lunes, 31 de agosto de 2015

DON JESÚS CABODEVILLA SAGÜÉS

DON JESÚS CABODEVILLA SAGÜÉS


Por Simeón Hidalgo Valencia (31-08-2015)




D. Jesús Cabodevilla Sagüés nació el 2 de Enero de 1915 en Zabalceta, valle de Unciti, Navarra.

Cumplir 100 años de vida sólo sucede una vez y es como para celebrarlo con alegría por mucho tiempo.

Por eso, para D. Jesús es un año de celebraciones y de homenajes, de regalos y parabienes, de repasar, contar y repetir retazos de su vida ante reporteros, vecinos y familiares, rodeado por el cariño de todos ellos, sin perder por un instante la sonrisa.


Así lo sentí yo el viernes pasado en Artáiz, cuando la sencillez y la sonrisa de D. Jesús me cautivaron, mientras me contaba algunas anécdotas de su extensa vida, pero antes de todo comprobé ese cariño reflejado en sus seres queridos, hijos y nietos, y no pude más que acordarme del capitel de su querida iglesia de San Martín en el que se reflejan las tres fases de la vida humana.

Allí está el niño. Allí está el adulto. Allí está el anciano. Y es a este anciano, quien aparentemente es el más débil y achacoso, al que tocan los dioses en forma de águila y lo introducen en una esfera superior, pues este anciano lleva la sabiduría y la experiencia consigo, pues la vida es la mejor maestra y de ella ha aprendido a valorar lo que es realmente importante y a relativizar lo que otros, con menos experiencia y nivel espiritual, nos empeñamos en darle la importancia que no tiene. ¡Cuánto se valoraba antiguamente las sentencias de los ancianos! Sus decisiones se seguían porque estaban llenas de sabiduría y de experiencia. 

El pueblo de Artáiz, agradecido a su vecino centenario, le ha querido rendir el homenaje que se merece y D. Jesús, allí estaba el viernes porque fue el elegido por sus paisanos para tirar el cohete anunciador de las fiestas y así lo hizo con toda tranquilidad, ante la mirada sonriente de todos.


  
… y comenzaron las fiestas un año más.



EL NIÑO

Después del chupinazo me contó que los años más felices de su vida fueron los de la niñez. Como eran muchos hermanos sus padres le pusieron, siendo él muy joven, bajo la tutela de su tío que era sacerdote y así vivió en Aspurz hasta los 7 años y luego en Beriáin hasta los 11, porque le destinaron allí a su tío cura, hasta que volvió a Zabalceta.

Asistió a las escuelas de Aspurz, de Beriáin y a la de Cemboráin, donde la maestra atendía a más de veinte niños en el aula unitaria. Recuerda que cuando nevaba, no por eso se cerraba la escuela, sino que les subían desde Zabalceta hasta Cemboráin en caballerías.

Como las clases eran por la mañana y por la tarde y como entre Zabalceta y Cemboráin hay más o menos un kilómetro y medio,  llevaba el “companaje” y lo comía en casa Garciarena, que eran parientes, pero a jugar se iba a casa Macaya, con sus amigos, hasta que empezaban las clases de la tarde.

Me cuenta que era un chico tranquilo, que no reñía, pero “sólo hasta que me salió el genio”. Quizás esa tranquilidad le venía, me comenta, de que, según le contaban, hasta los dos años no habló y me narra la anécdota de lo primero que dijo, que piensa que no sería tal porque eran cuatro palabras seguidas en frase hecha. “Mucho para ser lo primero”.

Como era costumbre se organizaban misiones en los pueblos y solían venir frailes capuchinos y al ver a uno de ellos dijo: “Ese fraile tiene luna”, refiriéndose a la calva que lucía, que era una con la tonsura.

Me cuenta también que había un chico de Ayerra que cogía lombrices y las masticaba, pero “el pobre cuando tenía 16 años se murió de repente estando en la huerta”.

En sus años de infancia solían jugar con sus compañeros de escuela al Castillo, que consistía en poner las cartas de dos en dos apoyadas por el canto superior y hacer pisos hasta que se les caía el castillo. También jugaban a las Chapas con una “perra gorga” o “diez céntimos” de peseta apostando a ver si salía cara o cruz, pero no jugaban dinero, sino cartas. Debía ser bueno a este juego porque tenía una caja llena de cartas usadas ganadas.

