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martes, 29 de noviembre de 2022

LAS MARCAS DE CANTERÍA EN EL PALACIO DE OLITE.

 

LAS MARCAS DE CANTERÍA EN EL PALACIO DE OLITE.

Por Simeón Hidalgo Valencia (28 de noviembre de 2022)



“¡Por fin! ¡Por fin!

Diez años después de los primeros pasos que di allá por el verano de 2012 iniciando el trabajo de campo en el Palacio de Olite, ha llegado el momento y doy por concluida esta publicación sobre sus marcas de cantería.  

Sé de todos modos que, aunque ponga el punto final, la realidad se impone y lo convierte en punto y seguido, dado que todo en esta vida es mejorable y otros vendrán siguiendo la estela que ahora tienes en tus manos, dispuestos a rellenar los baches de un camino complicado que yo no he podido evitar.

Quizás entre ellos estés tú mismo, interesado como estás en la investigación y el conocimiento de este tema de los signos lapidarios denominados como marcas de cantería. Yo mismo he dedicado gran parte de mi vida a recopilarlos con especial interés por esta querida tierra de Navarra y a darlos a conocer a través de mis publicaciones, sea en papel o en digital a través de mi blog. El tema sigue abierto y por ello, mientras pueda, seguiré prestándole mi atención, aunque a un ritmo más pausado.

Hoy te presento esta nueva publicación que lleva por título “Las marcas de cantería en el Palacio de Olite” en la que se muestran 343 modelos de marcas diferentes, algunas de las cuales pertenecen al grupo que denomino “marcas comunes o de listado”, que se repiten a lo largo del tiempo y del espacio y otras, la inmensa mayoría, se han recogido en el edificio en cuestión por primera vez.

 Junto a estos 343 modelos podrás conocer a muchos de sus posibles artífices, pues gracias a la documentación conservada se saben los nombres, procedencia, sueldos, tareas, niveles profesionales de muchos de los 392 mazoneros de la piedra que he identificado trabajando durante el reinado de Carlos III, el Noble. Incluso conocerás a alguno más osado que después de trabajar en Olite lo hará en el señorío de Equisoain, en el Valle de Ibargoiti que, como los maestros canteros de siglos anteriores, aparece firmando con su nombre y emplea la fórmula tradicional del “me fecit” para la posteridad.

También podrás ver cómo el tema del porqué y del objetivo de estos signos lapidarios sigue todavía sin una respuesta clara y definitiva, pero te admirarás, como yo lo hice en su momento, al descubrir cómo transmite conocimiento técnico el gremio de los constructores sirviéndose de una marca grabada en alguno de los sillares de las escaleras de caracol. ¿Qué se esconde detrás de las ballestas del Palacio de Olite?

Aunque hable del gremio de los canteros deberás tener en cuenta que la realización de esta gran obra real se levanta gracias al trabajo conjunto de estos con otros muchos gremios: carpinteros, serradores, pintores, plomeros, yeseros, ceramistas, vidrieros, carreteros, etc., atendidos todos ellos por los braceros o peones y en este grupo es donde he descubierto a las mujeres trabajando en el Palacio de Olite. De ellas también trato contestando a una pregunta que se me hizo. ¿Hubo mujeres trabajando en el Palacio de Olite?

Espero que esta publicación que tienes en tus manos te resulte provechosa y amplíe tu conocimiento sobre una profesión tan importante a lo largo de la Historia. Construir con una materia noble como la piedra es garantía de pervivencia y como las piedras nos descubren sus secretos cuando sabemos preguntar, conocemos poco a poco las verdades que ocultan. Ojalá que nuestro diálogo con ellas sea constante y podamos llegar a descubrirlas. Yo lo he intentado y algo me han contado. Aquí te lo presento.”

 


Esta es la presentación que hago al inicio de la publicación “Las marcas de cantería en el Palacio de Olite”, que ha visto la luz silenciosamente, como en silencio se gestó a lo largo de una década, pero es en el Prólogo donde señalo los objetivos que me han movido en esta investigación.

“Durante el verano de 2012 estuve recorriendo, de nuevo, la hermosa y venturada tierra de Navarra. Lo he estado haciendo durante años siguiendo las huellas de los constructores medievales.

Fruto de ese peregrinaje fue mi libro “Canteros románicos por los caminos de Navarra”, que presenté en el año 2009. El objetivo apuntaba a recoger, catalogar y comparar las denominadas “marcas de cantería” que, según la creencia más común, de la que conscientemente me desligo en gran medida porque no he encontrado aún pruebas fehacientes, son las firmas de los canteros plasmadas en los sillares que realizaban para contabilizar y cobrar su trabajo.

