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jueves, 12 de abril de 2018

ESLAVA: DE ROMANOS Y ROMÁNICOS


ESLAVA: DE ROMANOS Y ROMÁNICOS

Por Simeón Hidalgo Valencia (12 de abril de 2018)


¿VNDE VENIS ET QVO VADIS?
¿DE DÓNDE VIENES Y A DÓNDE VAS?

En Eslava, la primera parte de esta pregunta se puede responder con bastante certeza si nos atenemos a los restos arqueológicos romanos que se hallan en su término. Sabemos por ellos que el asentamiento pre-romano vascón allí existente vio llegar a las legiones romanas y asentarse en esta comarca y, sin duda, deslumbrarles con la fuerza de las armas y también con la fuerza de su avanzada cultura.

A esa ciudad romana hoy día la denominamos Santa Criz (Santa Cruz), pero este nombre es el resultado de la cristianización posterior a la romanización. Al fin y al cabo el mundo evoluciona y las culturas se suceden unas a otras en constante adaptación a los nuevos tiempos.

Como en otros lugares antiguos, andando ya por la Baja Edad Media se habla de San Quirie (Kyrie), que derivará en San Quirico, siendo sus orígenes el rito religioso antiguo de implorar a los dioses, griegos y romanos, a la vez que se le hacían ofrendas, para que fueran favorables a los mortales humanos y desde al dios supremo Júpiter hasta al más ínfimo de los dioses se les reza y se les levanta altares reconociendo su favor. Este rito de invocar a los dioses ha llegado hasta nuestros días y los cristianos siguen solicitando este favor en la eucaristía cuando rezan el Kyrie eleison (Señor ten piedad).


Dioses antiguos locales como Peremusta o Lacubegui entran a formar parte del panteón divino. Sus altares nos hablan de votos y promesas y de agradecimiento por los favores recibidos, sea en forma de salud, prosperidad, fecundidad o paz en el más allá.

El esplendor de los dos primeros siglos de nuestra era dio paso a la decadencia y nuevas estructuras medievales se levantan y la población, vigilante, sube a los altos y Eslava se erige como fortaleza defendida por su castillo medieval, al igual que Gallipienzo, Cáseda, Aibar, Uxué o San Martín de Unx. Prueba de ello son los restos de la torre que se levantó en la ciudad romana, reflejo de la pervivencia del asentamiento posterior. Restos medievales que habría que conservar y no desestimar a la hora de nuevas excavaciones, pues por encima de los estratos romanos también hay estratos que nos hablan de vida y sus restos ocultos son igualmente testigos de una época más reciente que hablan de dónde venimos.


Recorrer el caserío de la villa de Eslava después de haber contemplado lo descubierto de su época romana nos depara también parte de la respuesta a la pregunta del inicio, básica para encontrar el sentido a la vida actual, pues descubriremos retazos de su arquitectura que nos hablarán unos claramente de lo que fueron las gentes que aquí vivieron y otros abrirán nuevos interrogantes que hay que investigar.

Así, la misma localización en alto nos indica que sus habitantes buscaron, como los de las localidades vecinas citadas, la propia seguridad y el dominio de su territorio. En lo más alto, por encima de la iglesia de San Miguel, arcángel morador de las alturas, como en Aralar o en Izaga, hay que imaginar al castillo que hasta el siglo XVI señoreaba sobre el caserío. Más abajo, la propia iglesia estira su cuello sobre las casas desde finales del siglo XII o comienzos del XIII a juzgar por los restos más antiguos de la misma. Su humilde cripta, su portada de medio punto, su escalera hacia la torre, su ventanal occidental, entre otros, nos hablan de lo que actualmente calificamos como época románica, pero modificada a lo largo del tiempo adaptándose a los nuevos estilos constructivos y decorativos góticos, renacentistas, barrocos o rococós.

Detengámonos ahora a contemplar y a tratar de comprender el mensaje de la portada de la iglesia.

La portada abocinada de la iglesia de San Miguel de Eslava la podemos calificar de románica. Se compone de tres arquivoltas de medio punto que descansan sobre columnas formadas por basa, fuste y capitel. También posee guardalluvias. El tímpano es liso y no tiene decoración. Las columnas se levantan sobre plinto.

