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jueves, 15 de junio de 2017

SANTA COLOMBA DE MEOZ. ¡UNA VEZ MÁS!

SANTA COLOMBA DE MEOZ. ¡UNA VEZ MÁS!

Por Simeón Hidalgo Valencia (15 de junio de 2017)

No le falta razón a la Sra. Sagrario cuando levanta la voz una y otra vez, desde hace unos años, para que su querida ermita de Santa Colomba de Meoz sea convenientemente restaurada y quede libre del adosado que en su día fue vivienda del ermitaño adosada a la fachada sur de la iglesia que hoy día se ha convertido en auténtico peligro, tanto para los romeros del lugar como para los frecuentes visitantes que se acercan a visitarla.

No le falta razón, y una vez más me ha llamado con la esperanza de que alguien haga algo, pues tanto en Príncipe de Viana como en el Arzobispado, como incluso en su propio ayuntamiento de Lónguida no la hacen caso.

No le falta razón, digo, porque por enésima vez he acudido a su llamada y he vuelto a ver el progresivo deterioro que este recinto adosado está sufriendo con el paso del tiempo.

No le falta razón, porque cualquier día se desplomará y quieran los hados que no pille a nadie debajo, porque entonces la única que podrá hablar es la Sra. Sagrario. Los demás “irresponsables” del patrimonio invocarán escusas para lavarse las manos y para que no les pille a ellos ninguna responsabilidad.

La Diócesis invocará que no tiene dinero, pero no ha hecho ascos a inmatricularla a su nombre.

Príncipe de Viana invocará que depende de las decisiones de los políticos de turno.

Los políticos de turno dirán, y lo dicen, que si es oficialmente del Arzobispado, que lo arreglen con su dinero. 

Y tanto unos como otros, echando la pelota al tejado del vecino, dejan de lado lo principal. Que este edificio románico es patrimonio de todos y que hay que remozarlo y librarlo del cáncer que actualmente tiene y la única que parece darse cuenta de tal enfermedad parece ser la Sra. Sagrario.








viernes, 11 de marzo de 2016

DE VISITA POR LARRÁNGOZ - VALLE DE LÓNGUIDA - NAVARRA

DE VISITA POR LARRÁNGOZ – VALLE DE LÓNGUIDA – NAVARRA

Por Simeón Hidalgo Valencia (11 de Marzo de 2016)

Una vez más me he acercado por el despoblado Larrángoz, acompañado en esta ocasión, por mi amiga y compañera Marta, de la Asociación Grupo Valle de Izagaonda, pues no lo conocía. 

Después de visitar Santa María de Arce y de pasar un buen rato recuperando fuerzas en el restaurante Ekai decidimos acercarnos hasta este lugar del Valle de Lónguida, hoy día despoblado, que tiene una magia especial para quien sea medianamente aventurero, pues para llegar hasta él se ha de cruzar el balanceante puente colgante, uno de los pocos que se mantiene activo hasta el momento, aunque ya esté un poco achacoso como todo lo que en Larrángoz nos espera.

En la ladera de la sierra de Gongolaz se aprecia un punto blanco con cierta nitidez, pero todo lo demás aparece camuflado entre la vegetación. Palacio e iglesia son una jungla, aunque a esta última se la ha desvestido en parte de la vegetación que la ocultaba casi por completo. 

Un paseo bordeado por los campos y el río Irati nos lleva al primitivo camino empinado que conduce al pueblo. En lo alto dos esqueletos invernales nos invitan a unirnos a la danza macabra del paso del tiempo. Uno recobrará la vida, ahora aletargada. Otro seguirá su camino a la plena corrupción. Los dos me llaman y me atraen. El roble de la vida que renacerá con la primavera y la antigua iglesia dedicada a San Bartolomé, desollada como él, aguanta todavía en pie, pero la cubierta de su torre ya ha cedido.

Vida y muerte. Ilusión y fracaso. Esperanza y derrota. Altivez y humillación. Es el juego de la Historia que me resisto a reconocer, pero la evidencia de un tiempo que fue vida y ahora muerte se me impone. La obra de los humanos desaparece ante su propia desidia y abandono.