El verano de 2012 me animé a retomar esta actividad, aunque orientado ahora, preferentemente, hacia los edificios de época gótica de los siglos XIII, XIV y XV y uno de los que primero vinieron a mi mente, después de trabajar en la Ermita de San Zoilo de Cáseda, cuyo libro se publicó en 2020, fue el Palacio Nuevo de Olite el que más me atraía y después de obtenidos los permisos del director de Cultura de la época en Navarra di el salto desde Cáseda hasta Olite por dos razones.

La primera porque este palacio es una de las obras emblemáticas de la arquitectura del siglo XV en el Reino de Navarra y paradigma de las construcciones reales llevadas a cabo por el Noble Rey, Carlos III.

La segunda, porque al dar temporalmente el salto desde el siglo XIV hasta el siglo XV esperaba recoger los frutos de una administración puntillosa de las cuentas del reino iniciada por Carlos II, creador de la Cámara de Comptos y encontrar en sus registros la respuesta a uno de los interrogantes que no había podido responder en mis estudios anteriores. ¿Realmente hay documentación en Navarra que nos permita identificar una marca de cantería determinada con un maestro mazonero conocido? ¿Es cierta la tesis tradicional que apunta a que la marca de cantería que se talla en los sillares es la forma de saber el trabajo realizado por un maestro y cobrar por ello? ¿Encontraría en algún documento listas de mazoneros de la piedra escritas y al lado de sendos nombres la marca o signo propio de cada maestro?

 Así pues, con el ánimo renovado y con más fortaleza física en este momento, me decidí a realizar el trabajo de catalogar, analizar, valorar y comparar las abundantes huellas que los canteros que trabajaron en este edificio dejaron grabadas en sus piedras”.



En esta investigación soy fiel a mi método de trabajo, que desde el principio diseñé y que más de uno de mis seguidores lo han ponderado y valorado. También lo expongo en el Prólogo diciendo que:

“Sigo fiel a mi método de calcar las marcas que encuentro con la finalidad de ser preciso, pues así logro, después de perfilar la marca y escanearla, reproducirla en su auténtica escala y se puede observar su tamaño real, cosa que la simple fotografía no garantiza.

Es importante este aspecto, pues el tamaño de las marcas de cantería es un punto a tener en cuenta, que nos ayuda a situarlas en una época concreta. Por lo general en época románica las marcas son más grandes, mientras que en los siglos góticos son mucho más pequeñas. Siempre por lo general.

Para realizar la exposición de las marcas recogidas comienzo con las situadas en el Palacio Viejo en el que veremos algunas que parecen pertenecer al siglo XII-XIII y otras que son de la época del Palacio Nuevo. En este último comienzo por exponer las marcas encontradas en la planta baja: la Puerta de acceso a la Sala de Excavaciones, la Sala siguiente y el Patio de la Morera y Pajarera. A continuación, hago el recorrido indicado en la guía para los turistas: Escalera de acceso a la Gran Torre, La Torre del Homenaje, Cámara de la Reina, Tocador de la Reina, Cámara del Rey, Cámara de los Yesos, Galería del Rey, Galería de la Reina, Torre del Portal de Fenero, Torre de la Atalaya o de la Joyosa Guarda, Torre de los Cuatro Vientos o “Tres Finestras”, Torre de las Tres Coronas y Escalera de Bajada. Termino el catálogo con una serie de Sillares Reutilizados en algunas casas de Olite, pasando a continuación al análisis correspondiente.

Haré la comparativa con otros edificios, siguiendo el esquema de mi trabajo anterior para ver de comprobar si también aquí se cumple lo apuntado más arriba en relación con “marcas comunes” o “marcas de listado” y determinar las que son propias y exclusivas, hasta el momento, de este edificio.

Por último, sacaré las conclusiones propias de este edificio y añadiré unos anexos relativos a algún cantero y marca concretos, así como al papel de las mujeres en la obra del Palacio de Olite”.

Mis esperanzas estaban puestas en encontrar pruebas que me permitieran alcanzar un grado satisfactorio de seguridad en este terreno del porqué y del paraqué de las marcas de cantería. El lector verá si lo he logrado o si la esperanza ha resultado vana.

“El objetivo no es otro que dar a conocer, catalogar, analizar, comentar y comparar las marcas de cantería que el Palacio de Olite nos ofrece. Si de paso se logra encontrar datos o pruebas que permitan descubrir si es cierto que cada marca corresponde a un cantero o a una cuadrilla y se puede asignar el trabajo realizado por cada equipo, mucho mejor.

Espero que la documentación existente nos aporte luz para que podamos dar nuevos pasos y avanzar poco a poco en el sendero del conocimiento resolviendo cuestiones que hasta el momento siguen en el aire. Vayamos paso a paso”.

