. 

Seguimos poco a poco hasta la cumbre del Montico donde se levanta la sencilla, humilde y restaurada ermita de Santa María, según se puede leer en la imagen original, como nos informan más tarde. 

Hoy se denominada de La Virgen de la Encarnación. Junto a ella, testigo de romerías, fiestas y devoción religiosa, el  Campo de  la Ermita. Todo en medio del robledal que, en contraluz, matiza al sol de poniente. 


Divisamos los campos bajo la vertiente oeste de El Montico camino de La Cantera, en busca del Gran Roble. En el valle el arbolado serpenteante del río Elorz tiende su sombra en el verde invernal del cereal naciente. Contraste de luz, de color, de sombras de atardecer despejado. 

Entre las sombras, a contraluz, buscamos las ruinas. Dormí entre ellas la noche del 28 al 29 de Junio pasado contemplando las estrellas en busca del nacimiento del sol. Allá, en el fondo, atisbamos el esqueleto del monasterio medieval de Elizaberri. 



Divisamos la copa del Gran Roble. Desde lo lejos lo vigila la Higa de Monreal. Belleza sin igual en ese momento. Silencio. Luz que se acuesta. Pequeñez ante el gigante. Calma y paz. Plenitud.

¿Qué más se puede pedir? 

Pero la realidad se impone y la belleza retorna muerte en el pinar extraño. La procesionaria se lo come. 

El recodo del camino nos pone cara de nuevo a Idocin. Bajamos y cerramos el círculo de este paseo vespertino.

Todo ha ido bien. Estoy contento y, como Fray Luis, he gozado por unos momentos de la vida retirada en contacto con la Naturaleza.