Cuando terminó la escuela tuvo que aprender los oficios del campo, “que entonces estaba muy atrasado todo”. Comenzaban las primeras segadoras y recuerda que su padre, el Señor Ángel, que murió a los 64 años, compró una de segunda mano. Esto era ya en Artáiz, donde regresó con sus padres en 1928 cuando tenía 13 años. En Artáiz vivieron en la casa Garcivilla cuyo dueño era el tío Nicanor, que era hermano de su madre la Sra. Telesfora Sagüés Oroz, y como el tío Nicanor no tuvo descendencia, aunque se casó dos veces, al morir en 1943 heredaron los hermanos y desde entonces su vida se desarrolló en Artáiz.


EL ADULTO

La vida nos tiene reservados a cada uno momentos que nos hacen madurar aunque no queramos.

Con 21 años experimentó los horrores de una guerra civil que desoló a España y fue destinado, junto a otros 7.000 requetés a Zaragoza. La estrategia de los superiores fue darles vueltas y vueltas en los camiones para que el bando contrario creyera que era un gran ejército y así se evitó el enfrentamiento directo.

Pero D. Jesús tomó la decisión de pasarse al ejército. Para ello aprendió a conducir y se sacó el carnet para poder conducir los camiones oruga de entonces.

Para ser admitido tenía que pasar la prueba de conducir la máquina cuesta arriba hasta la cumbre empinada y bajar por la otra ladera de la cuesta, con el riesgo de salir despedido si no tenía pericia en el cambio de vertiente. Resulta que le tocó el primero en hacer la prueba y como nunca lo había visto hacer ni había practicado antes le dijo al jefe de turno: “Tengo que tirar los pantalones”, expresión que equivalía a decir que tenía ganas de orinar. Se le concedió el permiso y, mientras, empezó la prueba el segundo y así tuvo tiempo de ver cómo se hacía y pasó la prueba.

En el ejército, como mantenía la boina roja, me cuenta que le respetaban todos y que en alguna ocasión algún jefe le dijo a ver si era soso o sordo y sin inmutarse contestó: “Las dos cosas, pero obediente”.

Se licenció en el año 39, un poco más tarde que los requetés y volvió a la vida del campo.

Se casó en Pamplona cuando tenía 33 años con Dña. Ángela Iribarren, que había nacido en Redín, en la Casa Fernandorena. La ceremonia se realizó en la iglesia de San Saturnino y tuvieron 7 hijos (seis chicos y una chica) y con su trabajo y esfuerzo los sacaron adelante. Ahora, además tiene 9 nietos, aunque resignado me comenta que “me gustaría haber sido ya bisabuelo, pero…”

Toda una vida de esfuerzos, de sacrificios, de trabajar de sol a sol, de ahorro para comprar la maquinaria adecuada para el campo, de afrontar la pérdida de su querida Ángela que se fue el 16 de Junio en el año 2000 a los 78 años. Él entonces tenía ya 85.


EL ANCIANO

“El tiempo pasa. Nos vamos poniendo viejos” dice una canción y desde la altura de los años parece que se ve la misma desde una perspectiva muy distinta, como cuentan los afortunados como D. Jesús, que han superado los 80, los 90 o los 100 años.

A estas edades, estas personas sabias, porque han aprendido de la vida, se convierten en maestros si los queremos escuchar, pues se han alimentado de la experiencia y del sentido común que hace poner el acento más en la esencia interna que en la mera apariencia externa y  pasajera.

D. Jesús ahora está en la Residencia de Pamplona, donde también se le hizo un homenaje por parte del Ayuntamiento y el mismo Sr. Alcalde le felicitó y le regaló unos gemelos, un libro sobre Pamplona y un hermoso ramo de flores, que se lo puso a la Virgen.

En la residencia está contento, tiene libertad, come bien, hace gimnasia y yoga y se siente afortunado porque a pesar de tener que llevar audífono “no me duele nada y la cabeza está muy bien”.

Como siempre en estos casos, le pido la receta para llegar al siglo y me dice con la ilusión y el ánimo de un chaval  y a la vez con la sabiduría de la vida que:

“HE TENIDO SUERTE”. “DIOS LO HA QUERIDO ASÍ”.


