sábado, 9 de agosto de 2025

DE MONTAÑANA EN HUESCA, HASTA LIZARRAGA DE IZAGAONDOA EN NAVARRA

 

DE MONTAÑANA EN HUESCA, HASTA LIZARRAGA DE IZAGAONDOA EN NAVARRA 

Por Simeón Hidalgo Valencia (09 de agosto de 2025)

 

En el anterior artículo relacionaba un pequeño detalle estilístico que vi en la visita que hice este verano a Montañana, en Huesca, presente a la vez en los animales de los capiteles de la portada de la iglesia de San Martín de Artaiz y señalaba un hilo del que tirar que nos permite pensar que tanto en el lugar oscense como en el navarro trabajó el mismo maestro tallista o la misma escuela. 

Ahora me voy a centrar en otro detalle, que para los que estudiamos de niños el catecismo y se nos explicaba en la Historia Sagrada lo sucedido en el Paraíso Terrenal, cuando la serpiente habla con Eva y ésta se deja seducir y come del fruto prohibido y luego se lo da a Adán y come también, resultaba evidente que el fruto prohibido fue la manzana, tal era el aplomo y seguridad del catequista al comunicárselo a las mentes infantiles. 

También en la portada de la iglesia de Santa María de Baldós encontramos algo en común con la portada de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa, de la que he escrito resaltando el detalle y lo publiqué en el libro “Las Claves de Izagaondoa”[1]. También en 2017, el 20 de septiembre, publiqué en mi blog el artículo titulado “La higuera, el roble y me decisión” cuya primera parte transcribo de nuevo, dado que tanto en Montañana como en Lizarraga de Izagaondoa, quien mandó representar la escena del Paraíso era de otra opinión acerca de la fruta prohibida.

 

*LIZARRAGA DE IZAGAONDOA. Veamos lo que primero descubrí.

 


“La sencilla y preciosa portada medieval de la iglesia de Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa transmite aún hoy día su mensaje a quien quiera y sepa leerlo. La estudié allá por el año 2010-11 y expliqué mi propia lectura por primera vez con ocasión de la Jornada Románica por Izagaondoa celebrada en octubre del 2011. 

Aunque el trabajo realizado lo di a conocer a través de mi blog y más tarde fue uno de los artículos del libro “Las claves de Izagaondoa”, ahora me voy a centrar en reflexionar de nuevo sobre los capiteles del lado izquierdo de la portada, según la miramos, pues en las tallas de sus tres capiteles protogóticos veo compendiada magníficamente la doctrina que la iglesia católica transmitía a los fieles del siglo XIII y que hoy sigue teniendo vigencia también desde el punto de vista de la ética para las personas actuales, sean cristianas o no, pues en definitiva se nos habla, por medio del simbolismo, de la propia libertad que cada persona posee para tomar un camino u otro en su propia vida. 

Titulo esta reflexión “La higuera, el roble y mi decisión”, porque el simbolismo de estos dos árboles se convierte en referencia ética para mí, como persona. La higuera y el roble hacen aquí de elementos paradigmáticos que nos llevan a los orígenes de lo que se ha dado en llamar el Antiguo y el Nuevo Testamento. 

LA HIGUERA: 

Si observamos al detalle y sin prisas el primer capitel, el exterior, llegará un momento en que identificaremos tanto la hoja del árbol como los frutos de éste perfectamente labrados por el maestro de Lizarraga de Izagaondoa, anónimo sí, pero de tan alto nivel profesional que parece bordar en la misma piedra.  Las hojas y los frutos sean brevas o higos, nos hablan de la higuera. 

¿Y por qué se talla la higuera en este capitel? 

Porque quien encargó esta portada para la primitiva iglesia de Lizarraga se propuso plasmar aquí los primeros momentos de la humanidad, cuando veía el Jardín del Edén o Paraíso Terrenal como una referencia palpable que a manera de cuento se recoge en los inicios del Génesis para poder comprender mejor y explicar de alguna forma la situación dolorosa de la condición humana en lucha constante por su propia existencia.

La Biblia inicia con el libro del Génesis, donde se narra los orígenes del mundo y de la humanidad. Hay dos relatos de la creación. El que aquí nos interesa es el segundo. Se puede leer en Génesis 2,4-26. En este último versículo se nos dice que “Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro.” 

A continuación, en todo el capítulo 3º se habla de la serpiente, de la prohibición de comer del “fruto del árbol que está en medio del jardín”. “No comáis de él. Ni lo toquéis, so pena de muerte.” De la visión de la serpiente sobre el tema: “De ninguna manera moriréis. Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal.” [2] Etc., … 

Pero ¿cuál era el árbol situado en medio del jardín?

Nadie lo sabe. Generalmente se habla de su fruto: la manzana, por lo que el árbol sería el manzano, pero en Lizarraga no aparece el manzano, sino la higuera con sus frutos. 

¿Por qué?

Porque en esto del mito original del Paraíso perdido a través de la decisión humana de hacer caso a “la serpiente”, la fruta no es lo importante por lo que no se especifica y en Lizarraga de Izagaondoa aparece una de las versiones frutales correspondientes al árbol del centro del jardín primigenio. La higuera. 