Los seis capiteles están tallados con motivos vegetales y si nos detenemos a analizarlos veremos que el comitente que patrocinó esta obra los eligió atendiendo a la simbología que en su época transmitían. Motivos vegetales que coinciden con los encontrados en otros lugares.

En cinco de los seis capiteles aparecen tallados la flor de lis y la hoja de la higuera. En el encuentro de las caras de los mismos, sendos motivos que recuerdan a zarcillos de la vid cuyos extremos espirales  se transforman en semiesferas, a la manera de la portada de la iglesia de Sengáriz, actualmente en la iglesia de San Martín de Tours de San Martín de Unx.

En este capitel, el primero por la izquierda, según miramos hacia la portada, se aprecia muy bien las tres partes de los capiteles mencionados. En su cara externa la flor de lis con su tallo angulado con cuatro porciones de esfera en la zona de los pétalos. El motivo central ya comentado en el encuentro de las dos caras y en su cara interna una hoja que en este caso es distinta a las demás hojas de higuera que aparecen en la portada, pero que aunque se talle con tres ramales y no cinco se puede considerar como tal, al igual que sucede en Lizarraga de Izagaondoa.

El estilo de talla en los capiteles me recuerda a la forma de hacer en las iglesias de Larumbe, Añézcar y Ochovi, claramente de estilo gótico. Por otra parte hay que hacer notar que las formas angulosas que se asientan en el collarino recuerdan a lo visto en la iglesia de San Martín de Izco y en la citada de Sengáriz. Las tallas esféricas se han recogido también en las iglesias de Najurieta y Leoz.

Hay dos capiteles en que en sus dos caras se talla el mismo motivo. En el central del lado izquierdo, según miramos, el derecho de la portada, se representan dos flores de lis. En el interior del lado derecho, según miramos, el izquierdo de la portada, se representan dos hojas de higuera. Quizás alguien dirá que son hojas de vid, pero observando los detalles veremos cómo éstas  tienen los bordes lisos, mientras que las de la vid son como dientes de sierra. Si las comparamos con hojas de higuera de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa no hay ninguna duda de que se trata de hojas de higuera.

El único capitel diferente en cuanto al motivo principal es el siguiente, que me recuerda al recogido en la iglesia de San Andrés de Garaioa. También hay algo parecido en San Martín de Izco, pero en este último lugar presenta más semejanza con una piña, mientras que en Garaioa y Eslava se puede pensar en el grano de trigo.

Quien haya seguido mi trabajo sobre el cantero Petrus y su escuela podrá ver, como atisbo yo, que hay bastantes coincidencias temáticas y en parte estilísticas con algunas iglesias petrinas. ¿Será ésta de San Miguel de Eslava una más?

¿Qué lectura hago a partir de lo visto en los capiteles?

La flor de lis viene a ser la pata de la oca y asimismo la runa de la vida, símbolo positivo, por tanto, que se contrapone a la muerte.

La hoja de higuera representa al árbol prohibido del paraíso de cuyo fruto, el higo, comieron Adán y Eva, según creencia antigua. Se ve muy claramente en la citada iglesia de Lizarraga donde aparecen la higuera y el roble como árboles que representan la muerte y la vida. La antigua y la nueva ley, respectivamente.

El grano de trigo enterrado en buena tierra muere y renace y florece dando el ciento por uno y se convierte en el alimento material y espiritual.

Traducido en mensaje catequético podemos decir que la portada de la iglesia de San Miguel de Eslava nos dice lo siguiente:

Para salir del pecado y de la muerte (higuera) y lograr la vida espiritual (flor de lis), el cristiano ha de alimentarse con el pan (bolas esféricas y trigo) que en la eucaristía se convierte en el mismo Jesús.

Como en Guerguitiáin, como en Besolla, como en Najurieta, como en Garaioa, como en Izco, como en Lizarraga de Izagaondoa, en la portada de San Miguel de Eslava se repite el mismo mensaje básico para el cristiano.


Pero sigamos recorriendo las calles de Eslava y nos toparemos con algún misterio para resolver por los estudiosos, como es lo que se muestra en la siguiente composición fotográfica.