Muchos somos los que en este camino de la investigación sobre las marcas de cantería estamos trabajando. Pocos, creo yo, tenemos la certeza al cien por cien sobre el objetivo y función que desempeñan, pero entre todos podemos avanzar. Cada trabajo que se publica en este terreno lleva muchas horas de dedicación, estudio, reflexión, consulta documental en archivos o “in situ” y cada uno de ellos despeja un poco la maraña del camino para los que vengan a continuación. Al fin y al cabo, es un continuo. Por ello mi personal reconocimiento a quienes me han precedido y mis ánimos a quien nos siga.

También quiero animaros a que conozcáis esta obra que, alguien que me quiere bien, ha definido como tesis doctoral. Otra cosa es que merezca el “summa cum laude”.

Si te animas y deseas adquirir un ejemplar puedes hacerlo a través del 659303994. Su precio es de 30€, más gastos de envío si se envía contra reembolso. Hay que comentar que los beneficios, si los hubiera, se donan a la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa que trabaja, sin ningún ánimo de lucro ni ayuda oficial, por el Patrimonio y el desarrollo del Turismo en la Comarca de Izagaondoa, Navarra. Zona altamente despoblada y envejecida, pero rica en herencia medieval que no queremos que quede en el olvido. Por ello acudimos con nuestros propios recursos y solicitamos la colaboración de la gente interesada en estos temas patrimoniales.

Desde aquí nuestras gracias anticipadas.

 

A.G.N. CO_DOCUMENTOS, Caj. 107, N 10. 21

A.G.N. Firma de Johan Lome, escultor de imágenes.

sábado, 16 de mayo de 2015

DE LISES Y PALACIOS: ARTÁIZ Y OLITE

DE LISES Y PALACIOS: ARTÁIZ Y OLITE

Por Simeón Hidalgo Valencia (17-05-2015)


A medida que voy avanzando en los distintos trabajos que llevo entre manos, me encuentro con que en diferentes lugares se repiten grabados, marcas, símbolos y signos que no tienen carácter de firmas como se suele decir de los canteros, sino que sea en sillares de piedra, sea en puertas, jambas o dinteles de madera, responden a algo más que una simple firma. Responden al mundo de creencias que los humanos llevamos impresas en nuestro ADN y que reproducimos, casi sin darnos cuenta, a lo largo del tiempo y del espacio.

En esta ocasión voy a presentar a mis lectores algunos grabados o tallas, tanto de la comarca de Izaga, como de los palacios reales de Olite, partiendo del Palacio de Aldunate en el lugar de Artáiz.

Fue el domingo, día 10 cuando, siguiendo la investigación que en estos momentos me ocupa sobre las torres medievales de este lugar de Artáiz, tuve la suerte de poder ver por dentro el palacio, gracias a la amabilidad de los hermanos Jesús Joaquín y Esteban Villanueva. El objetivo era medir internamente las torres de dicho palacio que se levanta, como gran caserón, al borde de la carretera que cruza el lugar. En su momento se hablará sobre ellas. 

Palacio Aldunate de Cabo de Armería del lugar de Artáiz.

Ahora me voy a detener en algo que muy pocos habrán conocido si no han tenido la suerte de entrar al patio porticado del palacio, cuya gloria ha venido a menos, pero que mantiene la pátina del linaje noble que lo habitó.

Fue Esteban quien me lo indicó antes de que yo me diera cuenta y levantara los ojos hacia el dintel de madera de roble que cierra el vano que da acceso a las antiguas caballerizas y más recientes zahúrdas donde se criaban cerdos.

-Mira estos dibujos que hicieron en la madera. ¿Qué representan?

Mi primera reacción fue de admiración ante lo que me señalaba, dado que el dintel en cuestión contiene, nada más ni nada menos que, seis detalles tallados colocados con simetría. Están muy bien tallados y bastante bien conservados y constituyen una muestra etnográfica digna de mencionar y valorar.

Primer dintel tallado de una de las cuadras del palacio.

A primera vista no me costó ver las dos flores hexapétalas. Más tardé en identificar los motivos centrales, dado que en esta zona la madera está más estropeada y no era posible aplicar in situ el moderno tratamiento del Photoshop, pero cuando lo hice inmediatamente descubrí que esos motivos los había visto ya no muy lejos de Artáiz y que además podían tener relación con dos marcas recogidas en los palacios de Olite, tanto en el Palacio Viejo, como en el Palacio Nuevo construido por el rey Carlos III, el Noble. Más aún me costó identificar los dos grabados exteriores, que más que otra cosa me semejaron mariposas, pero al centrarme en ellos con más atención y al observarlos en casa ampliados en el ordenador identifiqué claramente de qué se trataba y por ello decidí titular este artículo como lo he hecho.