¿En qué se basa esta talla?

Quien esto manda hacer conocía muy bien las tradiciones antiguas que en el siglo X se plasman en los libros miniados realizados en los escritorios de los monasterios, focos de cultura y de transmisión de saberes. Y es en esos códices donde encuentro la posible base de lo que aparecerá no ya pintado, sino esculpido en Lizarraga unos trescientos años después. 

El monje Vigila copia en el scriptorium del monasterio de Albenda de Iragua, La Rioja, entre los años 974 al 976, la Crónica Albendense y terminado el libro su contenido se recoge en gran parte en el monasterio de San Millán de la Cogolla de Suso  conocido por el nombre de Códice Emilianense que se inicia en el 976 y se acaba en el 992.[3] Pues bien, en ambos códices aparece ilustrada la caída de Adán y Eva en el Paraíso Terrenal y el árbol que se representa es una higuera.[4] Pasarán más de 300 años y este mismo árbol se talla en Lizarraga para indicarnos simbólicamente el definido como “Pecado original”. 

La lámina representa en el centro a la higuera. La serpiente enroscada en ella lleva en su boca un higo o una breva y se lo da a Eva que extiende su brazo y lo coge. Adán y Eva se tapan con hojas de higuera. “Entonces se les abrieron a entrambos los ojos, y se dieron cuenta de que estaban desnudos; y cosiendo hojas de higuera se hicieron unos ceñidores.”

La lámina especifica claramente con las palabras “LIGNVN FICI” que se trata de árbol del higo: la Higuera. 

Rodeando a manera de marco la imagen, el copista escribe comenzando desde la parte superior izquierda y siguiendo el sentido de las agujas del reloj el siguiente texto:” + Allí entre los árboles del Paraíso Eva había tendido la mano hacia el fruto tomándolo de la boca de la serpiente. Rápidamente se la había llevado a Adán. Después juntaron hojas de higuera y se hicieron perizoniums (delantales, taparrabos, paños de pureza…)”.[5] 

La higuera, ese árbol tan familiar en muchas de las casas de nuestros pueblos, resulta, según esta tradición, ser el árbol del conocimiento del bien y del mal. Árbol representado en este capitel de la iglesia de Santa Eulalia en Lizarraga de Izagaondoa con todo su simbolismo primigenio del mal que acecha a la humanidad.

 


*MONTAÑANA.

También en Montañana está representada la escena de la desobediencia de Adán y Eva en tres de los capiteles de su lado izquierdo, según se contempla la portada. En medio se talla el árbol del Conocimiento, que estaba en el centro del Jardín del Edén y, si observamos con atención descubriremos, que como en Lizarraga de Izagaondoa, es una higuera con sus frutos.



En la higuera está enroscada la serpiente que habla al oído derecho de Eva que cede y come el higo y da también a Adán que también come. Ambos descubren y conocen que están desnudos y cubren sus partes íntimas.  En el caso de Adán se lleva su mano izquierda al cuello, gesto que se interpreta como “el bocado de Adán o nuez”. 

Entre sendos capiteles se extienden más ramas de higuera con sus frutos. 



Quiero hacer notar que quien organiza el mensaje teológico de esta portada parece asimilar el pecado en general con la simbología de la higuera, como se puede ver en el cimacio de la ménsula derecha que sostiene el tímpano. 

Esta ménsula, se ha comentado en el artículo anterior, se suele interpretar como una representación del pecado de la lujuria. En su respectivo cimacio vuelven a aparecer las ramas de la higuera con sus frutos. 


En el capitel izquierdo aparece Dios impartiendo el castigo a la Serpiente, a Adán y a Eva. Detrás la figura de un ángel que vigilará para que no vuelvan al Paraíso, una vez expulsados de él. 

El el capitel derecho se pone en imagen el castigo y Eva aparece haciendo de costurera y Adán transportando un pesado fardo a sus espaldas. “Comerás el pan con el sudor de tu frente”. 

       


       Representación Siglo X.                          Representación Siglo XII-XIII.

 

Un pequeño detalle coincidente entre Santa María de Baldós en Huesca y Santa Eulalia de Lizarraga de Izagaondoa en Navarra, reflejo de una manera de interpretar historias a lo largo del tiempo y del espacio. Lo que ahora es manzana, antes parece que fue higo, pero esto no es lo importante. Lo importante para la humanidad es conseguir volver al deseado paraíso terrenal… y tal como vamos…



[1] SIMEÓN HIDALGO VALENCIA, “Las claves de Izagaondoa”, Pamplona, 2014, págs. 112-121.

[2] Los textos bíblicos que se citan en el artículo siguen la versión de la Biblia de Jerusalén.

[3] Consultar en Internet: Códice o Código Albendense o Vigilano y Códice Emilianense.

[4] Imagen recogida en Internet.