Un recinto subterráneo de bóveda de cañón recuperado en parte, con ventana abocinada al interior que derrama la luz sobre la estancia principal rectangular en cuyos laterales se abren dos estancias en cada lado, con la puerta de entrada bajo la ventana que da a una pequeña galería también de bóveda de cañón con imposta a ambos laterales de la pared. En la estancia más grande dos pocitos rectangulares. ¿Qué era este recinto subterráneo? ¿Para qué se utilizaba? ¿Era un taller? ¿Una pequeña fábrica de teñidos de paños? ¿Un establo para guardar el ganado? Lo interesante es que la pared del fondo de la gran estancia parece tapar otra galería que seguiría por debajo de las viviendas.

Resolver estos misterios ayudará también a responder a la pregunta del inicio ¿VNDE VENIS? ¿De dónde vengo?

Y dar respuesta a este interrogante creo que es básico para encaminar los pasos hacia el futuro. ¿ET QVO VADIS? ¿A dónde vas?

Aplicarlo a la villa de Eslava pienso que es fundamental, como es fundamental para todas estas poblaciones navarras que ven envejecida alarmantemente su población y los pocos jóvenes que quedan prefieren la comodidad de la ciudad. Afortunadamente una gran empresa cercana a Eslava ha paliado en parte la falta de trabajo, pero no es suficiente. Y como no es suficiente habrá que hacer algo para que Eslava vuelva a recuperar su población y sus actuales vecinos mantengan viva la esperanza en el futuro.

¿Qué recursos tiene Eslava para el futuro? Para mí hay uno básico que habrá que potenciar. Su pasado. Pasado aparecido en parte y que en gran parte aún está por desenterrar. Su ciudad romana.

Yo mantengo la tesis de que para recuperar la vida, en todos los sentidos, de cualquier lugar, hay que valorar lo que se tiene y convertirlo en uno de los motores del propio desarrollo. Recuperar el patrimonio, restaurarlo y darlo a conocer es algo que cada día se valora más y que atrae al turismo cultural, y el patrimonio de Eslava es muy grande e importante. ¡Nada menos que una ciudad romana! ¡Como para dejarlo de lado o llevárselo a la capital!

En una visita a Santa Criz se comentó por parte del director de la visita el llevar las piezas a Pamplona para mostrarlas en el Museo de Navarra, dada la categoría de las mismas. Personalmente hice la propuesta de que estas piezas deberían quedarse en su lugar. En Eslava, porque son patrimonio de Eslava en primer lugar. ¿Por qué no hacer de Santa Criz uno de los motores básicos del desarrollo de Eslava? ¿Por qué la manía de llevarlo todo a la capital? ¿No es esta otra forma de espoliar el patrimonio de los pueblos?

Afortunadamente los pasos van en esta dirección con la idea de poder exponer en un museo local las piezas arqueológicas recuperadas de Santa Criz. Estos proyectos culturales y de desarrollo local han de ser potenciados por la administración pública local y sobre todo el Gobierno de Navarra y no dejarlos sólo a la iniciativa del mecenazgo particular.

Afortunadamente también hay vecinos sensibles en Eslava que se han preguntado por su origen y les preocupa su futuro y trabajan desde sus posibilidades por hacer algo para que éste florezca.

El visitante que recorra las calles de Eslava, como lo haremos algunos el próximo día 21 de abril convocados por la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, seguro que se admirará haciendo el denominado “Paseo megalítico”. Una serie de hitos en piedra realizados por D. Félix Zaratiegui, hijo de Eslava y profesor actualmente en la Sorbona, que mantiene vivas sus raíces. Alternando lo antiguo con lo moderno uno siente que el testigo patrimonial heredado pasa a nuevas manos y que el ser consciente de los orígenes da fuerza, ánimo e ilusión para el futuro. He aquí dos ejemplos en este “Paseo megalítico” que revive también los recuerdos infantiles, homenajea a las madres y reta a Eslava hacia el futuro.