Comencemos en un primer momento por identificar los motivos de este dintel a través de un breve comentario, para pasar después a una personal interpretación de los mismos, pues si se han colocado de esta forma será porque en la intención de su autor o promotor eso era importante.

TALLAS 1ª Y 6ª, ESAS QUE ME PARECIERON AL INICIO “MARIPOSAS”.


Dado el estado reseco y desvaído del dintel expuesto a la intemperie a lo largo de varios siglos no resulta fácil identificar los motivos que en sus extremos se tallaron.

Si tenemos paciencia y miramos con atención se llega a descubrir lo que realmente son. Tanto en la talla primera como en la sexta del dintel se descubren  flores de lis.
Flor de lis que se refleja,  como en un cristal o en agua reposada, por lo que en realidad vemos dos flores de lis en cada talla. Una hacia arriba. Otra, su reflejo, hacia abajo. Tengo que puntualizar que es la primera vez que he visto reflejada la flor de lis de esta forma. Así pues, en realidad lo que se ha tallado son cuatro flores de lis en los extremos.

TALLAS 2ª Y 5ª


El motivo de las tallas segunda y quinta es más reconocible y aunque aparentemente son distintos en el diseño, en su fondo viene a ser el mismo. Se representa una vez más el motivo de la flor hexapétala. Me llama la atención que los pétalos de sendas tallas son los que marcan la diferencia fundamental al estar los primeros en el plano del dintel y los segundo rehundidos en el mismo.

TALLAS 3ª Y 4ª

Las tallas tercera y cuarta, las centrales, más deterioradas que las anteriores, vuelven a representar otra vez el motivo de la flor de lis, pero en esta ocasión una mira hacia arriba y la otra mira hacia abajo. Además su diseño varía de las anteriormente vistas, pues añaden tres ramificaciones que se unen en la base del cuerpo de la flor.

¿CUÁL ES MI LECTURA PERSONAL?

Una vez identificados los motivos de las tallas cabe preguntarse lo que Esteban se preguntaba. ¿Qué significa todo esto?

Para mí tiene un claro significado y siempre que he visto marcadas jambas o dinteles de puertas o ventanas, sean éstas residenciales o  correspondientes a estancias para los animales, recuerdo el pasaje del Éxodo donde para evitar la mano segadora de la vida se indica a los israelitas que pinten con la sangre del cordero sacrificado las de sus casas. Así el Ángel de Yahvé  no levantaría su mano ni contra sus moradores ni sus animales.

Este rito protector lo he visto y recogido en muchos lugares, en los que no me voy a detener pues daría como para escribir un libro sobre el tema, recogiendo por ejemplo todo lo que he visto por la Merindad de Sangüesa en Navarra.

Cuando me encuentro con la flor de lis no puedo menos que mencionar su relación con la denominada pata de la oca, que los canteros medievales repetían con frecuencia en los sillares que realizaban y que no es más que la runa de la vida que protege tanto a las personas como a sus animales. Símbolo protector y talismán básico desde las creencias antiguas. 

Me llama la atención que se representen en posiciones invertidas en la talla primera y en la sexta formando un todo, así como las lises correspondientes a las tallas tercera y cuarta y me viene a la memoria sendos capiteles de la fachada de Iriso que he comentado en alguna otra ocasión. También allí se tallan en piedra sendas flores de lis. Una hacia arriba. Otra hacia abajo.


Sin duda nos están hablando de las dos realidades de las que ningún ser vivo, y menos los humanos nos podemos zafar: la vida y la muerte y aquí en el dintel del Palacio Aldunate de Artáiz no se cansan en repetirlo, pero junto a este recuerdo a la vez impiden que por ese vano penetre el mal en el interior, sea la forma que adopte.


Más fuerza, si cabe, tienen las lises tercera y cuarta, pues si nos fijamos bien se tallan a la vez las patas de la oca. La runa “Feoh” y la runa “Eolh”  que añade un pequeño pie que prolonga la línea central, hacen relación a la protección y a la defensa frente a lo intruso que pudiera traer calamidades tanto a las personas como a sus ganados.

Hemos de tener en cuenta que estamos en una sociedad en la que se vive en contacto con la Naturaleza, en la que los ciclos vitales no se controlan como en la actualidad, en que las epidemias,  las pestes y las guerras diezmaban o hacían desaparecer a pueblos enteros, por lo que las creencias en los elementos protectores estaban a la orden del día y venían heredados de mucho más atrás, desde los orígenes de la humanidad.

Aunque en la época en que este dintel se talla, posiblemente en el siglo XV-XVI la iglesia católica regía con sus normas toda la sociedad, no por eso habían desaparecido las costumbres antiguas de pedir protección a través de símbolos catalogados como “paganos”, pero que están presentes en todo lugar de la Tierra, pues como he comentado anteriormente están en el ADN de la humanidad.