Tiempos alegres llenos de vida dejan paso al silencio violado de los muertos, pues ni a los muertos, a pesar de su soledad, los dejamos descansar en su propia tierra donde, no hace mucho, cuidaron de ella. 

Una pizca de esperanza todavía queda para que algo se conserve de su Historia, pero ¿para qué molestarse si la Naturaleza es más sabia que los humanos y, terca ella, reclama para sí lo que suyo es? Alguien, como yo, se resiste a que desaparezca y ha cortado los troncos de la hiedra que la asfixia. Su rostro aparece ante el visitante. 

Alguien apuntaló su puerta y la cerró para mejor conservarla y el visitante la forzó con la fuerza bruta de su mental ariete y ahí está besando el suelo impenitente. 
Ni el Señor caballero de Larrángoz que la levantó de la nada cumpliendo su promesa al regresar de las cruzadas, ni el águila cetrera de su escudo nobiliario han podido resistir, pues son muertos vivientes que vigilan descabezados.


Y lo que se ve en su interior es desolador. Ruinas. Humedades. Signos de movimiento peligroso en bóveda y arco coral. Tumbas abiertas. Sacristía desecha. Pila bautismal desde hace tiempo por el suelo. Peligro. Vergüenza. Patrimonio de Navarra abandonado a su suerte. Siglos de vida expoliados.  



¿Quién se preocupa de esta iglesia?
¿Su dueño legal pasa de ella?
¿Se lavará las manos cuando haya un percance indeseable?

Al exterior, alguien nos mira desde la ventana de la verde torre palaciega. Sigue aún en pie pero ya se ha rasgado en su muro norte. Montoneras de piedras desmembradas, antiguamente hogares llenos de vida, forman las calles de este lugar. Su romántica belleza se recoge por las cámaras y las instantáneas sirven para demostrar la propia dejadez. 



Enésima vez que he acudido a Larrángoz y esta vez está peor que nunca.

Resignación. No queda otra.

¿No queda otra?
¿No hay alguna solución?
¿No es esto un expolio del Patrimonio Cultural de Navarra por dejación?

¿Al menos no se puede salvar la portada de San Bartolomé de Larrángoz  en un futuro “Museo de los Despoblados”? 

Mucho me temo que lo único que volverá a la vida en este lugar será el roble que me ha dado la bienvenida y que ahora, estoicamente, me dice:


-Hasta la próxima, Simeón y que alguien te escuche.

miércoles, 15 de octubre de 2014

LIBERRI - VALLE DE LÓNGUIDA - NAVARRA


LIBERRI - VALLE DE LÓNGUIDA - NAVARRA

Por Simeón Hidalgo Valencia (15-10-2014) 


  

Fue en las Ferias de San Martín que cada año se celebran en la Villa de Urroz, ya va para un año, cuando recibí la invitación para visitar el Señorío de Liberri, pero hasta finales del pasado Agosto no pude acercarme. 

Siempre había deseado poder conocer por dentro este hermoso lugar y cuando me adentré por su carretil y crucé el puente sobre el río Erro y ascendí  hasta la explanada del lugar pude experimentar la paz y la tranquilidad que aquí se respira, a las faldas de la vertiente norte de la Sierra de Gongolaz y maravillarme por la belleza natural de este señorío que se remonta a época medieval. 

De Liberri se nos habla ya desde el siglo XI en la documentación del Monasterio de Leire en documento de 1099 por el que “Orti Ortiz de Cortes y su hermana Sancha, al entregar como monje a su sobrino Lupo, dan al abad Raimundo y al monasterio de Leire la mitad de su “honor” de la villa de Añués, en Valdonsella, que había poseído el padre del citado Lupo, García Fortuñones, el cual ya había legado a dicho monasterio la otra mitad más sus bienes del monasterio de Santa Cruz, junto a Liberri…” 

También en 1174, así como en 1198, sendos papas, Alejandro III e Inocencio III confirman respectivamente las posesiones del monasterio de Leire y entre ellas se menciona literalmente en las dos ocasiones a Liberri  al que se califica de Villa. 