[5] Traducción ofrecida por Margarita Marcos González en la página de Facebook “Románicos en movimiento”.


jueves, 7 de agosto de 2025

DE MONTAÑANA EN HUESCA, HASTA ARTAIZ EN NAVARRA

 

DE MONTAÑANA EN HUESCA, HASTA ARTAIZ EN NAVARRA 

Por Simeón Hidalgo Valencia (07 de agosto de 2025)

 




Llegar a Montañana, en la comarca oscense de Ribagorza, es viajar en el tiempo y transportarse arquitectónica y urbanísticamente a la Edad Media. Es una de esas joyas que rezuman historia desde su puente de entrada hasta su iglesia románica de Santa María de Baldós, atalaya altiva dentro de los muros de su fortaleza, pasando por sus casas centenarias y sus calles empedradas a conciencia. 

Pocos son sus habitantes, pues como otros muchos lugares con raigambre, poco a poco se han ido marchando, unos a lugares con más futuro; otros, es ley de vida, para siempre. Aunque en el pueblo se nota la vida, pues en medio de su silencio se escuchan algunas conversaciones de algunos vecinos que han llegado a pasar el fin de semana, “solo nueve personas lo habitan a diario”, nos comenta una señora con la que nos cruzamos en una de sus estrechas calles, que con la compra se dirige a su casa cercana a la ermita de San Juan Bautista. 

A pesar de sus pocos habitantes, Montañana tiene una Oficina de Turismo, pues parece que en los fines de semana estas calles se llenan de gentes que vienen a visitar el pueblo. Cuando llegamos nosotros, es jueves, y la oficina está cerrada, pues abre los sábados y domingos y en esos días hasta hay una persona que realiza y atiende a los turistas en visitas guiadas. 


Subimos despacio sus empinadas calles, observamos sus casas, sus portaladas, los restos de sus torres, sus escudos nobiliarios, sus reconstruidos muros perfectamente levantados a piedra seca, y a medida que ascendemos el horizonte se nos muestra majestuoso y comprendemos mejor la misión de vigilante atalaya que desempeñó Montañana. 

En lo alto, su iglesia se yergue rehabilitada y me centro en la contemplación de su portada románica con sus arquivoltas, tímpano y capiteles, que me depararán alguna sorpresa agradable, que motivan este escrito, porque, a veces, pequeños detalles coincidentes abren pistas de investigación que aportan nuevo conocimiento. 



Las cinco arquivoltas descansan en sendas columnas con basa, fuste y capitel. Les rodea el guardalluvias que descansaba en sendas ménsulas de las que se conserva la izquierda, según miramos la portada. El guardalluvias está adornado por cabezas de clavos en forma de X, que es la letra Ji griega, inicio del nombre de Christos. 


Cristo que aparece sentado en majestad en el centro del tímpano. Bendice con su mano derecha y con la izquierda sostiene el Libro de la Vida, que en esta imagen aparece cerrado. Rodea su rostro el nimbo celestial y la cruz se define detrás. Aparece dentro del espacio celestial delimitado por la mandorla, sostenida por dos ángeles.  El tímpano se apoya en ménsulas talladas. La izquierda con un león andrófago y la derecha con un personaje al que atacan otros dos, que suele interpretarse como el pecado de la lujuria, como se verá a continuación.


En las ménsulas y capiteles de la zona izquierda, según se mira la portada, se adivina en la ménsula que sostiene el guardalluvias algo que me cuesta identificar, pero que cuando lo analizo y veo claramente el relieve de un trifronte, me viene inmediatamente el recuerdo de San Martín de Artaiz donde hay dos o de las iglesias de Iriso y del antiguo Garitoain, hoy día en la portada de la ermita de Santa Bárbara en la Higa de Elo-Monreal. También aquí se echa mano de la representación de un dios antiguo anterior al cristianismo como un recurso pedagógico que la Iglesia oficial coloca en la escultura de la portada, bien a la vista, para que los creyentes del siglo XII-XIII pudieran “comprender” de alguna manera el misterio de la Trinidad, dogma eclesiástico que se ponía en duda por alguna corriente espiritual de la época. 

Trifronte y Psicostasis en Montañana.

Lo mismo me pasa con el capitel más exterior. Su grado de erosión casi lo hacen irreconocible, pero si nos fijamos atentamente y lo analizamos llegaremos a ver a dos personajes: Uno vestido con túnica que levanta su brazo izquierdo. Delante de él hay algo cuya base es circular en posición inferior a algo similar que está a su derecha, un poco más elevado. A la derecha se adivina al segundo personaje, que está desnudo y que tiene rabo. Su brazo y pierna izquierda tocan la pieza similar de la derecha. 

Todo ello me lleva a identificar en este capitel la escena del “juicio del alma” o “psicostasis”, pues los dos personajes se pueden identificar con San Miguel y con el Diablo que, como en otras representaciones similares de esta cristianizada escena milenaria egipcia, intenta hacer que el platillo de la balanza que contiene las malas obras del difunto pese más que el que porta las buenas obras realizadas en vida. Aquí gana el bien sobre el mal y el mensaje es positivo. También en Artaiz está presente esta escena y también en ella triunfa el bien.  