¿ET QUO VADIS, ESLAVA?




domingo, 5 de junio de 2016

DE IRISO Y ARÓSTEGUI

DE IRISO Y ARÓSTEGUI

Por Simeón Hidalgo Valencia (05 de Junio de 2016)

El lugar de Iriso está en el Valle de Izagaondoa. El de Aróstegui en el Valle de Atez. Los dos forman parte de Navarra. Los dos tienen una iglesia gótica con cabecera recta, posiblemente construidas ambas a lo largo del siglo XIII. Los dos presentan detalles esculpidos que pueden responder a una misma mano o al menos a una misma corriente o escuela. En Iriso los detalles esculpidos están en su portada, de la que ya escribí hace tiempo[1]. En Aróstegui aparecen en el exterior de la sencilla, pero hermosa ventana de la recta cabecera.

Tengo que confesar que si no llega a ser por mi amigo y compañero de la Asociación Grupo Valle de Izagaondoa, Mikel Zuza, posiblemente no me hubiera acercado hasta el Valle de Atez para visitar el lugar de Aróstegui. De hecho fue el domingo, 25 de octubre de 2015 cuando puse allí los pies por primera y, hasta el momento, última vez.

Días antes había recibido una imagen por correo y un comentario de Mikel, que recalcaba y llamaba mi atención, creo, pues he perdido dicho correo, sobre la presencia de la flor de lis tallada en piedra en sendos lugares, por lo que en cuanto pude me acerqué a observarla in situ y a tomar las fotografías pertinentes.

Cuando llegué y busqué la llave por el caserío se me comentó que precisamente con frecuencia vienen a ver esta ventana gentes interesadas en estudiarla.

-La sacan cantidad de fotografías.
-Parece que tenemos en el pueblo algo interesante.

Con la llave en la mano y la confianza del casero me dirijo a la iglesia para verla por su interior. Después me centro en la famosa ventana, que realmente es el punto de referencia artística de toda la mole del edificio. Testigo indiscutible de su época medieval.

La ventana en cuestión tiene todos los elementos de una portada, como es el caso de la “ventana del caballero” en la iglesia de Zuazu. Es alargada, de medio punto, con dos arquivoltas que descansan en sendos “capiteles” sostenidos por finos fustes sin basa  y con un guardalluvias con sendas cabezas humanas en sus extremos, a la manera del gótico. Induráin, Iriso, Lizarraga, Urroz, Larrángoz, Lizoain, Redín, … presentan este tipo de guardalluvias.

Portada de la iglesia de Iriso.

¿Qué tienen en común la portada de la iglesia de Iriso y la ventana de la iglesia de Aróstegui?

1º. Las figuras del guardalluvias:

En los dos lugares las tallas son muy parecidas, aunque las de Iriso están bastante deterioradas. A la izquierda, según miramos, aparece el rostro de un hombre. En el extremo derecho el rostro de una mujer.



2º. La presencia de la flor de lis.

En los dos lugares hay dos flores de lis, símbolo de vida por excelencia.

En Iriso la presencia de dos flores de lis es evidente. Se sitúan en la zona de los capiteles, en el lado izquierdo del espectador.

Son dos, sí, pero en posiciones invertidas. Quien sepa leer en las imágenes de la piedra leerá la vida y leerá la muerte. Dos realidades que van juntas y se complementan a lo largo de la existencia de cada persona, pues para crecer como tal se ha de morir y renunciar a todo lo que deshumaniza y optar por la vida en vida. Quien además sea creyente admitirá que el fin de la vida terrenal se da con la muerte física, que es a su vez la puerta de otro tipo de vida.

En Aróstegui también hay dos flores de lis o dos runas de la vida, que para el caso significan lo mismo. A nuestra izquierda con el diseño clásico. A la derecha con el diseño más cerca de la runa de la vida o pata de la oca, que en este caso refuerza su significado al convertirse en hoja sus tres ramales, cual árbol que simboliza igualmente la vida.





3º. La talla de una mujer mostrando su sexo.

Cuando visioné con atención las fotografías sacadas en Arósteguí me llevé una gran sorpresa, porque la figura humana tallada en Iriso en el primer capitel situado a nuestra derecha, que no la había visto nunca en otro edificio, estaba presente en la ventana a la izquierda del espectador enfrentada a otra figura humana que se identifica claramente con un hombre, ya que muestra ostentosamente de la misma manera sus órganos genitales. Por deducción, las dudas que tenía cuando escribí sobre la portada de Iriso al describir su imagen humana, se me disiparon al instante y gracias a lo visto en Aróstegui puedo decir que estamos ante la presencia de una mujer, tocada al estilo del siglo XIII, dado que ambas imágenes son prácticamente idénticas.