El domingo, día 30 de Agosto, sus paisanos de Artáiz le han hecho su propio homenaje, pues, que se recuerde, no ha habido otro centenario en la comarca. Don Jesús es el primero y su familia y el pueblo se ha volcado con cariño hacia su persona y él ha correspondido siempre con la sonrisa y el cariño reflejado en su rostro y como el anciano de su querida y famosa iglesia de San Martín nos muestra el camino de la sabiduría que nos hará entrar en una esfera superior y ver la vida desde la mirada divina del águila.


Por muchos años D. Jesús.







 




Del pueblo de Artáiz a
Jesús Cabodevilla
en su 100º aniversario.
Fiestas 2015

El tiempo pasa...


jueves, 25 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - IV

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - IV


Por Simeón Hidalgo Valencia (25-06-2015)


Momentos mágicos, sin duda, los expuestos en las entregas anteriores dedicadas a la iglesia de San Martín de Guerguitiáin, en lo referente a su alineación con relación al sol.

En este último voy a tratar de ser más “objetivo” y “racional”, si es que en algo lo podemos ser los humanos dado que desde mi punto de vista tanto la objetividad como la racionalidad son conceptos relativos, así que a quien Dios se las dé Santa Bárbara se las bendiga.

Quienes me conocen un poco saben que doy más valor e importancia a lo que se oculta a la física mirada y trato de ir más allá de lo aparente y externo y preguntarme por lo que en cada realidad externa se esconde.  Quizás sea porque hace años me encontré con esa otra realidad, la más importante, que no es visible a simple vista pero que está ahí esperando a que la descubramos y que me hizo vivir desde entonces  mirando hacia el interior.

Pero como el exterior está ahí con sus leyes físicas y de todo tipo, según la disciplina de que se trate, voy a procurar atenerme a ellas, aunque habrá más de un lector que lo pueda hacer mejor que yo.

¿Qué he logrado saber sobre la iglesia de Guerguitiáin en estos momentos en que se cierran y se abren las puertas solsticiales?



1º Sé que el maestro Petrus, el que dejó su firma en el capitel último del lado sur, fue sin duda uno de los que trabajó en este lugar. Parece ser que fue quizás el maestro constructor principal porque se permitió transgredir la norma del anonimato imperante en su época y escribió “Petrus me fecit” e hizo de esta firma el centro del propio capitel.


2º Sé que el maestro Petrus fue un gran observador de la Naturaleza y de los diferentes entornos en que se movió, como refleja constantemente en los capiteles que talla y a raíz de la experiencia solitaria que pasé en Guerguitiáin en la noche del 20 al 21 de Junio, he llegado a la conclusión que a la vez era gran observador de los astros y que como a mí y a tantos millones de personas, como ha salido reflejado en todos los medios mundiales, le llamó la atención hace más de 800 años la conjunción de los planetas Venus y Júpiter con la Luna y así lo reflejó en uno de los capiteles de la portada, quizás el que contiene a su vez más carga teológica si se sabe leer el interior del mismo, aunque aparentemente no haya ningún símbolo religioso cristiano.


3º Sé que conocía el movimiento de los astros y que también fuera posible que conociera la oscilación de la Tierra a lo largo del año, pero aunque siguiera la norma imperante del Geocentrismo, para el caso obtuvo el mismo resultado a la hora de replantear la iglesia en el momento del Solsticio de Verano y como ha comentado mi amigo en este mundo de la nube informática, Rafael Fuster, supo conjugar la pura Astronomía con la Arquitectura. Los resultados están a la vista ahora que se han quitado los impedimentos que en un momento lo ocultaron.
  


  
4º Sé los puntos de referencia que tuvo para realizar su obra. Puntos que yo he situado por mi propia observación sobre el terreno y sé que uniéndolos con el tercero que es la propia iglesia, el ángulo formado es prácticamente el correspondiente a la oscilación de la Tierra en su Movimiento de Precesión.


...  

La verdad que me siento estos días muy contento con lo que he descubierto de san Martín de Guerguitiáin y de haber sido el primero en admirar este prodigio luminoso después de muchos años oculto.