“Monasterium Sancte Marie de Villanoba cum uilla Liberri et ómnibus pertinentiis suis.” 

También en 1188 se habla de la “hereditate Sancte Crucis de Liberri” cuando el Monasterio de Leire se la “entregan en prenda a Ochoa de Ureta… hasta la devolución de los cien morabetinos de cruz que había prestado al monasterio” 

En 1197 en la “sentencia arbitral sobre las mutuas reclamaciones entre el obispado de Pamplona y el monasterio de Leire” se cita también a la “ecclesia de Liuerri”.[1] 

Quizás por estas fechas existiera ya una torre vigía exenta, aunque la actual en su parte más antigua parece remontarse al siglo XIV o XV. 
 
 El sábado 30 de Agosto me acerqué hasta el lugar y, como digo, me maravillé ante lo que mis ojos vieron y una sana envidia me invadió por no ser yo el señor del señorío y quien divisara desde su esbelta torre las posesiones de la hacienda o recibiera las nuevas transmitidas por los pequeños señores que, como en Liberri, oteaban el horizonte desde sus atalayas, fuera desde la cercana Ayanz, o desde Zuasti, Larrángoz,  Erdozáin, Aós y Zuza, al amparo del castillo de Leguín y desde él llegaran las noticias a los señores de la otra vertiente de la Sierra de Gongolaz, a los valles de Izagaondoa y de Unciti: Mendinueta, Reta, Zuazu, Artáiz, Lizarraga, Idoate, Unciti, Errondo, …  hasta llegar el parte al castillo de Irulegui y desde allí movilizar a los señores del valle de Aranguren y de Egués, hasta alcanzar a la misma capital del reino, Pamplona, sin olvidarme de los señores de Urraúl, fueran los de Grez o los de Artieda, pues raro era el lugar que no ostentaba su torre de vigía, cuya red inundaba todo el territorio. 

La torre de Liberri es una de las más altas y soberbias que he visitado, levantándose sobre una base en talud de grandes sillares. Sus, al menos, tres pisos originarios a juzgar por los niveles de sus saeteras defensivas, que se abrían en sus cuatro fachadas,  dominaban gran parte del valle. De base cuadrada, en su cara oeste, como en otras torres que he estudiado, sirvan de ejemplo las de Reta y Grez, se abría su única portada de acceso y como todo edificio de piedra, fuera militar, religioso o serena vivienda, la seguridad ante el enemigo era el dispositivo de la tranca, cuyo túnel donde se introducía era parte a tener en cuenta al construir la torre, la iglesia o la vivienda.

 
Orificio en el muro oeste para introducir la tranca. 

 
En el año de 1974 se restauró junto al resto del señorío y aunque en la placa conmemorativa se menciona a los dueños del lugar que promueven la restauración y al joven arquitecto que dirigió la obra, sé que la cuadrilla de canteros que aquí trabajó fue la del Sr. Manuel Villamarín, gallegos, que ya los vimos trabajar un poco antes en la iglesia de Santo Tomás de Najurieta,[2] según me comunicó en su día su hijo Félix ponderando el buen hacer de los mismos. Me decía:  

“…esta gente realizó obras tan emblemáticas como el vía crucis de Artica, la hornacina de san Fermín de la calle de Santo Domingo, La restauración de las fuentes de Luis de Paret en Pamplona , Las conocidísimas bolas de la avenida del ejército, La casa Roncal de Zizur Menor entera, La casa Orbáiz de Elcano, La restauración de Liberri..., la restauración de más de 100 iglesias en Navarra (La de Alzórriz en vuestra zona también) y algunas en La Rioja y Álava, aunque si nadie cuenta estas cosas todo se pierde en el tiempo. Después de esta gente, que era la cuadrilla de Manuel Villamarín, coetánea con Filloy, Barros y otros canteros de Galicia que llegaron en los 40 y 50, llegó la restauración de estas obras a través de macro-talleres como Zubillaga S.A. y esa figura del artesano y las cuadrillas, se ha perdido para siempre.” 