Frente a la imagen masculina de Aróstegui, a la femenina se le aprecian aún los pechos y hasta el perfecto círculo y punto del ombligo, así como el orificio vaginal.




En Iriso también hay una figura masculina a la derecha de la mujer. Es uno de los trifaces que tenemos por la comarca de Izaga, sea en Artáiz, sea en Garitoain, sea en Ardanaz dando nombre al mes de enero. Rostro trifaz que abarca el presente, el pasado y el futuro, es decir la vida entera, que estaría haciendo la función de sembrador de vida.

Así pues, tanto en las fachada de la iglesia de Iriso como en la ventana de la iglesia de Aróstegui el mensaje es el mismo, expresado con casi idénticas imágenes. La vida, la creación, los artífices de la vida, el hombre y la mujer con sus genitales al viento siendo partícipes de la creación. “Creced y multiplicaos” y en ese acto creativo el ser humano muere dando lo mejor de sí mismo, pero la vida continúa.

¡Qué expresivos eran los artistas de la Edad Media al comunicarnos sus mensajes! ¡Qué sabios eran los aldeanos medievales que sabían leer los mensajes de la piedra! No como la mayoría de las gentes de nuestra sociedad actual que no entiende de símbolos y mensajes. Que sólo ve lo externo y no penetra, nunca mejor dicho, en la esencia de la vida para producir vida, y al quedarse en la capa externa de la realidad sólo ve pecado, exhibicionismo y obscenidad.

Muy lejos estamos de la libertad y naturalidad sexual que en sendas iglesias se representa, como en Artáiz o en Lizarraga de Izagaondoa con sus mujeres parturientas talladas en sus piedras, que nos hablan del nacimiento físico y a la vez del nacimiento espiritual, pero para ver esto último hay que saber mirar y ver más allá de lo que parece evidente.

De Iriso y Aróstegui. De amor y de vida. De vida y muerte. De muerte y vida.

sábado, 16 de mayo de 2015

DE LISES Y PALACIOS: ARTÁIZ Y OLITE

DE LISES Y PALACIOS: ARTÁIZ Y OLITE

Por Simeón Hidalgo Valencia (17-05-2015)


A medida que voy avanzando en los distintos trabajos que llevo entre manos, me encuentro con que en diferentes lugares se repiten grabados, marcas, símbolos y signos que no tienen carácter de firmas como se suele decir de los canteros, sino que sea en sillares de piedra, sea en puertas, jambas o dinteles de madera, responden a algo más que una simple firma. Responden al mundo de creencias que los humanos llevamos impresas en nuestro ADN y que reproducimos, casi sin darnos cuenta, a lo largo del tiempo y del espacio.

En esta ocasión voy a presentar a mis lectores algunos grabados o tallas, tanto de la comarca de Izaga, como de los palacios reales de Olite, partiendo del Palacio de Aldunate en el lugar de Artáiz.

Fue el domingo, día 10 cuando, siguiendo la investigación que en estos momentos me ocupa sobre las torres medievales de este lugar de Artáiz, tuve la suerte de poder ver por dentro el palacio, gracias a la amabilidad de los hermanos Jesús Joaquín y Esteban Villanueva. El objetivo era medir internamente las torres de dicho palacio que se levanta, como gran caserón, al borde de la carretera que cruza el lugar. En su momento se hablará sobre ellas. 

Palacio Aldunate de Cabo de Armería del lugar de Artáiz.

Ahora me voy a detener en algo que muy pocos habrán conocido si no han tenido la suerte de entrar al patio porticado del palacio, cuya gloria ha venido a menos, pero que mantiene la pátina del linaje noble que lo habitó.

Fue Esteban quien me lo indicó antes de que yo me diera cuenta y levantara los ojos hacia el dintel de madera de roble que cierra el vano que da acceso a las antiguas caballerizas y más recientes zahúrdas donde se criaban cerdos.

-Mira estos dibujos que hicieron en la madera. ¿Qué representan?