Cristianizados muchos de estos ritos entran a formar parte de la liturgia de la Iglesia y en los dinteles, jambas o puertas de las casas se graban cruces, anagramas de Jesús o de María, se entronizan Sagrados Corazones, se rocían con agua bendita las casas, se sube a los altos en romerías a implorar a santos y ángeles y desde allí se bendicen campos y cosechas en las direcciones cardinales,… todo para solicitar la protección de las personas, sus animales y sus cosechas y ahuyentar los males. Las cruces de Mayo que se colocaban antiguamente en los campos de cereal no tenían otra misión. Con ellas se protegía al campo del pedrisco y con la buena cosecha habría prosperidad.

Las dos flores hexapétalas, una rehundida, otra saliente, también nos pueden estar hablando de la dualidad de la vida y de la muerte, del bien y del mal, del triunfo y la derrota, de la prosperidad o de la pobreza a lo largo de la vida, pues en definitiva es la vida lo que ellas representan y desde antiguo se graban también en lugares sagrados como soles que lanzan sus rayos de calor a la Tierra haciendo prosperar la vida.


Varios siglos antes de que este dintel del Palacio Aldunate se tallara, ya el comitente que indicó los motivos que habían de custodiar al crismón central en el tímpano de la iglesia de San Martín de Artáiz, para mí el gran señor feudal del lugar y gran obispo de Pamplona, Pedro de París o de Artajona, recurrió prácticamente a los mismos motivos protectores que se muestran en el dintel. Quizás una forma de cristianizar el símbolo, dado que bien mirado también se puede interpretar como otro tipo de Crismón.

En definitiva estamos ante símbolos todos ellos de protección y de vida que custodian el recinto de los bienes del señor en forma de animales: caballos, bueyes, vacas, ovejas, cerdos,… sin ellos su poder se vería mermado sensiblemente. Por ello se los protege con amuletos ancestrales.

DEL PALACIO ALDUNATE DE ARTÁIZ A LOS PALACIOS DE OLITE.

Para terminar el comentario sobre este primer dintel quiero levantar la mirada y comparar los diseños de estas flores de lis de Artáiz con las que he encontrado en el Palacio de Olite en algunos de sus sillares.

Su parecido me sorprendió desde el primer momento y he recurrido a cortar por la mitad las lises de Artáiz por ver si el resultado eran las singulares medias lises de Olite.

La marca de cantería de Olite que representa la mitad longitudinal de una flor de lis la he encontrado por dos veces. Una en cada palacio.

En el Palacio Antiguo, hoy Parador Nacional, hay una de ellas que es la que aquí recojo y que está en la parte interior de uno de los sillares que forman el dintel de la chimenea de la habitación 107.

Como se puede apreciar es un sillar reutilizado al que para adaptarlo a su nuevo lugar se le cortó su parte superior.

El diseño completo de la flor coincide con el de las dos flores centrales del dintel de Artáiz, lo que me hace pensar en una época cercana para los edificios, dada la singularidad de estos modelos, al igual del que viene a continuación.

Esta segunda marca de cantería está en la Torre de las Tres Finiestras o Torre de Los Cuatro Vientos del Palacio Nuevo. Se ha recogido una sola vez y muestra la mitad superior derecha de una flor de lis.

El mismo resultado se obtiene si seleccionamos esa misma parte de las flores de lis del Palacio Aldunate de Artáiz.

Como las de Artáiz, éstas de los Palacios de Olite desempeñarían la misma función protectora, más que ser la firma de un cantero determinado.


Pasemos ahora a un segundo dintel en la zona de las antiguas cuadras. Es mucho más sencillo y escueto que el anterior y si nos detenemos para observar sus símbolos descubriremos también parte de su significado, que como en el caso anterior está relacionado con el mundo de creencias ancestrales que perviven en el siglo XV-XVI y que para los que estamos habituados a recoger estas marcas y estudiar su posible significado, nos resulta extremadamente conocidas las que aquí se reproducen, dado que son muy frecuentes en los sillares de los canteros. La novedad es que también se graban en la madera.

Es el siguiente


He hablado en plural refiriéndome a lo que ahora se graba en este dintel, porque al menos son seis signos los que yo distingo. Todos ellos los he visto grabados en la piedra de los canteros medievales.

1º. Una línea vertical en el centro de la figura.
2º. Un aspa o cruz de San Andrés.
3º. Un triángulo en la parte izquierda.
4º. Un triángulo en la parte derecha.
5º. Dos triángulos tangentes que a veces he denominado pajarita o reloj de arena.
6º. Una estrella de seis rayos.

Me detengo en los dos siguientes:


Este símbolo cuando lo recogemos en los sillares medievales tendemos a calificarlo como una marca de cantería y más de uno afirma que es la firma de un cantero.