A continuación, los tres siguientes capiteles nos describen los inicios del género humano allá en el Paraíso Terrenal, según recoge la Biblia en su primer libro denominado el Génesis, desde el capítulo 2, 4 hasta el capítulo 3, 1-24. 

En el centro, tercer capitel, está la escena de la tentación en el momento en que la serpiente induce a Eva a comer del fruto del árbol del conocimiento. En el segundo capitel la escena de la expulsión del paraíso y en el capitel cuarto la escena del castigo. En el siguiente artículo titulado “De Montañana en Huesca hasta Lizarraga de Izagaondoa en Navarra” se comentará más al detalle. 

El quinto capitel muestra una escena muy habitual en época medieval, como es la imagen de la persona avara de cuyo cuello cuelga la bolsa del dinero y los tormentos a la que es sometida después de su muerte. 



En la ménsula izquierda que sostiene el tímpano aparece la talla de la cabeza de un león en cuyas fauces tiene a una persona desnuda. Es el denominado normalmente como “león andrófago”, que también en San Martín de Artaiz está presente de cuerpo entero, que como aquí viene a ser el dador de vida, protector y acompañante a esa otra vida después de la muerte física[1]. 

En la imposta que sostiene el tímpano y en los capiteles de la zona derecha, según se mira la portada, se pueden identificar tres episodios bíblicos y una interpretación de uno de los pecados que más se cita en esta época, como es la lujuria. 

De los episodios bíblicos claramente identificados aparece en primer lugar el denominado “Sacrificio de Isaac”, en que Yahvé tienta o pone a prueba a Abraham pidiéndole que sacrificara a su hijo Isaac. En San Martín de Artaiz también está presente este pasaje de la Biblia recogido en Génesis 22, 1-19. 

Son dos capiteles los que plasman esta historia. En uno de ellos aparece un ángel indicando, con un desproporcionado dedo índice de su mano derecha el carnero que se muestra en el siguiente capitel. Completando la escena del anterior se talla a Abraham en el momento de ir a sacrificar a Isaac, que es cuando el ángel le detiene. 

La siguiente escena bien identificada corresponde al episodio de la “Anunciación a María”. Aparecen tres personajes o, mejor dicho, cuatro. En primer lugar, se ve a José con su típico bastón en forma de T. En segundo lugar, a María y, en tercer lugar, al Ángel. Además, hay una Paloma, símbolo del Espíritu Santo, que infunde su espíritu a María susurrando en su oído, al modo en que la serpiente susurraba al oído de Eva en la escena de la Tentación en el Jardín del Edén. Mateo 1, 18-25 y Lucas 1, 26-45. 

A continuación, la tercera escena que se logra identificar, a pesar de su gran deterioro, parece corresponder al pasaje de la “Resurrección”. En ella hay un ángel sentado al borde del sepulcro y a la derecha del sepulcro se ven los restos de tres figuras, que serían las tres mujeres que acudían a embalsamar el cadáver de Jesús, pero que se encuentran con el ángel que les anuncia que “no busquen entre los muertos a quien está vivo”. Mateo 28, 1-8.  Marcos 16, 1-8. Lucas 24, 1-11. 

Queda por comentar la talla que aparece en la imposta derecha que sostiene el tímpano, donde se recoge la escena de una persona, aunque su rostro tiene algo de bestia, que es atacada por dos fieros animales. Sus bocas muerden las mejillas. Sus patas delanteras presionan los pechos y con las garras traseras le desgarran el vientre y zonas íntimas. Tradicionalmente en este tipo de imágenes se suele ver la representación de uno de los pecados: el de la lujuria (aunque también se puede ver la imagen de Samuel en el pozo de los leones) que, junto al visto en la zona izquierda, que representaba la avaricia, formaban junto a la soberbia, la ira, la gula, la envidia y la pereza, el conjunto de los denominados “pecados capitales”.


Esta es la escena comentada. Está bastante bien conservada, salvo la zona del muslo de la pata trasera izquierda de la fiera situada a la derecha. Hasta podemos admirar restos de la policromía de la pieza y es precisamente esta buena conservación de la parte inferior de la extremidad señalada la que me llama más la atención, dado que de inmediato la relaciono con otras piezas, también de animales, de San Martín de Artaiz. Un pequeño detalle que puede ayudar a conocer algo más de esta iglesia navarra, sea en cuanto a sus orígenes, sea en cuanto a alguna escuela de tallistas, sea en cuanto a una época, etc., pues su falta de documentación fundacional la envuelve en cierta niebla misteriosa. 

Ya he comentado que en la portada de la iglesia de Santa María de Baldós y en la de San Martín de Artaiz existe temática escultórica común, como es: El “Rostro Trifronte”, La “Psicostasis o Pesaje del Alma”, La escena bíblica del “Sacrificio de Isaac” y El “León Andrófago” por lo que se puede pensar en un denominador común mensaje doctrinal en ambos edificios. A estos cuatro elementos hay que añadir el rasgo estético escultórico observado en la “escena de la lujuria”.

¿Será una prueba de la presencia en ambos lugares de la misma escuela escultórica o de una manera de hacer de la misma época o incluso de un mismo maestro escultor que trabaja en Montañana y en Artaiz, dado que en ambos lugares se emplea el mismo trazo estético?