Ojala sirva lo que os he transmitido para que esta iglesia, a pesar de que actualmente está en un despoblado y la mayoría de sus casas se han derrumbado; a pesar de que hay vecinos de Izagaondoa, nadie es profeta en su propia tierra y eso mismo le pasa al maestro Petrus, que siguen pensando y defendiendo que mejor no se hubiera restaurado porque ahí quién va a ir, dicen; a pesar de que la propia Corporación, (gestora de este bien cultural que pertenece al Valle de Izagaondoa, por lo que la propiedad es de todos los vecinos, no lo olvidemos) poco se preocupa con los hechos de hacer un proyecto viable que devuelva a Guerguitiáin a la vida partiendo de la obra restaurada de la iglesia de San Martín; ojala digo, sea uno de los motores del desarrollo cultural, social y económico del Valle de Izagaondoa y de su comarca.

Personalmente creo que estoy contribuyendo a ello en lo que puedo, aunque no sea el único, claro, pero a cada cual lo suyo.


Personalmente lo que he escrito y transmitido en estas cuatro entregas sobre San Martín de Guerguitiáin lo he dado gratis, sin otro interés de que Guerguitiáin no se pierda y porque yo mismo, gratis lo he recibido como don de la Naturaleza.

miércoles, 24 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN- III

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - III


Por Simeón Hidalgo Valencia (24-06-2015)


GUERGUITIÁIN (21 de Junio de 2015 a partir de las 4,30 horas solares)

Qué pena que todas las personas que estuvieron celebrando el solsticio de verano ayer, día 20, no disfrutaran con lo que yo vi y sentí a lo largo de la noche y de los primeros momentos del día 21.

El trino de los pájaros saludando la alborada me despertó de mis sueños y me volvieron a la realidad. Tal era la belleza de esta amanecida, que no tiene ni punto de comparación con la que hice en el equinoccio de otoño el día 23 de Septiembre de 2014.

En Septiembre con el equinoccio apenas hubo unos instantes en que asomó el sol. Sin embargo lo de hoy ha sido para guardarlo en la retina y en lo más hondo de la conciencia y del misterio, porque lo que vi y experimenté nunca lo había visto ni experimentado.

¡Bien merecería convocar al personal para la amanecida del próximo 21 de Junio del próximo 2016, aunque si no se dan las condiciones atmosféricas de hoy, el embrujo de la amanecida no se verá. ¿O no son condiciones atmosféricas las que se requieren para poder verlo?


Pero bueno, lejos queda aún el próximo año y sabe Dios lo que este espacio de tiempo nos deparará. Por ello, siguiendo al sabio griego Horacio viviré el momento a tope porque la vida es breve y no sé cuándo vendrá la Parca Morta y corte el hilo de mi vida. ¡Y bien que viví el momento y saqué fruto del mismo!


Quizás porque estaba solo conmigo mismo, quizás porque le salí al encuentro sin poner condiciones, abierto a lo que sucediera en esa madrugada, quizás porque es verdad eso de que en el silencio se manifiesta el Ser Supremo como un susurro de luz, lo cierto es que escuché el silencio y se me manifestó el Ser Supremo que da la vida a esta Tierra y me encontré con su halo misterioso circular de dorada luz.

Había visto fotos del típico y tópico rayo de luz que entra por la ventana absidial e ilumina el recinto sagrado, incidiendo sea en el altar, sea en su trayectoria en algún capitel o punto determinado buscado intencionadamente tal efecto por el maestro constructor de turno, siguiendo la sabiduría y el conocimiento de los antiguos constructores de Egipto, pero he de admitir que yo no vi más rayo que el que surgió repentino con la aparición del rojo sol en el horizonte.

En la alborada la iglesia de San Martín de Guerguitiáin estaba aún prácticamente a oscuras y sólo el vano alargado de la ventana abocinada de medio punto de su ábside se preparaba para el momento decisivo del nacimiento del sol. La tenue claridad de la amanecida se filtraba tímidamente por él. 


Volví al exterior y me puse bajo la ventana absidial. Eran las 4,30 solares. A partir de esos momentos sentí no poder tener el don de la bilocación para poder seguir bajo la ventana mirando al horizonte y a la vez dentro de la iglesia para ver el efecto del primer momento de la salida del sol en el recinto. Así que tuve que ir y venir raudo y veloz y a fe mía que me detuve más tiempo absorto por lo que vi en el interior.