Mi primera reacción fue de admiración ante lo que me señalaba, dado que el dintel en cuestión contiene, nada más ni nada menos que, seis detalles tallados colocados con simetría. Están muy bien tallados y bastante bien conservados y constituyen una muestra etnográfica digna de mencionar y valorar.

Primer dintel tallado de una de las cuadras del palacio.

A primera vista no me costó ver las dos flores hexapétalas. Más tardé en identificar los motivos centrales, dado que en esta zona la madera está más estropeada y no era posible aplicar in situ el moderno tratamiento del Photoshop, pero cuando lo hice inmediatamente descubrí que esos motivos los había visto ya no muy lejos de Artáiz y que además podían tener relación con dos marcas recogidas en los palacios de Olite, tanto en el Palacio Viejo, como en el Palacio Nuevo construido por el rey Carlos III, el Noble. Más aún me costó identificar los dos grabados exteriores, que más que otra cosa me semejaron mariposas, pero al centrarme en ellos con más atención y al observarlos en casa ampliados en el ordenador identifiqué claramente de qué se trataba y por ello decidí titular este artículo como lo he hecho.

Comencemos en un primer momento por identificar los motivos de este dintel a través de un breve comentario, para pasar después a una personal interpretación de los mismos, pues si se han colocado de esta forma será porque en la intención de su autor o promotor eso era importante.

TALLAS 1ª Y 6ª, ESAS QUE ME PARECIERON AL INICIO “MARIPOSAS”.


Dado el estado reseco y desvaído del dintel expuesto a la intemperie a lo largo de varios siglos no resulta fácil identificar los motivos que en sus extremos se tallaron.

Si tenemos paciencia y miramos con atención se llega a descubrir lo que realmente son. Tanto en la talla primera como en la sexta del dintel se descubren  flores de lis.
Flor de lis que se refleja,  como en un cristal o en agua reposada, por lo que en realidad vemos dos flores de lis en cada talla. Una hacia arriba. Otra, su reflejo, hacia abajo. Tengo que puntualizar que es la primera vez que he visto reflejada la flor de lis de esta forma. Así pues, en realidad lo que se ha tallado son cuatro flores de lis en los extremos.

TALLAS 2ª Y 5ª


El motivo de las tallas segunda y quinta es más reconocible y aunque aparentemente son distintos en el diseño, en su fondo viene a ser el mismo. Se representa una vez más el motivo de la flor hexapétala. Me llama la atención que los pétalos de sendas tallas son los que marcan la diferencia fundamental al estar los primeros en el plano del dintel y los segundo rehundidos en el mismo.

TALLAS 3ª Y 4ª

Las tallas tercera y cuarta, las centrales, más deterioradas que las anteriores, vuelven a representar otra vez el motivo de la flor de lis, pero en esta ocasión una mira hacia arriba y la otra mira hacia abajo. Además su diseño varía de las anteriormente vistas, pues añaden tres ramificaciones que se unen en la base del cuerpo de la flor.

¿CUÁL ES MI LECTURA PERSONAL?

Una vez identificados los motivos de las tallas cabe preguntarse lo que Esteban se preguntaba. ¿Qué significa todo esto?

Para mí tiene un claro significado y siempre que he visto marcadas jambas o dinteles de puertas o ventanas, sean éstas residenciales o  correspondientes a estancias para los animales, recuerdo el pasaje del Éxodo donde para evitar la mano segadora de la vida se indica a los israelitas que pinten con la sangre del cordero sacrificado las de sus casas. Así el Ángel de Yahvé  no levantaría su mano ni contra sus moradores ni sus animales.

Este rito protector lo he visto y recogido en muchos lugares, en los que no me voy a detener pues daría como para escribir un libro sobre el tema, recogiendo por ejemplo todo lo que he visto por la Merindad de Sangüesa en Navarra.

Cuando me encuentro con la flor de lis no puedo menos que mencionar su relación con la denominada pata de la oca, que los canteros medievales repetían con frecuencia en los sillares que realizaban y que no es más que la runa de la vida que protege tanto a las personas como a sus animales. Símbolo protector y talismán básico desde las creencias antiguas. 

Me llama la atención que se representen en posiciones invertidas en la talla primera y en la sexta formando un todo, así como las lises correspondientes a las tallas tercera y cuarta y me viene a la memoria sendos capiteles de la fachada de Iriso que he comentado en alguna otra ocasión. También allí se tallan en piedra sendas flores de lis. Una hacia arriba. Otra hacia abajo.