Este trazo estético o textura en la piel de este ser maligno de Montañana coincide con lo que veremos en Artaiz y se puede describir como “dientes de sierra curvados”. 

 

*Trazo estético en los capiteles de la portada de San Martín de Artáiz




En los capiteles del lado izquierdo, según contemplamos la portada de San Martín de Artaiz, lo veremos en dos de los animales del capitel denominado “Las edades de la persona” en que se muestra a la infancia, la edad adulta y la ancianidad representadas alegóricamente por un perro galgo, un león y un águila, respectivamente. Pues bien, en los dos primeros animales, el galgo y el león, se emplea el mismo trazo estético, como se puede apreciar a continuación.



El galgo representa a la infancia. 


El león representa a la edad adulta.
 



En cada uno de los tres capiteles del lado derecho de la portada también se aprecia este trazo estético. 


 

En el más interior lo encontramos en el fiero perro que, con mirada penetrante, muestra su afilada dentadura dispuesto a saltar y clavar sus garras sobre quien le amenace.

En sendas patas aparece este tipo de trazo.




También lo veremos en las colas de las arpías que se tallan en el capitel central. Seres mitológicos compuestos de cabeza de mujer, cuerpo de ave, patas de cabra y cola de serpiente. 

En su misma esencia reside la maldad y están en todo momento dispuestas a devorar a las personas. 


Aunque el capitel exterior está en parte deteriorado, se pueden identificar sus componentes y leer su mensaje. 

En su cara interna vemos a un hombre que nos habla con gestos, pues desde su postura reflexiva se lleva el dedo índice de su mano derecha hacia su ojo derecho, como indicándonos que miremos con atención y hagamos caso de lo que se nos ha comentado en el resto de la portada y lo pongamos en práctica, pues si no, seremos descuartizados. 

A la derecha de su cabeza se puede apreciar que había una figura igual que la que aparece en la cara exterior del capitel, que se puede identificar como una liebre macho, que está agazapada como escondiéndose. 

En el eje del capitel el tallista ha colocado a un animal panzudo, con fuertes patas, de cuya boca sale una pierna humana y bajo su panza se puede adivinar lo que queda de una cabeza humana. Este animal es un sapo. Animal asimilado con el mal. Animal que, como las arpías del anterior capitel, descuartiza a una persona. 

La advertencia del hombre que se lleva su dedo índice al ojo no ha servido de nada y un ser ha sido devorado por su propio mal. 

Tanto en este maligno sapo como en la liebre de la cara externa del capitel observamos el mismo tipo de trazo.  



Panza y pata izquierda del sapo presentan el mismo trazo.
 

 


Por lo que podemos apreciar todo el cuerpo de esta liebre macho estaba acabado con este mismo trazo. 

 

*Alguna conclusión: 

1ª. Siempre me había llamado la atención este tipo de recurso estilístico que el maestro que realiza los capiteles de la portada de San Martín de Artaiz emplea al realizar las tallas de los animales representados. No lo había expresado o comentado hasta este momento, dado que soy más de ir al fondo del mensaje que la escultura románica nos comunica, siguiendo mi idea de no quedarme en el exterior. Es decir, de ir a lo importante, tratando de leer el mensaje de ese libro abierto tallado en piedra. 

2ª. Aunque no lo había tenido en cuenta en mis comentarios en las visitas guiadas que he dirigido, personalmente sí he valorado este recurso estilístico del tallista, pues es un detalle que, cuando se descubre, ves que aporta equilibrio, dinamismo, armonía y delicadeza a la pieza tallada. 

3ª. Es significativo que todos los animales -reales o mitológicos- que se tallan en los capiteles de la portada de San Martín de Artaiz, a saber: El perro galgo, el león, el perro de aspecto fiero, las arpías, el sapo y la liebre macho o matacán, muestren en alguna de sus partes este mismo tipo de textura o trazo que vemos en la garra izquierda del animal derecho de la ménsula derecha que sostiene el tímpano de la iglesia de Santa María de Baldós. 

4ª. Dado que no tenemos testimonios escritos que acrediten el origen de San Martín de Artaiz, aunque sí reconozco un par de detalles que nos pueden situar en la época de su construcción, uno relativo a la moda eclesiástica y otro al estilo constructivo, amén, por supuesto, del programa teológico que nos puede orientar a favor de un comitente eclesiástico de alto nivel, sí reconozco la importancia de este pequeño detalle estilístico coincidente con la iglesia de Santa María de Baldós dado que este sencillo rasgo pone en una misma óptica temporal y artístico sendas iglesias. 

5ª. Como suelo decir en mis escritos, esperemos que en otros lugares podamos encontrar este mismo punto de encuentro entre Montañana y Artaiz y que a medida que se va investigando se vaya dando luz y abriendo caminos para conocer un poco más de la iglesia de San Martín de Artaiz, que permanece aún en la neblina del tiempo. Éste que ahora ofrezco se podría considerar de poca importancia, pero creo que es un hilo del que tirar.  Por ahora es un detalle que he descubierto, que me permite afirmar que posiblemente Santa María de Baldós y San Martín de Artaiz tienen a un maestro tallista en común, pues el mismo rasgo estilístico se puede apreciar claramente en ambos lugares, aunque sea en Artaiz donde su presencia es mayor. 