Desde bajo la ventana ví esto y así lo muestro en imágenes sin retocar.
  








Corrí al interior de la iglesia para ver qué estaba pasando y llegué a tiempo en el que el sol se había levantado lo suficiente como para empezar a iluminar de oro la ventana, mientras el recinto salía de la oscuridad. Si no hubiera visto más que esta imagen me hubiera dado por satisfecho, pero…


… un vuelco me dio el corazón al instante siguiente en que la luz se me manifestó en su plenitud, como sol divino renacido que traspasa el alabastro sin romperlo ni mancharlo y me quedé estupefacto con tal visión. 


Silencio. Dios está aquí.



Boquiabierto me quedé como los dos personajes que el maestro Petrus esculpió en uno de los capiteles del fondo de la iglesia ante tal manifestación de gloria y poderío de la Naturaleza.

El círculo de la totalidad, el círculo del infinito, el círculo de la divinidad, el círculo protector ante todo mal estaba frente a mí y había penetrado y sacralizado el lugar. Sentí la llamada a renacer con la explosión de luz y de vida del solsticio de verano, momento en que el maestro Petrus de Guerguitiáin eligió para replantear esta iglesia para transmitir su mensaje de las creencias antiguas que rigen nuestras vidas desde el nacimiento de la humanidad, como lo dejó plasmado en la sencilla y popular portada donde las tradiciones antiguas están encriptadas bajo símbolos populares por él observados y colocados en el interior del marco formado por dos zarcillos de vid que se miran.

¡Qué grande fuiste, Maestro Petrus de Guerguitiáin! Bien mereces ser nombrado  y celebrado como HIJO PREDILECTO DE IZAGAONDOA.

Yo, al menos, así te considero.


Y otra cosa, MAESTRO,  hiciste muy bien en reivindicar tu obra, porque sólo tú has sido capaz de mostrarnos en su plenitud la luz divina.

(... continuará)



martes, 23 de junio de 2015

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - II

LA IGLESIA DE SAN MARTÍN DE GUERGUITIÁIN - II


Por Simeón Hidalgo Valencia (23-06-2015)



*GUERGUITIÁIN (año del Señor de 1170)


Sólo el trino de los pájaros rompe el silencio. Cientos de voces anuncian la alborada del nuevo día, dispuestos a contemplar renacer una vez más al dios supremo de la Naturaleza y  levantar con ellos el vuelo. Hoy llegará al máximo su imperio sobre las tinieblas.

Su canto es más agudo que el de otros días, porque hoy han de despertar al maestro constructor, que es nuevo en el lugar. Ha llegado no se sabe desde donde, siguiendo el camino de las estrellas. Aquí se ha quedado por aceptar un encargo importante del señor de Guerguitiáin. Le ha encomendado construir una iglesia en piedra que sirva para la salvación de su alma, pero también para demostrar su poder frente a los señores de Besoia, Celigueta y Muguetazarra que rivalizan por construir la propia más grande y hermosa, según la moda del momento.

Durante el tiempo que lleva este ser extraño, lo han visto pasear por estos parajes solitarios, refugiados y medio escondidos a la sombra de la higa de Izaga donde cuatro chabolas conforman un pequeño señorío, cuyo amo quiere renovar su humilde oratorio de madera por una gran iglesia de sólidos sillares. El señor de Guerguitiáin desea sorprender a sus rivales con un gran recinto que sirva a la vez de sitio de oración y de refugio de sus gentes, de sus ganados, de sus víveres, de él mismo y de toda su familia, en tiempos de calamidades.

Lo han visto detenerse y contemplar todos los detalles del terreno, de los campos de trigo, de los majuelos, de los árboles del bosque y hasta escuchar atento el canto de algún que otro pajarillo y mirar las estrellas en las noches de luna nueva y por el día hacer garabatos con un palo sobre el terreno y borrarlos con las sandalias que calza y volver a hacer líneas y dibujos y borrarlos de nuevo, absorto en sus ideas y hasta le han observado trabajar encorvado martilleando la piedra y curiosos se han acercado a ver los motivos que tallaba.