Sin duda nos están hablando de las dos realidades de las que ningún ser vivo, y menos los humanos nos podemos zafar: la vida y la muerte y aquí en el dintel del Palacio Aldunate de Artáiz no se cansan en repetirlo, pero junto a este recuerdo a la vez impiden que por ese vano penetre el mal en el interior, sea la forma que adopte.


Más fuerza, si cabe, tienen las lises tercera y cuarta, pues si nos fijamos bien se tallan a la vez las patas de la oca. La runa “Feoh” y la runa “Eolh”  que añade un pequeño pie que prolonga la línea central, hacen relación a la protección y a la defensa frente a lo intruso que pudiera traer calamidades tanto a las personas como a sus ganados.

Hemos de tener en cuenta que estamos en una sociedad en la que se vive en contacto con la Naturaleza, en la que los ciclos vitales no se controlan como en la actualidad, en que las epidemias,  las pestes y las guerras diezmaban o hacían desaparecer a pueblos enteros, por lo que las creencias en los elementos protectores estaban a la orden del día y venían heredados de mucho más atrás, desde los orígenes de la humanidad.

Aunque en la época en que este dintel se talla, posiblemente en el siglo XV-XVI la iglesia católica regía con sus normas toda la sociedad, no por eso habían desaparecido las costumbres antiguas de pedir protección a través de símbolos catalogados como “paganos”, pero que están presentes en todo lugar de la Tierra, pues como he comentado anteriormente están en el ADN de la humanidad.

Cristianizados muchos de estos ritos entran a formar parte de la liturgia de la Iglesia y en los dinteles, jambas o puertas de las casas se graban cruces, anagramas de Jesús o de María, se entronizan Sagrados Corazones, se rocían con agua bendita las casas, se sube a los altos en romerías a implorar a santos y ángeles y desde allí se bendicen campos y cosechas en las direcciones cardinales,… todo para solicitar la protección de las personas, sus animales y sus cosechas y ahuyentar los males. Las cruces de Mayo que se colocaban antiguamente en los campos de cereal no tenían otra misión. Con ellas se protegía al campo del pedrisco y con la buena cosecha habría prosperidad.

Las dos flores hexapétalas, una rehundida, otra saliente, también nos pueden estar hablando de la dualidad de la vida y de la muerte, del bien y del mal, del triunfo y la derrota, de la prosperidad o de la pobreza a lo largo de la vida, pues en definitiva es la vida lo que ellas representan y desde antiguo se graban también en lugares sagrados como soles que lanzan sus rayos de calor a la Tierra haciendo prosperar la vida.


Varios siglos antes de que este dintel del Palacio Aldunate se tallara, ya el comitente que indicó los motivos que habían de custodiar al crismón central en el tímpano de la iglesia de San Martín de Artáiz, para mí el gran señor feudal del lugar y gran obispo de Pamplona, Pedro de París o de Artajona, recurrió prácticamente a los mismos motivos protectores que se muestran en el dintel. Quizás una forma de cristianizar el símbolo, dado que bien mirado también se puede interpretar como otro tipo de Crismón.

En definitiva estamos ante símbolos todos ellos de protección y de vida que custodian el recinto de los bienes del señor en forma de animales: caballos, bueyes, vacas, ovejas, cerdos,… sin ellos su poder se vería mermado sensiblemente. Por ello se los protege con amuletos ancestrales.

DEL PALACIO ALDUNATE DE ARTÁIZ A LOS PALACIOS DE OLITE.

Para terminar el comentario sobre este primer dintel quiero levantar la mirada y comparar los diseños de estas flores de lis de Artáiz con las que he encontrado en el Palacio de Olite en algunos de sus sillares.

Su parecido me sorprendió desde el primer momento y he recurrido a cortar por la mitad las lises de Artáiz por ver si el resultado eran las singulares medias lises de Olite.

La marca de cantería de Olite que representa la mitad longitudinal de una flor de lis la he encontrado por dos veces. Una en cada palacio.