Artaiz. Rasgo estilístico en el perro fiero.

 Capitel interior del lado derecho.

jueves, 31 de julio de 2025

“EL ENIGMA OCULTO EN LO ALTO DE LA TORRE DE HÉRCULES”

 

“EL ENIGMA OCULTO EN LO ALTO DE LA TORRE DE HÉRCULES”

 

Por Simeón Hidalgo Valencia (31 de julio de 2025)

 


Faro de la Torre de Hércules – A Coruña.

 

Permítaseme plagiar el título de este artículo, que corresponde a “El Ideal Gallego” de A Coruña, publicado el 27 de julio de 2025 y escrito por Óscar Ulla, y hacerlo mío, porque soy una persona más que se suma a las 67 que el protagonista de esta historia, el fotógrafo Javier Corominas, consulta para que le dieran luz sobre “un signo grabado que apunta al Este” que lo define como “un cuadrado, con un triángulo con la apertura hacia el exterior y una cruz”, quien con sorpresa descubrió que “Nadie sabía para qué era esa marca”. 

No conocían el uso real o el significado de la marca, pero todos me han dado hipótesis”. 

Sin pretenderlo, he vuelto de nuevo a Galicia, aunque esta vez sea por medio de “las redes de la información”, y cuando hablo de Galicia me vienen muy buenos recuerdos. Recuerdos de las varias veces que he llegado hasta Santiago, fuera como turista, fuera como peregrino en el año 1998, o como entusiasta investigador siguiendo las huellas del maestro cantero Petrus, por Paradela en Lugo y Santa María de Baiona en Pontevedra. Petrus es el maestro medieval que firma con el tradicional “Petrus me fecit” en la iglesia de San Martín de Guerguitiáin, en el Valle de Izagaondoa de Navarra.

 

Fue mi amigo y compañero en la investigación de las marcas de cantería o signos lapidarios, Félix Da Costa Pardo, quien al colgar en su Facebook el artículo en cuestión me ha dado pie para poder ofrecer, como los otros 67 que me han precedido, si no el uso real o significado de la marca que vemos a continuación, sí mi hipótesis fundamentada en algo que ya escribí y di a conocer a través de mi blog bajo una serie de artículos, tres en concreto, que titulé “El posible origen astral de algunas marcas de cantería”, publicado el primero el 2 de febrero de 2018, el segundo el 6 de febrero de 2018 y el tercero el 23 de marzo de 2018. 


Signo grabado en la cámara de iluminación del faro.

 

Al observar la buena fotografía, estoy de acuerdo con el comentario que hace Félix Da Costa: “Esta es la fotografía del signo, cuando me la envió, solo supe decirle, que me parecía que no estaba realizada por un profesional, ya que su trazado es bastante defectuoso y se localiza en una zona horizontal…”. 

Esto último, lo de la horizontalidad, me parece interesante tenerlo en cuenta, y aunque es obvio que no he estado, y creo que por los comentarios que he leído no estaré nunca dentro de la cámara de iluminación del faro, aunque me gustaría para asegurarme de ciertas cosas básicas a la hora de poder interpretar esta marca, sí me imagino que su situación y orientación han sido buscadas por quien trazó estas líneas y unió los puntos básicos que dan origen a este signo. Veo a los fareros primitivos dirigiendo la luz hacia determinado lugar en función de la época del año, de pie, delante de la marca.


Signo original reforzado por los trazos en color.

 

Es evidente que quien grabó este signo lo hizo a ojo. No usó las herramientas de trazado ni de medición, no escuadró a la perfección, pero recogió todos los elementos que yo también he empleado en mis artículos citados y los registró con fuerza y profundidad en la piedra para que durara por muchos años.

Signo original con todas sus líneas rectas. Se mantiene su trazado.

 

Desde el momento que vi este signo saqué de mi mente la ficha en que la esencia de esta misma imagen se plasma e hice el despiece de las distintas grafías de las marcas de cantería que la forman. Son las siguientes:


La cruz.                            


El ángulo agudo.                    


La pata de la oca.


El triángulo.       


El triángulo partido.                  


El cuadrado.

 

En mis estudios sobre las marcas de cantería o signos lapidarios estos seis diseños que resalto de entre los que se pueden ver en el signo del Faro de Hércules, forman parte de los cincuenta más repetidos a lo largo del tiempo y del espacio, por lo que los catalogo como marcas comunes o de listado que, en este caso, conjuntados, forman el signo objeto de estudio. 