Personalmente sí digo que es una marca de cantería por el mero hecho de que ha sido un cantero quien la ha realizado, pero al ser una marca de las que se repiten a lo largo del tiempo y del espacio lo de la firma de un cantero concreto se desvanece y más cuando lo vemos ahora grabado en la madera. ¿O es que esto es la marca o firma de un maestro carpintero?

Más me parece otro de esos símbolos protectores que he visto grabado en algunas claves de puerta y que a su vez forma parte de los símbolos rúnicos.

Formado por dos triángulos tangentes bien pudiéramos estar ante la unión de los complementarios; lo divino y lo humano, lo masculino y lo femenino, la celeste y lo terrestre,… más claro de verse cuando está en posición vertical.


Si  nos centramos en sus líneas diagonales descubriremos una estrella de seis rayos, también muy repetida en los grabados de sillares por los canteros a lo largo del tiempo y del espacio y que aquí se usa igualmente realiza en la madera.

Volvemos a encontrarnos con un símbolo “pagano” de la espiritualidad ancestral con alusión al sol y su poder de generar la vida, luz frente a las tinieblas, fortuna frente al infortunio, que cristianizado se convierte en el anagrama de Jesucristo, desde la órbita creyente católica imperante en la época que se realiza.


Después de todo lo comentado pienso que el simple hecho de analizar estos grabados y de relacionarlos con los encontrados en otros lugares puede abrir el campo de visión para situarlos en su lugar correspondiente y valorarlos más por su valor simbólico asumido por las civilizaciones de todo el mundo, pues todos los llevamos impresos en nuestro subconsciente.


Los grabados de los dinteles del Palacio Aldunate de Artáiz, desde mi punto de vista, son símbolos protectores destinados a ahuyentar todo posible mal que intente penetrar y dañar la riqueza animal de sus poseedores. Símbolos a la vez de las creencias antiguas, que se mantienen vivas a pesar del rigorismo católico de la época, que de alguna manera reflejan la libertad de espíritu de quien los mandó tallar.

viernes, 20 de febrero de 2015

LAS BALLESTAS DEL PALACIO DE OLITE

LAS BALLESTAS DEL PALACIO DE OLITE

Por Simeón Hidalgo Valencia (20-02-2015)


Después de comprobar que la ballesta de Añézcar, Navarra, era más que una simple marca de cantería y pasaba a la categoría de plano encriptado que contiene la traza en planta de la iglesia, al menos en los tramos de la cabecera y de los dos primeros cuerpos de la misma, me puse el reto, ya que en estos momentos trabajo en el estudio de las marcas de cantería de los Palacios de Olite, de ver cómo casaban las ballestas grabadas de la “Gran Torre” y de la actual “Escalera de Salida” con el  lugar donde se encuentran, que son sendas escaleras de caracol.


Cuando en el verano de 2012 me pasé unos días recorriendo sus estancias catalogando, fotografiando y calcando todo signo grabado en los sillares, muchos turistas se paraban por un momento a observar lo que hacía.  Más de uno me preguntó y les inicié en el tema. Otros ya lo conocían y me comentaban “lo común” de que según las piedras que marcaban así era su sueldo, a lo que yo les ponía mis dudas. Hasta algún otro, que visitaba el palacio con su hijo, se interesó por mi trabajo y estuvimos cambiando impresiones. Tampoco él era defensor de las teorías decimonónicas y apuntaba por otros derroteros secretos, pues no me los desveló.

Yo seguí a lo mío y a mi ritmo saqué adelante el trabajo de campo y lo he tenido ahí, a la cola, esperando su turno. Ya le ha llegado después de sacar adelante el trabajo sobre “Las Marcas de Cantería en San Zoilo de Cáseda” y de superar la galbana prolongada que sobre el tema he tenido.

Cuando, por fin, me he animado, he empezado a escribir y en las primeras páginas del mismo me he encontrado con una serie de marcas en forma de ballesta y siguiendo mi método de trabajo escribí lo siguiente:


“A continuación se recoge una familia de marcas que representan distintos tipos de ballestas. La mayoría de ellas responden a modelos con estribo, cuya finalidad era el poder facilitar el tensado del arma a la hora de colocar el dardo. El diseño de todas ellas, salvo alguno que he encontrado trazado a mano alzada, está realizado con instrumentos de dibujo y su grabado denota que el maestro cantero cuidaba la pulcritud de su trabajo.


Este primer modelo, del que se recogen algunos ejemplares con ligeras variantes en su trazado, miran hacia la izquierda y el gatillo aparece bajo el mástil de la ballesta. En total he recogido 17 sillares aplantillados en las paredes de dos de las escaleras de caracol: 13 en la Gran Torre y 4 en la Escalera de Salida.