En el Palacio Antiguo, hoy Parador Nacional, hay una de ellas que es la que aquí recojo y que está en la parte interior de uno de los sillares que forman el dintel de la chimenea de la habitación 107.

Como se puede apreciar es un sillar reutilizado al que para adaptarlo a su nuevo lugar se le cortó su parte superior.

El diseño completo de la flor coincide con el de las dos flores centrales del dintel de Artáiz, lo que me hace pensar en una época cercana para los edificios, dada la singularidad de estos modelos, al igual del que viene a continuación.

Esta segunda marca de cantería está en la Torre de las Tres Finiestras o Torre de Los Cuatro Vientos del Palacio Nuevo. Se ha recogido una sola vez y muestra la mitad superior derecha de una flor de lis.

El mismo resultado se obtiene si seleccionamos esa misma parte de las flores de lis del Palacio Aldunate de Artáiz.

Como las de Artáiz, éstas de los Palacios de Olite desempeñarían la misma función protectora, más que ser la firma de un cantero determinado.


Pasemos ahora a un segundo dintel en la zona de las antiguas cuadras. Es mucho más sencillo y escueto que el anterior y si nos detenemos para observar sus símbolos descubriremos también parte de su significado, que como en el caso anterior está relacionado con el mundo de creencias ancestrales que perviven en el siglo XV-XVI y que para los que estamos habituados a recoger estas marcas y estudiar su posible significado, nos resulta extremadamente conocidas las que aquí se reproducen, dado que son muy frecuentes en los sillares de los canteros. La novedad es que también se graban en la madera.

Es el siguiente


He hablado en plural refiriéndome a lo que ahora se graba en este dintel, porque al menos son seis signos los que yo distingo. Todos ellos los he visto grabados en la piedra de los canteros medievales.

1º. Una línea vertical en el centro de la figura.
2º. Un aspa o cruz de San Andrés.
3º. Un triángulo en la parte izquierda.
4º. Un triángulo en la parte derecha.
5º. Dos triángulos tangentes que a veces he denominado pajarita o reloj de arena.
6º. Una estrella de seis rayos.

Me detengo en los dos siguientes:


Este símbolo cuando lo recogemos en los sillares medievales tendemos a calificarlo como una marca de cantería y más de uno afirma que es la firma de un cantero.

Personalmente sí digo que es una marca de cantería por el mero hecho de que ha sido un cantero quien la ha realizado, pero al ser una marca de las que se repiten a lo largo del tiempo y del espacio lo de la firma de un cantero concreto se desvanece y más cuando lo vemos ahora grabado en la madera. ¿O es que esto es la marca o firma de un maestro carpintero?

Más me parece otro de esos símbolos protectores que he visto grabado en algunas claves de puerta y que a su vez forma parte de los símbolos rúnicos.

Formado por dos triángulos tangentes bien pudiéramos estar ante la unión de los complementarios; lo divino y lo humano, lo masculino y lo femenino, la celeste y lo terrestre,… más claro de verse cuando está en posición vertical.


Si  nos centramos en sus líneas diagonales descubriremos una estrella de seis rayos, también muy repetida en los grabados de sillares por los canteros a lo largo del tiempo y del espacio y que aquí se usa igualmente realiza en la madera.

Volvemos a encontrarnos con un símbolo “pagano” de la espiritualidad ancestral con alusión al sol y su poder de generar la vida, luz frente a las tinieblas, fortuna frente al infortunio, que cristianizado se convierte en el anagrama de Jesucristo, desde la órbita creyente católica imperante en la época que se realiza.


Después de todo lo comentado pienso que el simple hecho de analizar estos grabados y de relacionarlos con los encontrados en otros lugares puede abrir el campo de visión para situarlos en su lugar correspondiente y valorarlos más por su valor simbólico asumido por las civilizaciones de todo el mundo, pues todos los llevamos impresos en nuestro subconsciente.


Los grabados de los dinteles del Palacio Aldunate de Artáiz, desde mi punto de vista, son símbolos protectores destinados a ahuyentar todo posible mal que intente penetrar y dañar la riqueza animal de sus poseedores. Símbolos a la vez de las creencias antiguas, que se mantienen vivas a pesar del rigorismo católico de la época, que de alguna manera reflejan la libertad de espíritu de quien los mandó tallar.