No lo he visto grabado en ninguno de los lugares que he investigado por Navarra y a lo largo del Camino de Santiago. Por ello es lógico preguntarse por el porqué de su presencia en el Faro de Hércules y por la función que desempeñaría en tiempos remotos, que lógicamente ha de hacer relación con la función del faro en tiempos en que aún no existía la electricidad, lo mismo que está estudiado la presencia de la ballesta en templos cristianos y cómo con frecuencia corresponde el diseño de la ballesta con el plano de la planta, o como descubrí al preguntarme sobre la función de las varias ballestas existentes en la gran escalera de caracol y en la escalera de salida de los turistas en el Palacio Real de Olite, Navarra, dado que no es un edificio religioso, que es un plano encriptado que nos indica cómo se ha de construir dicha escalera de caracol. 

Pues bien, si la función de un faro es la de orientar y servir de punto de referencia a los barcos para facilitar una travesía y llegada a puerto segura, habrá que pensar que esta marca o signo se forma por medio de la observación y anotación de las referencias astronómicas en los momentos claves del año. Es decir, teniendo en cuenta los solsticios y los equinoccios. 

Así lo hice por curiosidad en los años que estudié la iglesia de San Martín de Artaiz desde el punto de vista de la luz, acercándome al lugar en las amanecidas con el fin de ver en qué momento del año tuvo lugar su replanteo, que ahora sé que fue en uno de los equinoccios, posiblemente en el de primavera, por aquello del buen tiempo para trabajar. También acudí en los solsticios, tanto en el de invierno como en el de verano con suerte dispar según el año, por lo que tal investigación me llevó al menos cinco. 

A partir de aquí realicé unos croquis de los puntos correspondientes a la salida y a la puesta de sol en cada momento clave del año y situé debidamente los cuatro puntos cardinales y obtuve algo que al ver el signo fotografiado por Javier Corominas inmediatamente me lo recordó.


Gráfico de los puntos estacionales a lo largo del año en Artaiz.

 


Resaltando todas las líneas tenemos los mismos elementos que en el Faro de Hércules.

 

Aunque no he encontrado, como he dicho, este signo plasmado como marca de cantero, sí quiero mostrar la fotografía del grabado de la “pata de la oca” o “runa de la vida”, en una losa del suelo empedrado del lugar de Iratxeta, en La Valdorba de Navarra, pues es el germen de la solución del enigma del signo investigado.


Prácticamente es lo mismo. Lo que cambia en Iratxeta es que en lugar del cuadrado exterior se ha empleado el círculo, simbolizando al globo terráqueo, que para mí tiene más sentido, como lo expreso en los gráficos anteriores, dada la realidad de la redondez de la Tierra. 

¿El hecho de que el signo del Faro de Hércules esté limitado por un cuadrado, puede ser un indicio de la propia antigüedad del signo, cuando todavía se pensaba mayoritariamente que la Tierra era plana y tenía razón de ser el “Finis Terrae” y los abismos a partir de ese punto final? 

Pero centrémonos, pues, aunque haya que enfrentarse a la propia antigüedad del signo, en este momento hay que tratar de resolver o al menos abrir caminos y ofrecer pistas para su correcta lectura que nos permita conocer su función, si es que alguna tenía, dentro de la estancia del faro. 

Creo que es el momento de comentar el proceso de realización de este signo y me pongo en el lugar del farero primitivo que atendía, desde el atardecer de cada día hasta la amanecida del siguiente a lo largo de todo el año, la llama encendida para asegurar la buena llegada a puerto de los barcos que faenaban en alta mar. 

Desde la altura de la torre vería las estrellas y constelaciones y su situación a lo largo de las estaciones, pero el horizonte del mar era uniforme y no tenía puntos de referencia sólidos y seguros para situar los puntos de los ocasos del sol. Pienso que sí los podía situar claramente cuando miraba hacia el Este, hacia la tierra firme. Digo esto porque según el observador directo del signo, nos comenta que el triángulo apunta hacia el Este, por lo que el farero que observó y trazó los rasgos de este signo lo hizo presuntamente tomando como punto de observación la línea Este-Oeste de los Equinoccios, sea mirando hacia la salida del sol, sea hacia su ocaso, como parece ser en este caso. Es decir, la persona que ejecuta este signo sobre la cara vista de un sillar horizontal lo hace teniendo en frente el horizonte occidental del mar y en su observación a lo largo del año señala los puntos del ocaso del sol en los tres momentos importantes del año: El solsticio de invierno, los equinoccios y el solsticio de verano, situándose él mismo en el eje central, es decir en la línea equinoccial, que en el croquis siguiente corresponde al número 1.

La leyenda es la que sigue: 


Observemos que estos gráficos son en su estructura idénticos a los presentados al hablar de mi observación sobre la incidencia del sol en San Martín de Artaiz a lo largo del año, aunque en el presente la parte oriental y la occidental forman un todo. 

Estos gráficos los he realizado corrigiendo las deformidades que se aprecian en el signo original dado que, como se ha comentado, el autor lo ejecuta a mano alzada y con poca pericia en el trazado. También hay que señalar que se ha corregido los ángulos de precesión de la Tierra, pues en el trazado original viene a ser de unos 26º y no de los 23,5º que deben tener con relación a la línea equinoccial, que se sitúa en el centro formando la altura del triángulo isósceles. 

Teniendo en cuenta lo anterior muestro ahora el signo original con su leyenda. Yo, sin conocer su existencia lo dibujé prácticamente igual, como he comentado en este escrito, después de observar a lo largo de cinco años en solsticios y equinoccios. 