Estos otros modelos están diseñados en visión especular con relación a los anteriores. También son 17 los recogidos. Todos ellos se encuentran en la escalera de caracol de la Gran Torre.


Este ejemplar inacabado, pues le falta el gatillo, se ha encontrado una sola vez, también en la Gran Torre.



Este otro modelo de ballesta es más primitivo que los anteriores, pues no lleva el estribo. Su tensado era más dificultoso y para facilitar la operación de tensar y cargar el arma se le incorporó esta pieza desde finales del siglo XII. De este modelo se han encontrado 4 representaciones en la Gran Torre.


Este otro modelo con diferente disposición del gatillo se ha recogido una sola vez, también en la Gran Torre y está reproducido a mano alzada, dada la imposibilidad de calcarlo.

En total son 39 los sillares encontrados marcados con la marca de la ballesta y todos ellos formando parte de sendas escaleras de caracol de las torres mencionadas.

La marca de la ballesta es otro de los diseños que se ve con mucha frecuencia en los edificios medievales, recorriendo el tiempo y el espacio, por lo que pudiera  transcender  a la mera firma de un cantero.

En Navarra es el Monasterio de La Oliva donde he recogido el mayor número de ballestas, aunque su diseño es a mano alzada con un trazo bastante irregular. También las he recogido en el Monasterio de Irache donde se puso mayor esmero en su trazado. En el “Desolado de Rada” he catalogado una más, pero está en muy malas condiciones, aunque sigue el modelo de las de Olite. Por el contario, es en la iglesia de San Andrés de Añézcar donde la única marca encontrada se sitúa en la jamba derecha de la portada, según miramos. Es una ballesta perfectamente trazada, de la que pienso, siguiendo las tesis de los estudiosos Jordi Aguadé y Rafael Fuster, tiene los visos de ser indicadora de la planimetría del templo, como comento en el artículo titulado “La ballesta de San Andrés de Añézcar - Navarra”.[1] 

Sería interesante comprobar si las recogidas en el Palacio de Olite cumplen función semejante.”

… y hasta aquí he llegado en la redacción de este último trabajo que me supone muchas horas de lectura de catálogos documentales, de visitas al lugar de los hechos, de horas de archivo tratando de recopilar los nombres de los canteros que en Olite trabajaron, de los que ya tengo algunos nombres y algunas aventuras de unos cuantos, pero de los que aún no he podido acreditar fehacientemente y casar su nombre con “su marca”, por eso de confirmar lo que habitualmente se dice.

De nuevo tengo la redacción parada, pues después de lo de la ballesta de Añézcar me entró el gusanillo de comprobar si las ballestas de Olite nos dicen o informan de algo más, siguiendo el camino abierto por mis dos colegas mencionados.

La verdad que no tenía muchas esperanzas de encontrar algo interesante, pues aquí estamos ante un edificio civil destinado a residencia palacial, pero con función también defensiva en caso de guerra. Por ello que entre los más de 340 modelos recogidos de marcas diferentes no es de extrañar que la ballesta también esté presente. Al fin y al cabo era un arma habitual, que a pesar de la oposición de la Iglesia, terminó por imponerse, frente al arco tradicional.

Lo que sí me llamó la atención al analizar su localización es que sólo era en la “Gran Torre”, centro nuclear del palacio nuevo, y en la “Escalera de Salida” que usan los turistas al finalizar su visita, donde hubiera ballestas como se ha indicado.

También que la mayoría de ellas estuvieran perfectamente trabajadas, denotando que hubo un replanteo previo realizado con reglas, compases y medidas de la época. El perfecto grabado hace pensar en un trabajo de maestro profesional, perfeccionista en ocasiones, que no tiene problemas en “perder” tiempo en la realización de estos pequeños e interesantes detalles.
Pequeños e interesantes detalles que aunque no pasen desapercibidos para los ojos más detallistas sí lo hacen en cuanto a su posible significado. Vemos lo exterior y no nos extrañamos. Es lógico que la ballesta esté grabada en un espacio militar.

Pero, ¿y si hay algo más?, me pregunté y me puse a cavilar para tratar de ver lo que estas ballestas del Palacio de Olite pudieran esconder.

Como al menos hay dos modelos distintos, diferenciados por la posición del gatillo elegí una ballesta de cada tipo y empecé a analizar y relacionar cada una de sus partes, hasta dar con algo que me pareció completamente revelador que estaba en sintonía con el lugar en que se han grabado las ballestas, que a continuación, a manera de ficha pedagógica de cuaderno de trazados geométricos expongo, esperando que el resultado final también sorprenda a mis lectores y que les de luz para conocer algo más de los propios conocimientos de los mazoneros medievales como se les llama en la documentación de la época en el Reino de Navarra, en época del Noble Rey Carlos III.