Como se puede apreciar en la fotografía de la torre, pues presenta un distinto tono en los sillares de sus hiladas superiores, en su última reforma alcanzó, si no superó, su altura original, desmochada en tiempos de infortunio para el reino de Navarra por razones de conquista, pero recuperadas sus defensas con la reforma.

 
Hoy cada una de sus alturas ha dejado atrás los tiempos de vigilancia y de guerra y se han convertido en sendas estancias para sus pacíficos moradores y ella misma, de ser torre exenta de vigía se convirtió, como otras muchas, en el eje del palacio de cabo de armería posterior. A su cara oeste se adosaron nuevas dependencias, como se ve en la actualidad. 

Su gran portalón, cuyas dovelas adoptaron sus antiguos sillares, ostenta una clave donde está grabado el anagrama de Jesús, indicando el carácter cristiano de los moradores de la casa a la que daba acceso y actuando además como el mejor signo protector a lo largo de los tiempos en perfecto sincretismo con el símbolo de la flor de lis, pata de la oca o runa de la vida.
 
 

Bien pudiera ser que en su antigua fachada, ya que la actual no es originaria del lugar, haciendo honor a su linaje se hubiera esculpido en piedra las armas, que bordadas en tela ondearían en lo más alto de la torre. Armas recogidas en el “Libro de armería del reino de Navarra”[3] y que los canteros de la cuadrilla de D. Manuel Villamarín reprodujeron en el suelo de la entrada de la casa con cantos rodados a la manera medieval, aunque con un toque de modernidad. 

 
 
“El escudo del palacio era de oro con tres fajas entadas –onduladas- de azur”[4] quizás queriendo recordar el movimiento de las aguas del río Erro que cruza el señorío.
 
 

Como lugar o villa que era, según qué documento se tenga en cuenta, una de las dependencias del señorío era la iglesia donde acudían señores y siervos que, aunque muy reformada, todavía tiene detalles de su época antigua como son algunos de los sillares de las jambas de la puerta, o su sagrario gótico de piedra o su pila bautismal cuya copa tiene ocho caras. 

Asunción Domeño la describe escuetamente como sigue: “Basa circular. Fuste cilíndrico con moldura sogueada. Taza aristada.”[5] 

Con las obras de restauración se mantuvo en su lugar original, en el encuentro de las caras norte y oeste de la iglesia.

El día va declinando y después de un ameno descanso sentado en el jardín cambiando impresiones con mi anfitriona, las primeras estrellas aparecen en el despejado cielo y podemos despedirnos saludando a la vez a la diosa Selene que se asoma tímidamente a presidir la noche.  

 
Quedan pocos días para las Ferias de San Martín en la cercana villa de Urroz, donde recibí la invitación para visitar el Señorío de Liberri.  

Sea éste mi pequeño homenaje a la actual Señora de Liberri, a la que desde esta visita del 30 de Agosto de 2014 la he agregado, como ahora se dice, al círculo de mis amistades. 

Muchas gracias.


[1] Angel Martín Duque, Documentación medieval de Leire (siglos IX a XII); Diputación Foral  de Navarra Institucion Príncipe de Viana; documentos:172, 335, 360, 349 y 359.
[2] http://simeonhidalgo.over-blog.com/article-la-cuadrilla-de-canteros-de-manuel-villamarin-106629272.html
[3] J. J. MARTINENA RUIZ; Libro de armería del reino de Navarra; Diputación Foral de Navarra Institución Príncipe de Viana; 43,1
[4] J. J. MARTINENA RUIZ; Navarra. Castillos, torres y palacios; Gobierno de Navarra. Departamento de Cultura y Turismo. Institución Príncipe de Viana; 2008; pág. 160.
[5] ASUNCIÓN DOMEÑO MARTÍNEZ DE MORENTIN; Pilas bautismales medievales en Navarra; Gobierno de Navarra. Departamento de Educación y Cultura; 1992; pág. 161.