Lo han visto los dos últimos días más activo al frente de sus ayudantes, a los que ha encomendado allanar una pequeña loma del terreno y observar más atento el horizonte al punto del amanecer. Parece que como ellos espera algo del sol.

De víspera lo han visto preparar unas varas de avellano bien rectas y clavar una de ellas en el terreno aplanado. -¿Qué irá a hacer este hombre?- se preguntan unos a otros. Parece que su trabajo comenzará de par de mañana con el alba. Por eso han entonado sus cantos más fuertes que de costumbre.

El maestro cantero se ha despertado el primero con el canto de los pájaros y a empellones ha hecho que se levanten sus discípulos. -Es la hora-, les ha dicho como saludo y se ha puesto a trabajar.

Cada cual se ha dedicado raudo a la tarea encomendada y ensayada desde hace días, pues es necesario trabajar con precisión y rapidez pues el instante es el que es y el día propicio es el que amanece hoy.

Afortunadamente la noche ha sido despejada y el cielo nocturno ha lucido con millones de estrellas en esa Vía Láctea surgida del pecho de la diosa griega Hera.

No hay tiempo que perder. Los bártulos para esta tarea están todos preparados. En la vara de avellano ya colocada de víspera en el punto indicado por el maestro se inserta la pieza circular que servirá de referencia. Otra segunda vara, igual que la ya dispuesta porta el primer ayudante oficial para entregársela en su momento al maestro. El aprendiz más adelantado, de los dos que tiene a su costa el maestro, porta la cuerda de doce nudos, colocados a la distancia de un codo uno de otro. La cal, los azadones, los picos, las estacas, los cordeles,… todo lo necesario. No falta nada.


Así esperan la salida del sol. Con el primer rayo que surja desde el horizonte buscará el maestro el eje central de la iglesia que va a levantar. Junto a él, el fraile del lugar reza a Jesús, el nuevo sol invictus, para que todo salga perfecto. 

Se hace el silencio. Se contiene la respiración. Es el momento. Se adivina un alo de luz que se eleva sigiloso pasando del tono anaranjado al blanquecino y de éste al amarillo y un punto luminoso aparece por el horizonte y de repente, ante el asombro del señor de Guerguitiáin y de los lugareños que han acudido, se escucha un ¡oooooh! de admiración.


En un instante un solitario rayo de luz de oro sale despedido directo hacia la explanada preparada.

Rápidamente el maestro busca la luz y la sombra de la vara colocada de víspera y coloca la que le entrega su oficial haciendo coincidir en una sola línea el rayo de luz despedido desde el horizonte, la vara que está fija y que ya extiende su alargada sombra hacia él y sobre ella clava la segunda vara.  Los aprendices unen las dos varas con el cordel que han desenrollado y se aseguran de que quede bien tenso sobre el suelo.

Afortunadamente el amanecer ha sido despejado y han tenido un bello  y generoso sol que ha hecho posible trazar el eje de la iglesia. La primera, principal y básica tarea ha salido a la perfección. A partir de aquí con la cuerda de 12 nudos se buscarán las escuadras y se darán las medidas para la largura y anchura del rectángulo que formará la nave del recinto y con un cordel de la mitad de la anchura de la nave se hará la semicircunferencia que delimitará el ábside. Luego habrá que repetir toda la operación para hacer el grosor de los cierres perimetrales y marcar rincones y esquinas con estacas y echar cordeles paralelos que indiquen los grosores  y empezar a excavar los cimientos y hacer la mezcla de la masa con arena, cal y agua en las debidas proporciones… pero eso para el maestro constructor es pan comido. Lo importante y básico es que  el eje de la planta de su iglesia, suya porque él la va a construir, está ya bien marcado.

El monje del lugar da gracias a Dios y a San Rodolfo por haber ganado la batalla al mal tiempo y porque el sol ha salido por el horizonte esta mañana del 21 de Junio del año del Señor de 1170 y todos, el señor de Guerguitiáin, sus súbditos y el monje del lugar bautizan al recinto que a partir de aquí se levantará y lo dedican a San Martín de Tours, para que los proteja a ellos en su peregrinaje en esta vida y a los penitentes peregrinos que llegan hasta Guerguitiáin y siguen el camino de las estrellas hasta la tumba del apóstol Santiago en los confines del fin del mundo. 




(… continuará)