Pasemos pues a la exposición de cada paso:

Análisis de la siguiente ballesta.




1º: Tomando como centro el punto 2 trazamos sendas circunferencias concéntricas cuyos radios serán respectivamente 2 - B y 2 - C.
Siendo 2 el extremo final inferior del mástil de la ballesta.
Siendo B el punto final superior del mástil de la ballesta.
Siendo C el punto de corte de la prolongación del mástil al encontrarse con la parte externa del estribo.

Resulta de ello una corona circular de anchura B - C. 



2º: Tomando como centro el 2 abrimos el compás hasta el encuentro del tramo vertical del gatillo y trazamos un círculo.

Al punto de tangencia del círculo con el tramo vertical del gatillo lo denominaremos más adelante A. 



3º: Tomando como centro el punto 4 y abriendo el compás hasta el punto 3 trazamos otra circunferencia cuyo radio es 4 – 3.



4º: Tomando como centro el punto 3 y abriendo el compás hasta el punto B volvemos a trazar otra circunferencia de radio 3 – B. 

5º: Nombramos los puntos de tangencia  A y uno de los dos puntos de cruce de las circunferencias 3 - 4 o 3 - B. En este caso se ha elegido el más interior y lo denominamos D.

Lanzamos una línea desde A hasta D y la prolongamos hasta el encuentro de la circunferencia exterior y a este punto lo denominamos E, resultando la línea A - E.


6º: Nombramos con la letra F el punto de corte de la circunferencia inferior cuyo radio es 2 - F, siendo F la distancia del mástil de la ballesta a la parte vertical del gatillo de la misma. 


7º: Unimos los puntos A – E – C – F – A… y aparece la clave que esconden las ballestas del Palacio de Olite en relación con el lugar donde están grabadas. 


8º: ¿Qué es lo que nos aparece en el espacio oscurecido? 


… y

9º: ¿Qué representa esto?


Ni más ni menos que la planta o plantilla de los escalones de una escalera de caracol. 

Pero aún tenemos un dato más necesario para construir la caja de la escalera, que no es más que la corona circular que hemos visto en el primero de los pasos.

Veamos el siguiente gráfico.

10º: La línea trazado en el paso 6º cortaba también a la gran circunferencia interior del paso 1º. A ese punto de corte lo denominamos G. 


11º: Unimos los puntos B – C -- E – G  y nos sale una sección de la corona circular.     



12º: ¿Qué es esto?

Ni más ni menos que la planta o la plantilla para realizar los sillares de la caja de la escalera de caracol.


Cuando llegué a este resultado me asombré de lo que una simple marca de cantero, “realizada para marcar los sillares de cada trabajador, porque es su firma, y según eso cobrar su salario” no pude más que sonreírme para mis adentros y comentarme a mí mismo:

“Pues qué poco cobró el cantero que firmó con el signo de la ballesta en el Palacio de Olite y si además tenemos en cuenta los modelos vistos al principio y mantenemos que cada modelo pertenecía a un miembro de la misma cuadrilla o familia, aún menos sueldo todavía”.

Pues no señores, las ballestas del Palacio de Olite no son simples marcas o firmas de cantero, sino, como comentaba al hablar de la única marca de Añezcar, ballesta igualmente, son algo más. Son mucho más.

Son los dibujos de las armas que todavía en la segunda década del siglo XV eran usadas en las guerras o cacerías y que emplearon los maestros constructores para dejar de forma disimulada, encriptada, sus conocimientos técnicos constructivos.

Por algo las colocaron en los sillares aplantillados de las dos escaleras principales de caracol existentes en el Palacio de Olite.

Y otro pensamiento me vino a la mente a favor de estos constructores de “época oscura” de la Edad Media y es un pensamiento muy simple si se quiere: “No eran bobos, sino muy listos”. Al menos mucho más que los que creemos saber algo sobre este “subproducto” medieval denominado “Las Marcas de los Canteros”.

Tan listos, que supieron preservar su conocimiento y transmitirlo bajo el dibujo de una simple ballesta. Conocimiento que sólo a los que buscan y ven más allá de lo simple y aparente, se les transmite.

He hecho la prueba con otros modelos y en todos ellos el resultado ha sido el mismo y como sería largo comentar al menos el modelo especular al expuesto, lo dejo a la voluntad de mis lectores.


Otro modelo de ballesta con el gatillo hacia la izquierda del Palacio de Olite.

Plantilla de peldaño de escalera recogido en San Pedro de Aibar. Navarra.


Plantilla de peldaño de escalera recogido en San Pedro de Aibar. Navarra. 


Peldaño de escalera recogido en los restos de la iglesia Sanjuanista de Leache. Navarra.