En resumen: 

1º. Como podemos comprobar este signo es para mí un plano o mapa donde se registra el movimiento de precesión de la Tierra en continuo vaivén de su eje a lo largo del año, mientras gira sobre sí misma y se traslada alrededor del sol. 

2º. En este caso nos indica los puntos del ocaso en el Solsticio de Invierno (21 de diciembre), el del Equinoccio de Primavera (21 de marzo), el del Solsticio de Verano (21 de junio) y el del Equinoccio de Otoño (23 de septiembre), según el movimiento de precesión del eje terrestre. 

3º. Al grabarlo el farero primitivo en la cara vista de un sillar horizontal fijo se asegura los puntos de referencia básicos en la línea del horizonte, a la vez que puede situar y hacer una lectura del cielo nocturno en cada estación concreta del año.

4º. Estos conocimientos le permitirán dirigir la luz hacia determinados lugares, siguiendo el camino de las estrellas, para asegurar la feliz navegación y la llegada a puerto. 

5º. Además de plano o mapa de navegación sirve para situar los cuatro puntos cardinales y por ende sus puntos intermedios que ayudan a posicionar la situación de los barcos y los rumbos de navegación. Se convierte en una “Rosa de los Vientos”. 

6º. Este signo, se ha definido compuesto por “un cuadrado, con un triángulo con la apertura hacia el exterior y una cruz” y yo mismo he visto en él escondidas seis de las marcas de cantería más comunes, pero quizás las partes nos impidan ver lo que realmente son. 

7º. La cruz: No es tal cruz con mensaje religioso. Es el cruce de dos líneas perpendiculares cuyos extremos nos indican los cuatro puntos cardinales: Norte, Sur, Este y Oeste. 

8º. El ángulo agudo: Apuntando al Este se abre en un ángulo de unos 51º-52º, dado el error de ejecución. Tendría que ser de 47º, según el movimiento de precesión del eje de la Tierra, y los brazos del ángulo señalan los puntos del ocaso del sol el día 21 de diciembre (Solsticio de Invierno) y el ocaso del sol el día 21 de junio (Solsticio de Verano). 

9º. La pata de la oca o runa de la vida: Añade a lo anterior la línea central o bisectriz que divide al ángulo de 47º en dos de 23,5º. Bisectriz que señala en la zona angular el punto cardinal del Este y en el otro extremo el punto cardinal del Oeste, que es la línea imaginaria de los Equinoccios. 

10º. El triángulo: Su forma es la de un triángulo isósceles. Su base es la línea del Oeste y su vértice señala el Este, como indica y afirma quien fotografió el signo, Javier Corominas. 

11º. El triángulo isósceles partido: Lo mismo que lo dicho en el número 9º y añade la línea Este-Oeste, señalando en concreto el punto del ocaso del sol. 

12º. El cuadrado: Se forma por la unión de los puntos del ocaso del sol en los Solsticios de Invierno y de Verano con el eje central, si la figura reflejara también su otra mitad, la correspondiente a la salida del sol en sendos solsticios. Aquí como sólo se muestra la mitad occidental se ha colocado a media altura una línea horizontal que señala el Norte y el Sur, como ya se ha indicado.

 

Resumen general: 

Este signo es un plano o mapa que realizó posiblemente uno de los fareros primitivos, quizás en sus primeros tiempos, que contiene los puntos del ocaso del sol en los solsticios y equinoccios, lo que permite conocer la posición de los astros a lo largo del año en cada una de sus estaciones facilitando la navegación siguiendo las estrellas. El farero mira hacia occidente, hacia el mar, teniendo a sus espaldas, al sur, la tierra firme. 

A la vez es una “Rosa de los Vientos” que ayudaría al farero, desde la antigüedad, a desempeñar mejor sus funciones respecto de la navegación y señalar u orientar la luz hacia el lugar adecuado para llegar a puerto de manera segura. 

Es, por lo tanto, un instrumento de orientación fabricado por el mismo farero para poder desempeñar mejor sus funciones de guía de la navegación nocturna. 


Signo en el faro de la Torre de Hércules con función de Rosa de los Vientos.

 

 

NOTA: Dado mi desconocimiento total sobre la navegación ruego se me perdonen los errores que desde el punto de vista técnico haya podido cometer. 

También necesitaría conocer in situ el signo, poder calcarlo, medirlo y observar su situación y altura en la que se encuentra. He trabajado con la idea de que está en la repisa horizontal, como señala Félix Da Costa, del muro a media altura, que haría de mesa donde se coloca el plano que se abre hacia el horizonte marino. 

Dada la coincidencia de la imagen con lo obtenido y publicado por mí mismo en 2018 creo que aporto buen material para resolver “EL ENIGMA OCULTO EN LO ALTO DE LA TORRE DE HÉRCULES”. Espero, como el farero antiguo que lo grabó, haber aportado luz sobre este enigma y haber desbrozado un poco el camino para que otras personas con mayor conocimiento sigan adelante.

 

Saludos.